Menos fibrilación auricular con más actividad física, sobre todo en la miocardiopatía auricular

Llevamos años recomendando actividad física para prevenir la fibrilación auricular [1] con una recomendación de clase I, pero siempre en bloque, como si todas las aurículas partieran del mismo sitio. La miocardiopatía auricular obliga a mirarlo de otra manera: hay personas que ya tienen la aurícula enferma antes de la primera arritmia, y hasta ahora nadie había comprobado si en ellas moverse vale lo mismo, más o menos que en el resto.

Un análisis de la cohorte UK Biobank publicado en JACC: Advances [1] ha ido a por esa pregunta con dos herramientas que rara vez coinciden: resonancia magnética cardíaca y electrocardiograma de doce derivaciones para caracterizar el sustrato auricular, y siete días de acelerómetro de muñeca para medir la actividad física sin depender de lo que cuenta el paciente. La respuesta es que el sustrato modifica la asociación, y bastante.

En este artículo:

  1. Lo que sabíamos hasta ahora
  2. Cómo se identificó la miocardiopatía auricular
  3. El sustrato triplicó el riesgo de fibrilación auricular
  4. Actividad física y fibrilación auricular según el sustrato
  5. Lo que aguantó al someterlo a prueba
  6. Lo que este estudio todavía no responde

Lo que sabíamos hasta ahora

La guía de fibrilación auricular de la Sociedad Europea de Cardiología de 2024 recomienda mantener un estilo de vida activo para prevenirla, con el equivalente a 150-300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada o 75-150 minutos de intensidad vigorosa, con clase I y nivel de evidencia B [2]. Y en quien ya tiene fibrilación auricular paroxística o persistente, recomienda un programa de ejercicio personalizado con la misma clase y el mismo nivel [2], apoyado sobre todo en el estudio ACTIVE-AF, donde seis meses de intervención dejaron al 40% de los pacientes libres de arritmia frente al 20% del grupo control [7].

El trabajo que sostiene la recomendación de prevención primaria en población general es de 2021: en 93.669 participantes de UK Biobank con acelerómetro, cumplir el objetivo de actividad se asoció a un riesgo de fibrilación auricular un 18% menor, con 3,5 frente a 6,5 episodios por cada 1.000 pacientes-año [3]. Ese mismo estudio dejó dos avisos que conviene recordar: la actividad declarada por el propio paciente no se asoció a nada, y superar la recomendación tampoco añadió beneficio.

Lo que faltaba era el otro lado de la ecuación. La miocardiopatía auricular ya tiene definición consensuada, criterios operativos y una propuesta de estadificación [4], y en la misma cohorte UK Biobank se ha demostrado que tener dos o más marcadores multiplica por 4,6 el riesgo de fibrilación auricular y por más de tres el de insuficiencia cardíaca y el de ictus [6]. Pero ni el documento de consenso de 2024 [4] ni el de la Heart Failure Association de 2025 [5] proponen una prescripción de actividad física dirigida a ese sustrato: enumeran peso, alcohol, apnea del sueño e hipertensión, y remiten para lo demás a las recomendaciones generales de la guía. En CardioTeca repasamos hace poco qué revierte de verdad la miocardiopatía auricular, y ahí el ejercicio aparecía como herramienta para el paciente que ya tiene arritmia, no para el que todavía no la tiene.

Cómo se identificó la miocardiopatía auricular

De los 10.003 participantes analizados, 455 (4,5%) cumplieron la definición. Se clasificó como miocardiopatía auricular a quien presentara cualquiera de estos tres fenotipos: dilatación por resonancia, con volumen auricular izquierdo máximo indexado superior a 60 mL/m² o volumen mínimo indexado superior a 30 mL/m²; disfunción mecánica, con fracción de vaciado auricular izquierdo inferior al 45%; o alteración eléctrica, con onda P de más de 120 ms y eje de P fuera del rango de 0° a 75°.

La cohorte es deliberadamente sana. Se excluyó a quien tuviera fibrilación auricular previa, fracción de eyección del ventrículo izquierdo inferior al 50%, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, infarto, ictus isquémico, embolia sistémica, valvulopatía, diabetes, hipertensión o dislipemia. Lo que queda es sustrato auricular casi aislado, sin las comorbilidades que habitualmente lo acompañan.

El 83,1% de los positivos (378 personas) tenía un solo fenotipo, y en la mayoría era el estructural. Sólo 77 personas, el 16,9%, reunían más de uno. Merece la pena retener ese reparto, porque condiciona todo lo que viene después.

El sustrato triplicó el riesgo de fibrilación auricular

En una mediana de 3,2 años se registraron 85 casos de fibrilación auricular. La incidencia fue de 11,6 por 1.000 pacientes-año en quienes tenían miocardiopatía auricular y de 2,10 en quienes no, con un riesgo ajustado 3,01 veces mayor (IC 95%: 1,69-5,37).

La relación fue gradual con el número de fenotipos. Con uno solo, el riesgo apenas rozó la significación (HR 2,03; IC 95%: 0,98-4,22, con 9 casos entre 378 personas). Con varios, se disparó: 8 casos entre 77 personas, 35,3 episodios por 1.000 pacientes-año y un riesgo casi siete veces mayor (HR 6,87; IC 95%: 3,13-15,1).

Hay un detalle que va más allá de la anécdota. La puntuación CHARGE-AF predecía para el grupo con sustrato un riesgo a cinco años del 2,9%, y lo observado se acercó al 5,9%. Los factores clínicos de siempre, en una población de la que se han quitado la hipertensión y la diabetes, se quedan cortos para capturar el riesgo que aporta la aurícula por su cuenta.

Actividad física y fibrilación auricular según el sustrato

En el conjunto de la cohorte, cada diez minutos más de actividad física moderada a vigorosa al día se asociaron a un 9% menos de fibrilación auricular (HR 0,91; IC 95%: 0,85-0,98). Al separar por sustrato, ese promedio se rompe en dos mensajes muy distintos: sin miocardiopatía auricular, HR 0,94 (IC 95%: 0,87-1,01), es decir, un intervalo que toca el 1; con miocardiopatía auricular, HR 0,76 (IC 95%: 0,62-0,93). La interacción fue significativa (P = 0,029).

La tabla por terciles de actividad lo enseña mejor que cualquier razón de riesgos, porque compara incidencias reales.

Casos por 1.000 pacientes-año Tercil bajo Tercil medio Tercil alto
Sin miocardiopatía auricular 2,30 2,06 1,93
Con miocardiopatía auricular 24,3 13,3 4,40

En la fila de arriba apenas pasa nada, y la comparación entre extremos no alcanzó la significación (HR 0,61; IC 95%: 0,33-1,13). En la de abajo, la incidencia cae a la sexta parte, con un riesgo un 86% menor en el tercil más activo (HR 0,14; IC 95%: 0,04-0,60) y una tendencia clara al aumentar la actividad (P = 0,005). Las curvas de incidencia acumulada cuentan lo mismo: en quienes tenían sustrato y poca actividad, alrededor del 12% había desarrollado fibrilación auricular a los 3,6 años, frente a cerca del 1,5% en el grupo activo; sin sustrato, las dos curvas van pegadas.

La traducción a cifras absolutas es la que de verdad sirve en consulta. Por cada diez minutos diarios más de actividad, se estimaron 2,82 episodios menos por 1.000 pacientes-año en quienes tenían miocardiopatía auricular, frente a 0,13 en quienes no la tenían. La diferencia entre ambas cifras fue de 2,66 episodios (IC 95%: 0,73-4,32; P = 0,011): más de veinte veces mayor en la aurícula enferma.

Lo que aguantó al someterlo a prueba

La asociación se mantuvo tratando la muerte como riesgo competitivo (HR 0,76), ajustando por la puntuación CHARGE-AF (0,77), quitando al decil más activo para descartar que todo lo explicaran los muy deportistas (0,72), quitando a quienes tenían presión arterial sistólica inferior a 130 mmHg (0,73), restringiendo al subgrupo con peor función auricular (0,75) y ajustando además por una puntuación de riesgo poligénico para fibrilación auricular (0,74). Tampoco hubo interacción por edad, sexo ni índice de masa corporal.

Un análisis sí se cayó, y conviene decirlo. Al excluir los episodios de los dos primeros años para descartar causalidad inversa, el riesgo siguió apuntando en la misma dirección pero dejó de ser significativo (HR 0,70; IC 95%: 0,45-1,08). Quedaban 6 casos entre 320 personas: la pérdida puede ser sólo cuestión de tamaño, pero no se puede afirmar que no lo sea.

Lo que este estudio todavía no responde

Lo primero que hay que poner sobre la mesa es cuánta gente sostiene el hallazgo: diecisiete casos de fibrilación auricular en todo el grupo con miocardiopatía auricular, y tres de ellos en el tercil más activo. Ese HR de 0,14 con un intervalo que va de 0,04 a 0,60 no es una estimación de precisión; es una señal fuerte medida sobre muy pocos eventos. La dirección del efecto es lo que merece confianza aquí, no su magnitud.

Lo segundo es un dato incómodo que el trabajo no esconde y que cambia cómo se lee todo lo demás: el grupo con miocardiopatía auricular hacía más actividad física que el resto, con una mediana de 0,8 frente a 0,6 horas diarias. Si el criterio principal para entrar en el grupo era una aurícula grande, y una aurícula grande es también lo que produce el entrenamiento sostenido, parte de esos 455 no tenían una aurícula enferma sino una aurícula adaptada. Que la incidencia de arritmia fuera cinco veces mayor juega en contra de esa explicación, y el criterio funcional también, pero la duda no queda cerrada.

Y lo tercero es la definición. Aquí bastaba con cumplir uno cualquiera de los tres fenotipos. El documento de consenso de la Heart Failure Association de 2025 exige otra cosa: disfunción eléctrica auricular más disfunción mecánica, dilatación o fibrosis, y lo justifica expresamente para evitar el sobrediagnóstico [5]. Con ese criterio, el 83% de los positivos de este trabajo no serían miocardiopatía auricular. Y justamente en el subgrupo que sí lo sería, el de fenotipos múltiples, la asociación con la actividad física no alcanzó la significación (HR 0,76; IC 95%: 0,52-1,10), con ocho casos entre 77 personas. Puedes leerlo como que el criterio amplio detecta antes, o como que detecta de más; con estos números, las dos lecturas siguen en pie. Repasamos los criterios de ese consenso en su momento, y la distancia entre definiciones sigue siendo el principal obstáculo para llevar este concepto a la consulta.

Queda además el problema práctico de siempre: identificar este sustrato exigió resonancia magnética cardíaca, y eso no es una prueba de cribado poblacional. Lo interesante es que dos de los tres fenotipos, el eléctrico y buena parte del estructural, tienen equivalentes accesibles en el electrocardiograma y en el ecocardiograma que ya haces.

Mensajes clave

  • En 10.003 personas sin arritmia ni comorbilidades mayores, el 4,5% cumplía criterios de miocardiopatía auricular por resonancia y electrocardiograma, y su riesgo de fibrilación auricular fue tres veces mayor.
  • Cada diez minutos diarios más de actividad física moderada a vigorosa se asociaron a un 24% menos de fibrilación auricular en quienes tenían ese sustrato, frente a un 6% no significativo en quienes no lo tenían.
  • En términos absolutos, la diferencia entre ambos grupos fue de 2,66 episodios por 1.000 pacientes-año por cada diez minutos: más de veinte veces mayor en la aurícula enferma.
  • La asociación resistió el ajuste por riesgo genético, por riesgo clínico y la exclusión de los más activos, pero no sobrevivió al excluir los episodios de los dos primeros años.
  • Todo el hallazgo diferencial descansa sobre diecisiete casos: la dirección es sólida, la magnitud no.

Relevancia y aplicación clínica

La recomendación de actividad física para prevenir la fibrilación auricular no cambia con este trabajo, ni falta que hace: ya es clase I. Lo que cambia es a quién se la subrayas. Cuando en un ecocardiograma o en un electrocardiograma de rutina te encuentras una aurícula izquierda dilatada, una fracción de vaciado auricular baja o una onda P ancha con eje desplazado, en una persona sin arritmia y sin factores de riesgo clásicos, tienes delante justo al perfil en el que estos datos sugieren mayor rendimiento.

La cantidad tampoco es intimidante. Diez minutos diarios son setenta a la semana, un incremento que cabe de sobra dentro de los 150-300 minutos semanales que ya recomienda la guía europea [2]. No estamos hablando de convertir a nadie en corredor de fondo, sino de mover el listón desde donde esté cada uno, que es exactamente lo que se hizo en los programas de ejercicio en pacientes con fibrilación auricular.

Hay un puente conceptual que este trabajo ayuda a construir. En el estudio ACTIVE-AF, seis meses de ejercicio redujeron a la mitad la recurrencia de arritmia sin modificar el volumen auricular izquierdo, el peso ni la presión arterial [7]. Si el beneficio no pasa por reducir el tamaño de la aurícula, tiene que pasar por otro sitio: por la descarga hemodinámica, por el tono autonómico, por el sustrato eléctrico. Estos datos apuntan en la misma dirección desde el extremo opuesto del recorrido, el de quien todavía no tiene arritmia.

Nada de esto convierte una asociación observacional en una relación de causa y efecto, y hará falta un ensayo aleatorizado con la actividad física como intervención en personas con sustrato auricular para saber si el efecto es real. Mientras tanto, si vas a insistirle a alguien en que camine más deprisa y más rato para prevenir la fibrilación auricular, la persona con miocardiopatía auricular y sin arritmia es, según estos datos, quien más tiene que ganar.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente la miocardiopatía auricular?
Es el conjunto de cambios estructurales, mecánicos y eléctricos de las aurículas capaces de producir consecuencias clínicas, sobre todo fibrilación auricular e ictus. Se identifica combinando el tamaño y la función auricular por imagen con las alteraciones de la onda P en el electrocardiograma, y hoy conviven al menos dos definiciones con umbrales distintos.

¿Cuánta actividad física hay que hacer para prevenir la fibrilación auricular?
La guía europea de 2024 recomienda el equivalente a 150-300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada o 75-150 minutos de intensidad vigorosa, con clase I y nivel de evidencia B. En este trabajo, cada diez minutos diarios más se acompañaron de menos episodios, sobre todo en quienes tenían la aurícula ya afectada.

¿El ejercicio intenso no aumenta el riesgo de fibrilación auricular?
En deportistas de resistencia de alto nivel, sí: es un riesgo bien documentado. Aquí se hablaba de otra cosa, de actividad moderada a vigorosa en población general con una mediana en torno a media hora diaria, y el resultado se mantuvo al excluir al 10% más activo de la cohorte.

¿Habría que hacer una resonancia para buscar este sustrato?
No como prueba de cribado: no es accesible ni rentable a escala poblacional. Lo razonable es aprovechar lo que ya tienes en la historia, la aurícula izquierda medida en el ecocardiograma y la onda P del electrocardiograma, para identificar a quién insistir más.

Bibliografía recomendada

  1. Kim M, Yang PS, Chung HG, Kim J, Kim D, Bae HJ, et al. Moderate-to-vigorous intensity physical activity and risk of incident atrial fibrillation in atrial cardiomyopathy. JACC Adv. 2026;102999. PMID 42663368
  2. Van Gelder IC, Rienstra M, Bunting KV, Casado-Arroyo R, Caso V, Crijns HJGM, et al. 2024 ESC guidelines for the management of atrial fibrillation developed in collaboration with the European Association for Cardio-Thoracic Surgery (EACTS). Eur Heart J. 2024;45(36):3314-3414. PMID 39210723
  3. Khurshid S, Weng LC, Al-Alusi MA, Halford JL, Haimovich JS, Benjamin EJ, et al. Accelerometer-derived physical activity and risk of atrial fibrillation. Eur Heart J. 2021;42(25):2472-2483. PMID 34037209
  4. Goette A, Corradi D, Dobrev D, Aguinaga L, Cabrera JA, Chugh SS, et al. Atrial cardiomyopathy revisited-evolution of a concept: a clinical consensus statement of the EHRA, HRS, APHRS and LAHRS. Europace. 2024;26(9):euae204. PMID 39077825
  5. Weerts J, Țica O, Aranyo J, Basile C, Borizanova-Petkova A, Borovac JA, et al. Atrial cardiomyopathy: from healthy atria to atrial failure. A clinical consensus statement of the Heart Failure Association of the ESC. Eur J Heart Fail. 2025;27(11):2173-2194. PMID 40763073
  6. Vad OB, van Vreeswijk N, Yassin AS, Blaauw Y, Paludan-Müller C, Kanters JK, et al. Atrial cardiomyopathy: markers and outcomes. Eur Heart J. 2026;47(2):235-246. PMID 41092306
  7. Elliott AD, Verdicchio CV, Mahajan R, Middeldorp ME, Gallagher C, Mishima RS, et al. An exercise and physical activity program in patients with atrial fibrillation: the ACTIVE-AF randomized controlled trial. JACC Clin Electrophysiol. 2023;9(4):455-465. PMID 36752479

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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