Fibrilación auricular y enfermedad coronaria: qué antitrombótico en cada fase tras los estudios AQUATIC y OPTIMA-AF

Diapositiva sobre el tratamiento antitrombótico en la fibrilación auricular con enfermedad coronaria. En el estudio AQUATIC, con 872 pacientes con síndrome coronario crónico, stent de más de seis meses y anticoagulación oral, añadir ácido acetilsalicílico al anticoagulante elevó la muerte por cualquier causa al 13,4%, frente al 8,4% con placebo, y la hemorragia mayor al 10,2%, frente al 3,4%. Tras la intervención coronaria percutánea, las guías ESC 2024 recomiendan triple terapia durante una semana como máximo y después anticoagulante con clopidogrel, con clase I. En la fase estable, anticoagulante solo, sin antiagregante más allá de los 12 meses

La fibrilación auricular y la enfermedad coronaria coinciden a menudo en el mismo paciente. Esa coincidencia obliga a sumar el anticoagulante que previene el ictus a los antiagregantes que protegen el stent, con más hemorragias cuanto más dura la suma. Una revisión publicada en Heart en septiembre de 2026 [1] ordena lo que se sabe de esta combinación y propone un esquema de decisión por fases. Este artículo lo completa con los estudios que lo sostienen, entre ellos el estudio AQUATIC, sobre el ácido acetilsalicílico (aspirina) añadido al anticoagulante, y el estudio OPTIMA-AF, sobre un mes de terapia doble tras la angioplastia.

Resumen en audio · 2 minutos

Fibrilación auricular y enfermedad coronaria: qué antitrombótico en cada fase tras los estudios AQUATIC y OPTIMA-AF

Sus autores, del St Antonius Hospital de Nieuwegein y de la Universidad de Maastricht, se ocupan además de dos cuestiones menos tratadas: cómo se busca la enfermedad coronaria cuando la arritmia distorsiona los síntomas y las pruebas, y cómo se elige entre el control de la frecuencia y el del ritmo cuando hay isquemia.

En este artículo:

  1. Lo que sabíamos hasta ahora
  2. Fibrilación auricular y enfermedad coronaria: una relación en los dos sentidos
  3. Cuándo buscar enfermedad coronaria en un paciente con FA
  4. Tras la angioplastia: una semana de triple terapia y después terapia doble
  5. Estudio OPTIMA-AF: un mes de terapia doble
  6. Más allá del primer año: el anticoagulante solo
  7. Estudio AQUATIC: ácido acetilsalicílico añadido al anticoagulante
  8. Control de frecuencia y de ritmo en el paciente coronario
  9. Antes y después: cómo reencuadrar el algoritmo

Lo que sabíamos hasta ahora

Durante años, el paciente con FA al que se implantaba un stent salía del hospital con triple terapia: un antagonista de la vitamina K (AVK), ácido acetilsalicílico y un inhibidor del P2Y12. Según resume la revisión, los cuatro grandes estudios con anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) tras la angioplastia mostraron menos hemorragia con la terapia doble, un ACOD con un inhibidor del P2Y12, que con la triple terapia con AVK, sin aumento de los eventos isquémicos.

El estudio AUGUSTUS [2] separó los dos efectos con un diseño factorial: 4.614 pacientes con FA y un síndrome coronario agudo (SCA) o una intervención coronaria percutánea (ICP) recientes, tratados en su mayoría (92,6%) con clopidogrel, recibieron apixabán o un AVK y, por separado, ácido acetilsalicílico o placebo durante seis meses. La hemorragia mayor o clínicamente relevante no mayor fue del 10,5% con apixabán frente al 14,7% con AVK (HR 0,69; IC 95% 0,58–0,81) y del 16,1% con ácido acetilsalicílico frente al 9,0% con placebo (HR 1,89; IC 95% 1,59–2,24). La combinación de apixabán sin ácido acetilsalicílico se quedó en el 7,3%; la de AVK con ácido acetilsalicílico llegó al 18,7%.

Un análisis posterior del mismo estudio [3] siguió ese balance en el tiempo. En los primeros 30 días, el ácido acetilsalicílico añadió hemorragias graves y evitó un número parecido de eventos isquémicos graves; a partir del día 30 siguió sumando hemorragia sin reducir los eventos isquémicos. La revisión de Heart se apoya en ese análisis para limitar la triple terapia al periodo que rodea al procedimiento.

La fase crónica tardó más en tener estudios aleatorizados. La recomendación de dejar el anticoagulante solo a partir del año se apoyaba, según los investigadores del estudio AFIRE, en un registro danés de cohortes. Después llegaron el estudio AFIRE (2019), el estudio EPIC-CAD (2024) y el estudio ADAPT AF-DES (2025), los tres abiertos y hechos en Japón o en Corea del Sur, y en agosto de 2025 el estudio AQUATIC, hecho en Francia, doble ciego y controlado con placebo.

Fibrilación auricular y enfermedad coronaria: una relación en los dos sentidos

La revisión describe una relación de ida y vuelta. La FA empeora la perfusión coronaria: la frecuencia rápida e irregular acorta la diástole, aumenta la demanda de oxígeno y eleva las presiones de llenado, y los pacientes con FA tienen menos reserva de flujo coronario aunque no tengan estenosis epicárdicas. A los pocos minutos de iniciarse un episodio se han medido activación plaquetaria en el corazón y menos producción de óxido nítrico, que los autores relacionan con la progresión de la aterosclerosis y con la inestabilidad de la placa.

En sentido contrario, la isquemia y el infarto dilatan y fibrosan la aurícula, favorecen el paso de la FA paroxística a persistente y, cuando dejan cicatriz auricular, se asocian a formas más resistentes al tratamiento. La grasa epicárdica interviene en los dos procesos: libera citocinas proinflamatorias y factores profibróticos que alcanzan el miocardio auricular y contribuye a la vez a la aterosclerosis coronaria.

Según los registros que recoge la revisión, el paciente con las dos enfermedades tiene más infartos, ictus, ingresos por insuficiencia cardiaca, hemorragias graves y muertes que el que tiene solo una. En este paciente, el ictus tiene además un componente aterotrombótico que se suma al cardioembólico. Por eso los autores proponen valorar el riesgo tromboembólico teniendo en cuenta los dos mecanismos.

Cuándo buscar enfermedad coronaria en un paciente con FA

Los síntomas se solapan (palpitaciones, dolor torácico, disnea, cansancio y peor tolerancia al esfuerzo) y la correlación entre síntomas y ritmo es pobre. En casos seleccionados, la revisión propone la cardioversión diagnóstica: si la disnea o el dolor desaparecen al recuperar el ritmo sinusal, el mecanismo es sobre todo arrítmico; si persisten, apunta a isquemia o a disfunción estructural.

Las pruebas habituales pierden rendimiento con la arritmia:

  • ECG. La frecuencia rápida produce descensos del ST e inversiones de la onda T que pueden simular o esconder isquemia.
  • Troponina de alta sensibilidad. Sube a menudo con la respuesta ventricular rápida, por daño miocárdico o por un infarto de tipo 2, sin rotura de placa. La revisión pide determinaciones seriadas, una valoración clínica cuidadosa y un umbral bajo para indicar imagen coronaria.
  • Imagen. El ecocardiograma pierde calidad con el ritmo irregular, la ergometría es poco específica, la gammagrafía de perfusión da falsos positivos por errores de sincronización, el ecocardiograma de estrés puede quedarse en un esfuerzo submáximo y el TC coronario pierde precisión con la frecuencia variable. La resonancia de perfusión con estrés valora a la vez función, perfusión y tejido sin radiación ionizante, y la coronariografía, con o sin estudio funcional, resuelve los casos que quedan dudosos.

Sobre el cribado sistemático no hay ningún ensayo aleatorizado. Los autores se suman, con matices, a la propuesta de estudiar la enfermedad coronaria en los mayores de 65 años con FA y comorbilidad cardiovascular o aterosclerosis en otro territorio: encontrarla puede llevar a empezar o intensificar la estatina y a inclinar la decisión de anticoagular cuando la puntuación CHA₂DS₂-VA está en el límite. En contra señalan el riesgo de sobrediagnóstico y de procedimientos o fármacos innecesarios en pacientes mayores anticoagulados, por lo que proponen empezar por pruebas no invasivas y reservar la coronariografía para la probabilidad pretest alta o las pruebas positivas.

Tras la angioplastia: una semana de triple terapia y después terapia doble

La guía ESC 2024 de fibrilación auricular [4] y la guía ESC 2024 de síndromes coronarios crónicos [5] coinciden en el esquema de la primera fase:

  • Tras un SCA con ICP no complicada. Retirar el ácido acetilsalicílico en la primera semana y mantener el anticoagulante, preferiblemente un ACOD, con un inhibidor del P2Y12, preferiblemente clopidogrel, hasta 12 meses (guía de FA, clase I, nivel de evidencia A). La triple terapia puede alargarse hasta un mes como máximo cuando el riesgo isquémico supera al hemorrágico (clase IIa, nivel de evidencia C).
  • Tras una ICP en el síndrome coronario crónico (SCC). La misma retirada precoz del ácido acetilsalicílico, con anticoagulante y clopidogrel hasta 6 meses si el riesgo isquémico no es alto y hasta 12 si lo es, y después el anticoagulante solo (guía de SCC, clase I, nivel de evidencia A). El ácido acetilsalicílico puede mantenerse hasta un mes si el riesgo isquémico es alto o si las características anatómicas o del procedimiento superan al riesgo hemorrágico (clase IIa, nivel de evidencia B).
  • El anticoagulante. Un ACOD mejor que un AVK (clase I, nivel de evidencia A en las dos guías). Si preocupa más la hemorragia que la trombosis del stent o el ictus, rivaroxabán 15 mg una vez al día en lugar de 20 mg, o dabigatrán 110 mg dos veces al día en lugar de 150 mg (clase IIa, nivel de evidencia B).
  • La protección gástrica. Un inhibidor de la bomba de protones mientras dure el tratamiento combinado en los pacientes con riesgo aumentado de hemorragia digestiva (guía de SCC, clase I, nivel de evidencia A).

Sobre qué inhibidor del P2Y12 usar, el dato más reciente es el del estudio EPIDAURUS [6], publicado en agosto de 2026. En 602 pacientes con FA y SCA tratados con ICP, sustituir el clopidogrel por ticagrelor o prasugrel durante el primer mes de terapia doble con un ACOD elevó la hemorragia BARC 3 o mayor a las seis semanas del 1,4% al 4,8% (HR 3,54; IC 95% 1,15–10,85), sin diferencias significativas en los eventos isquémicos (5,4% con los inhibidores potentes frente a 6,5% con clopidogrel; HR 0,85; IC 95% 0,44–1,66). El estudio se detuvo antes de completar los 1.474 pacientes previstos. La guía ESC 2024 de SCC ya desaconsejaba ticagrelor y prasugrel dentro de la triple terapia (clase III, nivel de evidencia C).

La diapositiva reúne el tratamiento antitrombótico por fases que recomiendan las dos guías ESC 2024.

Tratamiento antitrombótico por fases tras la intervención coronaria percutánea en pacientes con fibrilación auricular, según las guías ESC 2024 de fibrilación auricular y de síndromes coronarios crónicos. Tras un síndrome coronario agudo, triple terapia durante una semana como máximo, hasta un mes si el riesgo isquémico es alto; después, anticoagulante con clopidogrel hasta 12 meses, con clase I y nivel de evidencia A; y a continuación, anticoagulante solo de por vida. Tras una intervención en el síndrome coronario crónico, triple terapia durante una semana como máximo, hasta un mes si el riesgo isquémico es alto; después, anticoagulante con clopidogrel hasta 6 meses, o 12 si el riesgo isquémico es alto; y a continuación, anticoagulante solo de por vida

Estudio OPTIMA-AF: un mes de terapia doble

El estudio OPTIMA-AF [7], publicado en Lancet en agosto de 2026, probó a acortar aún más la combinación. Es un ensayo aleatorizado y abierto, con adjudicación enmascarada de los eventos, hecho en 75 hospitales de Japón con 1.088 pacientes con FA y una ICP guiada por imagen intravascular con implante de stent de everolimus, el 94% por síndrome coronario crónico; el infarto con o sin elevación del ST era criterio de exclusión. El ácido acetilsalicílico se retiraba justo después de la ICP, aunque el médico podía mantenerlo hasta un mes, y los pacientes recibían un ACOD con clopidogrel o con prasugrel a la dosis japonesa de 3,75 mg durante un mes o durante doce y después el ACOD solo. La mediana de edad era de 76 años y el 21% eran mujeres.

A los 12 meses, la muerte por cualquier causa o los eventos tromboembólicos (infarto, trombosis definitiva del stent, ictus o embolia sistémica) afectaron al 5,4% con un mes de terapia doble y al 4,3% con doce (diferencia de 1,1 puntos; IC 95% −1,5 a 3,6; HR 1,25; IC 95% 0,73–2,17), dentro del margen de no inferioridad de 5 puntos. La hemorragia mayor o clínicamente relevante no mayor bajó del 8,8% al 4,5% (HR 0,50; IC 95% 0,30–0,81), sobre todo a expensas de la clínicamente relevante no mayor (1,3% frente a 4,9%); la hemorragia mayor fue parecida en los dos grupos (3,4% frente a 4,3%; HR 0,77; IC 95% 0,42–1,43).

Los autores piden prudencia con la eficacia. El grupo de doce meses tuvo un 4,3% de eventos, la mitad de lo previsto, y con un margen fijo de 5 puntos el límite superior del intervalo, 3,6 puntos, no descarta una pérdida de eficacia clínicamente relevante. La mortalidad total fue numéricamente mayor con un mes (4,1% frente a 2,8%; HR 1,46; IC 95% 0,76–2,81), sobre todo por muertes no cardiovasculares, y hubo 7 trombosis del stent frente a 2 con la definición del Academic Research Consortium, 5 de ellas posibles y una definitiva en cada grupo. El estudio no tenía potencia para esos desenlaces. Los autores señalan además que la ICP guiada por imagen casi universal, habitual en Japón y poco frecuente en muchos otros países, la población probablemente de Asia oriental y el predominio del SCC limitan la extrapolación a otros pacientes, en particular a los que tienen un SCA.

Más allá del primer año: el anticoagulante solo

Tres estudios abiertos hechos en Asia oriental compararon el anticoagulante solo con el anticoagulante más un antiagregante en la enfermedad coronaria estable. Los tres encontraron menos hemorragias con el anticoagulante solo, sin más eventos isquémicos:

  • El estudio AFIRE [8] incluyó a 2.215 pacientes japoneses con FA y una ICP o una cirugía coronaria de más de un año, o con enfermedad coronaria sin revascularizar, y usó rivaroxabán a la dosis japonesa (10 o 15 mg según la función renal). Se detuvo antes de tiempo por la mayor mortalidad con la combinación. El rivaroxabán solo fue no inferior en el desenlace compuesto de ictus, embolia sistémica, infarto, angina inestable con revascularización o muerte (4,14% frente a 5,75% por paciente y año; HR 0,72; IC 95% 0,55–0,95) y redujo la hemorragia mayor (1,62% frente a 2,76% por paciente y año; HR 0,59; IC 95% 0,39–0,89). La muerte por cualquier causa también fue menor (1,85% frente a 3,37% por paciente y año; HR 0,55; IC 95% 0,38–0,81), un resultado que los autores consideran difícil de explicar por el efecto de los antitrombóticos y que puede deberse al azar.
  • El estudio EPIC-CAD [9] aleatorizó a 1.040 pacientes coreanos a edoxabán solo o con un antiagregante (ácido acetilsalicílico en el 61,8% y clopidogrel en el 37,8%). A los 12 meses, el desenlace clínico neto (muerte, infarto, ictus, embolia sistémica, revascularización urgente o hemorragia mayor o clínicamente relevante no mayor) fue del 6,8% frente al 16,2% (HR 0,44; IC 95% 0,30–0,65), con eventos isquémicos mayores parecidos (1,6% frente a 1,8%) y hemorragia mayor o clínicamente relevante no mayor del 4,7% frente al 14,2% (HR 0,34; IC 95% 0,22–0,53).
  • El estudio ADAPT AF-DES [10] incluyó a 960 pacientes coreanos con un stent farmacoactivo implantado al menos un año antes (mediana de 32,8 meses) y comparó apixabán o rivaroxabán solos con el mismo anticoagulante más clopidogrel, con rivaroxabán a 15 mg en la combinación. El desenlace clínico neto fue del 9,6% frente al 17,2% (diferencia de −7,6 puntos; HR 0,54; IC 95% 0,37–0,77), con hemorragia mayor o clínicamente relevante no mayor del 5,2% frente al 13,2% y un compuesto isquémico de muerte cardiovascular, infarto, trombosis del stent, ictus o embolia sistémica del 3,3% frente al 4,0% (HR 0,84; IC 95% 0,43–1,63). En el grupo de combinación, el 29,0% recibía una dosis de ACOD inapropiadamente baja, frente al 11,3% con el ACOD solo.

La guía ESC 2024 de FA desaconseja mantener un antiagregante más allá de los 12 meses en los pacientes estables con enfermedad coronaria o vascular crónica que reciben anticoagulación oral (clase III, nivel de evidencia B). La guía de SCC recomienda el AVK o, preferiblemente, el ACOD solo de por vida en el SCC con indicación de anticoagulación (clase I, nivel de evidencia B).

Estudio AQUATIC: ácido acetilsalicílico añadido al anticoagulante

Sus autores plantearon el estudio AQUATIC [11] porque los estudios previos eran abiertos, se habían hecho en Japón o en Corea del Sur e incluían pacientes de menor riesgo. Es un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, hecho en 51 centros de Francia. Entraron pacientes con SCC, un stent implantado hacía más de seis meses, alto riesgo aterotrombótico (ICP durante un SCA, o en otro contexto con diabetes, enfermedad de tres vasos, aclaramiento de creatinina inferior a 50 ml/min, trombosis del stent previa, enfermedad arterial periférica o ICP compleja) y anticoagulación oral por cualquier motivo. Todos siguieron con su anticoagulante y se les asignó ácido acetilsalicílico 100 mg al día o placebo.

Se incluyeron 872 de los 2.000 pacientes previstos: el comité de seguridad paró el reclutamiento en abril de 2024 por un exceso de muertes en el grupo del ácido acetilsalicílico. La edad media era de 71,7 años, el 85,3% eran varones, el 72,1% había tenido un infarto, el 89,0% tenía FA y el 89,7% tomaba un ACOD. Tras una mediana de seguimiento de 2,2 años, con ácido acetilsalicílico frente a placebo:

  • El desenlace principal (muerte cardiovascular, infarto, ictus, embolia sistémica, revascularización coronaria o isquemia aguda de una extremidad) afectó al 16,9% frente al 12,1% (HR 1,53; IC 95% 1,07–2,18).
  • La muerte por cualquier causa, al 13,4% frente al 8,4% (HR 1,72; IC 95% 1,14–2,58).
  • La hemorragia mayor, al 10,2% frente al 3,4% (HR 3,35; IC 95% 1,87–6,00).
  • Los eventos aterotrombóticos, al 10,6% frente al 9,1% (HR 1,27; IC 95% 0,83–1,95), con una trombosis del stent en cada grupo.

La muerte cardiovascular fue del 7,6% frente al 4,3%, pero ese desenlace quedó fuera del contraste formal: en el orden jerárquico preespecificado, el compuesto de muerte cardiovascular, infarto o ictus (10,6% frente a 7,7%; HR 1,45; IC 95% 0,93–2,26) no alcanzó la significación y los desenlaces siguientes no se contrastaron. Los autores recuerdan que la incidencia de muerte cardiovascular, infarto, ictus o embolia sistémica fue del 11%, entre siete y ocho veces la de los estudios previos, y que aun así el ácido acetilsalicílico no redujo los eventos aterotrombóticos. Como limitaciones señalan la terminación anticipada, un solo país y la escasa proporción de mujeres (14,7%).

EstudioPacientesComparaciónResultado principal
AFIRE (Japón, abierto)2.215 con FA y enfermedad coronaria estableRivaroxabán solo frente a rivaroxabán con un antiagreganteEficacia no inferior; hemorragia mayor del 1,62% frente al 2,76% por año
EPIC-CAD (Corea del Sur, abierto)1.040 con FA y enfermedad coronaria estableEdoxabán solo frente a edoxabán con un antiagreganteDesenlace neto a 12 meses del 6,8% frente al 16,2%
ADAPT AF-DES (Corea del Sur, abierto)960 con stent farmacoactivo de más de un añoApixabán o rivaroxabán solos frente a su combinación con clopidogrelDesenlace neto a 12 meses del 9,6% frente al 17,2%
AQUATIC (Francia, doble ciego)872 con SCC, stent de más de seis meses y alto riesgo aterotrombóticoAnticoagulante con ácido acetilsalicílico frente a anticoagulante con placeboDesenlace principal del 16,9% frente al 12,1%; muerte del 13,4% frente al 8,4%

Control de frecuencia y de ritmo en el paciente coronario

Para el control de la frecuencia, la guía ESC 2024 de FA sitúa como primera elección los betabloqueantes, el diltiazem, el verapamilo o la digoxina cuando la FEVI es mayor del 40%; cuando es del 40% o menos, los betabloqueantes o la digoxina (clase I, nivel de evidencia B en los dos casos). El objetivo inicial es una frecuencia en reposo por debajo de 110 latidos por minuto, más estricto si persisten los síntomas (clase IIa, nivel de evidencia B). La revisión da preferencia al betabloqueante en el paciente coronario, porque controla la frecuencia y reduce a la vez la demanda de oxígeno, y deja el diltiazem y el verapamilo para la FEVI conservada. Cuando el betabloqueante se da por angina, la guía ESC 2024 de SCC sitúa el objetivo en 55 a 60 latidos por minuto en reposo.

Para el control del ritmo, la guía de FA recomienda la flecainida y la propafenona excluyendo expresamente a los pacientes con enfermedad coronaria (clase I, nivel de evidencia A) e incluye a los pacientes con cardiopatía isquémica en la recomendación de la dronedarona (clase I, nivel de evidencia A). La amiodarona se recomienda en la insuficiencia cardiaca con FEVI reducida (clase I, nivel de evidencia A) y el sotalol puede considerarse con enfermedad coronaria bajo vigilancia estrecha del QT, del potasio y de la función renal (clase IIb, nivel de evidencia A). La revisión añade que la dronedarona está contraindicada en la FA permanente y en la insuficiencia cardiaca descompensada reciente, y que el vernakalant no se usa en los 30 días posteriores a un infarto.

La revisión recoge además el papel del control precoz del ritmo desde el estudio EAST-AFNET 4 y el de la ablación con catéter. La enfermedad coronaria obstructiva se ha asociado a más recurrencias tras la ablación, aunque los grandes registros no la han confirmado de forma constante como predictor independiente; los autores proponen buscarla antes del procedimiento en los pacientes con factores de riesgo o síntomas sugestivos de isquemia. Con la ablación de campo pulsado se han descrito espasmos coronarios, que son infrecuentes. En la cirugía de revascularización, según la revisión, la ablación quirúrgica concomitante de la FA mejora el control del ritmo sin aumentar el riesgo perioperatorio.

Antes y después: cómo reencuadrar el algoritmo

  • La triple terapia dura días. La pauta por defecto de las dos guías ESC 2024 es retirar el ácido acetilsalicílico en la primera semana. Alargarla hasta un mes exige un riesgo isquémico superior al hemorrágico y, según la guía de FA, dejar documentado el plan en el informe de alta.
  • El inhibidor del P2Y12 que acompaña al anticoagulante es el clopidogrel. En el estudio EPIDAURUS, cambiarlo por ticagrelor o prasugrel no redujo los eventos isquémicos y aumentó la hemorragia grave.
  • La duración de la terapia doble depende del escenario. Hasta 12 meses tras un SCA y hasta 6 tras una ICP en el SCC, salvo alto riesgo isquémico. El estudio OPTIMA-AF aporta datos sobre un mes en el SCC con ICP guiada por imagen intravascular, con los límites de potencia que reconocen sus autores; las guías ESC 2024 no lo recogen porque son anteriores.
  • Después, anticoagulante solo, también en el paciente de alto riesgo aterotrombótico. El estudio AQUATIC añade a los tres estudios asiáticos un ensayo aleatorizado europeo, doble ciego y con pacientes de alto riesgo, en el que el ácido acetilsalicílico aumentó la muerte y la hemorragia mayor sin reducir los eventos aterotrombóticos. En la consulta, eso se traduce en revisar a los pacientes estables que siguen con un antiagregante junto al anticoagulante.
  • La dosis del anticoagulante también se revisa. En el estudio ADAPT AF-DES, el 29,0% de los pacientes que seguían con clopidogrel recibía una dosis de ACOD inapropiadamente baja.

Quedan pacientes poco representados. Las mujeres fueron entre el 15% y el 23% de los participantes de los estudios de la fase crónica y del estudio OPTIMA-AF, que además excluyó el infarto con o sin elevación del ST. Los tres primeros estudios de la fase crónica se hicieron en Japón o en Corea del Sur, con el AFIRE a la dosis japonesa de rivaroxabán; para la población europea, el dato procede sobre todo del estudio AQUATIC.

Mensajes clave

  • En la fibrilación auricular con enfermedad coronaria, las guías ESC 2024 limitan la triple terapia tras la angioplastia a la primera semana (un mes como máximo si el riesgo isquémico lo justifica).
  • Después, anticoagulante, preferiblemente un ACOD, con clopidogrel hasta 12 meses tras un SCA y hasta 6 tras una ICP en el SCC; en el estudio EPIDAURUS, ticagrelor o prasugrel aumentaron la hemorragia grave sin reducir los eventos isquémicos.
  • En el estudio OPTIMA-AF, un mes de terapia doble redujo la hemorragia mayor o clínicamente relevante no mayor (4,5% frente a 8,8%) sin superar el margen de no inferioridad en eficacia, en pacientes japoneses con SCC e ICP guiada por imagen.
  • Pasada esa fase, anticoagulante solo: en el estudio AQUATIC, el ácido acetilsalicílico añadido aumentó la muerte por cualquier causa (13,4% frente a 8,4%) y la hemorragia mayor (10,2% frente a 3,4%).
  • En el control del ritmo, la guía ESC 2024 de FA excluye la flecainida y la propafenona en la enfermedad coronaria e incluye la dronedarona; la amiodarona tiene recomendación de clase I en la FEVI reducida y el sotalol exige vigilancia estrecha.

Importancia y aplicación clínica

La revisión de Heart reúne en un solo esquema decisiones que en la consulta suelen tomarse por separado: cuánto tratamiento antitrombótico, qué antiarrítmico y qué prueba pedir para buscar isquemia. En la parte antitrombótica, los estudios publicados entre agosto de 2025 y agosto de 2026 van en la dirección de las guías ESC 2024: acortar la combinación tras la angioplastia y dejar el anticoagulante solo en la fase estable.

El estudio AQUATIC da a la recomendación de no mantener el antiagregante más allá del año un ensayo aleatorizado europeo, doble ciego y con pacientes de alto riesgo, que se suma a los estudios abiertos de Asia oriental. El estudio OPTIMA-AF deja pendiente la duración mínima de la terapia doble: sus datos proceden de una práctica, la ICP guiada casi siempre por imagen intravascular, que según sus autores es habitual en Japón y poco frecuente en muchos otros países.

En la fibrilación auricular y enfermedad coronaria, el esquema resultante tiene tres fases: triple terapia de días; terapia doble con un ACOD y clopidogrel durante 6 o 12 meses, según el escenario; y anticoagulante solo a partir de entonces, sin ácido acetilsalicílico en el tratamiento crónico.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura la triple terapia tras un stent en un paciente con fibrilación auricular?

Por defecto, una semana como máximo: las guías ESC 2024 recomiendan retirar el ácido acetilsalicílico en ese plazo y seguir con el anticoagulante y el clopidogrel. Solo cuando el riesgo isquémico supera al hemorrágico puede alargarse hasta un mes.

¿Hay que mantener el ácido acetilsalicílico (aspirina) en un paciente anticoagulado con enfermedad coronaria estable?

No. La guía ESC 2024 de FA desaconseja el antiagregante más allá de los 12 meses en el paciente estable anticoagulado (clase III, nivel de evidencia B). En el estudio AQUATIC, añadirlo al anticoagulante aumentó la mortalidad y la hemorragia mayor sin reducir los eventos aterotrombóticos, también en pacientes con stent y alto riesgo.

¿Qué antiagregante se combina con el anticoagulante después de la angioplastia?

El clopidogrel. Ticagrelor y prasugrel no se recomiendan dentro de la triple terapia, y en el estudio EPIDAURUS su uso con un ACOD durante el primer mes tras un SCA aumentó la hemorragia grave sin reducir los eventos isquémicos.

¿Se puede usar flecainida en un paciente con fibrilación auricular y enfermedad coronaria?

No. La guía ESC 2024 de FA excluye a los pacientes con enfermedad coronaria de la recomendación de flecainida y propafenona para el control del ritmo a largo plazo. Las opciones farmacológicas son la dronedarona, la amiodarona, recomendada sobre todo con FEVI reducida, y el sotalol con vigilancia estrecha.

Bibliografía recomendada

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