El cribado de fibrilación auricular se está mudando del hospital al domicilio. La idea es sencilla y atractiva: en lugar de citar a miles de personas mayores para colocarles un registrador, se les envía un parche adhesivo de ECG, se lo ponen ellas mismas y lo devuelven. Sobre ese supuesto se están diseñando programas poblacionales de decenas de miles de participantes.
Un estudio aleatorizado de la Universidad Médica de Innsbruck, publicado en Europace [1], ha puesto ese supuesto a prueba con seis sistemas comerciales certificados y 150 personas de 65 años o más. El resultado obliga a repensar dónde está el eslabón débil: menos de la mitad consiguió siquiera 24 horas de registro analizable, y el fallo se produjo antes de que ningún algoritmo tuviera nada que interpretar.
En este artículo:
- Lo que sabíamos del cribado de fibrilación auricular hasta ahora
- Seis parches, veinticinco personas cada uno y ninguna ayuda
- Menos de la mitad consiguió 24 horas de registro
- Qué consiguió cada sistema
- La edad pesó; el nivel de estudios, no
- Lo que la ordenación entre marcas no puede decirte
- Qué cambia en la práctica diaria del cribado de fibrilación auricular
Lo que sabíamos del cribado de fibrilación auricular hasta ahora
La guía ESC 2024 de fibrilación auricular separa dos cosas que a menudo se confunden [2]. Valorar el ritmo cardiaco en cualquier contacto sanitario de una persona de 65 años o más es una recomendación de clase I con nivel de evidencia C. El cribado poblacional propiamente dicho, con un abordaje prolongado no invasivo basado en ECG, es una recomendación de clase IIa con nivel de evidencia B, y se reserva a los individuos de 75 años o más, o de 65 o más con factores de riesgo adicionales del CHA₂DS₂-VA.
Esa clase IIa refleja bien la incertidumbre acumulada. En el estudio STROKESTOP, que invitó a cribado con ECG de una derivación dos veces al día durante dos semanas a toda la población de 75 y 76 años de dos regiones suecas, la variable principal combinada se redujo tras una mediana de 6,9 años con un cociente de riesgos de 0,96 (IC 95% 0,92-1,00; p = 0,045) [5]. Un beneficio real, pero de un tamaño que roza el umbral. Y en el estudio LOOP, el registrador implantable multiplicó la detección de fibrilación auricular (31,8% frente a 12,2%) sin trasladarlo a la variable principal de ictus o embolia sistémica [2].
El otro frente, el digital, tiene su propio problema. El estudio eBRAVE-AF demostró que el cribado con fotopletismografía por teléfono más que duplica la detección de fibrilación auricular con indicación de anticoagular, con odds ratio de 2,12 (IC 95% 1,19-3,76; p = 0,010) y 2,75 (IC 95% 1,42-5,34; p = 0,003) en sus dos fases [6]. Pero de 67.488 asegurados invitados solo aceptaron 5.551, con una mediana de edad de 65 años.
Ese sesgo lo cuantificó después el propio grupo [7]. Quienes no participaron eran más mayores (mediana de 72 años frente a 65) y arrastraban mucha más enfermedad: hipertensión en el 68% frente al 25%, diabetes en el 21% frente al 5%, insuficiencia cardiaca en el 12% frente al 0%. Su conclusión fue explícita: el cribado digital no llegaba al grupo de riesgo que más lo necesitaba.
Seis parches, veinticinco personas cada uno y ninguna ayuda
El trabajo de Innsbruck aborda justamente el paso siguiente: qué ocurre cuando sí consigues llegar a esa población mayor. Entre septiembre de 2025 y mayo de 2026 se cribaron 321 personas y se aleatorizaron 150, con mediana de edad de 73,8 años (IQR 69,3-78,3) y 54 mujeres (36,0%). Todas tenían indicación de registro ambulatorio de ECG.
La asignación fue 1:1:1:1:1:1 a uno de seis sistemas comerciales de parche con marcado CE, con ocultación mediante sobres sellados idénticos preparados por personal ajeno al reparto. Cada participante recibió su dispositivo con las instrucciones del fabricante y nada más: se lo colocó y lo activó en su domicilio, sin formación previa y sin supervisión. La indicación era llevarlo puesto siete días seguidos.
Las dos variables co-primarias eran la proporción de participantes que alcanzaba 24 horas o más de ECG analizable y el tiempo acumulado de ECG analizable. Como variables secundarias se recogieron la necesidad de ayuda, la usabilidad referida por el paciente y los efectos adversos del dispositivo. El análisis siguió el principio de intención de tratar.
Con 25 participantes por grupo, el estudio tenía un 80% de potencia (α bilateral de 0,025) para detectar una tasa de registro de 24 horas del 65% o menos frente al 95%, o un tiempo medio de registro analizable inferior a 4,5 días frente a 6 días. Conviene retener ese diseño: estaba pensado para detectar diferencias grandes, no para ordenar seis marcas con precisión.
Menos de la mitad consiguió 24 horas de registro
Las dos variables co-primarias difirieron de forma significativa entre sistemas (p < 0,001 en ambas). La proporción de participantes que alcanzó 24 horas o más de ECG analizable osciló entre el 24,0% y el 76,0%, una diferencia absoluta de 52 puntos porcentuales (IC 95% 24,5-69,7) entre los extremos.
Pero la cifra que de verdad interpela no es esa dispersión. Es la del conjunto: solo 68 de los 150 participantes (45,3%) alcanzaron el umbral de 24 horas de ECG analizable. Y la mediana de tiempo acumulado de registro útil del conjunto fue de cero horas (IQR 0-132). En tres de los seis sistemas, la mediana también fue de cero horas; en el sistema de mayor rendimiento llegó a 147 horas.
Una mediana de cero significa que más de la mitad de las personas a las que se les entregó un parche de ECG no aportaron ni un minuto de trazado interpretable. No es un problema de calidad de la señal ni de precisión diagnóstica: es que el registro nunca llegó a existir.
Las reacciones cutáneas y la retirada prematura del parche fueron infrecuentes en todos los grupos, así que el fallo tampoco estuvo en la tolerancia del adhesivo. Se concentró en la colocación y la activación del dispositivo.
Qué consiguió cada sistema
| Sistema | Fabricante | ¿Exige emparejar un teléfono? | Alcanzaron ≥24 h de ECG analizable |
|---|---|---|---|
| Smartcardia 7L | SmartCardia (Lausana, Suiza) | Sí | 6 de 25 (24,0%) |
| ECG247 | Appsens (Lillesand, Noruega) | Sí | 6 de 25 (24,0%) |
| HeartX Recorder | Getemed (Teltow, Alemania) | No | 6 de 25 (24,0%) |
| Kardiobeat | Medicalgorithmics (Varsovia, Polonia) | No | 14 de 25 (56,0%) |
| net_ECG | Biotronik (Berlín, Alemania) | No | 19 de 25 (76,0%) |
| ZIO | iRhythm Technologies (San Francisco, EE. UU.) | No | 17 de 25 (68,0%) |
| Conjunto | — | — | 68 de 150 (45,3%) |
Los autores señalan que los sistemas que dependían de un teléfono estuvieron entre los de peor rendimiento, precisaron ayuda con más frecuencia y lograron menos registros que los autónomos. La lectura fácil sería que el culpable es el emparejamiento con el móvil.
Los datos no permiten llegar tan lejos. Los tres sistemas empatados en el peor resultado, 6 de 25, fueron los dos que exigían teléfono y uno autónomo, el HeartX Recorder. Y entre los autónomos hay 20 puntos porcentuales de diferencia. Quitar el teléfono de la ecuación no garantiza nada por sí solo: los propios autores declaran esa comparación exploratoria, porque los sistemas difieren en muchas más cosas que en la dependencia del móvil.
La edad pesó; el nivel de estudios, no
En una regresión logística ajustada por el sistema asignado, cada año más de edad se asoció de forma independiente con menor probabilidad de alcanzar las 24 horas de registro analizable: odds ratio de 0,92 por año (IC 95% 0,86-0,98; p = 0,013). Traducido, en torno a un 8% menos de probabilidad por cada año cumplido.
El nivel de estudios, en cambio, no se asoció con el resultado (p = 1,00). Es un hallazgo con consecuencias prácticas: la barrera no parece cognitiva ni educativa en el sentido convencional, sino ligada a limitaciones motoras, visuales y de destreza que se acumulan con la edad. Pegarse en el pecho un dispositivo en la posición correcta, presionar un botón pequeño y confirmar que ha empezado a grabar exige unas manos y unos ojos que no todo el mundo tiene a los 78 años.
Y aquí aparece la paradoja del cribado: la probabilidad de fallar al colocarse el parche crece exactamente con la misma variable, la edad, con la que crece la prevalencia de fibrilación auricular y el riesgo de ictus. El grupo con más que ganar es el que menos registros aporta.
Lo que la ordenación entre marcas no dice
Merece la pena detenerse en cómo se lee esta comparación, porque invita a leerla como una tabla de clasificación y no lo es.
Son 25 personas por grupo. El intervalo de confianza de la diferencia entre el sistema de mejor y el de peor resultado va de 24,5 a 69,7 puntos porcentuales: una horquilla que abarca desde una diferencia notable hasta una abismal. Con esos números, el orden interno entre sistemas de resultado parecido no se sostiene, y tres de ellos están empatados en el mismo 6 de 25. Un puñado de participantes distintos habría reordenado la lista.
Hay además una asimetría que conviene tener presente: algunos de los sistemas evaluados se diseñaron para que los coloque un profesional sanitario, no para el uso autónomo sin supervisión. Los autores lo asumen y argumentan, con razón, que esos sistemas se están incorporando igualmente a circuitos remotos donde la colocación independiente es inevitable, de modo que evaluarlos así es pertinente. Pero el resultado mide la pareja dispositivo-instrucciones tal como se distribuye hoy, no una propiedad intrínseca del aparato.
Lo que sí queda en pie, y es lo importante, es el nivel general: ningún sistema se acercó al 95% que el propio estudio fijó como referencia de un cribado que funciona. Ese es el resultado sólido, y no depende de qué marca ocupe cada posición.
Qué cambia en la práctica diaria del cribado de fibrilación auricular
La comparación más útil no está dentro de este estudio, sino entre él y los programas de cribado que sí han funcionado con el mismo tipo de parche.
En el estudio AMALFI se envió por correo un parche de ECG de 14 días, el ZIO XT, a 2.520 personas de una media de 78 años reclutadas en atención primaria británica. Se lo pusieron y lo devolvieron 2.126 (84,4%), con una mediana de ECG analizable de 14 días (IQR 13-14) [3]. Es el mismo aparato del sistema que aquí obtuvo 17 de 25 y una mediana de 147 horas, en una población incluso más joven.
Dos diferencias explican buena parte de la distancia. La primera, el apoyo: los participantes de AMALFI recibieron instrucciones, un vídeo en la web del estudio y ayuda por teléfono y por correo electrónico; los de Innsbruck, solo el prospecto del fabricante. La segunda, la autoselección: en AMALFI se invitó a 22.044 personas y se aleatorizó a 5.040 (22,9%), es decir, a quienes se vieron capaces de participar.
El estudio mSToPS apunta en la misma dirección desde el otro lado. De 2.659 personas aleatorizadas, 917 (34,5%) nunca llegaron a ponerse el parche; entre las que sí lo hicieron, el 97,8% del tiempo de uso fue analizable, con una media de 11,7 días por parche [4]. La tecnología cumplía impecablemente. El circuito perdía a un tercio de los pacientes antes de empezar.
Súmalo y el mensaje es coherente: el rendimiento de un parche autoaplicado depende menos del aparato que del acompañamiento que lo rodea y de a quién se le entrega. En un estudio con soporte activo y participantes autoseleccionados, un 84%. En una población mayor con indicación clínica y sin ayuda ninguna, un 45%.
Esto tiene una consecuencia inmediata para los programas que ya se están construyendo. El Programa Digital del Corazón de Austria, que financia este mismo trabajo, prevé aleatorizar a 100.060 personas de 65 años o más y usar precisamente un parche de ECG de siete días enviado por correo como paso de confirmación cuando la aplicación de fotopletismografía detecte irregularidades; el primer paciente se espera en el tercer trimestre de 2026 [8]. Si ese paso de confirmación se pierde en la mitad de los casos, la potencia del programa entero se resiente.
Y en tu consulta el corolario es más modesto pero igual de práctico: cuando indiques un registro ambulatorio autoaplicado a una persona mayor, la entrega del dispositivo no es un trámite administrativo. Enseñar la colocación, comprobar delante del paciente que el aparato ha arrancado y dejar un teléfono al que llamar es, a la luz de estos datos, parte del rendimiento diagnóstico de la prueba. Vale la pena pensarlo también para la fibrilación auricular subclínica detectada por dispositivos, donde la decisión de anticoagular depende de una carga arrítmica que solo se puede medir si hay registro.
Mensajes clave
- En 150 personas de 65 años o más asignadas al azar a seis parches de ECG comerciales sin formación ni supervisión, solo 68 (45,3%) alcanzaron 24 horas de ECG analizable, y la mediana de tiempo útil del conjunto fue de cero horas.
- El fallo se produjo en la colocación y la activación del dispositivo, no en la calidad de la señal ni en la detección del ritmo: las reacciones cutáneas y la retirada prematura fueron infrecuentes.
- Cada año más de edad se asoció con un 8% menos de probabilidad de conseguir esas 24 horas (odds ratio 0,92 por año; IC 95% 0,86-0,98). El nivel de estudios no influyó.
- Los sistemas que exigían emparejar un teléfono estuvieron entre los de peor rendimiento, pero uno de los autónomos empató con ellos: la dependencia del móvil no explica sola el resultado, y la comparación es exploratoria.
- Con 25 participantes por grupo, el orden entre marcas es frágil. Lo sólido es que ninguna se acercó al 95% de registros válidos que el propio estudio tomó como referencia.
Relevancia y aplicación clínica
La discusión sobre cribado de fibrilación auricular lleva años girando en torno a la sensibilidad de los algoritmos y a la duración óptima de la monitorización. Este trabajo desplaza el foco un paso antes, a un punto que se daba por resuelto: que el paciente consiga poner en marcha el dispositivo.
Para la práctica diaria, la lectura es directa. Si indicas un registro ambulatorio prolongado a una persona de 75 u 80 años y no acompañas la entrega, existe una probabilidad considerable de que vuelvas a verla dentro de dos semanas sin un solo minuto de trazado. Ese resultado nulo no es información clínica: es una prueba perdida, con su retraso diagnóstico y su segunda cita.
Para quien diseña programas, la consecuencia es de diseño y de presupuesto. Un cribado poblacional remoto que asuma tasas de registro válido del 90% y obtenga la mitad necesitará el doble de invitaciones para el mismo número de diagnósticos, o bien tendrá que invertir en el acompañamiento que convierte un envío postal en una prueba realizada. Conviene medir la tasa de registros válidos como indicador propio del programa, junto a la detección de arritmia.
Queda una limitación honesta que este trabajo no oculta: es un solo centro, con veinticinco participantes por sistema, y midió la factibilidad de obtener registros analizables, no la detección de fibrilación auricular ni desenlaces clínicos. No dice qué parche comprar. Dice algo más útil: que en el cribado de fibrilación auricular con parches de ECG autoaplicados, el rendimiento diagnóstico empieza mucho antes que el algoritmo, y que sin acompañamiento se pierde precisamente en los pacientes con más riesgo de ictus.
Preguntas frecuentes
¿A quién hay que hacer cribado de fibrilación auricular según las guías europeas?
La guía ESC 2024 recomienda valorar el ritmo cardiaco en cualquier contacto sanitario en todas las personas de 65 años o más (clase I, nivel de evidencia C). El cribado poblacional con ECG prolongado no invasivo debe considerarse en personas de 75 años o más, o de 65 o más con factores de riesgo adicionales del CHA₂DS₂-VA (clase IIa, nivel de evidencia B).
¿Cuánto tiempo hay que registrar el ECG para que el cribado sirva?
Los programas con resultados clínicos han usado monitorización prolongada, intermitente o continua, de una a dos semanas. Este estudio empleó un umbral mínimo de 24 horas de ECG analizable como referencia de un registro aprovechable, y el objetivo de siete días de uso continuo.
¿Es mejor un parche autónomo que uno que necesita teléfono móvil?
Los datos disponibles no permiten afirmarlo con seguridad. En este estudio los dos sistemas dependientes de teléfono quedaron entre los de peor resultado, pero un sistema autónomo obtuvo la misma cifra que ellos y entre los autónomos hubo 20 puntos de diferencia. Los propios autores consideran esa comparación exploratoria.
¿Qué puedo hacer para que no se pierda el registro de mi paciente?
Enseñar la colocación en la consulta en lugar de entregar solo las instrucciones, comprobar delante del paciente que el dispositivo ha empezado a grabar y facilitar un teléfono de contacto. En los programas donde hubo instrucciones, vídeo y ayuda telefónica, la proporción de registros válidos superó el 80%.
Bibliografía recomendada
- Pavluk D, Kindl B, Proell S, Rockenschaub P, Dolejsi T, Lechner I, et al. The weakest link in digital atrial fibrillation screening: a randomized comparison of self-applied ECG patch systems in older adults. Europace. 2026;28(8):euag192. PMID 42671332
- Van Gelder IC, Rienstra M, Bunting KV, Casado-Arroyo R, Caso V, Crijns HJGM, et al. 2024 ESC Guidelines for the management of atrial fibrillation developed in collaboration with the European Association for Cardio-Thoracic Surgery (EACTS). Eur Heart J. 2024;45(36):3314-3414. PMID 39210723
- Wijesurendra R, Pessoa-Amorim G, Buck G, Harper C, Bulbulia R, Offer A, et al. Remote screening for asymptomatic atrial fibrillation: the AMALFI randomized clinical trial. JAMA. 2025;334(15):1349-1357. PMID 40878848
- Steinhubl SR, Waalen J, Edwards AM, Ariniello LM, Mehta RR, Ebner GS, et al. Effect of a home-based wearable continuous ECG monitoring patch on detection of undiagnosed atrial fibrillation: the mSToPS randomized clinical trial. JAMA. 2018;320(2):146-155. PMID 29998336
- Svennberg E, Friberg L, Frykman V, Al-Khalili F, Engdahl J, Rosenqvist M. Clinical outcomes in systematic screening for atrial fibrillation (STROKESTOP): a multicentre, parallel group, unmasked, randomised controlled trial. Lancet. 2021;398(10310):1498-1506. PMID 34469764
- Rizas KD, Freyer L, Sappler N, von Stülpnagel L, Spielbichler P, Krasniqi A, et al. Smartphone-based screening for atrial fibrillation: a pragmatic randomized clinical trial. Nat Med. 2022;28(9):1823-1830. PMID 36031651
- Freyer L, Spielbichler P, Tenbrink L, Villegas Sierra LE, Vogl MF, Korovesis T, et al. Does digital screening for atrial fibrillation reach its target group? Insights from the eBRAVE-AF trial. JACC Adv. 2026;5(1):102416. PMID 41385883
- Reinstadler SJ, Schreinlechner M, Bauer A. Digital screening for atrial fibrillation to prevent stroke: the Austrian Digital Heart Program. Eur Heart J. 2025;46(46):5024-5026. PMID 41039974
Ramón Bover Freire





































