Cafeína, café y bebidas energéticas, riesgos y beneficios cardiovasculares: cuántas tazas al día son seguras para el corazón

Cafeína, café y bebidas energéticas, riesgos y beneficios cardiovasculares

Pocas sustancias forman parte de la vida diaria de tantos pacientes como la cafeína, y pocas generan tantas dudas en la consulta de cardiología. La relación entre la cafeína y la enfermedad cardiovascular ha estado rodeada de advertencias heredadas más de la costumbre que de la prueba científica. La declaración científica sobre cafeína y enfermedad cardiovascular publicada en Circulation por la American Heart Association [1] revisa de forma ordenada lo que sabemos y desmonta buena parte de esas advertencias.

El mensaje central es tranquilizador y matizado a la vez: en la mayoría de adultos, un consumo moderado de cafeína, hasta unos 400 mg al día o el equivalente a entre tres y cinco tazas de café, es seguro y se acompaña de un menor riesgo de varias enfermedades cardiovasculares. La excepción, cada vez más relevante, son las bebidas energéticas con dosis muy altas.

En este artículo:

  1. Lo que ya sabíamos sobre la cafeína y el corazón
  2. Farmacología de la cafeína y su efecto cardiovascular
  3. Presión arterial, una relación en forma de J
  4. Diabetes y perfil lipídico
  5. Arritmias y el giro sobre la fibrilación auricular
  6. Enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca e ictus
  7. Bebidas energéticas, la excepción que preocupa
  8. Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica

Lo que ya sabíamos sobre la cafeína y el corazón

Durante décadas, la recomendación intuitiva fue prudente: si un paciente tenía palpitaciones, hipertensión o una arritmia, se le aconsejaba reducir o suprimir el café. Esa idea se apoyaba en el efecto estimulante agudo de la cafeína y en estudios antiguos, hoy superados por datos más rigurosos. Los grandes estudios de cohortes de las últimas dos décadas y varios metaanálisis dosis-respuesta cambiaron el panorama al mostrar asociaciones neutras o incluso protectoras del consumo habitual de café.

El informe de las guías alimentarias estadounidenses de 2015 ya reconocía que el consumo moderado de café podía formar parte de un estilo de vida saludable. En paralelo aparecieron datos de aleatorización mendeliana y, más recientemente, ensayos aleatorizados que permiten separar la asociación de la causalidad. El ensayo DECAF, presentado en 2025, fue el primero en poner a prueba de forma prospectiva si retirar el café protegía frente a la fibrilación auricular [2].

El contexto es clave: la mayor parte de la prueba procede del café, la fuente de cafeína más estudiada, y no de la cafeína aislada. Distinguir el efecto de la molécula del de los cientos de compuestos bioactivos del café, como los ácidos clorogénicos y los diterpenos, sigue siendo uno de los grandes retos. Puedes ampliar este marco en nuestro artículo sobre café y enfermedades cardiovasculares.

Farmacología de la cafeína y su efecto cardiovascular

La cafeína es una metilxantina con una biodisponibilidad oral cercana al 100% que alcanza su concentración máxima en sangre en torno a una hora tras la ingesta. Su semivida oscila entre 2 y 12 horas, con un promedio de 4 a 5 horas en adultos sanos, y se metaboliza sobre todo en el hígado a través de las enzimas CYP1A2 y CYP2C9. Atraviesa con facilidad la barrera hematoencefálica y la placentaria.

A nivel cardiovascular actúa por varias vías: antagoniza los receptores de adenosina, inhibe la fosfodiesterasa, moviliza calcio intracelular a dosis altas y bloquea débilmente los receptores GABA-A. El bloqueo de la adenosina en las células del marcapasos cardíaco explica el ligero aumento de la frecuencia cardíaca, y la estimulación simpática contribuye a un discreto incremento de la presión arterial.

Aquí entra en juego la genética. La actividad del CYP1A2 explica más del 95% del metabolismo de la cafeína y varía enormemente de una persona a otra. Quienes portan variantes de metabolismo lento tienden, de forma paradójica, a consumir más cafeína para lograr el mismo efecto. Esta heterogeneidad individual, con una heredabilidad estimada del 30% a más del 50%, es la razón por la que ningún umbral único sirve para todos los pacientes.

Presión arterial, una relación en forma de J

La relación entre cafeína y presión arterial no es lineal. En varones con hipertensión, una dosis de 250 mg de cafeína produjo un aumento de más de 1,5 veces en las presiones sistólica y diastólica respecto a quienes tenían cifras óptimas. Sin embargo, el consumo habitual dibuja una curva en forma de J: el riesgo de hipertensión aumenta ligeramente con ingestas de 1 a 3 tazas al día y desciende con consumos mayores, probablemente por el desarrollo de tolerancia.

Los análisis de aleatorización mendeliana refuerzan esta lectura, ya que las variantes genéticas asociadas al consumo regular se acompañan de presiones más bajas. El matiz importante es que las bebidas energéticas, con concentraciones muy altas de cafeína, sí elevan de forma significativa la presión arterial en adultos sanos, un efecto opuesto al del extracto de café verde, que tiende a reducirla.

Diabetes y perfil lipídico

Uno de los hallazgos más sólidos y consistentes es la asociación inversa entre el consumo habitual de café y la diabetes tipo 2. En los estudios de cohortes, consumir 3,5 y 5 tazas al día se relacionó con reducciones del riesgo del 20% y del 30% respectivamente, y un gran estudio europeo halló un 27% menos de riesgo con tres o más tazas diarias. Como el efecto aparece tanto con café con cafeína como descafeinado, buena parte del beneficio parece deberse a componentes distintos de la cafeína.

Con los lípidos el mensaje es más quirúrgico. La cafeína en sí no muestra una relación clara con el perfil lipídico, pero el café sin filtrar, como el de prensa francesa, el de tipo turco o el hervido de estilo escandinavo, eleva el colesterol de lipoproteínas de baja densidad por su contenido en cafestol. El café de filtro de papel y el instantáneo apenas contienen esta sustancia. Es una distinción práctica útil en el paciente con dislipemia: importa tanto cuánto café bebe como cómo lo prepara.

Arritmias y el giro sobre la fibrilación auricular

El cambio conceptual más llamativo afecta a la fibrilación auricular. Frente a la creencia clásica de que el café la desencadena, los estudios observacionales y sus metaanálisis muestran un riesgo igual o menor de fibrilación auricular con consumos moderados, del orden de 1 a 3 tazas de café con cafeína al día. La aleatorización mendeliana tampoco encuentra un mayor riesgo atribuible a la cafeína.

La prueba más contundente llegó con el ensayo aleatorizado en pacientes con fibrilación auricular tras cardioversión: consumir al menos una taza de café con cafeína al día, frente a evitar por completo el café y la cafeína, se asoció a una reducción significativa del 39% del riesgo de recurrencia, con un 47% de recaídas frente al 64% [1][2]. Estos datos sustentan una recomendación de Clase 3 en las guías del American College of Cardiology, la American Heart Association y la Heart Rhythm Society, que desaconsejan indicar la retirada de la cafeína con el objetivo de prevenir la fibrilación auricular. Revisamos este cambio con más detalle en nuestra revisión sobre fibrilación auricular.

El matiz está en los latidos ectópicos ventriculares. Los ensayos aleatorizados muestran que la cafeína puede aumentar la frecuencia de extrasístoles ventriculares, aunque no la de las auriculares. Y conviene subrayar el límite: dosis extremas, como las de cápsulas o polvo de cafeína equivalentes a más de diez tazas, se han asociado a taquicardia ventricular y muerte súbita en casos aislados. Qué desencadena realmente los episodios se aborda también en este análisis sobre desencadenantes de la fibrilación auricular paroxística.

Enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca e ictus

La vieja sospecha de que el café aumentaba el riesgo de enfermedad coronaria no se ha confirmado con estudios prospectivos rigurosos. Un metaanálisis de 30 cohortes no halló mayor riesgo hasta las seis tazas diarias, y el consumo moderado, en torno a 3,5 tazas al día, se asoció a un riesgo aproximadamente un 10% menor. En pacientes con antecedente de infarto de miocardio, el café no se relacionó con más eventos ni mayor mortalidad.

En la insuficiencia cardíaca la relación también es en forma de J. Tras una señal inicial de riesgo con cinco o más tazas al día, las cohortes posteriores describen un riesgo neutro o moderadamente menor, con el punto más bajo alrededor de cuatro tazas diarias. Los datos del estudio CARDIA sugieren que el consumo bajo a moderado desde la juventud se asocia a una mejor función del ventrículo izquierdo en la mediana edad.

Respecto al ictus, la aleatorización mendeliana no apoya una relación causal, pero las cohortes muestran de forma consistente un menor riesgo de ictus isquémico. Un metaanálisis dosis-respuesta de 20 estudios describió una curva en U con el menor riesgo en el consumo moderado, de 3 a 4 tazas al día, correspondiente a una reducción del 21%. El beneficio se observó sobre todo con café con cafeína.

Bebidas energéticas, la excepción que preocupa

Si hay un mensaje que el cardiólogo debe trasladar sin ambigüedad es el de las bebidas energéticas. A diferencia del café, aportan dosis muy altas de cafeína junto con otros ingredientes como la taurina, que aceleran su absorción. Los datos, aunque limitados, apuntan de forma consistente hacia un posible daño cardiovascular.

Se han descrito episodios agudos de fibrilación auricular tras su consumo, incluso en personas jóvenes y sanas, y elevaciones significativas de la presión arterial. Tomarlas antes del ejercicio incrementa la presión sistólica submáxima, un efecto especialmente inquietante en el paciente con hipertensión. El beneficio observado con la cafeína de fuentes naturales no puede extrapolarse a estos productos ni a los suplementos de cafeína sintética a dosis altas.

Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica

Lo que esto significa en nuestro entorno clínico es un cambio de guion en la consulta. Durante años arrastramos una advertencia por defecto, retirar el café ante cualquier síntoma cardiovascular, que hoy carece de respaldo e incluso puede privar al paciente de un posible beneficio. El punto de partida razonable es dejar de desaconsejar el café con cafeína de forma automática en la hipertensión controlada, la enfermedad coronaria estable o la fibrilación auricular.

Conviene individualizar. El paciente que refiere palpitaciones claramente reproducibles con el café, o el metabolizador lento que no tolera bien la estimulación, seguirá beneficiándose de moderar la ingesta. Pero esa decisión debe basarse en su respuesta individual, no en una norma general. Y aquí la variabilidad genética del CYP1A2 deja de ser un dato de laboratorio para convertirse en la explicación de por qué dos pacientes responden de forma tan distinta a la misma taza.

Tres mensajes prácticos para la comunidad hispanohablante, donde el café forma parte de la cultura cotidiana. Primero, importa la preparación: preferir café de filtro frente al sin filtrar en el paciente con dislipemia. Segundo, vigilar los acompañantes, ya que el azúcar, los siropes y la leche añadidos pueden anular el beneficio al disparar las calorías. Tercero, separar con claridad el café de las bebidas energéticas, que son el verdadero foco de riesgo, sobre todo en adolescentes y adultos jóvenes.

Mensajes clave

  • En la mayoría de adultos, un consumo moderado de cafeína, hasta 400 mg al día o de tres a cinco tazas de café, es seguro y se asocia a menor riesgo cardiovascular.
  • El café con cafeína no aumenta la fibrilación auricular e incluso reduce su recurrencia tras cardioversión; ya no se recomienda retirarlo para prevenirla.
  • El consumo habitual de café se asocia a menor riesgo de diabetes tipo 2, ictus isquémico e insuficiencia cardíaca, con una relación en forma de J o de U.
  • La cafeína puede aumentar las extrasístoles ventriculares y el café sin filtrar eleva el colesterol LDL por su contenido en cafestol.
  • Las bebidas energéticas y las dosis muy altas de cafeína sintética son la excepción y se asocian a un posible daño cardiovascular.

Relevancia y aplicación clínica

Para el clínico, el valor de esta declaración no está en un dato aislado sino en el permiso, basado en pruebas, para abandonar una recomendación restrictiva que se había vuelto automática. Reencuadrar el consejo sobre el café libera tiempo de consulta para intervenciones con mayor impacto y evita mensajes contradictorios que minan la confianza del paciente.

La lectura debe ser prudente. La mayor parte de los datos son observacionales y el llamado sesgo del usuario sano, quien bebe café con moderación suele tener otros hábitos saludables, puede inflar los beneficios aparentes. Por eso el marco correcto no es prescribir café, sino dejar de prohibirlo sin motivo y reservar la moderación para quien la necesite por su respuesta individual.

En definitiva, la relación entre la cafeína y la enfermedad cardiovascular ha pasado de la sospecha a un mensaje de seguridad matizada: en dosis moderadas y a partir de fuentes naturales, la cafeína (caffeine) no solo no perjudica al corazón, sino que se asocia a un menor riesgo de varias enfermedades cardiovasculares en la mayoría de la población.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas tazas de café al día son seguras para el corazón?
En la mayoría de adultos sanos, hasta unos 400 mg de cafeína al día, equivalentes a entre tres y cinco tazas de café, se consideran seguros y se asocian a un menor riesgo cardiovascular. El punto de menor riesgo suele situarse en un consumo moderado.

¿El café provoca fibrilación auricular?
No según la mejor prueba disponible. Los estudios y un ensayo aleatorizado muestran que el café con cafeína no aumenta la fibrilación auricular e incluso reduce su recurrencia tras una cardioversión. Ya no se aconseja retirarlo con ese objetivo.

¿Es lo mismo la cafeína del café que la de las bebidas energéticas?
No. Las bebidas energéticas aportan dosis muy altas de cafeína junto a otros ingredientes y se asocian a un posible daño cardiovascular, como subidas de presión arterial y arritmias agudas. El beneficio del café no se extrapola a estos productos.

¿Puede tomarse café con hipertensión o con el colesterol alto?
En la hipertensión controlada, el consumo moderado no está contraindicado y suele tolerarse bien. Con el colesterol elevado conviene preferir el café de filtro, ya que el café sin filtrar eleva el colesterol LDL por su contenido en cafestol.

Bibliografía recomendada

  1. Marcus GM, Hu FB, van Dam RM, Cornelis MC, Dewland TA, Kang J, et al. Caffeine and cardiovascular disease: a scientific statement from the American Heart Association. Circulation. 2026;154. doi:10.1161/CIR.0000000000001454. PMID 42473796
  2. Wong CX, et al. Caffeinated coffee consumption or abstinence to reduce atrial fibrillation: the DECAF randomized clinical trial. JAMA. 2025. doi:10.1001/jama.2025.21056. PMID 41206802

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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