El déficit de hierro (DH) es una comorbilidad habitual en la insuficiencia cardíaca (IC), con una prevalencia cercana al 50% en pacientes crónicos. Su fisiopatología es multifactorial, involucrando una absorción intestinal reducida por edema de la vellosidad, pérdidas crónicas y un estado proinflamatorio que altera el metabolismo del hierro. Desde una perspectiva cardiológica, el DH es un predictor independiente de mortalidad cardiovascular y por todas las causas, asociándose además con niveles elevados de péptidos natriuréticos, peor clase funcional (NYHA) y una reducción significativa de la capacidad de ejercicio y la calidad de vida. Basándose en la evidencia de ensayos clínicos aleatorizados que demuestran que la reposición con hierro carboximaltosa o derisomaltosa intravenosa mejora la capacidad funcional y reduce las hospitalizaciones por IC, las guías de la ESC (Sociedad Europea de Cardiología) y NICE recomiendan el cribado sistemático de ferritina y saturación de transferrina (TSAT) en todos los pacientes con IC.
El objetivo principal de este estudio fue analizar la tasa de implementación de estas guías en el mundo real, específicamente determinando la proporción de pacientes con un diagnóstico incidente de IC a los que se le incluía en la analítica de sangre, el perfil férrico dentro de los 12 meses posteriores al diagnóstico en el entorno de atención primaria del Reino Unido. Secuencialmente, el estudio buscó evaluar las tasas de monitorización (pruebas repetidas) e identificar los fenotipos clínicos y comorbilidades asociados con una mayor o menor probabilidad de cribado.
El análisis de una cohorte masiva de 105.749 pacientes con IC incidente mostró que solo el 33,7% de los pacientes fueron evaluados para el DH mediante ferritina en el primer año tras el diagnóstico. En cuanto al seguimiento, únicamente el 37,3% de los pacientes inicialmente evaluados recibieron una prueba de control al año siguiente.
Desde un punto de vista clínico-estadístico, se observaron hallazgos paradójicos:
- Perfil del paciente cribado: La edad avanzada (OR 1,25 por década) y el sexo femenino se asociaron con mayores tasas de evaluación, probablemente debido a la sospecha clínica de anemia ferropénica, en estos grupos, más que por un protocolo dirigido a la IC.
- Influencia de la comorbilidad: El cribado fue significativamente más probable en pacientes con patologías sistémicas concurrentes como enfermedad celíaca (OR 1,86), diabetes tipo 1 (OR 1,82) o cirrosis (OR 1,64).
- El paciente "solo con IC": los pacientes que presentaban únicamente IC (sin otras patologías relevantes) fueron los menos propensos a ser evaluados (tasa de cribado del 23,2%), lo que indica que la IC per se no está actuando como una entidad suficiente para el estudio del hierro en atención primaria.
Por tanto, y como conclusión, el presente estudio identifica una carencia para la implementación de las guías de práctica clínica. Dos tercios de los pacientes con IC incidente no son evaluados para la detección de la ferropenia, cuyo tratamiento y corrección tiene un impacto directo en la morbimortalidad, en la prevención del deterioro funcional y en la reducción de las rehospitalizaciones por IC.
Referencias:
Julia Seller Moya























































