La vacuna frente al virus respiratorio sincitial evita 7 de cada 10 ingresos en el estudio DAN-RSV

La vacuna frente al virus respiratorio sincitial acaba de superar la prueba que le faltaba, la de los ingresos hospitalarios, en una población lo bastante grande y lo bastante parecida a la de tu consulta. El estudio DAN-RSV ha ampliado su reclutamiento hasta 513.358 adultos de Dinamarca y de Galicia y ha medido cuántos acaban ingresados, no sólo cuántos enferman [1].

Te interesa por dos motivos. El primero es que esta infección descompensa: una parte de los ingresos que se codifican como respiratorios son en realidad cardiorrespiratorios, y ese es justo el terreno del cardiólogo. El segundo es que muchos de tus pacientes, los de 60 o 70 años con cardiopatía isquémica estable o insuficiencia cardíaca compensada, hoy no entran en ningún grupo con recomendación oficial de vacunación frente a este virus en España.

En este artículo:

  1. Lo que sabíamos hasta ahora
  2. Cómo se amplió el estudio DAN-RSV
  3. La vacuna frente al virus respiratorio sincitial y el ingreso hospitalario
  4. El dato cardiorrespiratorio
  5. Subgrupos por edad, país y enfermedad cardiovascular
  6. Seguridad
  7. Limitaciones que conviene tener presentes
  8. Qué cambia en la práctica diaria

Lo que sabíamos hasta ahora

Los ensayos de registro midieron enfermedad, no ingresos. En el estudio RENOIR, la vacuna bivalente basada en la proteína F de prefusión redujo la enfermedad de vías respiratorias bajas asociada al virus con dos o más signos o síntomas en un 66,7%, y en un 85,7% cuando se exigían tres o más [2]. Eran cifras excelentes, pero procedían de un ensayo que excluía cardiopatía clínicamente inestable, enfermedad renal terminal, neoplasia metastásica e inmunodepresión, y que no tenía potencia para medir hospitalizaciones.

El primer año del estudio DAN-RSV cubrió ese hueco a medias. Aleatorizó a 131.379 daneses de 60 años o más y encontró una efectividad del 83,3% frente al ingreso por enfermedad respiratoria relacionada con el virus, pero con sólo 3 eventos en el grupo vacunado y 18 en el control: un intervalo de confianza tan ancho que costaba construir nada encima [3]. Lo contamos en su momento en esta pieza sobre el primer año del estudio.

El análisis cardiovascular preespecificado de aquella primera temporada dejó una señal interesante y ninguna certeza: la hospitalización cardiorrespiratoria por cualquier causa bajó un 9,9% (IC 95%, 0,3–18,7), mientras que la hospitalización cardiovascular global, el ictus, el infarto de miocardio, la insuficiencia cardíaca y la fibrilación auricular por separado no mostraron diferencias significativas [4]. Con 21,8% de la muestra con enfermedad cardiovascular previa, tampoco hubo interacción por ese antecedente.

Conviene recordar el terreno del que venimos. Vacunar es una intervención cardiológica reconocida: la guía ESC 2023 de síndromes coronarios agudos recomienda la vacunación antigripal en todos los pacientes con síndrome coronario agudo, con recomendación de clase I y nivel de evidencia A [5]. Sobre esa misma línea trabajan los datos de la vacunación antigripal antes del alta en insuficiencia cardíaca y los de la vacuna antigripal de alta dosis en el adulto mayor. Frente al virus respiratorio sincitial no existe todavía ninguna recomendación equivalente en las guías cardiológicas.

Cómo se amplió el estudio DAN-RSV

Se trata de un ensayo de fase 4, pragmático, aleatorizado individualmente 1:1 y abierto, promovido por un grupo académico de cardiología del Hospital Universitario de Copenhague y financiado por el fabricante, que participó en el diseño y en el plan de análisis pero no en la ejecución, la recogida ni el análisis de los datos. El grupo control no recibía placebo: no recibía vacuna.

La primera temporada, la de 2024-2025, reclutó en Dinamarca a personas de 60 años o más. Como aparecieron menos ingresos de los previstos, se enmendó el protocolo y la segunda temporada, la de 2025-2026, amplió la elegibilidad a los 18 años y añadió Galicia como segunda región reclutadora, a través del Servizo Galego de Saúde. En total, 513.358 personas aleatorizadas entre noviembre de 2024 y febrero de 2026, de las que 511.535 entraron en el análisis por intención de tratar.

La vacuna se administró en dosis única de 0,5 ml por vía intramuscular, con 60 microgramos de antígeno F estabilizado en prefusión de cada uno de los subgrupos A y B, que es exactamente la pauta de la ficha técnica española. El seguimiento empezaba 14 días después de la fecha de la cita programada y terminaba el 31 de mayo. La variable principal era el ingreso por enfermedad respiratoria relacionada con el virus. Todos los desenlaces se recogieron de los registros sanitarios nacionales daneses y de los registros gallegos, sin que el equipo del estudio interviniera en ninguna decisión de ingreso ni de codificación.

La población refleja lo que se ve en una consulta general y no lo que se ve en un ensayo de registro: edad media de 61,5 años, 63,2% de 60 años o más, 16,3% con enfermedad cardiovascular crónica, 5,2% con cardiopatía isquémica, 5,3% con fibrilación auricular, 1,8% con insuficiencia cardíaca, 6,8% con enfermedad pulmonar crónica y 3,7% con inmunodeficiencia. Casi dos tercios se habían vacunado de la gripe la temporada anterior.

La vacuna frente al virus respiratorio sincitial y el ingreso hospitalario

Hubo 19 ingresos por enfermedad respiratoria relacionada con el virus entre los 255.574 vacunados y 64 entre los 255.961 controles, es decir, 0,16 frente a 0,55 por 1.000 personas-año. La efectividad estimada fue del 70,3% (IC 95%, 49,7–83,2).

Desenlace Vacuna (por 1.000 personas-año) Sin vacuna Efectividad (IC 95%)
Ingreso por enfermedad respiratoria relacionada con el virus 0,16 0,55 70,3% (49,7–83,2)
Ingreso por enfermedad de vías bajas relacionada con el virus 0,11 0,39 71,1% (45,4–85,7)
Ingreso cardiorrespiratorio relacionado con el virus 0,17 0,57 70,0% (50,1–82,8)
Ingreso cardiorrespiratorio por cualquier causa 23,38 24,93 6,2% (1,2–11,1)
Ingreso respiratorio por cualquier causa 11,16 12,01 7,1% (−0,3 a 13,9)
Muerte por cualquier causa 5,24 5,35 1,9% (−9,9 a 12,4)

Ese 70% relativo conviene traducirlo. La reducción absoluta fue de 0,39 ingresos por 1.000 personas-año, lo que sobre los recuentos brutos significa 45 ingresos evitados entre 255.574 vacunados en una temporada: aproximadamente uno por cada 5.700 personas vacunadas. Es la aritmética habitual de una intervención poblacional frente a una enfermedad estacional poco frecuente pero grave, y es el motivo por el que estas vacunas se dirigen a grupos de riesgo y no a la población entera.

Dos resultados refuerzan que el efecto es real y no un artefacto de comportamiento. El primero es el virus confirmado en laboratorio, con una efectividad del 70,5% (IC 95%, 61,4–77,8) sobre 70 casos frente a 238. El segundo funciona como control negativo: frente a la gripe confirmada, la efectividad fue del −2,0% (IC 95%, −12,6 a 7,7), es decir, ninguna. Si los vacunados simplemente consultaran menos o se cuidaran más, la gripe también habría bajado.

El ingreso respiratorio por cualquier causa bajó un 7,1% (IC 95%, −0,3 a 13,9), sin alcanzar significación en el análisis por intención de tratar, aunque sí la alcanzó en el análisis por tratamiento recibido con seguimiento equilibrado, con un 10,5% (IC 95%, 2,9–17,4). La distancia entre el 70% de los desenlaces específicos y el 7% de los desenlaces globales dice algo importante: el virus explica sólo una fracción de todos los ingresos respiratorios de un invierno.

El dato cardiorrespiratorio

Aquí está la novedad para el cardiólogo. El ingreso cardiorrespiratorio relacionado con el virus se redujo un 70,0% (IC 95%, 50,1–82,8), con 20 eventos frente a 67. Y el ingreso cardiorrespiratorio por cualquier causa, que es el desenlace que no depende de que alguien se acuerde de pedir una prueba de virus respiratorio sincitial, se redujo un 6,2% (IC 95%, 1,2–11,1): 2.704 ingresos frente a 2.889. En el análisis por tratamiento recibido la cifra sube al 7,5% (IC 95%, 2,2–12,5).

Traducido a personas: 185 ingresos cardiorrespiratorios menos entre 255.574 vacunados en una temporada, uno por cada 1.400 personas vacunadas. Es cuatro veces más rendimiento que el que se ve mirando sólo los ingresos codificados como virus respiratorio sincitial, y encaja con lo que ya sabíamos: en la práctica clínica esta infección se busca poco, y en este estudio sólo se hizo una prueba de virus al 1,6% de los participantes del grupo vacuna y al 1,7% del grupo control.

Ahora el matiz, porque importa. Este resultado es descriptivo. Los autores no ajustaron por multiplicidad ni por el hecho de que la mitad de los participantes ya figuraban en el análisis previo, así que ese intervalo que roza el 1% por su extremo inferior no permite afirmar un beneficio cardiorrespiratorio con la firmeza de una variable principal. Y en el primer año, cuando se desglosaron los componentes cardiovasculares uno a uno, ni el infarto de miocardio, ni la insuficiencia cardíaca, ni el ictus, ni la fibrilación auricular mostraron diferencias por separado [4].

Subgrupos por edad, país y enfermedad cardiovascular

El dato que más te va a servir en consulta es este: la efectividad fue del 69,8% (IC 95%, 37,2–86,7) en los más de 83.000 participantes con enfermedad cardiovascular previa y del 70,9% (IC 95%, 37,4–87,8) en los que no la tenían. Prácticamente idéntica. El paciente cardiópata no responde peor.

Por edad, la protección se mantuvo en los tres estratos: 66,6% por debajo de los 60 años (IC 95%, −34,0 a 94,2, con sólo 12 eventos en total), 65,4% entre los 60 y los 74 (IC 95%, 23,7–85,7) y 75,8% a partir de los 75 (IC 95%, 43,6–91,1). Es la primera estimación aleatorizada de efectividad clínica en adultos de 18 a 59 años, un grupo en el que hasta ahora la eficacia se venía infiriendo de la respuesta de anticuerpos [6].

Por países, la efectividad fue del 66,0% (IC 95%, 41,9–80,9) en Dinamarca y del 100% (IC 95%, 41,2–100,0) en Galicia, donde no hubo ningún ingreso entre los 24.599 vacunados frente a 8 entre los 24.686 controles. Son pocos eventos y el intervalo es amplísimo, pero es la primera vez que hay datos aleatorizados de esta vacuna en población española.

Dos subgrupos merecen un comentario. En los casi 35.000 participantes con enfermedad pulmonar crónica la efectividad bajó al 57,0% (IC 95%, 2,0–82,6), y en los cerca de 19.000 con inmunodeficiencia se quedó en un 27,7%, con un intervalo tan amplio que abarca desde un perjuicio importante hasta un beneficio notable (IC 95%, −97,3 a 74,8). Ninguna de las dos diferencias es estadísticamente concluyente, pero apuntan hacia donde uno esperaría: quien peor responde a la vacuna es quien peor responde a cualquier vacuna.

Entre temporadas, la efectividad pasó del 83,3% (IC 95%, 42,9–96,9) en 2024-2025 al 65,1% (IC 95%, 37,3–81,6) en 2025-2026, sin diferencia aparente, aunque el estudio no tenía potencia para detectarla.

Seguridad

Durante las seis semanas de vigilancia hubo al menos un acontecimiento adverso grave en el 2,0% del grupo vacuna y en el 2,2% del grupo sin vacuna. Los cardiovasculares fueron el 0,3% en ambos grupos. En esas seis semanas hubo 75 muertes en el grupo vacunado y 124 en el control, aunque conviene no leer ahí un beneficio de mortalidad: a lo largo de toda la temporada la mortalidad total fue prácticamente idéntica, 5,24 frente a 5,35 muertes por 1.000 personas-año.

El investigador atribuyó a la vacunación 21 reacciones adversas graves en total, menos de una por cada 10.000 vacunados. Cinco fueron síndromes de Guillain-Barré, todos en el grupo vacunado y ninguno en el control, una frecuencia que los autores consideran coherente con la observada en la vigilancia posterior a la comercialización. Dos fueron pericarditis, y hubo un caso de taquicardia supraventricular. El resto fueron cuadros menores o inespecíficos: malestar y dolor en el punto de inyección, parálisis de Bell, exantema alérgico, síncope vasovagal, vasculitis cutánea, tiroiditis aguda y neuralgia del trigémino.

Sobre las dos pericarditis, el mismo día se publicó un análisis de seguridad específico de miocarditis y pericarditis del estudio DAN-RSV ampliado, en Journal of the American College of Cardiology [7]. Merece una lectura aparte antes de sacar conclusiones sobre ese punto.

Una cautela de método que señala el editorial de acompañamiento: en un estudio abierto, la persona que juzga si una reacción se debe a la vacuna conoce la asignación, y eso puede sesgar la atribución en cualquiera de los dos sentidos [6].

Limitaciones que conviene tener presentes

La primera es el diseño abierto sin placebo, inevitable en un estudio pragmático de este tamaño, que puede influir en la conducta de consulta aunque no en un ingreso registrado. La segunda es la dilución propia del análisis por intención de tratar: el 6,2% de los asignados a vacuna nunca llegaron a vacunarse, y cuatro de los 19 ingresos del grupo vacuna ocurrieron precisamente en ese subgrupo. Es la razón de que el análisis por tratamiento recibido dé una efectividad del 75,0% (IC 95%, 55,4–86,8).

La tercera, y la más relevante para leer las cifras absolutas, es que la prueba de virus respiratorio sincitial se hacía según el criterio del clínico, no por protocolo. La carga real de la infección está infraestimada en los dos grupos.

Y la cuarta, la que los propios autores subrayan: todos estos análisis deben interpretarse como descriptivos, porque incluyen a los participantes del informe anterior sin ninguna corrección estadística por el análisis repetido, y ninguno de los intervalos está ajustado por multiplicidad.

Qué cambia en la práctica diaria

Lo primero, un desajuste que conviene que conozcas. En España, las recomendaciones oficiales de vacunación frente al virus respiratorio sincitial para la temporada 2026-2027 se limitan a dos bloques: personas de 18 años o más con condiciones de muy alto riesgo (cáncer hematológico en tratamiento activo, errores innatos de la inmunidad, infección por VIH avanzada, trasplante de progenitores hematopoyéticos y terapia celular, diálisis, trasplante de órgano sólido o lista de espera, y cáncer no hematológico en tratamiento activo) y personas de 60 años o más institucionalizadas en residencias. La enfermedad cardiovascular no aparece por ninguna parte. En Estados Unidos, en cambio, la recomendación vigente del comité asesor cubre a todos los adultos de 75 años o más y a los de 60 a 74 con riesgo aumentado, y en ese riesgo aumentado la enfermedad cardiovascular subyacente entra explícitamente [8].

Los propios editorialistas de la revista van en la misma dirección al comentar la efectividad observada entre los 60 y los 74 años:

Los hallazgos de este estudio pragmático, con criterios de inclusión amplios, sugieren que esas restricciones sobre la indicación de la vacuna podrían tener que reevaluarse.

Editorial de NEJM Evidence sobre el estudio DAN-RSV, 2026

Lo segundo es que la ficha técnica española y la recomendación de salud pública no son lo mismo, y en este caso divergen. La ficha técnica autoriza la vacuna para la inmunización activa de cualquier persona de 18 años o más, en dosis única de 0,5 ml, y advierte de que no se ha establecido la necesidad de revacunación. La recomendación oficial financia y prioriza sólo a los grupos citados. Un paciente tuyo de 68 años con cardiopatía isquémica que pregunte por esta vacuna está dentro de la indicación autorizada y fuera del calendario recomendado, y esa conversación te va a tocar tenerla.

Lo tercero es la duración. El trabajo hermano publicado el mismo día siguió a la cohorte danesa del primer año durante una segunda temporada y encontró una efectividad del 56,2% (IC 95%, −12,4 a 84,8) en ese segundo invierno, frente al 83,3% del primero, con un 70,6% (IC 95%, 39,1–87,0) para las dos temporadas juntas [9]. La protección persiste, pero se desdibuja, y el calendario de revacunación sigue sin estar definido.

Y lo cuarto, lo más práctico: la aportación real de este trabajo no es descubrir que la vacuna funciona, que ya lo sabíamos, sino demostrar que funciona igual de bien en la persona que hasta ahora quedaba fuera de los ensayos. El paciente con enfermedad cardiovascular, el de más de 75 años, el que tiene varias enfermedades a la vez. Ese es el paciente que llena tus consultas de diciembre y enero.

Mensajes clave

  • En 511.535 adultos analizados, la vacuna bivalente frente al virus respiratorio sincitial redujo un 70,3% (IC 95%, 49,7–83,2) el ingreso por enfermedad respiratoria relacionada con este virus.
  • La protección fue prácticamente idéntica con enfermedad cardiovascular previa (69,8%) y sin ella (70,9%), y se mantuvo en los tres estratos de edad, incluidos los adultos de 18 a 59 años.
  • El ingreso cardiorrespiratorio por cualquier causa bajó un 6,2% (IC 95%, 1,2–11,1), lo que equivale a un ingreso evitado por cada 1.400 personas vacunadas en una temporada. Es un análisis descriptivo, no confirmatorio.
  • La seguridad fue comparable entre grupos, con 21 reacciones adversas graves atribuidas a la vacuna entre más de 255.000 vacunados, cinco de ellas síndromes de Guillain-Barré.
  • En España, la enfermedad cardiovascular no figura hoy entre los criterios que dan acceso a esta vacunación, aunque la ficha técnica autoriza su uso desde los 18 años.

Relevancia y aplicación clínica

Durante años la vacunación ha sido, en cardiología, un asunto de la gripe. La guía ESC 2023 la incorporó con clase I y nivel de evidencia A en el síndrome coronario agudo, y desde entonces preguntar por la vacunación antigripal forma parte de la revisión. El virus respiratorio sincitial ocupa un lugar parecido en la fisiopatología (una infección estacional que descompensa a un corazón enfermo) y hasta ahora no tenía datos aleatorizados de la calidad suficiente para sostener una recomendación análoga.

Este trabajo acerca esa posibilidad sin cerrarla. Lo que demuestra con solidez es la prevención del ingreso por enfermedad respiratoria relacionada con el virus, con una magnitud consistente entre temporadas, países, edades y comorbilidades. Lo que insinúa, y sólo insinúa, es un beneficio sobre la hospitalización cardiorrespiratoria global. Convertir esa insinuación en una recomendación de guía exigirá un estudio diseñado para ese desenlace y no un análisis secundario descriptivo.

Mientras tanto, hay algo que sí puedes hacer mañana: identificar en tu agenda a los pacientes que ya cumplen los criterios oficiales españoles y que nadie ha vacunado, empezando por los que están en diálisis, en lista de espera de trasplante o institucionalizados. Y saber responder cuando un paciente de 70 años con insuficiencia cardíaca te pregunte si debería ponérsela: la vacuna frente al virus respiratorio sincitial está autorizada en España para cualquier adulto desde los 18 años, en dosis única, aunque hoy no esté incluida en su calendario financiado.

Preguntas frecuentes

¿Quién puede vacunarse hoy en España frente al virus respiratorio sincitial?
La ficha técnica autoriza la vacuna bivalente basada en la proteína F de prefusión en cualquier persona de 18 años o más. La recomendación oficial para la temporada 2026-2027 la dirige a adultos con condiciones de muy alto riesgo (entre ellas diálisis, trasplante de órgano sólido y neoplasias en tratamiento activo) y a personas de 60 años o más institucionalizadas.

¿Protege menos si el paciente ya tiene una cardiopatía?
No. En el estudio DAN-RSV la efectividad frente al ingreso fue del 69,8% en los participantes con enfermedad cardiovascular previa y del 70,9% en los que no la tenían. La diferencia carece de relevancia clínica y estadística.

¿Cuántas dosis hacen falta y hay que repetirla cada año?
Se administra una dosis única de 0,5 ml por vía intramuscular. La ficha técnica indica expresamente que no se ha establecido la necesidad de revacunación. Los datos de la segunda temporada muestran que la protección persiste pero disminuye, y el intervalo óptimo de revacunación sigue sin definirse.

¿Reduce los infartos o los ingresos por insuficiencia cardíaca?
No hay datos que lo demuestren. El análisis preespecificado de la primera temporada no encontró diferencias en infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, ictus ni fibrilación auricular por separado. Lo que sí se observó, como desenlace global y con carácter descriptivo, es una reducción de la hospitalización cardiorrespiratoria por cualquier causa.

Bibliografía recomendada

  1. Lassen MC, Christensen SH, Yafasov M, Pareek M, Johansen ND, Rudolph AE, et al. Bivalent RSV prefusion F vaccine to prevent hospitalizations in adults. NEJM Evid. 2026 Aug 29:EVIDoa2600272. PMID 42666095
  2. Walsh EE, Pérez Marc G, Zareba AM, Falsey AR, Jiang Q, Patton M, et al. Efficacy and safety of a bivalent RSV prefusion F vaccine in older adults. N Engl J Med. 2023;388(16):1465-1477. PMID 37018468
  3. Lassen MCH, Johansen ND, Christensen SH, Aliabadi N, Skaarup KG, Modin D, et al. RSV prefusion F vaccine for prevention of hospitalization in older adults. N Engl J Med. 2026;394(2):138-151. PMID 40888695
  4. Lassen MCH, Johansen ND, Christensen SH, Aliabadi N, Skaarup KG, Modin D, et al. Bivalent RSV prefusion F protein-based vaccine for preventing cardiovascular hospitalizations in older adults: a prespecified analysis of the DAN-RSV trial. JAMA. 2025;334(16):1431-1441. PMID 40884493
  5. Byrne RA, Rossello X, Coughlan JJ, Barbato E, Berry C, Chieffo A, et al. 2023 ESC Guidelines for the management of acute coronary syndromes. Eur Heart J. 2023;44(38):3720-3826. PMID 37622654
  6. Chu HY, Erlandson K. A hat trick for RSV vaccines - prevention of disease, hospitalization, and beyond. NEJM Evid. 2026 Aug 29:EVIDe2600275. PMID 42666089
  7. Yafasov M, Lassen MCH, Pareek M, Christensen SH, Johansen ND, Rudolph AE, et al. Risk of myocarditis and pericarditis with bivalent RSV prefusion F protein-based vaccine: a safety analysis of the extended DAN-RSV trial. J Am Coll Cardiol. 2026 Aug 29. PMID 42667277
  8. Britton A, Roper LE, Kotton CN, Hutton DW, Fleming-Dutra KE, Godfrey M, et al. Use of respiratory syncytial virus vaccines in adults aged 60 years and older: updated recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices, United States, 2024. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2024;73(32):696-702. PMID 39146277
  9. Højbjerg Lassen MC, Johansen ND, Christensen SH, Rudolph AE, Skaarup KG, Modin D, et al. Durability of RSV prefusion F vaccine protection across two RSV seasons. NEJM Evid. 2026 Aug 29:EVIDoa2600242. PMID 42666088
  10. Ministerio de Sanidad. Vacunación frente a virus respiratorio sincitial, temporada 2026-2027. Preguntas y respuestas. Madrid; 12 de diciembre de 2025.
  11. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Ficha técnica de la vacuna bivalente frente al virus respiratorio sincitial (proteína F de prefusión), registro 1231752001. CIMA

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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