Congreso ESC 2026 para enfermería, 46 novedades que cambian los cuidados cardiológicos

El congreso ESC 2026 de Múnich se ha contado, como todos, por fármacos y por técnicas. Pero al repasar los trabajos presentados aparece un hilo distinto: buena parte de lo que ha fallado este año no ha fallado en la molécula, sino en el circuito. Pacientes que no llegan a un programa, tratamientos que se prescriben y no se retiran de la farmacia, dispositivos que el paciente no consigue colocarse, analíticas que nadie interpreta con el marco correcto. Ese es el terreno de la enfermería.

Esta selección recoge los 46 trabajos del congreso ESC 2026 con aplicación directa en el trabajo de enfermería, hospitalaria y de atención primaria. No están todos los del congreso: se han dejado fuera los que no cambian nada de lo que se hace en una consulta, en una planta o en un domicilio. El documento que ordena esta lectura es la primera guía que la Sociedad Europea de Cardiología dedica en exclusiva a la rehabilitación cardíaca [1], porque es también el primer documento de la sociedad en el que el circuito asistencial (quién deriva, quién llama, quién comprueba) aparece como una variable con cifras propias.

En este artículo:

  1. Rehabilitación cardíaca y prevención secundaria
  2. Insuficiencia cardíaca: qué medir y cómo leerlo
  3. Arritmias: cribado, dispositivos y potasio
  4. Vacunas en el paciente cardiológico
  5. Antiagregación: qué se retira y qué hay que vigilar
  6. Del ingreso al domicilio: endocarditis y riñón
  7. Pruebas y procedimientos: la técnica también es cuidado

Por qué este congreso se lee distinto desde enfermería

Durante años, la evidencia que llegaba a los cuidados cardiológicos venía de rebote. Un estudio demostraba que un fármaco funcionaba y, en algún punto de la cadena, alguien tenía que administrarlo, titularlo, explicarlo y vigilar sus efectos; pero esa parte del trabajo rara vez se medía. Las guías europeas hablaban de «equipo multidisciplinar» sin especificar qué hace cada miembro ni con qué rendimiento.

La distancia entre lo recomendado y lo realizado está bien documentada, y es enorme. En prevención secundaria coronaria, la receta llega: el 96% de los pacientes sale con antiagregante y el 93% con hipolipemiante [2]. Lo que no llega es todo lo que debería rodearla. Ese es exactamente el hueco que este congreso ha empezado a medir con la misma exigencia con la que se mide un fármaco.

Existe una guía entera dedicada a la rehabilitación cardíaca con plazos en días [1]; hay ensayos aleatorizados cuya intervención es una carta; hay estudios cuyo desenlace principal es si el paciente consigue ponerse un aparato; y hay un análisis que describe cuánto se mueven la tensión, el filtrado glomerular y el potasio cuando se combinan los tratamientos de la insuficiencia cardíaca, para que quien lee la analítica de control sepa qué es esperable y qué no. Todo eso es material de enfermería, y hasta ahora no existía.

Rehabilitación cardíaca y prevención secundaria

La Sociedad Europea de Cardiología ha publicado su primera guía dedicada en exclusiva a la rehabilitación cardíaca: 131 recomendaciones, 30 tablas y 675 referencias [1], y con ella ha convertido en cifras lo que antes eran intenciones. Los plazos dejan de ser orientativos: 14 días tras un síndrome coronario agudo y nunca más de 30; 28 días tras una cirugía coronaria y nunca más de 42; y en la insuficiencia cardíaca, en cuanto haya descongestión y estabilidad.

La intensidad del ejercicio también cambia de lenguaje: se fija preferentemente por umbrales ventilatorios en vez de por un porcentaje del esfuerzo pico, y cuando no hay analizador de gases hay dos ecuaciones validadas que la estiman a partir de la frecuencia cardíaca de reposo y la máxima. La prescripción se adapta a lo que se quiere corregir: 250 a 420 minutos semanales para la obesidad; cinco o más días por semana y veintiuna o más series de fuerza para la hiperglucemia; ocho o más series por sesión para la hipertensión.

Hay una recomendación que conviene leer despacio, porque es la única de clase III de toda la guía: prohíbe negar la rehabilitación cardíaca por fragilidad o comorbilidad. Y viene acompañada de dos recomendaciones de clase I que la indican, precisamente, en esos pacientes.

Lo que ocurre en realidad lo ha medido el estudio EUROASPIRE VI en 8.590 pacientes coronarios europeos: sólo el 29,1% acudió a alguna sesión y sólo el 18,7% completó el programa, más de un año después del ingreso [2]. La asistencia va del 0% al 79% según el país, y es más baja precisamente donde mayor es la mortalidad cardiovascular: 10,2% frente al 55,9% de los países de riesgo bajo. En esa misma cohorte, el 82,7% no alcanza el objetivo de colesterol LDL, el 60,0% tiene la presión arterial por encima de 130/80 mmHg y el 30,6% tiene enfermedad renal crónica. España registra la asistencia más alta de los 27 países, un 79%, aunque en centros seleccionados y sin representatividad nacional.

La guía identifica el cuello de botella: en Europa hay una plaza de rehabilitación por cada siete pacientes con cardiopatía isquémica. Y señala la palanca que sí funciona: la derivación automática combinada con contacto personal (alguien llama) multiplica por 8,41 la utilización del programa [1]. 

Los vatios que nadie lee

El registro SWEDEHEART aporta el argumento que faltaba para no tratar la ergometría como un trámite. En 15.945 pacientes, cada 10 vatios adicionales en la prueba hecha entre dos y ocho semanas después de un infarto se asociaron a un 18% menos de mortalidad total en los hombres y a un 33% menos en las mujeres, sin ninguna meseta dentro del rango medido [3]. El cuartil de peor pronóstico empieza en 78 vatios o menos en el hombre y 50 vatios o menos en la mujer: dos cifras que identifican en la propia sala a quién necesita el programa completo. En ese cuartil la mortalidad fue de 18,6 y 21,9 por 1.000 personas-año, frente a 2,6 y 0,7 en el cuartil más alto.

Parte de la diferencia entre sexos es de escala: 10 vatios son el 16% de la capacidad mediana de una mujer y sólo el 10% de la de un hombre. Y la cifra más llamativa del cuartil femenino más alto procede de dos muertes entre 858 mujeres, un denominador que conviene no perder de vista. 

Lo que se instala en el ingreso sobrevive

El estudio BRIDGE probó algo que parece administrativo y resultó ser clínico: aplicar un protocolo hipolipemiante desde el ingreso, con reevaluación a las cuatro semanas, en vez de dejarlo para la revisión [4]. A los seis meses, el 86,4% estaba por debajo de 70 mg/dL de colesterol LDL frente al 73,7% con la práctica habitual; y para el objetivo europeo de 55 mg/dL, 60,8% frente al 34,5%. El motor no fue un fármaco nuevo: fue que el 83,0% del grupo del protocolo salía con estatina de alta intensidad más ezetimiba, frente al 20,9% del otro grupo. Los dos ingredientes que lo hicieron funcionar fueron dejar concertadas la analítica y la cita de las cuatro semanas antes del alta, y que alguien comprobara después que esa cita existía.

En el extremo contrario del proceso, el estudio ADHERE-ASCVD midió qué consigue un aviso digital automático en quien ya ha abandonado la estatina [5]. La retirada en farmacia a 14 días subió del 12,0% al 14,4%: unos 43 pacientes contactados por cada retirada adicional. Los tres canales funcionaron casi igual (portal, mensaje de móvil y correo), así que puede elegirse el más fácil de implantar. Insistir con un segundo aviso vuelve a mover la aguja, del 10,4% al 13,0%, y cambiar de canal no aporta nada frente a repetir el mismo. El dato honesto es el que queda: a los 28 días, el 75,1% seguía sin retirar su estatina.

Y hay una desigualdad que sigue sin corregirse. En 154.591 pacientes con un primer infarto en Dinamarca entre 2000 y 2024, iniciaron estatinas en los primeros 180 días el 54% de las mujeres frente al 72% de los hombres [6]. La diferencia se atenúa al ajustar por edad, comorbilidad y situación socioeconómica, pero no desaparece, y hoy es la misma que en el año 2000. En mayores de 80 años inicia tratamiento el 48,7% de las mujeres. El detalle más revelador: en pacientes con diabetes la brecha desaparece, lo que sugiere que un circuito estructurado de seguimiento la corrige.

Cuando la estatina no basta, la aritmética manda sobre la escalera. En la primera comparación directa entre inclisirán y ácido bempedoico sobre estatina de alta intensidad, a los 150 días el colesterol LDL bajó un 56,3% con el primero y un 15,4% con el segundo, y alcanzaron su objetivo el 78,2% frente al 20,3% [7]. La regla práctica que deja el trabajo es sencilla: si al paciente le faltan más de 25 puntos porcentuales para llegar a su objetivo, una opción oral con un efecto medio del 15% rara vez lo cubre.

Cuando el programa termina

El estudio CRHCP ofrece el hallazgo más útil del congreso para cualquiera que monte una consulta estructurada. En 326 aldeas rurales de China, un programa de control de la hipertensión dirigido por personal sanitario no médico (protocolo escalonado de titulación hacia menos de 130/80 mmHg, tensiómetro en casa, consejo de estilo de vida y revisión de la adherencia) redujo los eventos cardiovasculares. En el año 4 se retiraron la medicación financiada, los incentivos y la supervisión reglada, y tres años más tarde el beneficio seguía ahí: un 24% menos de eventos en el conjunto de los siete años, con menos ictus, menos insuficiencia cardíaca y menos mortalidad total [8].

Los investigadores hicieron entonces lo que casi nadie hace: preguntar qué había sobrevivido. El 82,6% de los profesionales mantenía el protocolo estandarizado de medida de la presión arterial, el 64,7% seguía usando la tarjeta simplificada de titulación, el 84,6% había dado consejo de estilo de vida en los últimos tres meses, y el 65,1% de los pacientes continuaba con la automedida domiciliaria. No sobrevivió un descenso tensional antiguo: sobrevivió una forma de trabajar.

Para quien trabaja en América Latina, el nuevo cálculo del riesgo cardiovascular SCORE2-LAC recalibra la herramienta europea a la incidencia real de cuatro regiones, y para un mismo perfil clínico el riesgo estimado se multiplica por tres en las mujeres entre la región de riesgo bajo y la de riesgo muy alto; se aplica según el país de residencia, no según el origen étnico, y no sirve en diabetes ni fuera del intervalo de 40 a 69 años [9]. Y para uno mismo: en 1.366 profesionales sanitarios evaluados en el propio congreso, más de la mitad de los que tenían hipertensión demostrada no sabía que la tenía, exactamente igual que la población general; entre los que ya tenían enfermedad cardiovascular establecida, sólo el 41,4% tomaba hipolipemiante [10].

Qué cambia en tu turno

  • La derivación a rehabilitación tiene fecha. Catorce días tras el síndrome coronario agudo, veintiocho tras la cirugía. Si el circuito del centro no llega, el dato que lo justifica es que una llamada personal sobre la derivación automática multiplica por más de ocho la asistencia.
  • Fragilidad y comorbilidad ya no son motivo para no derivar. Es la única recomendación de clase III de la guía.
  • Anota los vatios y mira el sexo. Cincuenta vatios o menos en una mujer, setenta y ocho o menos en un hombre: ese es el paciente que necesita el programa completo.
  • El hipolipemiante se decide durante el ingreso, no al alta. Y la analítica y la cita de las cuatro semanas se dejan puestas, con fecha, antes de que el paciente salga por la puerta.
  • Revisa dos veces el tratamiento de las mujeres. Cada mujer que sale de un infarto sin estatina, o con una intensidad insuficiente, es un caso concreto y corregible.
  • El recordatorio automático rescata a uno de cada cuarenta y tres. Merece la pena, e insistir una segunda vez por el mismo canal, contando con que la mayoría de los abandonos necesita una conversación y no un mensaje.
  • Protocolo escrito, tensiómetro validado en casa y automedida. Es lo que siguió funcionando cuando se acabó la financiación del programa.

Lo que todavía no sabemos: los datos de EUROASPIRE VI son de una encuesta, así que la mejor evolución de quien acude a rehabilitación está en parte explicada por quién acude. Y el programa del estudio CRHCP lo dirigían médicos de aldea del sistema chino, con tres años de formación reglada; el modelo es trasladable a una consulta de enfermería, pero la equivalencia profesional no es exacta.

Insuficiencia cardíaca: qué medir y cómo leerlo

La guía ESC 2026 de insuficiencia cardíaca elimina el fenotipo de fracción de eyección ligeramente reducida: quedan dos, reducida por debajo del 50% y preservada a partir del 50% [11]. Los pacientes con FEVI del 41% al 49% pasan de cuatro recomendaciones de clase IIb a cuatro de clase I. Además, aparece un vocabulario nuevo para el tratamiento (fundamental, adicional e intervencionista) con una instrucción operativa: el tratamiento fundamental se titula cada una o dos semanas y se mantiene de por vida, también en quien mejora.

Dos cambios entran directamente en la hoja de la analítica. Los péptidos natriuréticos pasan a interpretarse por edad: la insuficiencia cardíaca es probable con NT-proBNP de 125 pg/mL o más por debajo de los 50 años, de 250 pg/mL o más entre los 50 y los 74, y de 500 pg/mL o más a partir de los 75. Y el cociente albúmina/creatinina en orina entra en la analítica inicial, junto al hemograma, la función renal, los electrolitos, la función hepática y tiroidea. La ferropenia se define ahora por una saturación de transferrina inferior al 20%.

El punto de referencia que faltaba para leer un control

Hasta ahora, cuando un paciente volvía a las dos semanas de una titulación con la tensión más baja y el potasio más alto, no había forma de saber si eso era lo esperado o el principio de un problema. Un análisis de los ensayos de la insuficiencia cardíaca con FEVI reducida ha medido cuánto se mueve cada cifra con la triple combinación de sacubitrilo/valsartán, inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 y antagonista del receptor mineralocorticoide: la sistólica baja 9,2 mmHg, el filtrado glomerular 6,8 mL/min/1,73 m² y el potasio sube 0,30 mmol/L, a cambio de un 61% menos de muerte cardiovascular o empeoramiento [12].

El ascenso del potasio lo produce el antagonista del receptor mineralocorticoide; añadir las otras dos clases no lo empeora, y el antagonista no esteroideo sube la mitad, 0,21 mmol/L. Cambiar de IECA o ARA II a sacubitrilo/valsartán no toca el filtrado glomerular. Y empezar el sacubitrilo/valsartán de cero, sin bloqueante previo del sistema renina-angiotensina, casi duplica el descenso de tensión, hasta 14,9 mmHg, y sube el potasio 0,44 mmol/L. Con un potasio basal medio de 4,4 a 4,5 mmol/L, ese ascenso deja al paciente lejos de los umbrales de 5,5 y 6 mmol/L que la propia guía fija para reducir o suspender.

Hay además una frase de la guía que conviene tener a mano en cada llamada de un paciente mareado: la hipotensión asintomática o tolerable no debe llevar a bajar la dosis ni a suspender el tratamiento fundamental [11].

Al iniciar Qué se controla y cuándo Qué es esperable
Sacubitrilo/valsartán, IECA o ARA II Potasio y filtrado glomerular entre 1 y 4 semanas Filtrado sin cambio al sustituir un IECA o ARA II; descenso de tensión de 9 mmHg, mayor si se empieza de cero
Antagonista del receptor mineralocorticoide Potasio y filtrado glomerular entre 1 y 4 semanas Potasio +0,30 mmol/L (esteroideo) o +0,21 mmol/L (no esteroideo)
Inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 Sin analítica adicional obligada Descenso inicial del filtrado que no obliga a retirar el fármaco
Semaglutida Sin analítica adicional obligada Indicada con filtrado de 25 a 49 mL/min/1,73 m² si el cociente albúmina/creatinina supera 10 mg/mmol

A quién buscar y cuándo medir

El estudio EMAIL-HF ha retratado al paciente con insuficiencia cardíaca que se queda sin inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2, y el retrato es la parte útil: en una región de más de dos millones de habitantes localizaron 5.996 pacientes sin ese tratamiento, y frente a las poblaciones de los ensayos pivotales tenían menos diabetes (14%), mejor función renal y péptidos más bajos [13]. No llevan ninguna etiqueta llamativa, y por eso pasan desapercibidos en una revisión rápida. No es una población leve: la mitad lleva más de cinco años de enfermedad y el 40% ha ingresado alguna vez.

En el seguimiento con péptidos, el estudio PRECISE-HF ha combinado el NT-proBNP con doce datos clínicos habituales en 535.583 pacientes de atención primaria, y baja de 496 a 352 los ecocardiogramas necesarios por cada 1.000 pacientes, un 29% menos, a costa de tres diagnósticos no detectados más [14]. El mensaje para la consulta es que el número del laboratorio no se interpreta solo: 180 pg/mL en una mujer de 84 años con fibrilación auricular y filtrado de 45 significa algo muy distinto que en un hombre de 46 con función renal normal.

Y en telemonitorización aparece un detalle que cambia un protocolo. La presión auricular izquierda medida a diario en el domicilio es más alta por la tarde que por la mañana: 12,4 frente a 10,7 mmHg de mediana en más de 31.000 medidas [15]. Ni la dosis de diurético ni repartirlo en dos tomas modifican ese patrón. La diferencia parece pequeña, pero cae sobre una frontera de decisión: en el protocolo de autocontrol que usa este sistema, por debajo de 11 mmHg se activa un aviso para reducir el diurético. Un paciente que cambia de medirse por la mañana a medirse por la tarde desplaza toda su media móvil en una dirección conocida, sin que haya cambiado nada clínico. La hora de la medición forma parte del dato y se anota junto al valor, igual que la postura en una toma de presión arterial.

En la fracción de eyección preservada, lo que se asocia a menos ingresos no es la cifra de hoy sino el historial: pasar más del 75% del primer año con la sistólica entre 110 y 130 mmHg se asoció a un 19% menos de riesgo de ingreso, con 4,6 frente a 6,0 episodios por 100 pacientes-año [16]. La mediana de tiempo en rango fue del 38%, unos 139 días al año. Y hay un matiz que vigilar: cuando el rango se abre por abajo hasta 100 mmHg, la asociación protectora desaparece y las curvas de mortalidad se inclinan al alza.

Dos apuntes finales. En el estudio DIGIT-HF, el beneficio de la digitoxina no aparece hasta el día 105 tras el inicio, de modo que no ver nada a las seis u ocho semanas no es un fracaso terapéutico [17]; el fármaco resultó además coste-efectivo en los 27 países de la Unión Europea, aunque no está comercializado en España, donde el glucósido disponible es la digoxina [18]. Y un modelo de aprendizaje profundo aplicado al electrocardiograma detecta amiloidosis cardíaca por transtiretina con áreas bajo la curva de 0,76 a 0,91, pero su valor predictivo positivo va del 1% en población no seleccionada al 34% en pacientes ya derivados: sirve para priorizar y, sobre todo, para descartar [19].

Qué cambia en tu turno

  • El tratamiento fundamental se titula cada una o dos semanas y no se retira cuando el paciente mejora.
  • Una tensión más baja y un potasio algo más alto tras titular son lo esperado. Nueve milímetros de mercurio menos y tres décimas de potasio más entran dentro de lo previsto; la hipotensión que se tolera no baja la dosis.
  • Pide el cociente albúmina/creatinina en la analítica inicial. Es la determinación que falta en la mayoría de las consultas.
  • El NT-proBNP se lee por edad. Ciento veinticinco, doscientos cincuenta o quinientos, según el paciente tenga menos de 50 años, entre 50 y 74, o 75 o más.
  • Fija y anota la hora de la automedida domiciliaria, sea de presión arterial, de peso o de presiones de llenado. 
  • Busca activamente al paciente estable sin inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2, empezando por los que llevan años sin pasar por una consulta especializada. La estabilidad aparente no es un criterio para no tratar.

Lo que todavía no sabemos: el análisis de la presión auricular izquierda es retrospectivo, sin brazo control y con sólo 19 eventos, y no existe ningún ensayo aleatorizado que demuestre que guiar el tratamiento por esa presión mejore los desenlaces. El estudio PRECISE-HF es observacional y sus propios autores piden un ensayo antes de llevarlo a la práctica: hoy nada justifica dejar de derivar a un paciente con NT-proBNP elevado.

Arritmias: cribado, dispositivos y potasio

El cribado de fibrilación auricular ha dejado de ser una pregunta tecnológica para convertirse en una pregunta de organización, y este congreso lo ha demostrado tres veces seguidas.

El estudio NORSCREEN aleatorizó a 50.549 personas de 65 años o más sin una sola visita presencial: invitación, elegibilidad, consentimiento y aleatorización fueron íntegramente digitales [20]. Completaron el registro domiciliario de siete días 19.723 participantes, el 78,1% de los asignados. Se detectó fibrilación auricular no conocida en el 1,9% (cribar a 52 personas para encontrar un caso) y, lo que más importa, el 95,8% de los diagnosticados inició anticoagulación. El dato que cambia una decisión clínica está en la duración: el 46,3% de los diagnósticos apareció después del primer día de registro, y la mitad de los casos paroxísticos tuvieron episodios nocturnos. Un Holter de 24 horas se dejaría casi la mitad de lo que encuentra una semana.

El estudio STROKESTOP III comparó ofrecer el cribado durante una visita frente a invitar por carta [21]. Participó el 61,4% de los invitados en persona frente al 46,3% por carta, pero el alcance poblacional se invirtió: 25,3% frente a 42,2%, porque 641 de las 1.390 personas que acudieron al centro nunca llegaron a ser evaluadas. Los reclutados en la consulta tenían más riesgo. Y el resultado más útil de todo el trabajo es la variabilidad: con el mismo protocolo y la misma formación, un centro evaluó al 88,4% de los que acudieron y otro al 9,7%. Lo que decide el rendimiento no es el método, es la organización local.

El tercer trabajo es el que peor parado deja al entusiasmo tecnológico. Ciento cincuenta personas de 65 años o más recibieron uno de seis parches de electrocardiograma comerciales, sin formación ni supervisión, solo con el prospecto del fabricante. Únicamente 68 (45,3%) alcanzaron 24 horas de registro analizable y la mediana de tiempo útil del conjunto fue de cero horas [22]. El fallo no estuvo en la señal ni en la piel: estuvo en colocar y activar el dispositivo. Cada año más de edad se asoció con un 8% menos de probabilidad de conseguirlo, y el nivel de estudios no influyó. La comparación con programas que sí funcionaron es la lección: en un estudio con instrucciones, vídeo y ayuda por teléfono y correo, el 84,4% se lo puso y lo devolvió. La diferencia entre el 45% y el 84% es el acompañamiento.

La cara opuesta la pone el estudio AFFIRMO: en 1.260 pacientes mayores multimórbidos con fibrilación auricular, una plataforma de atención integrada digital no redujo las hospitalizaciones [23]. La población de partida estaba muy bien tratada (un 97,3% anticoagulada) y el uso de la aplicación fue bajo, una mediana del 15,1% de los días. La lectura no es que lo digital no sirva, sino que no sirve donde no hay nada que corregir. Sí mejoró el control de la presión arterial, con menos hipertensión no controlada al final del seguimiento.

El potasio como objetivo, no solo como límite

En el análisis preespecificado del estudio POTCAST, elevar el potasio plasmático una media de 0,3 mmol/L redujo los eventos clínicos por fibrilación auricular del 12,2% al 8,0% en 1.200 portadores de desfibrilador o resincronizador seguidos 3,3 años [24]. El efecto se concentra en quienes no tienen fibrilación auricular persistente o permanente y desaparece en quienes ya la tienen, y no se explicó por el descenso de presión arterial. Es poco para escribir una recomendación —la guía vigente no menciona la hipopotasemia ni una sola vez— y suficiente para dejar de leer el potasio sólo como un límite de seguridad. La estrategia no compite con nada, siempre que se respete el límite de función renal y se controle la analítica durante la titulación.

Sobre la presión arterial en la fibrilación auricular, un metaanálisis de 476.750 pacientes sitúa la mortalidad en una curva en U con su punto más bajo en 134 mmHg, mientras el ictus isquémico y la hemorragia intracraneal suben de forma continua desde 120 mmHg [25]. El desenlace más sensible es la hemorragia intracraneal: a 140 mmHg su riesgo es un 51% mayor que a 120 mmHg, cuando el del ictus isquémico sólo sube un 8%. Y hay un suelo diastólico: por debajo de 76 mmHg la mortalidad aumenta. Eso cambia la conversación con el paciente: aceptar 145 mmHg porque tolera mal el tratamiento no es aceptar sobre todo más ictus, es aceptar sobre todo más hemorragia en alguien anticoagulado.

En prevención, cada diez minutos diarios más de actividad física moderada a vigorosa se asociaron a un 24% menos de fibrilación auricular en las personas con sustrato de miocardiopatía auricular, frente a un 6% no significativo en quienes no lo tenían [26]. Diez minutos diarios son setenta a la semana, un incremento que cabe de sobra dentro de los 150 a 300 minutos semanales que ya recomienda la guía europea. El hallazgo diferencial descansa sobre diecisiete casos, así que la dirección es sólida y la magnitud no.

Dos apuntes sobre expectativas. En el síncope inexplicado, monitorizar 14 días desde urgencias no redujo el número de síncopes al año, pero triplicó la detección de arritmias significativas, del 9,0% al 22,0%, y adelantó el diagnóstico de 54,5 a 22 días; el 17% de los dispositivos no llegó a usarse o no se devolvió [27]. Y en el estudio PVI-SHAM-AF, con procedimiento simulado, la ablación redujo la fibrilación auricular del 41% al 21% en el Holter de siete días pero no superó al simulado en calidad de vida; el grupo simulado ganó 15,6 puntos sin recibir ninguna ablación [28]. La indicación no cambia; lo que cambia es qué parte de la mejoría se le atribuye al catéter cuando se explica el procedimiento.

Qué cambia en tu turno

  • Un parche entregado sin acompañamiento se pierde la mitad de las veces. Instrucciones escritas, demostración, un teléfono de contacto y una comprobación a las 24 horas son la diferencia entre el 45% y el 84% de registros válidos.
  • Cuando hay sospecha, la pregunta no es si registrar sino cuántos días. Casi la mitad de los diagnósticos aparece después de las primeras 24 horas.
  • Ofrecer el cribado en la consulta funciona, pero hay que ofrecerlo. El paso frágil no es que el paciente acepte (seis de cada diez aceptan), es identificarlo durante la visita.
  • Mira el potasio del paciente arrítmico como un objetivo, no sólo como un límite. El potasio alto-normal es razonable con función renal conservada y control analítico durante la titulación.
  • Vigila el suelo de la diastólica en el paciente anticoagulado. Por debajo de 76 mmHg el margen deja de ser favorable, y en el mayor conviene comprobar la ortostasis en cada escalón.
  • Explica antes de la ablación qué parte de la mejoría viene del catéter y qué parte del proceso completo. Un paciente poco sintomático es el que menos diferencia va a notar.

Lo que todavía no sabemos: el estudio NORSCREEN no ha comunicado aún si el cribado evita ictus (su variable principal llega tras cinco años), y el análisis de fibrilación auricular del estudio POTCAST se hizo en portadores de desfibrilador, no en población general.

Vacunas en el paciente cardiológico

La vacunación es, en la práctica, una tarea de enfermería, y este congreso ha traído cinco trabajos que la afectan directamente.

El más aplicable es también el más sencillo. En pacientes de 18 a 64 años con insuficiencia cardíaca, una carta electrónica subió la vacunación antigripal del 37,3% al 50,8%: 13,5 puntos porcentuales [29]. Repetir la misma carta a los diez días fue la estrategia más eficaz, con un 54,0% de vacunados, y pedir al paciente que fijase cuándo y dónde vacunarse fue la única con señal de mayor efecto en esta población. La comparación con el estudio original en mayores de 65 años explica por qué funcionó tanto: allí, partiendo de un 80% ya vacunado, la mejor carta ganaba menos de un punto; aquí, partiendo del 37%, gana trece y medio. 

Hay en ese mismo trabajo un hallazgo que va más allá de la gripe: el paciente que toma menos clases de tratamiento también se vacuna menos, un 43,0% frente al 50,1% de quienes toman tres o más. Quien identifica a un paciente con dos fármacos en lugar de cuatro está identificando también, con bastante fiabilidad, a quien no va a vacunarse.

Sobre qué vacuna antigripal poner, el mayor conjunto de datos aleatorizados disponible en insuficiencia cardíaca, con 13.033 pacientes, muestra el mismo efecto relativo de la alta dosis que en el resto de la cohorte, sin interacción en diez desenlaces [30]. El beneficio absoluto sí es mayor: 179 vacunaciones con alta dosis en lugar de estándar para evitar un ingreso cardiorrespiratorio, frente a 801 en quien no tiene insuficiencia cardíaca. Es una decisión de priorización cuando las dosis son limitadas, no de eficacia diferencial. Conviene saber además que la formulación de alta dosis disponible hoy en España es trivalente, con 60 μg de hemaglutinina por cepa e indicación desde los 60 años en dosis única de 0,5 mL por vía intramuscular, mientras que los ensayos usaron la presentación cuadrivalente. 

La vacuna frente al virus respiratorio sincitial redujo un 70,3% el ingreso por enfermedad respiratoria relacionada con ese virus en 511.535 adultos, con una protección prácticamente idéntica con enfermedad cardiovascular previa (69,8%) y sin ella (70,9%) [31]. La protección de una sola dosis cae de la primera a la segunda temporada, del 83,3% al 56,2%, aunque en los mayores de 75 años se mantuvo en el 80,0%; sumando los dos inviernos queda una efectividad del 70,6% frente al ingreso relacionado con el virus [32]. En España la posología autorizada es de una dosis y no hay pauta de recuerdo establecida, así que hoy no hay que revacunar a nadie.

Existe un desajuste que conviene conocer antes de que lo pregunte un paciente: en España las recomendaciones oficiales limitan esta vacunación a personas de 18 años o más con condiciones de muy alto riesgo y a personas institucionalizadas desde los 60 años. La enfermedad cardiovascular no da acceso a la vacuna financiada, aunque la ficha técnica la autorice desde los 18 años. Un paciente de 80 años con insuficiencia cardíaca que vive en su casa está hoy fuera de la indicación financiada.

Por último, en 2,4 millones de adultos la vacunación frente a la COVID-19 se asoció a menos eventos cardiovasculares mayores tras la infección, con un gradiente por dosis: nulo con una, 0,80 con dos y 0,62 con tres o más [33]. El resultado con más aplicación en consulta es que vacunarse después de haber pasado la infección también se asoció a menos eventos. Con la cautela de que es un estudio observacional cuyos autores documentan el sesgo del vacunado sano y piden expresamente que no se lea como prueba de causalidad: 382 personas a vacunar durante cinco años y medio para evitar un evento no es lo que sostiene una campaña, sino un argumento añadido.

Qué cambia en tu turno

  • El segundo recordatorio es la intervención, no el primero. Repetir la misma carta a los diez días fue lo que más subió la cobertura.
  • Pide al paciente que diga cuándo y dónde va a vacunarse. Fue la única formulación con señal de mayor efecto en insuficiencia cardíaca.
  • El paciente infratratado es el mismo que no se vacuna. Sirve como filtro para saber a quién llamar primero.
  • Si hay dosis altas limitadas, el paciente con insuficiencia cardíaca es prioritario, por rendimiento absoluto: 179 frente a 801 vacunaciones por ingreso evitado.
  • Una dosis frente al virus respiratorio sincitial, sin recuerdo. Y con la enfermedad cardiovascular fuera de los criterios financiados en España, conviene explicarlo antes de que el paciente llegue a la farmacia.

Lo que todavía no sabemos: ninguno de estos trabajos midió si vacunar más se traduce en menos descompensaciones cardíacas, que es el desenlace que de verdad cerraría el argumento. Y el sistema danés de correo electrónico oficial, sobre el que se probaron las cartas, no tiene equivalente aquí.

Antiagregación: qué se retira y qué hay que vigilar

Este bloque no cambia lo que hace la enfermería, pero cambia lo que tiene que explicar y lo que tiene que vigilar, que en antiagregación es casi lo mismo.

En 3.966 pacientes con infarto revascularizado y libres de eventos al mes, retirar el ácido acetilsalicílico y mantener el inhibidor del P2Y12 redujo la hemorragia grave del 1,4% al 0,7% sin coste isquémico, y la hemorragia clínicamente relevante cayó del 5,3% al 2,3% [34]. Ese último dato es el que más pesa en el día a día: son los sangrados que hacen que el paciente abandone el tratamiento por su cuenta. Todo el resultado depende de un requisito que conviene comprobar antes de explicar nada: llegar al mes sin eventos, con revascularización completa y con un inhibidor potente.

Fuera de ese perfil, tres estudios han marcado los límites de la desescalada. Quitar el ácido acetilsalicílico desde el principio en el infarto con elevación del ST no funcionó: 11,0% frente a 8,5% de muerte, ictus o infarto al año, con el exceso concentrado en la enfermedad multivaso y la angioplastia compleja [35]. A un año del stent, en pacientes de alto riesgo isquémico, dejar sólo clopidogrel produjo menos hemorragias (1,8% frente a 4,1%) pero más eventos isquémicos (3,7% frente a 1,6%) [36]. Y comparar prasugrel con ticagrelor como política regional en 17.095 pacientes no mostró diferencia en eventos isquémicos [37].

El más claro para la práctica es el estudio EPIDAURUS, que se detuvo antes de tiempo: en pacientes con fibrilación auricular tras un síndrome coronario agudo, añadir ticagrelor o prasugrel al anticoagulante en lugar de clopidogrel no redujo los eventos isquémicos y multiplicó por más de tres la hemorragia grave a las seis semanas [38]. El clopidogrel sigue siendo el inhibidor del P2Y12 preferente en esa situación, ahora con datos aleatorizados debajo de la recomendación.

Qué cambia en tu turno

  • Al mes del infarto puede desaparecer un comprimido, y no es un olvido. Conviene anticiparlo en la educación al alta para que el paciente no lo interprete como un error de la receta ni lo reponga por su cuenta.
  • Pregunta por el sangrado que no llega a urgencias. Encías, hematomas, epistaxis, sangre en heces: es el que hace abandonar el tratamiento en silencio.
  • Anticoagulante más antiagregante: clopidogrel. Si aparece ticagrelor o prasugrel junto a un anticoagulante en la hoja de tratamiento, merece una comprobación.
  • Revisa la gastroprotección en todo paciente con doble antiagregación o con la combinación de anticoagulante y antiagregante.

Lo que todavía no sabemos: el beneficio de retirar el ácido acetilsalicílico al mes procedía casi entero de uno de los dos estudios y estuvo ausente en el europeo, con una heterogeneidad alta entre ambos.

Del ingreso al domicilio: endocarditis y riñón

La endocarditis infecciosa era, hasta hace poco, sinónimo de seis semanas de ingreso con antibiótico intravenoso. El análisis de costes del estudio POET cifra el ahorro del paso a antibiótico oral en 12.376 euros por paciente y 16 días de ingreso, y prácticamente todo el ahorro viene de la cama, no del fármaco [39]. Conviene manejar la cifra real: en la práctica danesa, con los mismos investigadores empujando la implantación, la estancia bajó 8 días, no 16, sin cambios en la mortalidad y con menos recidivas de bacteriemia. 

El estudio POET II ha ido un paso más allá: suspender el antibiótico al cumplir criterios objetivos de estabilización acortó el tratamiento en 15 días de mediana, un 36,6% del total, con no inferioridad en la variable de seguridad, pero con más recidivas: 5,1% frente al 1,6%, y más precoces [40]. Los criterios de estabilización no son una impresión clínica: son seis condiciones objetivas con neutrófilos, proteína C reactiva, procalcitonina, temperatura y una ecocardiografía transesofágica en las 96 horas previas. En la endocarditis por E. faecalis la señal apunta al lado contrario y hoy no es escenario para acortar.

El segundo documento de este bloque es la primera guía ESC dedicada a la enfermedad cardiovascular y la enfermedad renal crónica, elaborada con la Asociación Renal Europea [41]. Su recomendación de clase I más operativa es de cribado: filtrado glomerular estimado y albuminuria en todo paciente con enfermedad cardiovascular. Y trae una tabla de vigilancia que resuelve una duda constante: tras iniciar un inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 o semaglutida no hace falta analítica adicional; tras un IECA, un ARA II o finerenona, potasio y filtrado glomerular entre una y cuatro semanas. La combinación de IECA y ARA II está contraindicada.

Hay, además, un cambio de actitud que atraviesa el documento: no penalizar al paciente renal. No retrasar la coronariografía en el síndrome coronario agudo, no suspender la descongestión ante una subida de creatinina esperable, no retirar el inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 cuando el filtrado cae. Durante años el reflejo ha sido el contrario.

Sobre la finerenona conviene conocer un desacuerdo entre dos guías del mismo congreso. La guía de insuficiencia cardíaca recomienda un antagonista del receptor mineralocorticoide, esteroideo o no, en insuficiencia cardíaca sintomática con independencia de la FEVI, con clase I y nivel de evidencia A; la guía renal, para el paciente con FEVI igual o superior al 40% y enfermedad renal, se queda en clase IIa [42]. La finerenona es el único de esta familia con indicación autorizada en FEVI igual o superior al 40%, con dosis objetivo de 40 mg al día si el filtrado es de 60 o más y de 20 mg si está entre 25 y 59, y necesita un potasio igual o inferior a 5,0 mmol/L para iniciarse.

Qué cambia en tu turno

  • El alta con antibiótico oral en la endocarditis es un circuito, no una receta. Requiere criterios objetivos comprobados y un seguimiento capaz de detectar pronto una recidiva, que llega antes con las pautas acortadas.
  • Albuminuria en todo paciente cardiológico. Es la determinación que más falta y la que ahora tiene recomendación de clase I.
  • Potasio y filtrado entre una y cuatro semanas tras iniciar IECA, ARA II o finerenona. Tras un inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 o semaglutida, no hace falta.
  • Un potasio de 5,0 mmol/L o menos es el requisito para iniciar finerenona, y la dosis objetivo depende del filtrado.
  • Una creatinina que sube al descongestionar no es motivo para parar. La guía lo dice de forma expresa.

Lo que todavía no sabemos: más de la mitad de las 165 recomendaciones de la guía renal descansa sobre datos preliminares o consenso, y los pacientes con filtrado por debajo de 20 mL/min/1,73 m² siguen sin estar representados en los ensayos.

Pruebas y procedimientos: la técnica también es cuidado

Dos de los trabajos más aplicables del congreso tratan de cómo se hace una prueba, no de qué se mide en ella.

El primero es el estudio BUBBLE, y su hallazgo es que una de las maniobras más extendidas en la valoración del ictus del adulto joven se venía delegando en una instrucción verbal sin control de calidad. Una maniobra de Valsalva guiada por manómetro a 40 mmHg durante al menos cinco segundos detectó cortocircuito derecha-izquierda en el 36,4% de los pacientes, frente al 30,8% con la maniobra convencional [43]. Hay que explorar a 18 pacientes con la maniobra dirigida para encontrar un cortocircuito más. El material cuesta un manómetro aneroide, un tubo y un filtro desechable, no hubo ningún acontecimiento adverso en 483 pacientes y no hay curva de aprendizaje larga. Con manómetro o sin él, los dos signos de que la maniobra ha funcionado son la opacificación completa de la aurícula derecha y el abombamiento del septo interauricular hacia la izquierda: un estudio negativo con una maniobra ineficaz no es un estudio negativo.

El segundo desplaza el cuello de botella del cribado valvular. Un modelo de aprendizaje profundo detectó estenosis aórtica moderada o mayor a partir de vídeo bidimensional sin Doppler, y en 1.302 pacientes explorados por nueve operadores sin experiencia previa y con cuatro horas de formación, el 96,6% de las exploraciones fue analizable, con una mediana de cuatro minutos por estudio [44]. La inteligencia artificial sola alcanzó una sensibilidad del 93,5% pero un valor predictivo positivo del 49,4%; añadir la revisión de un cardiólogo al 10% de las exploraciones lo subió al 91,1%. Ya no hace falta un ecografista formado para obtener imágenes útiles de la válvula aórtica; sigue haciendo falta alguien que interprete el 10% dudoso.

En el electrocardiograma, un metaanálisis de 94.510 pacientes muestra que la inteligencia artificial alcanza una sensibilidad del 94,4% en el infarto con elevación del ST pero sólo del 65,0% en el infarto sin elevación del ST [45]. Ahí no sirve para descartar: una salida negativa dejaría escapar a uno de cada tres, y ningún resultado del modelo justifica acortar la seriación de troponina. Su sitio es el triaje del primer contacto, en el ámbito prehospitalario o en la guardia sin cardiólogo presencial, y el rendimiento baja ante hipertrofia, bloqueo de rama, fibrilación auricular o ritmo de marcapasos.

Por último, tras el cierre de la orejuela izquierda, el rivaroxabán a 10 mg al día redujo las lesiones embólicas cerebrales silentes frente a la antiagregación convencional: 12,2% frente al 31,7% a doce meses, sin ninguna hemorragia mayor en el brazo anticoagulado [46]. Con 164 pacientes y una variable principal de imagen, es generación de hipótesis; lo que sí puede hacerse ya es dejar de asumir que la doble antiagregación seguida de ácido acetilsalicílico es la opción neutra por defecto en quién puede anticoagularse.

Qué cambia en tu turno

  • Comprueba que la maniobra de Valsalva ha funcionado antes de dar por negativo un estudio con contraste. Un manómetro, un tubo y un filtro desechable convierten una instrucción verbal en una medida.
  • Escribe en el informe el tamaño del cortocircuito y el estado del septo interauricular, con el umbral usado para llamarlo grande: de esas dos líneas depende la clasificación de la que dependerá la decisión de cerrar.
  • Con cuatro horas de formación se pueden obtener imágenes útiles de la válvula aórtica. El cribado de estenosis aórtica deja de exigir un ecografista experto, aunque sigue exigiendo quien revise lo dudoso.
  • Una alerta de infarto de un modelo automático abre una evaluación urgente, no la cierra, y no sustituye a la seriación de troponina en el infarto sin elevación del ST.

Lo que todavía no sabemos: el estudio BUBBLE demuestra que se detecta más, no que se detecte mejor ni que eso evite ictus, y el cribado de estenosis aórtica con inteligencia artificial no ha medido desenlaces clínicos.

Lo que este congreso dice de la enfermería sin nombrarla

Puestos en fila, estos 46 trabajos cuentan una historia coherente que ninguno de ellos cuenta por separado. En casi todos los casos, el fármaco funcionaba, la indicación estaba clara y la guía llevaba años escrita: lo que falló fue el trayecto entre la recomendación y el paciente.

Los ejemplos se repiten con una regularidad que ya no parece casual. La rehabilitación cardíaca tiene la recomendación más alta que concede su guía y la hacen tres de cada diez pacientes [1][2]. El parche de electrocardiograma detecta el ritmo impecablemente y más de la mitad de los mayores no consigue ponérselo [22]. La estatina está prescrita en el 93% de los informes y tres de cada cuatro pacientes que la abandonaron siguen sin retirarla un mes después [2][5]. La vacuna antigripal tiene indicación desde hace décadas y la mitad de los pacientes con insuficiencia cardíaca no la recibe [29].

La conclusión que se deduce de este congreso es que en cardiología el margen de mejora ya no está sobre todo en la molécula, sino en el circuito. Y el circuito (quién llama, quién comprueba, quién explica, quién mide y a qué hora) es trabajo de enfermería. Que la guía de rehabilitación cardíaca cuantifique en 8,41 el multiplicador de la derivación automática con contacto personal, y que el estudio CRHCP demuestre que lo que sobrevive tres años después de retirar la financiación de un programa es el protocolo de medida y la tarjeta de titulación, son la misma idea vista desde dos ángulos.

Hay una consecuencia práctica que merece decirse. Cuando un programa se diseña sin contar el tiempo de quien lo va a ejecutar, el resultado ya está escrito: el estudio STROKESTOP III lo enseña con una variabilidad entre centros del 9,7% al 88,4% con idéntico protocolo [21]. La tecnología no arregla esa distancia. En el estudio AFFIRMO, una plataforma digital completa no cambió nada donde no había déficit que corregir [23]; en el estudio ADHERE-ASCVD, un mensaje automático rescató a uno de cada cuarenta y tres, y solo a quien se había caído del radar [5].

Mensajes clave

  • La rehabilitación cardíaca ya tiene guía propia, con plazos en días y prescripción de ejercicio por objetivo. Catorce días tras el síndrome coronario agudo, veintiocho tras la cirugía coronaria, y prohibición expresa de negarla por fragilidad o comorbilidad.
  • Tres de cada diez pacientes coronarios europeos llegan a pisar un programa de rehabilitación. Lo que falta no es evidencia, es circuito de derivación y una llamada personal.
  • Hay por fin un punto de referencia para leer la analítica de control en insuficiencia cardíaca: con la triple combinación, la sistólica baja 9,2 mmHg, el filtrado 6,8 mL/min/1,73 m² y el potasio sube 0,30 mmol/L. 
  • Un dispositivo entregado sin acompañamiento se pierde la mitad de las veces. Solo el 45% de los mayores de 65 años logró 24 horas de registro válido con un parche autoaplicado y sin ayuda, frente al 84% en programas con instrucciones y teléfono de contacto.
  • El segundo recordatorio es la intervención. Repetir la misma carta a los diez días subió la vacunación antigripal en insuficiencia cardíaca del 37,3% al 54,0%.
  • Albuminuria en todo paciente con enfermedad cardiovascular, con recomendación de clase I, y potasio con filtrado entre una y cuatro semanas tras iniciar IECA, ARA II o finerenona.

Relevancia y aplicación clínica

Para quien trabaja en una planta de cardiología, en una unidad coronaria o en una consulta de enfermería, la lectura de este congreso se resume en que buena parte de lo que se ha medido este año es exactamente lo que se hace en esos puestos. No se trata de conocer un fármaco nuevo: se trata de que la derivación tenga fecha, de que la analítica de la cuarta semana esté puesta antes del alta, de que el paciente sepa colocarse el aparato que se lleva a casa y de que la hora de la automedida esté anotada en la historia.

Para quien trabaja en atención primaria, hay tres cifras que ordenan la agenda. La primera, que ocho de cada diez pacientes coronarios no alcanzan el objetivo de colesterol LDL y seis de cada diez tienen la presión por encima de 130/80 mmHg más de un año después del ingreso. La segunda, que identificar por el registro de dispensación a quien lleva meses sin retirar su hipolipemiante y enviarle dos avisos separados por dos semanas rescata a uno de cada cuarenta y tres. La tercera, que el cribado de fibrilación auricular ofrecido durante una visita lo acepta el 61,4% de las personas a las que se les ofrece, y que el paso frágil está en acordarse de ofrecerlo.

Por último, hay un mensaje que este congreso dirige a los propios profesionales. En el chequeo cardiovascular realizado a 1.366 sanitarios durante el congreso, los factores de riesgo sin diagnosticar fueron igual de frecuentes que en la población general, y más de la mitad de quienes tenían hipertensión no lo sabía [10]. 

Preguntas frecuentes

¿Cuándo hay que derivar a rehabilitación cardíaca tras un infarto?
La guía ESC 2026 fija 14 días tras el síndrome coronario agudo, y nunca más de 30. Tras cirugía coronaria, 28 días y nunca más de 42. En la insuficiencia cardíaca, en cuanto haya descongestión y estabilidad clínica. La fragilidad y la comorbilidad no son motivo para no derivar: es la única recomendación de clase III de toda la guía.

¿Qué analítica hay que pedir al titular el tratamiento de la insuficiencia cardíaca?
Potasio y filtrado glomerular entre una y cuatro semanas tras iniciar un IECA, un ARA II, sacubitrilo/valsartán o finerenona. Tras un inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 o semaglutida no hace falta analítica adicional. Con la triple combinación es esperable que el potasio suba unas tres décimas y que el filtrado baje unos 7 mL/min/1,73 m².

¿Sirve un Holter de 24 horas para descartar fibrilación auricular?
Descarta menos de lo que parece. En el cribado con registro domiciliario de siete días, el 46,3% de los diagnósticos apareció después del primer día, y la mitad de los casos paroxísticos tuvieron episodios nocturnos. Cuando la sospecha clínica es razonable, la pregunta importante es durante cuántos días registrar.

¿Cómo se consigue que el paciente use bien un parche de electrocardiograma en casa?
Con acompañamiento. Sin formación ni supervisión, sólo el 45,3% de los mayores de 65 años logró 24 horas de registro analizable; en programas con instrucciones escritas, vídeo y ayuda por teléfono y correo, el 84,4% se lo puso y lo devolvió. El fallo se produce al colocar y activar el dispositivo, no en la calidad de la señal.

Bibliografía recomendada

  1. Bäck M, Wilhelm M, Marcin T, et al. 2026 ESC Guidelines on cardiac rehabilitation. Eur Heart J. 2026. PMID 42661418
  2. Wood DA, Jennings CS, Kotseva K, et al. ESC Guidelines on prevention and rehabilitation in coronary heart disease and current practice: the EUROASPIRE VI survey. Eur Heart J. 2026. PMID 42666091
  3. Lönn A, Carlén A, Ekström M, et al. Associations of Exercise Capacity After Myocardial Infarction with Mortality and Major Adverse Cardiovascular Events: Sex-Specific Findings from the Nationwide SWEDEHEART Cohort. Eur J Prev Cardiol. 2026. PMID 42666093
  4. Oyama K, Takahashi J, Funaki T, et al. Protocol-Based Implementation of Early Intensive Lipid Management After Acute Coronary Syndrome: The BRIDGE Trial. J Am Coll Cardiol. 2026. PMID 42671370
  5. Bhatt AS, Liu VX, Sun B, et al. Digital Outreach to Improve Statin Refills in Patients With Low Statin Adherence: The ADHERE-ASCVD Randomized Clinical Trial. JAMA. 2026. PMID 42667613
  6. Andersen ASV, Sødergren STF, Modin D, et al. Sex Differences in Statin Treatment after Myocardial Infarction in Denmark: A Time-Trend Study Utilising Danish National Registries. Eur J Prev Cardiol. 2026. PMID 42667599
  7. Hilgendorf I, Westermann D, Nowak B, et al. Inclisiran vs bempedoic acid for low-density lipoprotein cholesterol lowering in high-risk patients: the VICTORION-Challenge trial. Eur Heart J. 2026. PMID 42670194
  8. Sun G, Guo X, Zhao C, et al. Long-Term Effectiveness of Intensive Blood Pressure Management Led by Nonphysician Community Healthcare Providers on Cardiovascular Events: 7-Year Follow-Up of a Cluster Randomized Trial. Circulation. 2026. PMID 42666029
  9. Bijkerk S, Ponte-Negretti CI, Maung KK, et al. Development and external validation of the SCORE2 models in Latin America and the Caribbean (SCORE2-LAC) to estimate 10-year cardiovascular disease risk. Eur Heart J. 2026. PMID 42667259
  10. Wenzl FA, Wang Y, Mass V, et al. Cardiovascular Prevention among Healthcare Professionals: the ESC Congress Cardiovascular Health Check 2025. Eur Heart J. 2026. PMID 42669131
  11. Køber L, Adamo M, Ruwald AC, et al. 2026 ESC Guidelines for the management of heart failure. Eur Heart J. 2026. PMID 42661420
  12. Wang N, Claggett BL, Pfeffer MA, et al. Short-term effects of combinations of heart failure therapies on blood pressure, kidney function and serum potassium. Nat Med. 2026. PMID 42675244
  13. Elmegaard M, Køber L, Ersbøll MK, et al. A Randomized Clinical Implementation Trial Testing a Digital Strategy to Increase SGLT2 Inhibitor Initiation in Heart Failure. JACC Heart Fail. 2026:103176. PMID 42274438
  14. Docherty KF, Heywood B, Anderson L, et al. Personalized evaluation of NT-proBNP and clinical characteristics in suspected heart failure: the PRECISE-HF study. Eur Heart J. 2026. PMID 42663089
  15. Amir Y, Shaul A, Koren O, et al. Diurnal variation in left atrial pressure in ambulatory patients with chronic heart failure. Eur J Heart Fail. 2026. PMID 42670644
  16. Lu H, Claggett BL, Ostrominski JW, et al. Time in blood pressure range and cardiovascular outcomes in HFmrEF/HFpEF: a pooled participant-level analysis of four large-scale trials. Eur J Heart Fail. 2026. PMID 42669134
  17. Bavendiek U, Liu X, Berliner D, et al. Efficacy of digitoxin over time in patients with heart failure and reduced ejection fraction: further analysis of DIGIT-HF. Eur J Heart Fail. 2026. PMID 42667604
  18. Boettger P, Großhennig A, Störk S, et al. Cost-effectiveness of digitoxin in heart failure with reduced ejection fraction in the European Union and the United States. Eur J Heart Fail. 2026. PMID 42667611
  19. Croon PM, Batinica B, Dhingra LS, et al. Electrocardiogram-Based Deep Learning to Prioritize Testing for Transthyretin Amyloid Cardiomyopathy. JAMA. 2026. PMID 42663420
  20. Boskovic M, Haraldsen MB, Berge T, et al. Digital recruitment and prevalence of screen-detected atrial fibrillation in nationwide patch-based ECG screening: the NORSCREEN randomized clinical trial. Europace. 2026;28(8). PMID 42669049
  21. Khan M, Skröder S, Ingre M, et al. Population reach and participation rate in opportunistic vs. systematic atrial fibrillation screening: STROKESTOP III. Europace. 2026;28(8). PMID 42669050
  22. Pavluk D, Kindl B, Proell S, et al. The weakest link in digital atrial fibrillation screening: a randomized comparison of self-applied ECG patch systems in older adults. Europace. 2026;28(8). PMID 42671332
  23. Boriani G, et al. Integrated care management for older multimorbid patients with atrial fibrillation: the AFFIRMO randomised clinical trial. Lancet Reg Health Eur. 2026. Texto completo
  24. Zheng C, Winsløw UCG, Danielsen EM, et al. Increasing plasma potassium and risk of atrial fibrillation: the POTCAST trial. Eur Heart J. 2026. PMID 42668425
  25. Shahmohamadi E, Pina A, Elliott AD, et al. Non-linear associations between blood pressure and clinical outcomes in atrial fibrillation: A systematic review and dose-response meta-analysis. Europace. 2026. PMID 42663497
  26. Kim M, Yang PS, Chung HG, et al. Moderate-to-Vigorous Intensity Physical Activity and Risk of Incident Atrial Fibrillation in Atrial Cardiomyopathy. JACC Adv. 2026:102999. PMID 42663368
  27. Reed MJ, Goodacre S, Weir CJ, et al. Immediate Ambulatory Electrocardiographic Monitoring in Syncope. N Engl J Med. 2026. PMID 42670977
  28. Wachter R, Haag P, Uhe T, et al. Catheter ablation for symptomatic atrial fibrillation (PVI-SHAM-AF): a randomised, double-blind, sham-controlled, multicentre trial. Lancet. 2026. PMID 42669307
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  37. Omerovic E, Koul S, Andersson J, et al. Prasugrel versus Ticagrelor in Acute Coronary Syndromes. N Engl J Med. 2026. PMID 42670968
  38. Rizas KD, Mourouzis K, Rath D, et al. Dual antithrombotic therapy using potent antiplatelet inhibitors in atrial fibrillation and acute coronary syndrome: a randomized controlled trial. Nat Med. 2026. PMID 42668287
  39. Kader N, Pries-Heje MM, Hjulmand J, et al. Costs of Oral Step-Down Antibiotic Treatment Versus Intravenous Hospital Antibiotic Treatment in Patients With Endocarditis: Cost Analysis From the POET Randomized Trial. Circ Popul Health Outcomes. 2026:e014059. PMID 42663033
  40. Bundgaard H, Pries-Heje M, Hjulmand J, et al. Response-Tailored or Standard-Duration Antibiotic Treatment for Infective Endocarditis. N Engl J Med. 2026. PMID 42663314
  41. Damman K, Ter Maaten JM, Mayne KJ, et al. 2026 ESC Guidelines for the management of cardiovascular disease and chronic kidney disease, in collaboration with the European Renal Association (ERA). Eur Heart J. 2026. PMID 42661426
  42. Jhund PS, Talebi A, Henderson AD, et al. Mineralocorticoid receptor antagonists in heart failure: an individual patient level meta-analysis. Lancet. 2024;404(10458):1119-1131. PMID 39232490
  43. Grinberg T, Suc G, Dupuy M, et al. Goal-directed vs self-directed Valsalva manoeuvre to improve right to left shunt detection: the BUBBLE trial. Eur Heart J. 2026. PMID 42671089
  44. Lee E, Naser JA, Kane CJ, et al. Artificial Intelligence-Enabled Acquisition and Interpretation for Screening Aortic Stenosis. JAMA Cardiol. 2026. PMID 42661496
  45. Gaelzer GC, Batista PG, Montenegro MV, et al. Artificial intelligence-based ECG as a triage tool for acute myocardial infarction: a diagnostic systematic review and meta-analysis. Eur Heart J Digit Health. 2026;7(7):ztag075. PMID 42668832
  46. Wang K, Shi L, Ruan Z, et al. Half-dose rivaroxaban vs antiplatelet therapy for preventing silent cerebral embolism after left atrial appendage occlusion: the HALO-SCE trial. Eur Heart J. 2026. PMID 42670954

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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