Tras un infarto de miocardio pides una ecocardiografía, repites el perfil lipídico y titulas el tratamiento. Muchos servicios piden además una ergometría antes de que el paciente entre en rehabilitación cardíaca, y el número que sale de esa prueba, la carga máxima en vatios, casi siempre se usa para una sola cosa: prescribir la intensidad del entrenamiento. Un análisis del registro SWEDEHEART publicado en European Journal of Preventive Cardiology [1] sostiene que ese mismo número, que ya tienes, contiene información pronóstica de primer orden sobre quién va a morir y quién va a volver a ingresar.
El trabajo aporta dos cosas que no estaban descritas en esta población. La primera, que la relación entre capacidad de esfuerzo y mortalidad es lineal en los dos sexos, sin meseta: no hay un punto a partir del cual pedalear más deje de asociarse a menos riesgo. La segunda, y es la que da titular, que la asociación es más pronunciada en las mujeres. Merece la pena verlo con las cifras delante, porque una parte de esa diferencia entre sexos es real y otra es un artefacto de la escala con la que se mide.
En este artículo:
- Lo que sabíamos hasta ahora
- Cómo se midió la capacidad de esfuerzo en el registro SWEDEHEART
- Quién entró y quién se quedó fuera
- Lo que predicen los vatios: mortalidad y eventos
- Infarto recurrente, ictus y muerte cardiovascular
- Por qué la asociación parece más fuerte en las mujeres
- Lo que el titular no cuenta: la fuerza de cada cifra
- Qué cambia en la práctica diaria
Lo que sabíamos hasta ahora
Que la capacidad de esfuerzo predice la mortalidad no es nuevo, y está bien medido. Un metaanálisis de 21 cohortes prospectivas con 156.371 pacientes con enfermedad cardiovascular encontró que los de capacidad alta tenían un 58% menos de mortalidad total que los de capacidad baja, con un cociente de riesgos de 0,42 (IC 95%: 0,28-0,61), y un 73% menos de muerte cardiovascular, 0,27 (0,16-0,48). Por cada equivalente metabólico adicional, la mortalidad total bajaba un 19%, 0,81 (0,74-0,88). En el subgrupo de enfermedad coronaria, capacidad alta frente a baja daba 0,32 (0,26-0,41) [2].
En una cohorte comunitaria británica de 670 pacientes coronarios seguidos una mediana de 14 años, con 206 muertes, los del grupo de mejor capacidad tuvieron un 60% menos de mortalidad que los del peor, 0,40 (0,25-0,64), y cada equivalente metabólico adicional se asoció a un 11% menos, 0,89 (0,81-0,98) [3]. Aquel trabajo ya usaba umbrales distintos para hombres y mujeres, algo que conviene retener.
Con cicloergómetro, que es lo que se usa en la mayoría de los laboratorios europeos, la referencia clásica es una cohorte finlandesa de 3.033 sujetos remitidos a ergometría y seguidos casi veinte años. De todas las variables que da la prueba, el descenso del segmento ST, la respuesta de la presión arterial, la respuesta de la frecuencia cardíaca y la carga máxima, la carga máxima fue el predictor más fuerte de mortalidad total y cardiovascular en ambos sexos [4]. Es un resultado que se cita poco y que ordena las prioridades al leer un informe.
Sobre el sexo, la referencia es el estudio FIT, con 57.284 pacientes sin enfermedad coronaria remitidos a ergometría en tapiz y seguidos una mediana de diez años, con 6.402 muertes. Los hombres alcanzaron 1,7 equivalentes metabólicos más que las mujeres, y las mujeres lograron la misma tasa de mortalidad que los hombres con 2,6 equivalentes metabólicos menos [5]. Es decir: a igualdad de capacidad medida, la mujer tenía menos riesgo absoluto. Ojo con el matiz, porque no es lo mismo que decir que la capacidad predice mejor en la mujer. Lo que el estudio FIT encontró fue una pendiente prácticamente idéntica en los dos sexos, 0,84 por equivalente metabólico en hombres y 0,83 en mujeres, y sus autores concluyeron expresamente que sus datos no justificaban objetivos de capacidad diferentes por sexo.
Lo que faltaba era precisamente esto: si en pacientes que acaban de infartarse la capacidad de esfuerzo predice también los eventos recurrentes, no sólo la muerte, y si esa relación se comporta igual en hombres y en mujeres.
Cómo se midió la capacidad de esfuerzo en el registro SWEDEHEART
Se trata de un estudio de cohortes prospectivo sobre el registro nacional sueco SWEDEHEART, que recoge datos de todos los hospitales y de todas las unidades de rehabilitación cardíaca del país. Entraron los pacientes de 18 a 79 años con un primer infarto de miocardio tipo 1 entre 2016 y 2020 a los que se hizo una ergometría en cicloergómetro antes de empezar la rehabilitación.
La prueba es la que se hace de rutina en Suecia en la visita con fisioterapia entre dos y ocho semanas después del alta. Protocolo escalonado de la Organización Mundial de la Salud: arranque en 25 o 50 vatios según la actividad física declarada por el paciente, incrementos de 25 vatios cada 4,5 minutos, y terminación por síntomas al alcanzar un esfuerzo percibido de 17 o más en la escala de Borg, o una disnea de 7 o más en la escala categórica. Si el paciente no completaba los 4,5 minutos del último escalón se estimaba la carga máxima proporcionalmente al tiempo aguantado.
Los desenlaces principales fueron la mortalidad total y una variable combinada de infarto no mortal, ictus isquémico no mortal y muerte cardiovascular. Se identificaron cruzando el registro con el registro nacional de causas de muerte y con el registro nacional de pacientes, de declaración obligatoria para todas las regiones suecas. Los modelos se ajustaron por edad, nivel de estudios, tabaquismo, índice de masa corporal, filtrado glomerular estimado, FEVI, revascularización coronaria, tipo de infarto y tratamiento farmacológico.
Quién entró y quién se quedó fuera
Este apartado importa tanto como los resultados. De 47.499 primeros infartos registrados en el período, la cohorte final fueron 15.945 pacientes, es decir uno de cada tres.
El filtro grande fue la propia asistencia a rehabilitación: 19.462 pacientes no acudieron a la primera visita de fisioterapia. Después se excluyeron 301 en los que pasaron seis meses o más entre el infarto y la prueba, 24 sin datos de la ergometría, 38 con fechas incoherentes y, sobre todo, 3.437 pacientes que sí hicieron la prueba pero no alcanzaron un esfuerzo percibido de 15 sobre 20, el umbral que los autores fijaron para considerar el esfuerzo suficientemente máximo.
La cohorte resultante tenía una mediana de edad de 64 años, un 78,5% de hombres, un 43,1% de infartos con elevación del segmento ST y un 92,8% de revascularizaciones. El tratamiento al alta era el que uno querría ver: estatinas en el 99,5%, ácido acetilsalicílico en el 97,4%, inhibidor del P2Y12 en el 96,0% y betabloqueantes en el 86,4%. La FEVI era normal en el 70,1%. Diabetes tipo 2 en el 19,6%, insuficiencia cardíaca previa en el 3,5%.
La cifra que ordena todo lo demás es la carga máxima mediana: 100 vatios (rango intercuartílico 78-123) en los hombres y 64 vatios (50-81) en las mujeres. Durante una mediana de seguimiento de 3,2 años se produjeron 420 muertes y 948 eventos cardiovasculares mayores.
Lo que predicen los vatios: mortalidad y eventos
En el modelo completamente ajustado, cada 10 vatios adicionales de carga máxima se asociaron a un 18% menos de mortalidad total en los hombres, cociente de riesgos 0,82 (0,78-0,86), y a un 33% menos en las mujeres, 0,67 (0,59-0,76). Para la variable combinada, cada 10 vatios se asociaron a un 8% menos en los hombres, 0,92 (0,90-0,95), y a un 18% menos en las mujeres, 0,82 (0,77-0,88).
La forma de la curva también aporta. Para la mortalidad, la relación fue lineal en ambos sexos: dentro del rango estudiado no aparece ninguna meseta, ni siquiera en las cargas más altas. Para los eventos combinados, en cambio, la asociación fue curvilínea en los hombres, con la pendiente más pronunciada en la parte baja de la distribución y un repunte modesto del riesgo en los valores más altos, mientras que en las mujeres se mantuvo lineal.
Los cuartiles se calcularon por separado para cada sexo, y son la parte más útil para la consulta porque dan umbrales concretos.
| Cuartil de carga máxima | Hombres | Mujeres |
|---|---|---|
| Primero (el más bajo) | 78 vatios o menos | 50 vatios o menos |
| Segundo | Más de 78 hasta 100 | Más de 50 hasta 64 |
| Tercero | Más de 100 hasta 123 | Más de 64 hasta 81 |
| Cuarto (el más alto) | 124 vatios o más | 82 vatios o más |
Fíjate en algo que salta a la vista al ponerlos uno al lado del otro: el cuartil superior de las mujeres, 82 vatios o más, arranca por debajo de la mediana de los hombres, que es 100. Una mujer que esté entre las mejores de su grupo rinde menos que un hombre corriente. Eso no es un defecto del estudio, es la realidad fisiológica y la razón por la que los cuartiles se calculan separados. En el registro FRIEND, con más de 15.000 ergoespirometrías en pacientes con enfermedad cardiovascular, los hombres alcanzan de media un 22% más de consumo de oxígeno pico que las mujeres en cicloergómetro, y ambos sexos se sitúan de media en torno al percentil 25 de la población sana de su edad [6].
Traducido a incidencias, que es como se ve mejor la magnitud del asunto, la diferencia entre el peor y el mejor cuartil es la siguiente, en casos por 1.000 personas-año.
| Desenlace | Hombres: peor y mejor cuartil | Mujeres: peor y mejor cuartil |
|---|---|---|
| Mortalidad total | 18,6 y 2,6 | 21,9 y 0,7 |
| Eventos cardiovasculares mayores | 32,4 y 14,6 | 31,9 y 10,8 |
| Infarto recurrente | 20,7 y 11,6 | 20,1 y 9,3 |
| Ictus isquémico | 7,1 y 2,3 | 5,8 y 2,1 |
| Muerte cardiovascular | 6,8 y 1,0 | 6,2 y ningún caso |
El paciente del cuartil más bajo tiene una mortalidad siete veces mayor que el del más alto entre los hombres, y del orden de treinta veces mayor entre las mujeres. Y todo eso en una población que ya está tratada al máximo: recuerda que el 99,5% toma estatinas y el 96% un inhibidor del P2Y12. Lo que la ergometría está identificando aquí es riesgo residual, el que queda después de haber hecho bien todo lo demás.
Infarto recurrente, ictus y muerte cardiovascular
Al abrir la variable combinada en sus tres componentes aparecen matices que conviene conocer, porque no todos los desenlaces se comportan igual.
Infarto recurrente. Cada 10 vatios se asociaron a un 6% menos en hombres, 0,94 (0,91-0,97), y a un 18% menos en mujeres, 0,82 (0,76-0,89). En los hombres la curva vuelve a ser curvilínea, con la mayor parte de la reducción entre el primer y el segundo cuartil y sin ganancia adicional en el cuarto.
Ictus isquémico. En hombres, un 11% menos por cada 10 vatios, 0,89 (0,84-0,95). En mujeres no hubo ninguna asociación significativa: 0,95 (0,80-1,12) por cada 10 vatios, y ninguno de los tres cuartiles superiores alcanzó significación frente al inferior. Sólo hubo 40 ictus entre las mujeres de toda la cohorte, así que lo más probable es que sea un problema de potencia estadística, pero el dato es el que es y no conviene extrapolar.
Muerte cardiovascular. Un 18% menos por cada 10 vatios en hombres, 0,82 (0,76-0,89), y un 36% menos en mujeres, 0,64 (0,50-0,84).
Los análisis de sensibilidad no cambian el cuadro. Excluyendo a los pacientes con menos de un año de seguimiento, para descartar causalidad inversa, la mortalidad seguía en 0,83 (0,79-0,87) en hombres y 0,64 (0,56-0,74) en mujeres. El análisis de riesgos competitivos con modelos de Fine-Gray, que trata la muerte no cardiovascular como evento competidor, dio resultados prácticamente idénticos. Y normalizando la carga por el peso corporal el patrón se mantiene, algo atenuado.
Hay un matiz que sí merece un apunte. Cuando al modelo se le añaden además la diabetes, la insuficiencia cardíaca previa y el ictus previo, la asociación con el infarto recurrente en hombres pasa de 0,94 (0,91-0,97) a 0,97 (0,94-1,00), quedándose justo en el borde. Es la asociación más frágil de todo el trabajo, y conviene saberlo antes de afirmar que los vatios predicen el reinfarto en el varón con la misma solidez con la que predicen la muerte.
Por qué la asociación parece más fuerte en las mujeres
Este es el punto en el que hay que ir despacio, porque la lectura fácil lleva a una conclusión que los datos sólo sostienen a medias.
El titular dice que cada 10 vatios valen un 33% de mortalidad en la mujer y un 18% en el hombre. Antes de interpretar eso como una diferencia biológica, hazte una pregunta de aritmética: ¿qué representan 10 vatios para cada uno? Para un hombre con una mediana de 100 vatios son el 10% de su capacidad. Para una mujer con una mediana de 64 vatios son el 16%. Estás comparando un incremento absoluto en dos poblaciones cuya escala difiere en más de un tercio, así que una pendiente más pronunciada por cada 10 vatios en las mujeres era esperable en parte por construcción, sin necesidad de invocar ninguna diferencia hormonal ni fisiológica.
La comparación limpia es la de cuartiles específicos de sexo, porque ahí cada paciente se compara con los de su propio grupo. Y ahí la diferencia sigue existiendo, aunque más contenida: para los eventos cardiovasculares mayores, el cuarto cuartil frente al primero da 0,54 (0,43-0,67) en hombres y 0,34 (0,21-0,55) en mujeres. Ese contraste sí se apoya en un número decente de eventos, 144 y 30 respectivamente, y es probablemente lo más sólido que el trabajo aporta sobre diferencias por sexo.
Conviene además situar el hallazgo frente a lo que ya sabíamos, porque no es lo mismo. El estudio FIT, en población sin enfermedad coronaria, encontró que la mujer tiene menos riesgo absoluto que el hombre con el mismo nivel de capacidad, pero una pendiente relativa casi idéntica [5]. El registro SWEDEHEART encuentra una pendiente relativa más pronunciada en la mujer. Son dos observaciones distintas y compatibles, y la segunda es nueva en pacientes tras un infarto. Que la capacidad de esfuerzo se comporte de forma distinta según el sexo encaja con lo que se viene documentando en otros terrenos de la cardiopatía isquémica de la mujer.
Lo que el titular no cuenta: la fuerza de cada cifra
La cifra más llamativa del trabajo es que las mujeres del cuartil superior tuvieron un 94% menos de mortalidad que las del inferior, con un cociente de riesgos de 0,06 (0,01-0,25). Es un número que va a circular, así que conviene decir de dónde sale: de dos muertes entre las 858 mujeres de ese cuartil. Los propios autores escriben que un descenso de esa magnitud indica confusión residual, y tienen razón.
En la misma línea, el cuarto cuartil femenino de muerte cardiovascular no tiene cociente de riesgos porque no hubo ningún evento, y el tercero se apoya en dos. Y el ictus en mujeres, ya lo hemos visto, descansa sobre 40 eventos en total.
Nada de esto invalida el trabajo. Los desenlaces que sí tienen números detrás son la mortalidad total en hombres, con 326 muertes, y la variable combinada en ambos sexos, con 745 y 203 eventos. Esos son los que sostienen el mensaje. Pero si vas a contarle a alguien que la ergometría reduce el riesgo un 94%, estarás contando dos muertes vestidas de porcentaje.
Y falta la limitación mayor, que el diseño no puede resolver: esta cohorte son los supervivientes que llegaron a pedalear. Los 19.462 pacientes que no acudieron a la visita de fisioterapia no son un grupo aleatorio. Sabemos exactamente cómo son porque se han descrito en el propio sistema sueco: en un análisis de 31.297 pacientes tras un infarto del registro de prevención secundaria, el 52% no acudió a la rehabilitación cardíaca basada en ejercicio, y los que no acudieron eran mayores, tenían más diabetes, más infarto previo, más insuficiencia cardíaca, más ictus previo, peor función ventricular y fumaban más [7]. Añade los 3.437 que hicieron la prueba pero no llegaron al esfuerzo mínimo exigido, que por definición son los que menos podían esforzarse, y el retrato queda claro: la ergometría estratifica muy bien el riesgo del paciente que puede hacerla.
Qué cambia en la práctica diaria
Lo que esto significa en nuestro entorno clínico es que hay un dato pronóstico gratuito circulando por los informes sin que nadie lo lea como tal.
La guía ESC 2026 de rehabilitación cardíaca recomienda con clase IIa y nivel de evidencia B2 adaptar la prescripción de ejercicio a la función física del paciente, medida entre otras cosas por el consumo de oxígeno pico [8]. Es decir: la guía usa la prueba para prescribir. No hay ninguna recomendación en ese documento sobre usar la capacidad de esfuerzo para estratificar el pronóstico. Este trabajo, sin cambiar ninguna recomendación por sí solo, señala que la misma prueba que ya haces para decidir a qué intensidad entrena el paciente te está diciendo además quién tiene siete veces más probabilidades de morir en los próximos tres años.
Dos cifras que caben en un informe. Un hombre que no pasa de 78 vatios y una mujer que no pasa de 50 están en el cuartil de peor pronóstico de su sexo. No son umbrales validados ni tienen que aparecer en ninguna guía para que te sirvan: son los puntos de corte de la distribución de una cohorte nacional de 15.945 pacientes contemporáneos y bien tratados. Si el paciente que tienes delante está por debajo de esa cifra, sabes que su riesgo de reingreso y de muerte es varias veces el de la media, y sabes que el tratamiento farmacológico óptimo no lo ha corregido, porque en esta cohorte ya lo tenía.
Cuidado con el cuarto cuartil masculino. Es el único punto donde el gradiente se rompe: para el infarto recurrente y para la variable combinada, los hombres del cuartil más alto no mejoraron respecto a los del tercero, con un repunte modesto en los valores extremos. Para la mortalidad, en cambio, la relación siguió siendo lineal. Sea confusión residual o algo real, ahí no hay mensaje de más es mejor.
Y el cuello de botella español no es la prueba, es el circuito. Todo este razonamiento presupone que el paciente pasa por una unidad de rehabilitación cardíaca y que alguien le hace una ergometría antes de entrenar. En Suecia eso es rutina, y aun así la mitad de los pacientes no llega. En Europa el panorama es peor: la guía ESC 2026 documenta una plaza de rehabilitación por cada siete pacientes con cardiopatía isquémica [8]. Un dato pronóstico que sólo se genera en un circuito al que accede una minoría no cambia la práctica de nadie. La lectura útil de este trabajo, por tanto, es doble: si tienes la cifra, úsala; y si no la tienes, es un argumento más para pelear por el circuito.
Una última consideración sobre la mujer. La guía ESC 2026 recomienda con clase IIa y nivel B2 adaptar la rehabilitación cardíaca a las mujeres para mejorar su captación y su adherencia [8]. Los datos del registro SWEDEHEART añaden una razón para hacerlo: sea cual sea la parte del efecto que corresponda a la escala y cuál a la biología, en la mujer que acaba de infartarse la capacidad de esfuerzo se asocia al pronóstico con al menos tanta fuerza como en el hombre, y las mujeres representaban aquí sólo el 21,5% de la cohorte. Es difícil justificar que la prueba se pida menos, o se interprete con menos atención, justo en el grupo donde parece decir más.
Mensajes clave
- En 15.945 pacientes del registro SWEDEHEART, cada 10 vatios adicionales en la ergometría hecha entre dos y ocho semanas después de un infarto se asociaron a un 18% menos de mortalidad total en hombres y a un 33% menos en mujeres.
- La relación con la mortalidad fue lineal en ambos sexos: dentro del rango medido no aparece ninguna meseta a partir de la cual dejar de ganar.
- Los umbrales del cuartil de peor pronóstico son 78 vatios o menos en el hombre y 50 vatios o menos en la mujer. En ese cuartil la mortalidad fue de 18,6 y 21,9 por 1.000 personas-año, frente a 2,6 y 0,7 en el cuartil más alto.
- La asociación más marcada en la mujer es en parte un artefacto de escala, porque 10 vatios son el 16% de su capacidad mediana y sólo el 10% de la del hombre. Comparando cuartiles específicos de sexo la diferencia persiste, pero es menor.
- El 94% menos de mortalidad del cuartil femenino más alto procede de dos muertes entre 858 mujeres, y no debe contarse sin ese denominador.
- La cohorte excluye a los 19.462 pacientes que no acudieron a rehabilitación y a los 3.437 que no alcanzaron el esfuerzo mínimo exigido, es decir a los de peor perfil. El dato estratifica al paciente que puede hacer la prueba.
Relevancia y aplicación clínica
Hay pocas ocasiones en cardiología de sacar información pronóstica de una prueba que ya está hecha, ya está pagada y ya está en la historia clínica. La carga máxima en vatios de la ergometría previa a la rehabilitación es una de ellas, y hasta ahora se venía usando casi en exclusiva para calcular la intensidad del entrenamiento.
El cambio que propone este trabajo es de lectura, no de recursos. Cuando revises el informe de una ergometría post-infarto, mira la carga máxima con la misma atención con la que miras el segmento ST, porque en la cohorte finlandesa de referencia esa cifra fue mejor predictor de mortalidad que cualquier otra variable de la prueba [4]. Y compárala con la distribución del sexo del paciente, no con una cifra absoluta única: 90 vatios en un hombre de 64 años son un resultado mediocre, y en una mujer de la misma edad lo sitúan en el cuartil superior.
Ninguno de estos datos justifica añadir tratamientos ni pruebas por sí solo. Lo que justifican es priorizar: si la agenda de rehabilitación cardíaca está saturada y hay que elegir, si el paciente ha de verse a los tres meses o a los seis, si conviene insistir más en el ejercicio con este o con aquel. Un hombre que no pasa de 78 vatios o una mujer que no pasa de 50, ambos con estatina de alta intensidad y doble antiagregación, siguen siendo pacientes de riesgo alto por más que su analítica y su ecocardiografía estén impecables.
En resumen, la capacidad de esfuerzo medida con una ergometría convencional tras el infarto de miocardio se comporta en el registro SWEDEHEART como un marcador pronóstico potente, lineal para la mortalidad y con más pendiente aparente en la mujer, y su mayor virtud no es la magnitud del cociente de riesgos sino que ya la tienes escrita en el informe.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos vatios hay que alcanzar en una ergometría después de un infarto?
No hay una cifra normativa. Lo que aportan estos datos es la distribución real de una cohorte nacional contemporánea: la mediana fue de 100 vatios en hombres y 64 en mujeres, y el cuartil de peor pronóstico correspondió a 78 vatios o menos en ellos y 50 o menos en ellas. Sirve para situar al paciente, no como objetivo terapéutico.
¿Es lo mismo la capacidad de esfuerzo que el consumo de oxígeno pico?
No, pero se comportan de forma parecida a efectos pronósticos. El consumo de oxígeno pico medido con ergoespirometría es la referencia, y la carga máxima en vatios es una aproximación mucho más accesible. En una cohorte danesa con ergoespirometría, cada mililitro por kilo y minuto de consumo de oxígeno pico se asoció a un 11% menos de mortalidad y a un 6% menos de eventos cardiovasculares [9], un orden de magnitud coherente con lo observado con vatios.
¿Por qué se calculan cuartiles separados para hombres y mujeres?
Porque las distribuciones no se solapan lo suficiente. El cuartil superior de las mujeres empieza en 82 vatios y la mediana de los hombres está en 100, así que un umbral único mandaría al grupo de peor capacidad a casi todas las mujeres y dejaría de discriminar dentro de ese grupo. Es la misma razón por la que otras cohortes usan puntos de corte distintos por sexo.
¿Una capacidad de esfuerzo baja predice el infarto recurrente o sólo la muerte?
Predice ambos, pero con solidez distinta. Para la mortalidad la asociación es robusta y sobrevive a todos los ajustes. Para el infarto recurrente en hombres se debilita cuando se ajusta además por diabetes, insuficiencia cardíaca previa e ictus previo, quedando en el borde de la significación. En pacientes remitidos a ergometría por indicación clínica también se ha descrito asociación con eventos no mortales: no alcanzar el 85% de los equivalentes metabólicos previstos multiplicó por 2,4 el riesgo de infarto y por 2,9 el de muerte [10].
Bibliografía recomendada
- Lönn A, Carlén A, Ekström M, Hadziosmaniovic N, Hagström E, Jernberg T, et al. Associations of Exercise Capacity After Myocardial Infarction with Mortality and Major Adverse Cardiovascular Events: Sex-Specific Findings from the Nationwide SWEDEHEART Cohort. Eur J Prev Cardiol. 2026. PMID 42666093
- Ezzatvar Y, Izquierdo M, Núñez J, Calatayud J, Ramírez-Vélez R, García-Hermoso A. Cardiorespiratory fitness measured with cardiopulmonary exercise testing and mortality in patients with cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis. J Sport Health Sci. 2021;10(6):609-19. PMID 34198003
- Taylor C, Tsakirides C, Moxon J, Moxon JW, Dudfield M, Witte KK, et al. Submaximal fitness and mortality risk reduction in coronary heart disease: a retrospective cohort study of community-based exercise rehabilitation. BMJ Open. 2016;6(6):e011125. PMID 27363816
- Korpelainen R, Lämsä J, Kaikkonen KM, Korpelainen J, Laukkanen J, Palatsi I, et al. Exercise capacity and mortality: a follow-up study of 3033 subjects referred to clinical exercise testing. Ann Med. 2016;48(5):359-66. PMID 27146022
- Al-Mallah MH, Juraschek SP, Whelton S, Dardari ZA, Ehrman JK, Michos ED, et al. Sex differences in cardiorespiratory fitness and all-cause mortality: the Henry Ford ExercIse Testing (FIT) Project. Mayo Clin Proc. 2016;91(6):755-62. PMID 27161032
- Peterman JE, Arena R, Myers J, Marzolini S, Ades PA, Savage PD, et al. Reference standards for cardiorespiratory fitness by cardiovascular disease category and testing modality: data from FRIEND. J Am Heart Assoc. 2021;10(22):e022336. PMID 34747182
- Borg S, Öberg B, Leosdottir M, Lindholm D, Nilsson L, Bäck M. Factors associated with non-attendance at exercise-based cardiac rehabilitation. BMC Sports Sci Med Rehabil. 2019;11:13. PMID 31372231
- Bäck M, Wilhelm M, Marcin T, Machado FVC, Sandberg A, Buccheri S, et al. 2026 ESC Guidelines on cardiac rehabilitation. Eur Heart J. 2026. PMID 42661418
- Mikkelsen N, Cadarso-Suárez C, Lado-Baleato O, Díaz-Louzao C, Gil CP, Reeh J, et al. Improvement in VO2peak predicts readmissions for cardiovascular disease and mortality in patients undergoing cardiac rehabilitation. Eur J Prev Cardiol. 2020;27(8):811-9. PMID 31744334
- Peterson PN, Magid DJ, Ross C, Ho PM, Rumsfeld JS, Lauer MS, et al. Association of exercise capacity on treadmill with future cardiac events in patients referred for exercise testing. Arch Intern Med. 2008;168(2):174-9. PMID 18227364
Ramón Bover Freire






































