Cuando le explicas a un paciente que su riesgo de morir en los tres años siguientes a un infarto es del 8,7%, casi nadie entiende del todo lo que le acabas de decir. La pérdida de esperanza de vida tras un infarto agudo de miocardio ofrece otra manera de contar lo mismo: en lugar de un porcentaje, un número de días. El registro KAMIR ha aplicado esa métrica a 27.705 pacientes coreanos con infarto agudo de miocardio y ha puesto cifras concretas a lo que cada perfil clínico pierde [1].
El resultado global es sorprendentemente pequeño y, al mismo tiempo, brutalmente desigual: 23 días de media, pero 135 días si la fracción de eyección quedó deprimida y prácticamente ninguno si se conservó. Esa distancia, medida en la misma unidad para todos los subgrupos, es lo que hace útil este trabajo en la consulta.
En este artículo:
- Lo que sabíamos hasta ahora
- Qué mide la pérdida restringida de esperanza de vida
- Los días perdidos en el registro KAMIR
- La paradoja de la edad
- Nueve años de mejora sostenida
- ¿Qué cambia en mi consulta?
Lo que sabíamos hasta ahora
La idea de medir el daño de una enfermedad en años de vida perdidos viene de la oncología y ha llegado tarde a la cardiología. El trabajo de referencia es el registro sueco SWEDEHEART, que comparó 335.748 primeros infartos con 1.625.396 controles emparejados por edad, sexo y región, y calculó la esperanza de vida que se pierde a lo largo de toda la vida restante [2].
Sus cifras son elocuentes: en 2022, una mujer de 50 años con un infarto que deja la función ventricular deprimida perdía una media de 9,5 años de vida tras ajustar por comorbilidad, frente a 3,7 meses en un varón de 80 años con fracción de eyección conservada. Entre 1992 y 2022, esa pérdida se redujo entre un 36% y un 55% según edad y sexo.
El otro dato que conviene tener en la cabeza es dónde se genera la diferencia. En una cohorte de 119.735 pacientes de Medicare seguidos 17 años, los tratados en hospitales con mejor mortalidad a 30 días vivieron entre 0,74 y 1,14 años más; y cuando el análisis se restringía a quienes ya habían sobrevivido al primer mes, la diferencia desaparecía [3]. Todo el margen se juega pronto.
Que ese margen se ha ido estrechando lo confirma el registro nacional danés: entre 2000 y 2017, en 82.108 pacientes que llegaban libres de eventos al año del primer infarto, la mortalidad a cinco años bajó del 18,6% al 12,5%, y en los menores de 60 años del periodo más reciente quedó en el 2,6% [4].
Sobre esa base, la pregunta que quedaba abierta era práctica: si el exceso de mortalidad se concentra en los primeros meses, ¿qué pasa cuando se mide sólo esa ventana, sin extrapolar décadas de supervivencia que nadie ha observado?
Qué mide la pérdida restringida de esperanza de vida
La pérdida de esperanza de vida se define como la diferencia entre la vida que le quedaría a una persona de la misma edad, sexo y año de la población general y la que realmente le queda al paciente. Calculada sobre toda la vida restante, obliga a extrapolar mucho más allá del seguimiento disponible y queda expuesta a la mortalidad no cardiovascular competitiva y a los cambios demográficos.
La versión restringida evita ese problema fijando un horizonte corto. Aquí se eligieron tres años, que es justo la ventana en la que se concentra el exceso de muertes, en la que el tratamiento tiene más impacto y en la que se toman las decisiones que hablas con el paciente.
La pérdida restringida de esperanza de vida traduce los datos de supervivencia, el porcentaje de muertes acumuladas al final del seguimiento, a una forma fácil de entender: cuántos días de vida se pierden tras un infarto agudo de miocardio.
Choi JH y cols., J Am Heart Assoc, 2026
Los días perdidos en el registro KAMIR
El registro KAMIR es un registro nacional, prospectivo y multicéntrico de infarto agudo de miocardio en hospitales terciarios coreanos, en marcha desde 2005 y con más de 86.000 pacientes reclutados [5]. Para este análisis se incluyeron los 27.705 pacientes atendidos entre 2012 y 2020 que tenían ecocardiograma disponible, con una edad media de 63,9 años, un 76,0% de varones y un 52,4% de infartos con elevación del segmento ST. Al 91,6% se le practicó intervencionismo coronario percutáneo y la fracción de eyección media fue del 52%.
La supervivencia observada se comparó con la de una población de referencia coreana emparejada por edad, sexo y año natural, tomada de las tablas de vida nacionales. La mediana de seguimiento fue de 3,0 años y la variable principal, la mortalidad por cualquier causa.
Con esa referencia, la pérdida restringida a tres años fue de 23 días (IC 95%, 22–25) para el conjunto. Y a partir de ahí, la dispersión entre subgrupos es de casi dos órdenes de magnitud.
| Subgrupo | Días perdidos a 3 años (IC 95%) | Mortalidad observada a 3 años | Mortalidad esperada |
|---|---|---|---|
| Conjunto (27.705) | 23 (22–25) | 8,7% | 7,5% |
| Varones (21.053) | 14 (11–17) | 7,0% | 6,8% |
| Mujeres (6.652) | 44 (37–51) | 13,2% | 9,9% |
| Menores de 50 años (3.787) | 7 (3–10) | 1,3% | 0,8% |
| De 50 a 74 años (16.780) | 21 (19–22) | 5,6% | 3,6% |
| 75 años o más (7.138) | 42 (37–47) | 20,6% | 20,2% |
| FEVI 40% o menor (4.028) | 135 (128–142) | 23,3% | 10,4% |
| FEVI del 41 al 49% (6.680) | 18 (15–22) | 8,5% | 7,9% |
| FEVI 50% o mayor (16.997) | 0 (−2 a 1) | 5,4% | 6,7% |
El gradiente por función ventricular es el hallazgo dominante. Con una FEVI del 40% o menor se pierden 135 días en tres años, un 12,3% del horizonte analizado; con una FEVI conservada, menos de un día, por debajo del 0,1%. Un infarto que respeta la función ventricular apenas mueve la aguja a tres años, y uno que la deprime consume la octava parte del tiempo disponible. Ese contraste es el argumento más fuerte a favor de todo lo que hacemos para salvar miocardio en las primeras horas.
El gradiente por sexo tampoco es pequeño: las mujeres pierden tres veces más días que los varones, 44 frente a 14. Y no es sólo cuestión de que sean mayores al presentarse, porque el modelo está ajustado por edad y las tablas de referencia son específicas por sexo. Este dato encaja con lo que sabemos de las diferencias entre sexos en cardiopatía isquémica: presentación atípica, retraso hasta el primer contacto médico, menor intensidad terapéutica y peor adherencia posterior.
La paradoja de la edad
Aquí aparece lo más interesante del trabajo, y también lo que más puede confundir si se lee deprisa. En el registro sueco, los que más vida perdían eran los jóvenes; en el registro KAMIR, los que más días pierden son los mayores de 75 años, 42 frente a 7 en los menores de 50.
Las dos cosas son ciertas y no se contradicen: sencillamente miden ventanas distintas. Con un horizonte de tres años, el peso recae sobre quien tiene un riesgo absoluto alto y precoz, es decir, el paciente anciano. Cuando el horizonte se abre a toda la vida restante, el joven acumula décadas de exceso de riesgo relativo y termina perdiendo mucho más. El propio análisis sueco lo confirmó al repetir los cálculos con un seguimiento acortado: las estimaciones se atenuaban precisamente en los jóvenes.
Hay un matiz más en el grupo de 75 años o más que conviene leer con atención. Su mortalidad a tres años es del 20,6%, y la esperada para su edad y sexo, del 20,2%. Es decir, en términos de porcentaje acumulado casi no hay exceso; sin embargo pierden 42 días, porque ese exceso se concentra en los primeros meses y luego las curvas convergen. Perder vida pronto no es lo mismo que perderla al final, aunque el porcentaje total sea idéntico. Esta es exactamente la información que un porcentaje de mortalidad no sabe transmitir.
Nueve años de mejora sostenida
Entre 2012 y 2020 la pérdida restringida a tres años pasó de 36 días (IC 95%, 31–41) a 16 días (IC 95%, 9–23), con una tendencia significativa (p = 0,013). Prácticamente se ha reducido a la mitad en nueve años, en la misma dirección que la caída observada en el registro sueco a lo largo de tres décadas.
Lo llamativo es que esa mejora no se pudo atribuir a ninguna novedad concreta. En el mismo periodo aumentaron el acceso radial, el uso de stents farmacoactivos, la revascularización completa y el intervencionismo sobre tronco común, y disminuyeron el tabaquismo, el shock cardiogénico y la clase Killip igual o mayor de 2. De todas las variables analizadas, sólo el fracaso multiorgánico mostró asociación significativa con el cambio temporal en la pérdida de vida, y los autores subrayan que se trata de un análisis exploratorio y correlacional. La lectura razonable es que lo que funciona es el conjunto, no una pieza suelta.
Un detalle que merece seguimiento: hubo un repunte pequeño pero perceptible entre 2018 y 2020, que podría relacionarse con la pandemia de COVID-19 y que habrá que confirmar con datos posteriores.
¿Qué cambia en mi consulta?
Lo primero es una herramienta de conversación. Decirle a un paciente de 60 años con fracción de eyección conservada que su infarto, tratado como se trata hoy, apenas le resta días de vida en los próximos tres años es una información verdadera, tranquilizadora y mucho más útil que un porcentaje. Y decirle a otro con una FEVI del 35% que su situación es distinta, que la cifra se multiplica por seis y que por eso el tratamiento es más exigente, ayuda a que entienda por qué le pedimos tanto.
Lo segundo es una prioridad clínica. Si toda la diferencia se concentra en la función ventricular, la disfunción del ventrículo izquierdo tras un infarto no es un dato más del informe de alta: es el determinante del pronóstico a corto plazo. La guía ESC 2023 de síndromes coronarios agudos recomienda betabloqueantes en todo paciente con FEVI del 40% o menor con independencia de los síntomas de insuficiencia cardíaca (clase I, nivel de evidencia A), reevaluar la fracción de eyección entre 6 y 12 semanas después de la revascularización completa y del tratamiento médico óptimo cuando el valor al alta era del 40% o menor, y la participación de todos los pacientes en un programa estructurado de rehabilitación cardíaca (clase I, nivel de evidencia A) [6]. Este trabajo pone números a lo que se juega quien no recibe ese paquete completo.
Lo tercero es una cautela. Que la pérdida sea de cero días con FEVI conservada no significa que ese infarto sea inocuo: el horizonte son tres años, la población de referencia coreana incluye a personas con enfermedad cardiovascular previa y el registro sólo recoge pacientes que llegaron a cateterismo, lo que selecciona a los más aptos. Con esas tres condiciones, un cero puede quedarse corto. El seguimiento prolongado de estos pacientes sigue estando justificado, y merece la pena recordar que una buena fracción de eyección tras el infarto no descarta el desarrollo posterior de insuficiencia cardíaca.
Y una cuarta, sobre extrapolación. Se trata de una población coreana, con perfil metabólico propio, alta prevalencia de diabetes y cifras bajas de colesterol HDL, atendida en hospitales terciarios con acceso a angioplastia urgente. La estructura del riesgo es probablemente similar a la nuestra, pero las magnitudes absolutas no son directamente trasladables al paciente español. Tampoco lo son al infarto de tipo 2, que este registro no cubre y que suele afectar a pacientes mayores y con más comorbilidad.
Mensajes clave
- En el registro KAMIR, la pérdida restringida de esperanza de vida a tres años tras un infarto agudo de miocardio fue de 23 días (IC 95%, 22–25) sobre 27.705 pacientes.
- La función ventricular domina el pronóstico: 135 días perdidos con FEVI del 40% o menor, frente a prácticamente ninguno con FEVI conservada.
- Las mujeres perdieron tres veces más días que los varones, 44 frente a 14, con las tablas de referencia ya ajustadas por sexo.
- Los mayores de 75 años pierden más días a tres años que los jóvenes, al revés de lo que ocurre cuando se mide toda la vida restante: es una cuestión de horizonte temporal, no una contradicción.
- Entre 2012 y 2020 la pérdida se redujo de 36 a 16 días, sin que ninguna intervención aislada explique la mejora.
Relevancia y aplicación clínica
Traducir el riesgo a días de vida no cambia el tratamiento, pero cambia la conversación, y la conversación cambia la adherencia. Cuando el paciente entiende que su fracción de eyección deprimida vale ciento treinta y cinco días de vida en tres años, la insistencia en el betabloqueante, en la estatina de alta intensidad y en la rehabilitación cardíaca deja de sonar a protocolo y empieza a sonar a motivo.
Para el clínico, la utilidad práctica es la jerarquía. Entre todas las variables que registramos al alta de un síndrome coronario agudo, la que más peso tiene sobre el tiempo de vida a corto plazo es la función ventricular, y por un margen enorme. Eso refuerza dos prioridades que ya conocíamos: salvar miocardio cuanto antes y tratar con intensidad al que queda con el ventrículo dañado.
Queda pendiente lo que el propio diseño no puede responder. No se recogieron la adherencia ni la duración del tratamiento médico recomendado por las guías, no se analizaron desenlaces no mortales como el reinfarto o el sangrado, y el horizonte de tres años deja fuera lo que le ocurre al paciente joven a lo largo de las décadas siguientes. Para él, la mejor estimación disponible sigue siendo la del registro sueco, que le atribuye años, no días. Aun así, la pérdida de esperanza de vida tras un infarto agudo de miocardio, medida en días y aplicada al registro KAMIR, es hoy la forma más intuitiva que tenemos de explicarle a un paciente qué se juega y por qué merece la pena el esfuerzo.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años de vida se pierden tras un infarto de miocardio?
Depende del horizonte que se mida y del perfil del paciente. A tres años, la media del registro KAMIR es de 23 días, con 135 días si la fracción de eyección quedó deprimida. Medido sobre toda la vida restante, el registro sueco SWEDEHEART estima desde 9,5 años en una mujer de 50 años con función ventricular deprimida hasta 3,7 meses en un varón de 80 años con fracción de eyección conservada.
¿Es lo mismo la mortalidad a tres años que la pérdida de esperanza de vida?
No. La mortalidad es el porcentaje de pacientes que han fallecido al final del periodo. La pérdida de esperanza de vida descuenta la mortalidad que esa persona habría tenido de todos modos por su edad y su sexo, y además tiene en cuenta cuándo ocurren las muertes. Dos grupos con el mismo porcentaje pueden perder cantidades de vida muy distintas si en uno las muertes se concentran al principio.
¿Por qué las mujeres pierden más días de vida tras un infarto?
El exceso persiste tras ajustar por edad y con tablas de referencia específicas por sexo, así que no se explica sólo porque se infarten más mayores. Se han propuesto la presentación atípica, el retraso hasta el diagnóstico, la menor intensidad del tratamiento y la peor adherencia posterior. Es un ámbito donde el margen de mejora es claro.
¿Sirven estos datos para un paciente atendido en España?
La estructura del riesgo, con la función ventricular como determinante principal, es trasladable. Las magnitudes absolutas no lo son directamente: se trata de una población coreana atendida en hospitales terciarios con acceso a angioplastia urgente, con un perfil metabólico distinto del nuestro y sin infartos de tipo 2 en la muestra.
Bibliografía recomendada
- Choi JH, Choi KH, Lee JM, Park TK, Yang JH, Song YB, et al. Restricted loss of life expectancy in patients with acute myocardial infarction: a nationwide KAMIR registry study. J Am Heart Assoc. 2026:e050187. PMID 42667628
- Reitan C, Andell P, Alfredsson J, Erlinge D, Hofmann R, Lindahl B, et al. Excess mortality and loss of life expectancy after myocardial infarction: a registry-based matched cohort study. Circulation. 2024;150(11):826-835. PMID 38966988
- Bucholz EM, Butala NM, Ma S, Normand ST, Krumholz HM. Life expectancy after myocardial infarction, according to hospital performance. N Engl J Med. 2016;375(14):1332-1342. PMID 27705249
- Christensen DM, Schjerning AM, Smedegaard L, Charlot MG, Ravn PB, Ruwald AC, et al. Long-term mortality, cardiovascular events, and bleeding in stable patients 1 year after myocardial infarction: a Danish nationwide study. Eur Heart J. 2023;44(6):488-498. PMID 36433809
- Sim DS, Jeong MH. Twenty-year clinical experience of the Korea Acute Myocardial Infarction Registry. Korean Circ J. 2025;55(9):757-777. PMID 41044038
- Byrne RA, Rossello X, Coughlan JJ, Barbato E, Berry C, Chieffo A, et al. 2023 ESC Guidelines for the management of acute coronary syndromes. Eur Heart J. 2023;44(38):3720-3826. PMID 37622654
Ramón Bover Freire









































