Autoría científica: quién firma, en qué orden y por qué la mitad de los artículos incumple los criterios ICMJE

Autoría científica

La conversación nunca ocurre al principio. Ocurre cuando el manuscrito ya está escrito, alguien pregunta en un pasillo «¿y al final quién firma?», y de pronto dos años de trabajo dependen de una negociación para la que nadie te preparó. La autoría de un artículo científico parece un asunto administrativo y no lo es: es la moneda con la que se paga una carrera investigadora y el único punto del proceso editorial donde el error no se arregla con una errata. Existe una norma internacional que decide quién tiene derecho a firmar. Es más restrictiva de lo que casi nadie aplica y cabe en cuatro condiciones.

1 Los cuatro criterios ICMJE que deciden la autoría de un artículo científico

El Comité Internacional de Directores de Revistas Médicas (ICMJE, por sus siglas en inglés) publica unas recomendaciones que miles de revistas biomédicas han adoptado como norma propia, incluidas prácticamente todas en las que te vas a plantear publicar. Su apartado sobre autoría establece cuatro condiciones [1].

CriterioQué exigeCómo se traduce en la prácticaEl fallo típico
1 Contribución sustancial a la concepción o el diseño del trabajo, o bien a la obtención, el análisis o la interpretación de los datos Es el único criterio con una alternativa interna: valen tanto la idea y el diseño como el trabajo con los datos Confundir «aportar pacientes» con «obtener datos». Reclutar sin participar en el diseño ni en la interpretación no basta por sí solo
2 Redactar el manuscrito o revisarlo críticamente aportando contenido intelectual relevante Leer y decir «me parece bien» no es revisar críticamente. Tiene que haber marcas, objeciones o cambios de fondo Enviar el borrador a un coautor sin plazo ni petición explícita, y darlo por revisado con su silencio
3 Aprobación de la versión final que se va a publicar Aprobación expresa de la versión concreta que se envía, no de un borrador de hace tres meses Cambiar el análisis o las conclusiones tras la ronda de revisores sin volver a pedir aprobación
4 Aceptar ser responsable de todos los aspectos del trabajo y de que cualquier duda sobre su exactitud o integridad se investigue y se resuelva Firmar significa responder también de lo que hicieron los demás, y saber quién hizo qué Firmar sin haber visto nunca la base de datos ni saber quién la construyó
💡 La conjunción es lo que cambia todo

Los cuatro criterios van unidos por «y», no por «o». Todos los designados como autores deben cumplir los cuatro, y todos los que cumplen los cuatro deben figurar como autores. Quien cumple tres va a los agradecimientos, por muy incómodo que resulte decírselo.

El cuarto criterio es el que casi nadie lee con atención y el que convierte la firma en algo distinto de un mérito: además de responder de tu parte, un autor debe poder identificar qué coautor es responsable de cada una de las otras partes y tener confianza en la integridad de sus contribuciones. Si no sabes quién construyó la base de datos, no estás en condiciones de firmar.

Hay una salvedad importante que se cita poco y que evita usar la norma como arma. Los criterios no están pensados para descalificar a colegas que sí los cumplirían, negándoles la oportunidad de satisfacer el segundo o el tercero. Si alguien ha hecho una contribución sustancial al primer criterio, tienes la obligación de darle acceso real al borrador y de pedirle su aprobación, no de excluirlo alegando que no revisó un texto que nunca le enseñaste. Es un matiz que ordena muchas discusiones de laboratorio: la pregunta correcta no es «¿revisó el manuscrito?», sino «¿tuvo ocasión de revisarlo?».

Conviene además situar la autoría en el momento correcto del proceso. No es el último trámite antes de enviar, sino una decisión que forma parte del diseño del estudio, igual que el cálculo del tamaño muestral o el plan de análisis. Si estás empezando y todavía te falta el mapa completo del recorrido, la guía sobre cómo escribir y publicar un artículo científico biomédico desde cero sitúa este paso dentro del circuito editorial entero.

🚫 Lo que por sí solo nunca da derecho a firmar

El ICMJE enumera de forma expresa actividades que, aisladas, no justifican la autoría [1]:

  • Conseguir la financiación del proyecto.
  • La supervisión general de un grupo de investigación o el apoyo administrativo general.
  • La asistencia en la redacción, la edición técnica, la corrección del inglés y la revisión de pruebas.

Ninguna de las tres desaparece del artículo: todas van a los agradecimientos, con nombre y con la tarea concreta. Reconocer no es lo mismo que firmar, y confundirlo es el origen de la mitad de los conflictos.

2 Cuánta autoría indebida hay de verdad

Dos figuras opuestas rompen la lista de autores. La autoría regalada, también llamada honoraria o de cortesía, incluye a quien no cumple los criterios: el jefe de servicio por serlo, quien consiguió el dinero, quien cedió pacientes, el colega al que se debe un favor. La autoría fantasma es la contraria: alguien que sí los cumple y no aparece, típicamente un redactor profesional o el estadístico que diseñó y ejecutó el análisis.

La encuesta de referencia sobre este asunto interrogó a los autores de correspondencia de 896 artículos publicados en seis revistas de alto impacto, con 630 respuestas (tasa del 70,3%). En 2008, el 21,0% de los artículos tenía autoría honoraria, autoría fantasma o ambas, frente al 29,2% de 1996. Desglosado: la autoría honoraria pasó del 19,3% al 17,6%, un cambio sin significación estadística, mientras que la fantasma cayó del 11,5% al 7,9%, esta sí de forma significativa [2].

La lectura de esa doble cifra es incómoda. Las políticas editoriales de los últimos treinta años han funcionado bastante bien contra la autoría fantasma, que es la que dependía de la industria y de las agencias de redacción, y apenas han movido la autoría regalada, que depende de las jerarquías internas de cada servicio y de cada grupo.

📊 La diferencia entre lo que declaramos y lo que hacemos

La revisión sistemática con metaanálisis más reciente sobre autoría honoraria en ciencias de la salud agrupó decenas de encuestas y encontró prevalencias muy distintas según cómo se formulara la pregunta [3]:

  • 26% (IC 95%: 21-31) cuando se preguntaba sin mencionar ningún criterio de autoría.
  • 18% (IC 95%: 15-21) cuando se mostraban antes los criterios ICMJE.
  • 51% (IC 95%: 47-56) cuando, en lugar de preguntar, se comparaban las contribuciones que los propios autores declaraban con lo que exigen los criterios.
  • 10% (IC 95%: 9-12) había recibido presiones para incluir autores honorarios y 16% (IC 95%: 13-18) admitía haberlos añadido.

El salto del 18% al 51% es el hallazgo relevante: cuando se juzga por las tareas realmente declaradas, la mitad de los trabajos lleva al menos una firma que no cumple los criterios, pero solo una quinta parte de los investigadores lo identifica como tal. No es principalmente un problema de mala fe, sino de que la norma no se conoce ni se aplica. Los autores de la revisión califican la certeza de todas estas estimaciones como muy baja según el sistema GRADE, por la heterogeneidad de las encuestas incluidas, así que las cifras marcan un orden de magnitud, no una medida exacta.

La revisión sistemática que analizó 123 artículos procedentes de 118 estudios sobre autoría en todas las disciplinas aporta el otro lado del fenómeno. En un metaanálisis de 14 encuestas, alrededor del 29% de los investigadores declaraba haber sufrido un uso indebido de la autoría, con una diferencia geográfica llamativa: el 55% en países como Francia, Sudáfrica, India y Bangladés frente al 23% en Estados Unidos y el Reino Unido [4]. La misma revisión identifica la relación entre estudiante y supervisor como uno de los cuatro escenarios donde el problema se concentra de forma sistemática.

Para dimensionarlo dentro del conjunto de las malas prácticas, el metaanálisis de referencia sobre conducta científica encontró que el 2,9% (IC 95%: 2,1-3,8) de los investigadores admitía haber falsificado, fabricado o plagiado, y el 12,5% (IC 95%: 10,5-14,7) haber incurrido en alguna práctica de investigación cuestionable, categoría que incluye la autoría indebida. Cuando se preguntaba por lo que habían visto hacer a otros, la cifra subía al 39,7% (IC 95%: 35,6-44,0) [5]. La autoría inflada no está en la misma liga que fabricar datos, pero es mucho más frecuente y mucho más tolerada.

3 El orden de las firmas: lo que significa cada posición y lo que no regula nadie

Aquí llega la sorpresa que descoloca a casi todo el mundo: el ICMJE no establece ningún criterio sobre el orden de los autores. Dice que la decisión corresponde de forma conjunta a los coautores y que conviene tomarla antes de empezar. Todo lo que crees saber sobre el valor de cada puesto es convención, no norma.

Eso no significa que dé igual. La convención biomédica está tan asentada que funciona como si fuera norma, y de ella dependen las acreditaciones, los baremos y las oportunidades de quien empieza.

PosiciónQué se le atribuye por convenciónQué dice realmente el ICMJEError frecuente
Primer autor Ha hecho la mayor parte del trabajo y normalmente ha redactado el manuscrito Nada: no regula el orden Asignarlo por antigüedad en el servicio en lugar de por trabajo realizado
Autores intermedios Contribución decreciente conforme se avanza en la lista Nada Meter nombres «porque cabían», sin tarea identificable
Último autor (sénior) Ha dirigido el proyecto y responde de él ante la comunidad Nada: la figura del sénior no existe en las recomendaciones Ocuparlo por jerarquía asistencial sin haber dirigido nada
Autor de correspondencia A menudo se interpreta como el investigador principal Sí lo define, y como una función administrativa: es el responsable de la comunicación con la revista durante el envío y la revisión, de que se cumplan los requisitos formales y de seguir disponible tras la publicación para responder a las críticas Dárselo al residente para que gestione el papeleo y desaparecer cuando llegan las preguntas

La presión sobre el primer puesto ha generado además una figura intermedia que hoy es masiva: los coprimeros autores. Un análisis de la evolución de esta práctica documentó el salto desde la ausencia total de primeras autorías compartidas en 1990 hasta más del 30% de los artículos originales en algunas revistas en 2012 [6]. Es una solución razonable cuando dos personas han hecho de verdad un trabajo equivalente, y una forma elegante de aplazar el conflicto cuando no es así. Antes de recurrir a ella conviene comprobar cómo la indexa la revista y cómo la valoran los baremos que te afectan, porque muchas bases de datos siguen mostrando un único primer autor.

El escenario más delicado es el de doctorando y director, que es también donde la revisión sistemática de autoría localiza uno de los focos estables del problema [4]. La regla práctica es sencilla y se sostiene bien: el trabajo de tesis lo firma en primer lugar quien lo ha hecho, y el director va al último puesto. Si estás construyendo tu tesis con artículos, el CardioTip sobre cómo llevar una idea clínica hasta la tesis doctoral siendo médico en activo explica por qué esa conversación conviene tenerla el primer día y no cuando ya hay resultados.

⚠️ Alcance geográfico de este contenido

Los criterios ICMJE, la taxonomía CRediT y las normas sobre conflictos de intereses son internacionales y se aplican igual en cualquier país. Lo que cambia según dónde ejerzas son las consecuencias de carrera de ocupar una posición u otra en la firma.

En España, la posición y el tipo de contribución pesan en las acreditaciones de profesorado y en los sexenios de investigación, además de en los baremos de oposiciones y bolsas del Sistema Nacional de Salud. Esos criterios se publican por convocatoria y cambian, así que consulta siempre el texto vigente antes de decidir un orden de firmas pensando en ellos. Si ejerces en Latinoamérica, los sistemas de evaluación de tu país tendrán otras reglas y conviene comprobarlas: la norma editorial es la misma, el incentivo no.

4 CRediT: cambiar la discusión de posiciones por una tabla de tareas

Que el orden de firmas no diga qué hizo cada uno es un problema viejo. Ya en 1997 se propuso sustituir la figura del autor por la del contribuyente, obligando a declarar ante el lector qué había aportado cada persona a la investigación y al manuscrito, y designar entre ellos a los garantes del trabajo [7]. Aquella propuesta tardó veinticinco años en convertirse en norma técnica.

Hoy existe CRediT, una taxonomía de catorce roles de contribución formalizada como norma ANSI/NISO Z39.104-2022 y adoptada por buena parte de las editoriales científicas [8]. Cada autor declara qué función desempeñó, y esa tabla se publica junto al artículo en formato legible por máquina.

ÁmbitoRoles CRediT
Idea y análisis Conceptualización · Metodología · Análisis formal · Validación · Visualización
Ejecución y datos Investigación · Curación de datos · Software · Recursos
Gestión Supervisión · Administración del proyecto · Obtención de financiación
Escritura Redacción del borrador original · Redacción, revisión y edición

Su utilidad práctica es que traslada la conversación de un terreno emocional a otro operativo. Discutir si alguien merece el tercer puesto es una discusión sobre estatus y no tiene solución; preguntarle qué casilla de la tabla quiere que se marque con su nombre es una pregunta de hecho, y muchas peticiones incómodas se retiran solas en ese momento. La tabla, además, queda publicada, lo cual introduce un coste reputacional que la posición en la firma no tiene.

Ahora bien, conviene no confundir las dos cosas. CRediT documenta contribuciones; los criterios ICMJE deciden quién es autor. Que alguien tenga marcada la casilla de «obtención de financiación» no lo convierte en autor, porque esa actividad por sí sola no cumple los cuatro criterios. Lo correcto es usar CRediT para describir y el ICMJE para decidir, en ese orden.

5 Conflictos de intereses: qué se declara, quién y desde cuándo

La segunda mitad de la responsabilidad que asume quien firma es la transparencia sobre lo que podría estar condicionando su juicio. El ICMJE define el conflicto potencial como la situación en la que el juicio profesional sobre un interés primario, el bienestar del paciente o la validez de la investigación, puede verse influido por un interés secundario, típicamente económico [9].

Cuatro puntos concentran casi todos los errores:

  • Declaran todos los autores, no solo el primero ni el de correspondencia. Cada firmante rellena su propio formulario.
  • El plazo es amplio. El formulario del ICMJE pregunta por las relaciones y actividades de los 36 meses previos, y por la financiación del trabajo que se presenta sin límite temporal.
  • No todo es dinero. Además de empleo, consultorías, acciones, honorarios, patentes y testimonio pericial retribuido, hay que declarar relaciones personales, rivalidades, competencia académica y convicciones intelectuales que puedan sesgar el trabajo o parecerlo.
  • Omitir a propósito es mala conducta. El ICMJE lo dice con esas palabras: no informar deliberadamente de lo que el formulario de la revista pide constituye una forma de mala conducta científica [9].

El error de fondo es leer la declaración como una acusación. Declarar una relación con la industria no invalida un trabajo ni sugiere que se haya hecho mal: lo que hace es trasladar al lector la información necesaria para que juzgue por sí mismo. Quien no declara nada porque «no hay nada que ocultar» está tomando por el lector una decisión que no le corresponde.

6 Autoría e inteligencia artificial: quién responde de lo que escribió el modelo

La pregunta llegó de golpe en 2023 y la respuesta del ICMJE fue inmediata y tajante: los modelos conversacionales no pueden figurar como autores, porque no pueden hacerse responsables de la exactitud, la integridad y la originalidad del trabajo [1]. No es una objeción filosófica ni una resistencia al cambio: es la aplicación directa del cuarto criterio. La responsabilidad es exactamente aquello que un modelo no puede asumir, y por eso queda fuera por definición y no por prudencia.

La consecuencia práctica es que los humanos responden de todo el material que envían, incluido lo que haya generado una herramienta. Si el modelo introdujo una referencia inexistente, el problema es del autor que firmó, no de la herramienta.

⚕️ Dónde va la declaración de uso de inteligencia artificial

El uso debe declararse, y el sitio depende de para qué se haya usado:

  • Apoyo a la redacción o al estilo: se indica en los agradecimientos, con la herramienta y la versión.
  • Obtención de datos, análisis o generación de figuras: se describe en el apartado de métodos, con detalle suficiente para que otro pueda valorarlo.
  • En ambos casos: se menciona también en la carta de presentación al editor.

Y hay una comprobación previa que ninguna política menciona porque se da por supuesta: verificar una a una las referencias que haya propuesto el modelo antes de enviarlas.

7 El acuerdo de autoría: la única profilaxis que funciona

Todo lo anterior se puede resumir en una conclusión operativa: los conflictos sobre la autoría de un artículo científico no se resuelven, se previenen. Cuando estallan, el trabajo ya está hecho, cada parte tiene una versión distinta de lo que se pactó, y no existe registro.

Los comités editoriales lo saben y por eso se apartan. La guía de COPE es explícita en dos puntos: cualquier cambio en la lista de autores tras el envío exige un motivo claro y documentado y el consentimiento de todos los coautores, incluidos el que entra y el que sale; y las revistas deben evitar arbitrar las disputas de autoría y remitirlas a las instituciones de los autores, porque un editor no está en condiciones de dirimir con justicia quién hizo qué [10]. Si el cambio se plantea cuando el manuscrito ya ha vuelto de los revisores, el momento es aún peor: la energía debería estar puesta en responder a los revisores sin hundir el artículo en el intento, no en renegociar la portada.

El problema es que ese reenvío a la institución funciona peor de lo que parece. Una encuesta transversal a 197 investigadores sobre disputas de autoría y confianza institucional encontró que solo el 17,8% consideraba a la administración de su institución la mejor instancia para resolverlas, que alrededor del 54% desconfiaba de su institución en materia de integridad de la investigación, y que las instituciones con una política de autoría declarada obtenían puntuaciones de confianza significativamente mayores [11]. La conclusión aplicable es directa: si tu servicio o tu grupo no tiene una norma escrita sobre autoría, escribirla es probablemente la intervención con mejor relación entre esfuerzo y conflicto evitado que puedes emprender este año.

📋 Qué debe contener un acuerdo de autoría, y cuándo firmarlo

Media página, en el momento en que se decide hacer el estudio y antes de que exista un solo dato:

  • Quién entra y con qué tarea, expresada en roles CRediT, no en nombres de puestos.
  • El orden previsto, con la lista completa y no solo el primero y el último.
  • Quién será el autor de correspondencia y qué se espera de esa persona después de publicar.
  • Qué hace decaer una autoría: no entregar la parte comprometida, no responder a las peticiones de revisión en un plazo pactado, abandonar el proyecto.
  • Cómo se renegocia, porque los proyectos cambian: si entra una cohorte nueva, si alguien se marcha, si el análisis se rehace entero.
  • Quién arbitra dentro del grupo si no hay acuerdo, nombrado por adelantado.

Un correo electrónico con esos seis puntos, respondido por todos con un «conforme», es suficiente. No necesita formato legal: necesita fecha y destinatarios.

Queda una situación que ningún documento resuelve y conviene nombrar: la petición de firma que llega de alguien con poder sobre tu carrera. La tabla CRediT ayuda más que cualquier apelación a la norma, porque convierte una negociación de estatus en una pregunta concreta sobre qué casilla marcar. Y si la contribución es imposible de encajar, todavía queda la salida que el propio ICMJE señala: ofrecer la oportunidad real de cumplir los criterios segundo y tercero, es decir, pedirle una revisión crítica del borrador con plazo y con petición explícita de contenido intelectual. Quien de verdad quiere firmar, revisa. Quien solo quería el mérito, se retira.

Resumen: lo que te llevas

ConceptoQué recordar
Los cuatro criterios Contribución sustancial · redacción o revisión crítica · aprobación de la versión final · responsabilidad sobre todo el trabajo. Unidos por «y»: hay que cumplir los cuatro
Quién no firma Quien solo consiguió la financiación, quien solo supervisó de forma general y quien solo ayudó con la redacción o el inglés. Van a agradecimientos
Autoría regalada Firma quien no cumple los criterios. Es la que no ha mejorado: 17,6% en 2008 frente al 19,3% de 1996
Autoría fantasma No firma quien sí cumple. Es la que sí ha mejorado: del 11,5% al 7,9%
La cifra clave Juzgando por las contribuciones declaradas, el 51% de los trabajos lleva una firma que no cumple los criterios, pero solo el 18% de los investigadores lo reconoce como tal
El orden de firmas El ICMJE no lo regula. Primer autor, sénior final e intermedios son convención, y por eso hay que pactarlos por escrito
Autor de correspondencia Es una función de comunicación con la revista y de disponibilidad tras publicar, no un rango
CRediT Catorce roles, norma ANSI/NISO Z39.104-2022. Describe contribuciones; no decide autorías
Conflictos de intereses Declaran todos los autores, 36 meses de relaciones y financiación sin límite de tiempo. Omitir a propósito es mala conducta
Inteligencia artificial No puede ser autora porque no puede asumir responsabilidad. El uso se declara: agradecimientos si fue redacción, métodos si tocó los datos
Cambios tras el envío Motivo documentado y consentimiento de todos los coautores. Las revistas remiten las disputas a las instituciones
La medida preventiva Acuerdo de autoría por correo electrónico antes del primer dato: tareas, orden, correspondencia, causas de pérdida, renegociación y árbitro

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los cuatro criterios ICMJE para firmar un artículo científico?

Son cuatro y hay que cumplirlos todos: contribuir de forma sustancial a la concepción o al diseño del trabajo, o bien a la obtención, el análisis o la interpretación de los datos; redactar el manuscrito o revisarlo críticamente aportando contenido intelectual relevante; aprobar la versión final que se va a publicar; y aceptar ser responsable de todos los aspectos del trabajo, comprometiéndose a que cualquier duda sobre la exactitud o la integridad de cualquier parte se investigue y se resuelva. La palabra clave es «y»: quien cumple tres de los cuatro no es autor, va en los agradecimientos.

¿Quién debe ir en el primer puesto y quién en el último de la lista de autores?

El ICMJE no regula el orden: dice expresamente que es una decisión conjunta de los coautores y que conviene tomarla antes de empezar. Lo que existe es una convención biomédica ampliamente aceptada: el primer autor es quien ha hecho la mayor parte del trabajo y suele haber redactado el manuscrito, y el último es el autor sénior que ha dirigido el proyecto y responde de él. Los puestos intermedios se ordenan por contribución decreciente. Como no es una norma, el orden solo es defendible si se ha pactado por escrito antes de que existan resultados.

¿Qué es la autoría regalada y qué es la autoría fantasma?

La autoría regalada, también llamada honoraria o de cortesía, consiste en incluir en la lista de firmantes a alguien que no cumple los criterios: el jefe de servicio por serlo, quien consiguió la financiación, quien cedió pacientes o un colega al que se corresponde un favor. La autoría fantasma es el problema inverso: alguien que sí cumple los criterios y no aparece, normalmente un redactor profesional o un estadístico. Ambas falsean el registro de quién responde del trabajo, y la regalada es con diferencia la más frecuente en ciencias de la salud.

¿Puede ChatGPT o cualquier inteligencia artificial firmar como autor de un artículo?

No. El ICMJE lo prohíbe de forma explícita porque un modelo no puede hacerse responsable de la exactitud, la integridad y la originalidad del trabajo, que es justo lo que exige el cuarto criterio de autoría. Los humanos responden de todo el material que envían, incluido lo que haya producido una herramienta de inteligencia artificial. El uso sí debe declararse: si sirvió de apoyo a la redacción, se indica en los agradecimientos; si intervino en la obtención de datos, en el análisis o en la generación de figuras, se describe en el apartado de métodos.

¿Se puede añadir o quitar un autor después de enviar el manuscrito?

Se puede, pero no de forma discreta. Cualquier cambio en la lista de autores tras el envío exige un motivo claro y documentado y el consentimiento por escrito de todos los coautores, incluido el que entra y el que sale. El editor debe preguntar por qué esa persona no estaba al principio o por qué deja de estar ahora. Si el cambio se produce después de la publicación, el proceso es más gravoso y suele acabar en una nota de corrección pública, así que conviene resolver la lista antes de pulsar «enviar».

¿Qué hago si mi jefe exige firmar un trabajo en el que no ha participado?

Lo primero es reencuadrar la conversación en términos de tareas y no de jerarquía: enseña la tabla de contribuciones CRediT del manuscrito y pregunta qué papel quiere que se le asigne. Muchas peticiones se caen ahí, porque nadie quiere firmar una casilla vacía. Si insiste, recuerda que los criterios no sirven para excluir a quien podría cumplirlos, así que ofrécele la oportunidad real de revisar críticamente el borrador y aprobarlo. Y si aun así no hay contribución posible, el conflicto lo resuelve la institución, no la revista: los comités editoriales evitan expresamente arbitrar disputas de autoría.

Bibliografía

Decidir la autoría de un artículo científico no es un trámite de última hora: es una decisión de diseño que conviene tomar el mismo día en que se decide hacer el estudio. Los criterios ICMJE dicen quién tiene derecho a firmar, la taxonomía CRediT dice qué hizo cada uno, y la declaración de conflictos de intereses dice qué podría estar condicionando ese juicio. Lo que ninguna norma puede hacer por ti es tener la conversación a tiempo. La autoría regalada sigue igual de extendida que hace treinta años porque depende de jerarquías internas que ninguna revista puede vigilar, y la única herramienta que ha demostrado funcionar contra ella es un acuerdo escrito antes del primer dato, con las tareas repartidas y el orden de firmas pactado por todos.

 

Laura Calpe Berdiel

Laura Calpe Berdiel

Doctora en Bioquímica y docente universitaria especializada en redacción médica y científica. Coordinadora editorial y de proyectos en CardioTeca.com.

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