Los fármacos para bajar el colesterol LDL tras un síndrome coronario agudo llevan años disponibles, son en buena parte genéricos y las guías dicen con claridad cuándo usarlos. Y aun así, buena parte de los pacientes no llega a su objetivo. El estudio BRIDGE, publicado en Journal of the American College of Cardiology [1], ataca esa brecha por donde casi nadie la ataca: no probando otro fármaco, sino cambiando quién decide, cuándo decide y quién comprueba que la decisión se ha tomado.
Es un ensayo aleatorizado por conglomerados en diez hospitales japoneses, y su intervención cabe en una hoja de papel. Los resultados son buenos, la lectura para nuestro entorno tiene matices que conviene no saltarse, y hay un dato europeo reciente que hace la comparación especialmente interesante.
En este artículo:
- Lo que sabíamos hasta ahora
- Cómo se diseñó el estudio BRIDGE
- El protocolo, paso a paso
- Resultados: dos objetivos de colesterol LDL
- Qué tratamiento recibieron los pacientes
- Subgrupos, seguridad y eventos clínicos
- Cómo se traduce esto a los objetivos que rigen en Europa
- Qué cambia en la práctica diaria
Lo que sabíamos hasta ahora
El punto de partida europeo está bien medido. En el estudio SANTORINI, que recogió entre 2020 y 2021 el tratamiento hipolipemiante de 9.044 pacientes de alto y muy alto riesgo en catorce países, con 990 pacientes españoles, sólo el 20,1% alcanzaba el objetivo de colesterol LDL que le correspondía por su riesgo [5]. El 21,8% no tomaba ningún hipolipemiante, el 54,2% estaba en monoterapia y sólo el 24,0% en terapia combinada. La mediana de colesterol LDL era de 82 mg/dL. En España, el grado de control tras un síndrome coronario agudo lleva años señalando lo mismo.
La actualización focalizada de 2025 de la guía ESC/EAS de dislipemias [3] pone el dedo en la causa: incluso en el escenario ideal, con el abordaje escalonado clásico pueden pasar hasta doce semanas hasta que un paciente tenga su tratamiento optimizado, y esas doce semanas coinciden con el periodo más vulnerable tras el evento. Por eso esa actualización incorporó dos recomendaciones específicas para el ingreso por síndrome coronario agudo: intensificar el tratamiento hipolipemiante durante la hospitalización índice en quien ya tomaba algo (recomendación de clase I con nivel de evidencia C), y considerar iniciar directamente estatina de alta intensidad más ezetimiba en quien no tomaba nada y no se espera que llegue al objetivo sólo con estatina (clase IIa, nivel de evidencia B). Además, el colesterol LDL debe repetirse a las 4 a 6 semanas de iniciar o intensificar.
Sabiendo esto, se han probado varias formas de cerrar la brecha: alertas en la historia clínica, sistemas de ayuda a la decisión, programas estructurados. El resultado ha sido flojo de forma bastante consistente. El ejemplo más reciente y más cercano es el estudio ZODIAC [4]: un ensayo aleatorizado por conglomerados en 42 centros de Reino Unido, Italia y España, con catorce hospitales españoles participantes y 1.139 pacientes con síndrome coronario agudo. Un sistema informático de apoyo a la decisión, de uso obligado antes del alta, que mostraba al médico el riesgo estimado y el beneficio de cada opción, no mejoró la intensificación del tratamiento (71,7% frente a 65,7%; razón de riesgos 1,11; IC 95%: 0,92-1,33) ni la consecución del objetivo de colesterol LDL por debajo de 55 mg/dL a las 16 semanas (54,8% frente a 50,3%; razón de riesgos 1,06; IC 95%: 0,88-1,28).
Cómo se diseñó el estudio BRIDGE
El estudio BRIDGE es un ensayo pragmático, multicéntrico, abierto y aleatorizado por conglomerados. Se asignaron al azar diez hospitales japoneses, cinco a cada rama, estratificados por volumen anual de intervencionismo coronario urgente. La unidad de asignación fue el centro y no el paciente, precisamente porque lo que se estaba probando era una vía asistencial de todo el hospital: aleatorizar pacientes dentro del mismo servicio habría contaminado los dos abordajes.
Entre noviembre de 2024 y julio de 2025 se incluyeron 330 pacientes con síndrome coronario agudo tratados con intervencionismo coronario urgente. Tras la retirada de un consentimiento quedaron 329 (171 en la rama del protocolo y 158 en la habitual), y el análisis principal se hizo sobre los 315 que tenían determinación de colesterol LDL a los 6 meses.
La población es la que verías en cualquier unidad coronaria: edad media de 69 años, 82% varones, 43% con diabetes, 72% hipertensos, 64% con infarto con elevación del segmento ST, 19% sin elevación del ST y 17% con angina inestable. La fracción de eyección media era del 56%. Lo que llama la atención es el punto de partida farmacológico: sólo el 35% tomaba alguna estatina al ingreso, apenas el 2% una de alta intensidad y el 5% ezetimiba, con un colesterol LDL mediano de 110 mg/dL.
El protocolo, paso a paso
La intervención tiene tres piezas y ninguna es tecnológica.
Primera: decidir durante el ingreso, no al alta. El médico clasificaba al paciente según lo que tomaba antes y su colesterol LDL de ingreso, y el algoritmo le decía en qué escalón empezar. Si no tomaba estatina y el LDL estaba entre 100 y 160 mg/dL, se empezaba ya con estatina de alta intensidad más ezetimiba; por encima de 160 mg/dL, además se valoraba un inhibidor de PCSK9. Si ya tomaba estatina de alta intensidad, con un LDL entre 55 y 70 mg/dL se añadía ezetimiba, y por encima de 70 mg/dL se añadía ezetimiba y además se valoraba un inhibidor de PCSK9. Conviene retener que la definición japonesa de estatina de alta intensidad es rosuvastatina 20 mg, atorvastatina 20 mg o pitavastatina 4 mg al día, y la ezetimiba se usó a 10 mg.
Segunda: una cita a las 4 semanas con analítica. Se repetía el colesterol LDL y, si seguía por encima del umbral operativo del algoritmo, situado en unos 55 mg/dL, se subía un escalón más. Ese umbral no era un segundo objetivo terapéutico, sino un margen de seguridad: los autores lo eligieron porque el LDL medido en fase aguda tiende a subir durante la recuperación, y querían que el paciente se quedase de forma estable por debajo del objetivo.
Tercera, y es la que probablemente marca la diferencia: alguien comprobaba que eso ocurría. Un coordinador de investigación clínica verificaba que la cita de las 4 semanas estuviera concertada dentro de la ventana, que la analítica estuviera pedida y que el tratamiento concordase con el algoritmo; si algo fallaba, avisaba al médico. No hubo alertas informáticas, ni el algoritmo se metió en la historia clínica electrónica, ni se colgó en la planta: se entregaba una copia en papel personalizada para cada paciente. Tampoco hubo farmacéutico dedicado, ni gestor de casos, ni órdenes obligatorias. Todas las decisiones seguían siendo del médico responsable.
En la rama de práctica habitual, el tratamiento quedaba enteramente a criterio del médico según la guía japonesa de aterosclerosis de 2022, que es la que fijaba también el objetivo de colesterol LDL por debajo de 70 mg/dL en ambos grupos.
Resultados: dos objetivos de colesterol LDL
La variable principal era la proporción de pacientes con colesterol LDL por debajo de 70 mg/dL a los 6 meses. La variable secundaria clave, por debajo de 55 mg/dL.
| A los 6 meses | Protocolo | Habitual | Diferencia (IC 95%) |
|---|---|---|---|
| Colesterol LDL <70 mg/dL | 86,4% | 73,7% | 12,6 puntos (3,8-21,5) |
| Colesterol LDL <55 mg/dL | 60,8% | 34,5% | 26,3 puntos (18,5-34,0) |
| Colesterol LDL medio alcanzado | 51 mg/dL | 62 mg/dL | 11,1 mg/dL (7,2-15,0) |
Las dos diferencias fueron significativas (p = 0,005 y p < 0,001). La caída del colesterol LDL desde el basal fue del 49,0% con el protocolo frente al 40,9% con la práctica habitual. Y las cifras muy bajas dejaron de ser excepcionales: el 24,2% del grupo del protocolo terminó por debajo de 40 mg/dL y el 11,3% por debajo de 30 mg/dL, frente al 7,0% y el 1,9% del grupo habitual.
Dos matices que dan la medida real del efecto. El primero es la velocidad: al mes ya había un 82% del grupo del protocolo por debajo de 70 mg/dL frente al 58% del habitual, y un 53% frente al 26% por debajo de 55 mg/dL. La razón de riesgos instantáneos (HR) para alcanzar el objetivo fue de 1,84 (IC 95%: 1,59-2,13) para 70 mg/dL y de 2,42 (IC 95%: 2,06-2,84) para 55 mg/dL. En el periodo más vulnerable, eso es exactamente lo que se busca.
El segundo es la solidez, y aquí conviene ser honesto. Con sólo diez conglomerados, la precisión estadística es limitada. En el análisis de sensibilidad que trata a los diez hospitales como unidades independientes, la variable principal deja de ser significativa: 12,8 puntos porcentuales (IC 95%: −2,0 a 27,6; p = 0,08). El tamaño del efecto es prácticamente el mismo que en el análisis principal; lo que se ensancha es el intervalo. El objetivo por debajo de 55 mg/dL, en cambio, aguanta también en ese análisis, con 28,2 puntos (IC 95%: 16,7-39,7; p < 0,001).
Qué tratamiento recibieron los pacientes
Aquí es donde se ve de dónde sale el resultado.
| Tratamiento a los 6 meses | Protocolo | Habitual |
|---|---|---|
| Estatina de alta intensidad | 93,0% | 27,9% |
| Ezetimiba | 84,8% | 63,9% |
| Estatina de alta intensidad más ezetimiba | 83,0% | 20,9% |
| Inhibidor de PCSK9 | 9,9% | 0,6% |
La estatina de alta intensidad se prescribió al 97,7% del grupo del protocolo ya en el primer mes, frente al 18,4% del grupo habitual, y la diferencia se mantuvo. La adherencia al algoritmo fue notable: 168 de 171 pacientes (98,2%) seguían el escalón que les tocaba en la visita de las 4 semanas, y 163 de 171 (95,3%) a lo largo de todo el estudio.
Fíjate en la fila de la ezetimiba, porque cuenta algo que se pierde si sólo miras el total. En el grupo de práctica habitual se usaba mucha ezetimiba (63,9%), pero casi siempre acompañando a una estatina de intensidad baja o moderada (43,0%) y no a una de alta intensidad (20,9%). No es que no se combinara: es que se combinaba sobre una base débil. Entre los inhibidores de PCSK9, el más usado fue el inclisirán (7,0%), seguido del evolocumab (2,9%).
Subgrupos, seguridad y eventos clínicos
El efecto fue coherente en todos los subgrupos preespecificados, sin ninguna interacción significativa: edad, sexo, índice de masa corporal, diabetes, tipo de síndrome coronario agudo, filtrado glomerular, colesterol LDL basal y tratamiento previo con estatina. Dicho esto, el estudio no tenía potencia para detectar diferencias entre subgrupos, y hay dos donde el intervalo cruza el cero y merece la pena tenerlo presente: en mujeres, la diferencia para el objetivo de 55 mg/dL fue de 13,0 puntos (IC 95%: −10,7 a 36,8), y en pacientes con filtrado glomerular por debajo de 60 mL/min/1,73 m², la diferencia para el objetivo de 70 mg/dL fue de 5,4 puntos (IC 95%: −7,3 a 18,0). Son grupos pequeños, no señales de ausencia de efecto.
En seguridad no apareció nada preocupante. Los acontecimientos adversos graves fueron el 7% frente al 5%, y la elevación de transaminasas por encima de tres veces el límite alto de la normalidad, el 5% frente al 6%. Hubo un caso de rabdomiólisis y una elevación de creatina cinasa por encima de cinco veces el límite alto en la rama del protocolo, y dos casos de mialgia. La diabetes de nueva aparición se dio en cuatro pacientes del grupo del protocolo y uno del habitual, sin diferencia significativa.
Los eventos cardiovasculares mayores fueron cinco en cada rama (3% en ambas; HR 1,05; IC 95%: 0,39-2,85). El estudio no estaba diseñado ni tenía potencia para medir esto, y así hay que leerlo: diez eventos en seis meses no dicen nada en ninguna dirección.
El estudio lo financió Novartis Pharma K.K. (Japón). Los autores declaran que el financiador no participó en el diseño, la recogida de datos, el análisis ni la comunicación de resultados.
Cómo se traduce esto a los objetivos que rigen en Europa
Todo lo anterior está contado con la clasificación que usó el estudio, y esa clasificación no es la nuestra. El estudio BRIDGE se diseñó sobre la guía japonesa de aterosclerosis de 2022, que fija el objetivo tras un síndrome coronario agudo en un colesterol LDL por debajo de 70 mg/dL. Los 55 mg/dL del algoritmo eran, insistimos, un umbral operativo para decidir si había que intensificar, no una meta terapéutica.
En Europa el mapa es otro. Para la guía ESC/EAS, un paciente que acaba de tener un síndrome coronario agudo es de muy alto riesgo, y su objetivo es un colesterol LDL por debajo de 55 mg/dL junto con una reducción de al menos el 50% respecto al basal, con recomendación de clase I. La actualización focalizada de 2025 mantiene esos objetivos sin cambios respecto a la versión de 2019, y contempla además una categoría de riesgo extremo con objetivo por debajo de 40 mg/dL y recomendación de clase IIb.
La consecuencia práctica es directa: la cifra que más te interesa de este estudio no es la variable principal, sino la secundaria. El 60,8% frente al 34,5% es lo que se corresponde con la meta que tienes que alcanzar tú, y ahí la diferencia fue de 26,3 puntos porcentuales, más del doble que en la variable principal. Traducido a números absolutos: por cada cuatro pacientes tratados con el protocolo, uno más llegó al objetivo europeo.
Hay una segunda traducción que no se puede saltar. La estatina de alta intensidad de este estudio son rosuvastatina 20 mg, atorvastatina 20 mg o pitavastatina 4 mg, que son las dosis aprobadas en Japón. En Europa, la atorvastatina de alta intensidad va de 40 a 80 mg. En el estudio ZODIAC, la pauta más frecuente en nuestros hospitales fue atorvastatina 80 mg en monoterapia (40,8% de los pacientes), y la combinación de muy alta intensidad más usada, atorvastatina 80 mg con ezetimiba. Es decir, el techo farmacológico del estudio BRIDGE era más bajo que el nuestro, y aun así el colesterol LDL medio del grupo del protocolo bajó a 51 mg/dL. Eso no es un argumento para relajar la dosis, sino la mejor prueba de que la organización de la asistencia pesa tanto como la potencia del fármaco.
Qué cambia en la práctica diaria
La comparación entre el estudio BRIDGE y el estudio ZODIAC es la parte más instructiva de todo esto, y no está en ninguno de los dos artículos.
ZODIAC probó lo sofisticado: una herramienta digital que calculaba el riesgo individual y el beneficio esperado de cada combinación, de uso obligado antes del alta, bien valorada por los clínicos que la usaron. No cambió el resultado. El estudio BRIDGE probó lo elemental: una hoja de papel con el escalón que le tocaba a ese paciente concreto, y una persona que se aseguraba de que la cita de las 4 semanas existía y de que la analítica estaba pedida. Sí lo cambió.
La lectura no es que la informática sobre. Es que el cuello de botella no está en saber qué hay que hacer, sino en que se haga. Los autores de ZODIAC lo dicen a su manera: una herramienta así rinde más donde la implementación va rezagada, como la atención primaria, que en centros hospitalarios que ya se están alejando del abordaje escalonado. En el brazo de práctica habitual de ZODIAC, casi la mitad de los pacientes (48,5%) ya salía del hospital con tratamiento combinado.
Tres cosas concretas que se pueden trasladar a un hospital español:
- Decidir el escalón durante el ingreso, no al alta. Si el colesterol LDL basal permite anticipar que la estatina sola no bastará, la combinación entra de entrada. Es lo que recomienda la guía ESC/EAS 2025 con clase IIa y nivel de evidencia B para el paciente sin tratamiento previo, y con clase I para intensificar al que ya venía tratado.
- Dejar concertadas la analítica y la consulta de las 4 semanas antes de que el paciente salga por la puerta. No pedirlas: dejarlas puestas, con fecha.
- Que alguien compruebe que esa cita existe y que el colesterol LDL se ha repetido. Este es el ingrediente que aporta el estudio BRIDGE y el que las alertas informáticas no sustituyen. Puede ser enfermería de la consulta, el gestor de casos o quien se organice localmente. No hace falta que prescriba nadie más: basta con que el hueco no se pierda.
Lo que este estudio no responde es si todo esto se traduce en menos infartos. Para eso hay que mirar de lado, al estudio Ez-PAVE [2], que aleatorizó a 3.048 pacientes con enfermedad aterosclerótica a un objetivo de colesterol LDL por debajo de 55 mg/dL frente a por debajo de 70 mg/dL. La mediana alcanzada fue de 56 frente a 66 mg/dL, unos 10 mg/dL de separación, muy parecida a los 11,1 mg/dL del estudio BRIDGE. A los 3 años, la variable combinada de muerte cardiovascular, infarto no mortal, ictus no mortal, cualquier revascularización u hospitalización por angina inestable ocurrió en el 6,6% frente al 9,7% (HR 0,67; IC 95%: 0,52-0,86; p = 0,002). Es un puente indirecto entre una diferencia de colesterol y un beneficio clínico, y como tal hay que tomarlo, pero es el mejor que tenemos hoy. La terapia hipolipemiante tras un síndrome coronario agudo gana tanto por lo pronto que se pone como por lo bajo que llega.
Mensajes clave
- En el estudio BRIDGE, un protocolo de tratamiento hipolipemiante iniciado durante el ingreso y reevaluado a las 4 semanas llevó al 86,4% de los pacientes por debajo de 70 mg/dL de colesterol LDL a los 6 meses, frente al 73,7% con la práctica habitual.
- Para el objetivo que rige en Europa, por debajo de 55 mg/dL, la diferencia fue mayor: 60,8% frente al 34,5%, con 26,3 puntos porcentuales de separación.
- El motor del resultado fue la terapia combinada precoz: a los 6 meses, el 83,0% del grupo del protocolo tomaba estatina de alta intensidad más ezetimiba, frente al 20,9% del grupo habitual.
- Con sólo diez hospitales aleatorizados, la precisión es limitada: en el análisis a nivel de centro la variable principal pierde la significación, aunque el objetivo de 55 mg/dL la mantiene.
- El estudio duró 6 meses y no estaba diseñado para medir eventos cardiovasculares, que fueron cinco en cada rama.
Relevancia y aplicación clínica
Llevamos años repitiendo que el problema del colesterol tras un infarto es de implementación y no de arsenal terapéutico. El estudio BRIDGE es de los pocos que hace algo con esa frase en vez de limitarse a enunciarla, y lo hace con una intervención tan barata que cuesta creer que hiciera falta un ensayo aleatorizado para demostrarla: una hoja de papel y una persona pendiente de una cita.
Su mayor valor para nosotros no está en la cifra de la variable principal, que responde a un objetivo que en Europa se quedó atrás, sino en el contraste con lo que ya hemos intentado aquí. Un sistema digital de apoyo a la decisión, probado en 42 centros europeos con catorce hospitales españoles dentro, no consiguió mover ni la intensificación del tratamiento ni el porcentaje de pacientes en objetivo. Un algoritmo en papel con seguimiento humano sí. La conclusión razonable no es que la tecnología estorbe, sino que ninguna herramienta sustituye a que alguien tenga asignada la tarea de comprobar que el paso siguiente ocurre.
Queda por demostrar lo importante, que es si esto se traduce en menos eventos, y el estudio no lo mide. Pero la magnitud de la separación de colesterol LDL que consigue es la misma que en el estudio Ez-PAVE se acompañó de una reducción significativa de eventos a 3 años, y eso hace la apuesta razonable mientras llegan datos mejores.
Si tuvieras que quedarte con una sola idea del estudio BRIDGE, que sea esta: el control del colesterol LDL tras un síndrome coronario agudo se gana o se pierde en las cuatro primeras semanas, decidiendo la combinación de estatina de alta intensidad y ezetimiba durante el ingreso en vez de dejarla para una revisión que quizá nadie llegue a pedir.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el objetivo de colesterol LDL después de un infarto?
Para la guía ESC/EAS, un paciente que ha tenido un síndrome coronario agudo es de muy alto riesgo y su objetivo es un colesterol LDL por debajo de 55 mg/dL, junto con una reducción de al menos el 50% respecto al valor basal. Es una recomendación de clase I. La actualización de 2025 mantiene ese objetivo y contempla una categoría de riesgo extremo con objetivo por debajo de 40 mg/dL, con clase IIb.
¿Hay que empezar con estatina sola o con estatina más ezetimiba tras un síndrome coronario agudo?
La guía ESC/EAS 2025 recomienda considerar iniciar directamente la combinación de estatina de alta intensidad más ezetimiba durante el propio ingreso en pacientes sin tratamiento previo en los que no se espera alcanzar el objetivo sólo con estatina, con recomendación de clase IIa y nivel de evidencia B. En quien ya tomaba algún hipolipemiante, intensificar durante el ingreso es clase I.
¿Cuándo hay que repetir el colesterol LDL tras iniciar o subir el tratamiento?
Entre 4 y 6 semanas después. El estudio BRIDGE eligió la visita de las 4 semanas y la convirtió en el punto donde se decide si hay que subir un escalón más, con un umbral operativo de unos 55 mg/dL.
¿Sirve el estudio BRIDGE para pacientes europeos si se hizo en Japón?
El mecanismo sí, la dosis no directamente. Lo que se puede trasladar es la organización: decidir durante el ingreso, reevaluar a las 4 semanas y que alguien compruebe que esa cita existe. Lo que no se traslada tal cual es la definición de estatina de alta intensidad, que en Japón corresponde a dosis más bajas que las nuestras.
Bibliografía recomendada
- Oyama K, Takahashi J, Funaki T, Oyamada S, Horiguchi S, Nakamura A, et al. Protocol-based implementation of early intensive lipid management after acute coronary syndrome: the BRIDGE trial. J Am Coll Cardiol. 2026. PMID 42671370
- Lee YJ, Lee SJ, Kim JW, Lee SH, Kim GS, Park JH, et al. Intensive LDL cholesterol targeting in atherosclerotic cardiovascular disease. N Engl J Med. 2026;394(14):1365-1375. PMID 41910315
- Mach F, Koskinas KC, Roeters van Lennep JE, Tokgözoğlu L, Badimon L, Baigent C, et al. 2025 focused update of the 2019 ESC/EAS guidelines for the management of dyslipidaemias. Eur Heart J. 2025;46(42):4359-4378. PMID 40878289
- Stevens CAT, Smith J, Brandts J, Barkas F, Morales MM, Janani L, et al. Optimizing lipid-lowering therapy for acute coronary syndrome using a decision support system: insights from a cluster randomized trial. Eur Heart J Digit Health. 2026;7(2):ztaf135. PMID 41624559
- Ray KK, Haq I, Bilitou A, Manu MC, Burden A, Aguiar C, et al. Treatment gaps in the implementation of LDL cholesterol control among high- and very high-risk patients in Europe between 2020 and 2021: the multinational observational SANTORINI study. Lancet Reg Health Eur. 2023;29:100624. PMID 37090089
Ramón Bover Freire






































