El tipo de deporte no predice el corazón del atleta en resonancia, según el estudio ELITE+

El estudio ELITE+ acaba de poner cifras a una sospecha que muchos cardiólogos ya teníamos. Cuando te llega la resonancia magnética cardíaca de un deportista con un ventrículo grande o una pared algo gruesa, lo primero que sueles preguntar es a qué se dedica. Es un reflejo razonable y está escrito en las guías: tanto la Sociedad Europea de Cardiología como la American Heart Association y el American College of Cardiology clasifican los deportes por la carga hemodinámica que se les supone, y esa etiqueta se usa a diario para decidir si el corazón de atleta que estás viendo es el esperable o merece una vuelta más.

El problema es que esa costumbre nunca se había puesto a prueba contra la técnica que mejor mide el corazón. El estudio ELITE+, publicado en European Journal of Preventive Cardiology [1], es el primero que evalúa formalmente la exactitud diagnóstica de las dos clasificaciones frente a los fenotipos definidos por resonancia magnética, en 775 deportistas de élite de 48 disciplinas. El resultado es incómodo de leer y difícil de rebatir: los dos marcos describen bien lo que le pasa a un grupo de deportistas y fallan cuando tienes delante a uno solo.

En este artículo:

  1. Lo que sabíamos hasta ahora
  2. Qué midió el estudio ELITE+ en el corazón del atleta
  3. La clasificación de la ESC acierta en el grupo y falla en el individuo
  4. La rejilla estático-dinámica falla justo donde más se usa
  5. El patrón que sí aparece: masa y volumen suben juntos
  6. Lo que el estudio ELITE+ no puede responder
  7. Qué cambia en la práctica diaria

Lo que sabíamos hasta ahora

La idea de que cada tipo de esfuerzo esculpe el corazón de una forma distinta viene de 1975, cuando Morganroth describió que los deportistas de resistencia tenían cavidades dilatadas y los de fuerza, paredes engrosadas. De ahí salió el esquema que todos hemos aprendido: sobrecarga de volumen equivale a hipertrofia excéntrica, sobrecarga de presión equivale a hipertrofia concéntrica.

Ese esquema se institucionalizó por dos caminos. La AHA y el ACC adoptaron la rejilla de Mitchell, que sitúa cada deporte en una cuadrícula según su componente estático, estimado como porcentaje de la contracción voluntaria máxima, y su componente dinámico, estimado como porcentaje del consumo máximo de oxígeno [6]. La ESC, en su guía de 2020 de cardiología deportiva, optó por un continuo de cuatro categorías ordenadas por carga creciente: habilidad, potencia, mixto y resistencia [2]. Ninguno de los dos marcos incorpora datos de entrenamiento del deportista concreto: son etiquetas de disciplina asignadas por consenso de expertos.

Las dos clasificaciones nacieron para otra cosa. La de la AHA/ACC se construyó para orientar la elegibilidad deportiva de personas con cardiopatía, y la de la ESC, para prescribir ejercicio con una intensidad razonable. Pero acabaron usándose además como herramienta de lectura de la imagen cardiovascular del deportista, y ahí nadie las había validado. Los datos que las sostenían eran ecocardiográficos, con la limitación conocida de esa técnica para cuantificar masa y grosor en deportistas, y algún trabajo aislado ya venía sembrando dudas: en 2026, un análisis de 1.279 deportistas olímpicos publicado en esta misma revista encontró tanto solapamiento entre las categorías de habilidad, potencia y mixto de la ESC que sus autores propusieron recolocar la vela, la esgrima, la natación de corta distancia, el judo y la lucha grecorromana [4].

Qué midió el estudio ELITE+ en el corazón del atleta

El estudio ELITE+ es un análisis transversal de resonancia magnética cardíaca sobre una cohorte agrupada de dos series neerlandesas armonizadas. Incluyó a 1.024 personas: 775 deportistas de élite, de los cuales 310 mujeres (40,0%), procedentes de 48 disciplinas o subdisciplinas, y 249 controles no deportistas con el mismo protocolo de adquisición y sin cardiopatía. Se excluyó a quienes tenían enfermedad cardiovascular previa, realce tardío de gadolinio miocárdico fuera de los puntos de inserción, condición paralímpica o consumo conocido de esteroides anabolizantes.

Los deportistas eran más jóvenes que los controles (25,2±5,9 frente a 33,6±12,2 años) y tenían la presión arterial más baja, con una superficie corporal prácticamente idéntica. Sus corazones, medidos por resonancia, eran los que cabía esperar: volumen telediastólico del ventrículo izquierdo 117,9±18,3 frente a 94,2±13,8 mL/m², volumen telediastólico del ventrículo derecho 122,8±21,1 frente a 100,0±16,8 mL/m², masa del ventrículo izquierdo 57,4±13,9 frente a 41,5±10,1 g/m² y grosor parietal máximo 9,5±1,7 frente a 8,6±1,5 mm. La fracción de eyección en reposo era algo menor en los deportistas, tanto la izquierda (55,7±5,1 frente a 59,3±6,1%) como la derecha (53,1±5,3 frente a 54,9±5,7%).

Cada medida se transformó en una puntuación z específica por sexo, tomando como referencia a los controles, y se consideró remodelado un valor de z≥1,645, que es el percentil 95. Después se hizo algo que conviene entender bien, porque condiciona cómo se leen los resultados: en vez de imponer a cada marco la métrica que a los investigadores les pareciera adecuada, se probaron nueve variables candidatas y se eligió para cada eje la que mejor se asociaba con él. Es un diseño deliberadamente favorable a las clasificaciones. Lo que salga de ahí es el techo de lo que pueden dar, no su rendimiento medio.

Con ese sesgo optimista a favor, la variable que mejor capta el eje de la ESC fue el volumen telediastólico del ventrículo derecho, y explicaba el 17,0% de su variabilidad (R²=0,170; IC 95%, 0,122-0,221). El componente estático de la AHA/ACC quedó mejor representado por la masa del ventrículo izquierdo, con un R² de 0,077 (0,047-0,116), y el dinámico por el volumen del ventrículo derecho, con 0,072 (0,043-0,109). Dicho de otro modo: incluso eligiendo a propósito la mejor métrica posible, el tipo de deporte deja sin explicar más del ochenta por ciento de lo que se ve en la resonancia.

Un detalle que merece la pena retener: la fracción de eyección, ni la izquierda ni la derecha, se asoció con el tipo de deporte (R² del eje de la ESC con la fracción de eyección izquierda inferior a 0,001; P=0,569).

La clasificación de la ESC acierta en el grupo y falla en el individuo

En el plano poblacional, la clasificación de la ESC funciona. La prevalencia de remodelado del ventrículo derecho creció de forma ordenada a lo largo de las cuatro categorías: 8% en habilidad, 9% en potencia, 29% en mixto y 62% en resistencia, con una odds ratio de 3,82 por cada escalón (P<0,001). Es un gradiente real y respalda la intuición de que un ciclista de carretera y un tirador no tienen el mismo corazón.

El gradiente, sin embargo, se deshace cuando intentas usarlo con un deportista concreto. La exactitud equilibrada, que es la sensibilidad media entre las cuatro categorías, fue del 34,2% (IC 95%, 30,6-38,1), frente al 25% que daría el azar en una clasificación de cuatro grupos. Y los valores predictivos positivos son muy desiguales: 64,1% para resistencia, 27,9% para mixto y solo 14,3% para potencia. Si un deportista está etiquetado como de potencia, saber su categoría acierta el rango de remodelado del ventrículo derecho en uno de cada siete casos.

Hay además un punto donde el gradiente ni siquiera existe. Las categorías de habilidad y de potencia dieron valores prácticamente iguales de puntuación z del ventrículo derecho, 0,54 y 0,55, lo que significa que el marco no distingue en absoluto entre un tirador y un halterófilo. Los porcentajes de las dos categorías pequeñas, eso sí, hay que leerlos con cuidado: son 24 y 77 deportistas.

Categoría de la ESC (n) Geometría normal Un solo parámetro elevado Los dos elevados
Habilidad (24) 50,0% 45,8% 4,2%
Potencia (77) 75,3% 23,4% 1,3%
Mixto (357) 48,2% 37,0% 14,8%
Resistencia (312) 16,0% 30,1% 53,8%

La tabla enseña el gradiente y su límite a la vez. En resistencia, poco más de la mitad de los deportistas muestra el fenotipo que se le presupone; en mixto, que es el grupo más numeroso, el fenotipo más frecuente aparece en menos de la mitad. Globalmente, alrededor del 47% de los deportistas no exhibía el fenotipo predominante de su propia categoría de la ESC.

La rejilla estático-dinámica falla justo donde más se usa

Con la rejilla de la AHA/ACC el resultado es peor de lo que sugieren sus números globales. La exactitud equilibrada fue del 37,7% (IC 95%, 34,6-41,0), algo mejor que la de la ESC, pero el análisis de la geometría de la nube de puntos deja claro que la estructura bidimensional no se corresponde con lo que se ve. La correlación de forma entre la cuadrícula teórica y la distribución observada de los deportistas fue de 0,27, y los ejes estático y dinámico juntos explicaban el 14% de la posición de cada deportista en el plano de masa y volumen.

El punto más llamativo está en las disciplinas predominantemente estáticas, que es justo donde la clasificación se usa con más convicción. El marco predice hipertrofia aislada del ventrículo izquierdo. Lo que se encontró es lo contrario: de 80 deportistas de ese cuadrante, 59 (73,8%) tenían geometría normal y solo 14 (17,5%) mostraban masa del ventrículo izquierdo aislada elevada. Y el camino inverso es igual de revelador: de los 172 deportistas con masa aislada elevada en toda la cohorte, solo 14 (8,1%) competían en disciplinas predominantemente estáticas. Encontrar una masa elevada aislada no te dice casi nada sobre el tipo de deporte.

Que el entrenamiento de fuerza apenas engrose la pared no es una novedad: ya se describió en 1993 en una serie de deportistas de disciplinas de fuerza en la que ninguno superaba el límite superior de la normalidad de grosor parietal [7]. Lo nuevo aquí es medirlo por resonancia y comprobar qué pasa cuando esa observación se usa al revés, para clasificar.

La cifra que mejor explica el fallo no está en el cuerpo del trabajo, sino en su material suplementario. La puntuación z media de masa del ventrículo izquierdo fue de 0,82 en los deportistas predominantemente estáticos, la más baja de los cuatro cuadrantes, por debajo incluso de los 1,75 de quienes compiten en disciplinas de carga baja o moderada. El grupo al que se atribuye la mayor carga estática aislada es el que menos masa desarrolla.

Cuadrante de la AHA/ACC (n) Fenotipo esperado Fenotipo más frecuente observado Valor predictivo positivo
Predominantemente estático (80) Masa del VI aislada elevada Geometría normal (73,8%) 17,5%
Predominantemente dinámico (309) Volumen del VD aislado elevado Geometría normal (46,3%) 17,2%
Estático y dinámico altos (353) Los dos elevados Los dos elevados (47,3%) 47,3%
Carga baja o moderada (28) Geometría normal Masa del VI aislada elevada (46,4%) 42,9%

Fíjate en qué sostiene el rendimiento del marco: solo el cuadrante combinado, el de los deportistas más entrenados, alcanza un valor predictivo positivo cercano a la mitad. Cuando se excluyó a ese grupo del análisis, la exactitud equilibrada cayó del 37,7% al 28,2%, es decir, prácticamente al azar. Lo mismo ocurrió con la ESC al excluir a los de resistencia: la asociación entre categoría y volumen del ventrículo derecho se desplomó de un R² de 0,170 a 0,049. La aparente capacidad discriminativa de las dos clasificaciones descansa sobre una sola categoría extrema en cada una.

El patrón que sí aparece: masa y volumen suben juntos

Si el tipo de deporte no organiza los datos, algo tiene que hacerlo. Lo que emerge es una adaptación proporcional: la masa del ventrículo izquierdo y el volumen del ventrículo derecho se correlacionaron entre sí (r=0,48; R²=0,23) más de lo que ninguno de los dos lo hacía con cualquier eje de clasificación deportiva. Dos de cada tres deportistas mostraban un patrón concordante, el 38% con geometría normal y el 29% con los dos parámetros elevados. El remodelado desproporcionado fue minoritario: 22% con masa aislada elevada y 11% con volumen aislado elevado.

Traducido a fisiología, esto sugiere que el entrenamiento de élite genera un estímulo hemodinámico integrado y no dos estímulos ortogonales. En el mundo real casi nadie carga solo poscarga o solo precarga: un halterófilo corre, un ciclista hace gimnasio y un futbolista hace las dos cosas. La explicación mecánica que ofrecen los autores para el fracaso concreto del eje estático es elegante: el ejercicio de fuerza eleva la presión arterial sistémica, sí, pero la maniobra de Valsalva que lo acompaña eleva también la presión intratorácica, y el efecto neto sobre el estrés parietal transmural es impredecible y probablemente insuficiente para inducir hipertrofia concéntrica.

La heterogeneidad dentro de cada grupo es igual de instructiva. Aproximadamente la mitad de los deportistas no presentaba el fenotipo predominante de su categoría, con cifras del 47% para la ESC, del 50% para la AHA/ACC y del 48% para los deportes individuales con al menos 20 participantes. Y esa variabilidad depende mucho de la disciplina: entre los 120 ciclistas de carretera, el 77% tenía los dos parámetros elevados, mientras que entre los 39 atletas de atletismo el fenotipo más frecuente apenas alcanzaba el 33%. En el fútbol, con 116 jugadores, el hallazgo más común fue la geometría normal, en el 51%.

Lo que el estudio ELITE+ no puede responder

Conviene ser exacto con lo que este trabajo demuestra y lo que no, porque su mensaje es fácil de exagerar.

Es un estudio transversal, así que no dice nada sobre trayectorias: ni cómo evoluciona un corazón a lo largo de una carrera deportiva, ni qué pasa al desentrenar, ni si el fenotipo cambia al cambiar de disciplina. Tampoco establece pronóstico: no sabemos si tener masa elevada aislada implica algo distinto a diez años vista que tenerla junto con dilatación.

Hay una limitación conceptual todavía más importante. Las clasificaciones de deportes son etiquetas de disciplina, no medidas del entrenamiento que hace cada persona. Cuando el marco falla, no se puede distinguir si la culpa es de un supuesto hemodinámico equivocado o simplemente de que la etiqueta es un mal indicador del volumen, la intensidad y la periodización reales de ese deportista. Los autores lo asumen y lo señalan como la prioridad para futuros trabajos, y es una distinción que importa porque apunta a soluciones distintas.

Añade a esto que la cohorte estaba muy escorada hacia disciplinas de componente dinámico alto (el 86%), con solo 24 deportistas en la categoría de habilidad y 28 en el cuadrante de carga baja o moderada, y que la representación de grupos étnicos no blancos era escasa, lo que limita la extrapolación dadas las diferencias étnicas conocidas en la geometría ventricular. Los porcentajes de los subgrupos pequeños son orientativos y no deben leerse como si tuvieran la misma solidez que los de los grupos de cientos de deportistas.

Qué cambia en la práctica diaria

Lo que este trabajo cambia no es lo que sabes de fisiología del ejercicio, sino el orden en el que miras un informe de imagen.

  • Deja de usar el deporte para normalizar un hallazgo. Esta es la conclusión operativa y la más importante. Escribir «hipertrofia esperable para su disciplina» en el informe de un halterófilo no está respaldado: en esa categoría, la geometría normal es lo habitual y la hipertrofia aislada es la excepción. Un hallazgo raro sigue siendo raro aunque la etiqueta del deporte parezca justificarlo.
  • Empieza por la relación masa-volumen. El patrón concordante, con masa y volumen subiendo a la vez, es el que corresponde a la adaptación fisiológica y aparece en dos de cada tres deportistas. El patrón discordante, con dilatación aislada o hipertrofia aislada, es minoritario y es el que merece una vuelta más.
  • Ante un patrón desproporcionado, piensa en lo demás. Presión arterial, respuesta al desentrenamiento, antecedentes familiares, electrocardiograma, síntomas, exposición real de entrenamiento, imagen longitudinal y, cuando proceda, estudio genético. Es exactamente lo que ya haces con cualquier hallazgo dudoso, y lo que este trabajo dice es que la disciplina deportiva no puede sustituir a ese proceso.
  • Una fracción de eyección baja no se explica por el deporte. Ni la fracción izquierda ni la derecha se asociaron con el tipo de deporte, y esto encaja con un dato que ya conocíamos: entre 281 deportistas de resistencia de élite, el 15,7% tenía la fracción de eyección reducida, y ese hallazgo se asoció con una puntuación de riesgo poligénico de miocardiopatía dilatada, con una probabilidad once veces mayor en el decil superior [5]. Ante una fracción de eyección izquierda por debajo del 50% o una derecha por debajo del 45%, el camino es la valoración de miocardiopatía, no la atribución al deporte que practica.
  • Los valores de referencia probablemente tengan que afinarse. Las medias de puntuación z sí difieren mucho entre categorías, lo que apoya la idea de manejar valores normales ajustados por disciplina o por carga de entrenamiento. Que la etiqueta no sirva para clasificar a un individuo no significa que no informe sobre el grupo.

Hay un movimiento de fondo que conviene tener presente, porque las guías ya se están moviendo en esta dirección. La declaración conjunta de la AHA y el ACC de 2025 sobre participación deportiva en atletas con anomalías cardiovasculares ya ha retirado las categorías discretas y presenta los deportes como un continuo de cargas de resistencia y fuerza [3]. Los autores del documento lo justifican así:

En esta versión actualizada, los deportes se presentan en un continuo de componentes fisiológicos de resistencia y fuerza, sin los compartimentos discretos presentes en las versiones previas.

Declaración científica AHA/ACC 2025 sobre participación en deportes de competición

El estudio ELITE+ respalda esa decisión y añade un matiz que la propia declaración no podía anticipar: cualquier marco basado en el tipo de deporte, sea una rejilla, un continuo o una lista de cuatro categorías, seguirá siendo limitado para discriminar el fenotipo de una persona concreta, porque el problema no está en la forma del esquema sino en que la disciplina es un indicador grueso de la carga real de entrenamiento. Y una precisión sobre la clasificación europea: la de la guía ESC de 2020 nació como una herramienta para prescribir ejercicio con la intensidad adecuada, no como una regla de lectura de imagen. Que rinda mal en un uso para el que no fue diseñada dice más de cómo la hemos utilizado que de la propia guía.

Mensajes clave

  • En 775 deportistas de élite con resonancia magnética cardíaca, la clasificación de deportes de la ESC predijo el fenotipo individual con una exactitud equilibrada del 34,2% y la rejilla estático-dinámica de la AHA/ACC con un 37,7%, frente al 25% esperado por azar.
  • El fallo más marcado está en las disciplinas predominantemente estáticas: el 73,8% de esos deportistas tenía geometría normal y solo el 17,5% presentaba la hipertrofia aislada que el marco predice.
  • Las dos clasificaciones sí capturan tendencias de grupo: la prevalencia de remodelado del ventrículo derecho subió del 8% en habilidad al 62% en resistencia. Lo que no se puede es bajar de ahí al individuo.
  • El patrón dominante es la adaptación proporcional: masa del ventrículo izquierdo y volumen del ventrículo derecho suben juntos en dos de cada tres deportistas, independientemente de la disciplina.
  • En la práctica, interpreta la resonancia por la relación masa-volumen y por el contexto clínico completo, y no uses el tipo de deporte como argumento para normalizar un hallazgo desproporcionado.

Relevancia y aplicación clínica

El valor de este trabajo no está en descubrir algo desconocido, sino en poner cifras a una sospecha que muchos cardiólogos ya tenían. Todos hemos visto al remero con el corazón de un tirador y al futbolista con el de un ciclista. Lo que faltaba era saber con qué frecuencia ocurre eso, y la respuesta es: aproximadamente la mitad de las veces.

La consecuencia práctica es doble y va en las dos direcciones, que es lo que la hace relevante. Por un lado, normalizar por deporte puede hacer que pases por alto una miocardiopatía incipiente en un deportista de resistencia con dilatación desproporcionada. Por otro, y esto se comenta menos, la clasificación también puede llevarte a sobrediagnosticar: si esperas hipertrofia en un halterófilo y la encuentras, la das por buena sin más, cuando en esa disciplina lo esperable es precisamente que no la haya. Las dos formas de error tienen coste, y una de ellas puede acabar en una restricción deportiva injustificada para alguien que vive de competir.

Conviene también tener presente el contexto de la cohorte antes de trasladar los porcentajes a tu consulta. Son deportistas de élite neerlandeses, con exposición de entrenamiento máxima y sin uso conocido de sustancias anabolizantes. En un deportista aficionado o en un adolescente, la prevalencia de remodelado será menor, y los propios autores señalan que en poblaciones menos extremas el rendimiento de las clasificaciones sería previsiblemente aún peor. Lo que sí se traslada bien es el criterio: la relación entre masa y volumen es un ancla más fiable que la etiqueta de la disciplina.

El estudio ELITE+ deja, en definitiva, un mensaje que cabe en una frase para el informe de imagen: el tipo de deporte es un dato del contexto, no un criterio de normalidad. Cuando valores el corazón de atleta en resonancia magnética cardíaca, compara primero con valores de referencia ajustados por sexo y por técnica, mira si masa y volumen han crecido juntos, y reserva la disciplina deportiva para lo que sí sabe hacer, que es describir a qué carga hemodinámica está sometido un grupo de deportistas.

Preguntas frecuentes

¿Ya no sirve preguntar a qué deporte se dedica un paciente?
Sirve, y mucho, pero para otra cosa. Informa sobre la carga hemodinámica habitual del grupo y ayuda a interpretar por qué un colectivo de ciclistas tiene ventrículos mayores. Lo que no puedes hacer es usarlo como criterio para decidir si el corazón de esa persona concreta es normal.

¿Los deportistas de fuerza no desarrollan hipertrofia?
Desarrollan algo de masa respecto a los no deportistas, pero rara vez cruzan el umbral del percentil 95 y casi nunca lo hacen de forma aislada. En este trabajo, tres de cada cuatro deportistas de disciplinas predominantemente estáticas tenían geometría normal por resonancia.

¿Qué debo mirar entonces cuando leo la resonancia de un deportista?
La relación entre masa del ventrículo izquierdo y volumen ventricular, comparada con valores de referencia ajustados por sexo y obtenidos con la misma técnica. Si las dos han crecido a la vez, el patrón es el de la adaptación fisiológica. Si una ha crecido sin la otra, integra electrocardiograma, presión arterial, síntomas, antecedentes familiares, respuesta al desentrenamiento e imagen longitudinal antes de concluir.

¿Una fracción de eyección del 48% en un ciclista de élite es normal por el deporte?
No se puede dar por normal solo por eso. El tipo de deporte no se asoció con la fracción de eyección en este trabajo, y sabemos que en deportistas de resistencia una fracción reducida se relaciona con predisposición genética a miocardiopatía dilatada. Una fracción izquierda por debajo del 50% o una derecha por debajo del 45% obligan a valorar miocardiopatía.

Bibliografía recomendada

  1. van Diepen MA, Prakken NHJ, van der Zwaard S, Daems JJN, El Hri H, Adema BJ, et al. Sport Type Alone Does Not Reliably Predict Distinct Cardiac Phenotypes in Athletes. Eur J Prev Cardiol. 2026;zwag451. PMID 42669086
  2. Pelliccia A, Sharma S, Gati S, Bäck M, Börjesson M, Caselli S, et al. 2020 ESC Guidelines on sports cardiology and exercise in patients with cardiovascular disease. Eur Heart J. 2021;42(1):17-96. PMID 32860412
  3. Kim JH, Baggish AL, Levine BD, Ackerman MJ, Day SM, Dineen EH, et al. Clinical Considerations for Competitive Sports Participation for Athletes With Cardiovascular Abnormalities: A Scientific Statement From the American Heart Association and American College of Cardiology. Circulation. 2025;151(11):e716-e761. PMID 39973614
  4. Pelliccia A, Squeo MR, Ferrera A, Maestrini V, Monosilio S, Mango F, et al. 2020 ESC sport disciplines classification: a proposal for an update. Eur J Prev Cardiol. 2026;33(8):1502-1504. PMID 40570021
  5. Claessen G, De Bosscher R, Janssens K, Young P, Dausin C, Claeys M, et al. Reduced Ejection Fraction in Elite Endurance Athletes: Clinical and Genetic Overlap With Dilated Cardiomyopathy. Circulation. 2024;149(18):1405-1415. PMID 38109351
  6. Levine BD, Baggish AL, Kovacs RJ, Link MS, Maron MS, Mitchell JH. Eligibility and Disqualification Recommendations for Competitive Athletes With Cardiovascular Abnormalities: Task Force 1: Classification of Sports: Dynamic, Static, and Impact. J Am Coll Cardiol. 2015;66(21):2350-2355. PMID 26542656
  7. Pelliccia A, Spataro A, Caselli G, Maron BJ. Absence of left ventricular wall thickening in athletes engaged in intense power training. Am J Cardiol. 1993;72(14):1048-1054. PMID 8213586

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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