Guía AHA 2026 para elegir bien el triaje e ingreso en la UCI cardiológica

Guía de Triaje Cardiovascular 2026

Durante décadas, la decisión de ingresar a un paciente cardiovascular en la unidad de cuidados intensivos cardiológicos (UCIC) se ha apoyado más en la costumbre de cada hospital que en un marco basado en pruebas. La declaración científica de la American Heart Association publicada en Circulation [1] confirma lo que la práctica diaria ya intuía: la variabilidad interhospitalaria en el ingreso de pacientes con síndrome coronario agudo o insuficiencia cardiaca descompensada oscila entre el 0% y el 98%, sin que esa disparidad se traduzca en mejores resultados clínicos.

El documento parte de la realidad organizativa estadounidense, con niveles 1, 2 y 3 de UCIC y unidades de cuidados intermedios que no siempre tienen un equivalente exacto en los sistemas sanitarios hispanohablantes, pero sus criterios clínicos son extrapolables a cualquier hospital con cardiología intervencionista y monitorización continua. Es la primera vez que una sociedad internacional propone un marco explícito para decidir quién necesita realmente una cama de críticos y quién puede tratarse con la misma seguridad en planta con telemetría.

En este artículo:

  1. Por qué hasta ahora no existía un marco claro de ingreso en la UCIC
  2. Un marco integrado para decidir el ingreso en cuidados intensivos cardiológicos
  3. Síndrome coronario agudo: cuándo el ingreso deja de ser automático
  4. Insuficiencia cardiaca aguda y shock cardiogénico: el papel de la escala SCAI
  5. Arritmias y otras urgencias que sí exigen ingreso en críticos
  6. Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica

Por qué hasta ahora no existía un marco claro de ingreso en la UCIC

La actualización de 2025 sobre la evolución de la cardiología crítica ya había descrito cómo se habían transformado la estructura, la dotación de personal y la formación de las unidades de cuidados intensivos cardiológicos, pero dejaba sin resolver una pregunta más básica: quién debe ocupar esas camas. El registro multicéntrico Critical Care Cardiology Trials Network mostró que el síndrome coronario agudo y la insuficiencia cardiaca son los diagnósticos de ingreso más frecuentes, con una proporción de síndrome coronario agudo que varía entre el 15% y el 57% según el centro, una variabilidad que refleja más la cultura local de cada hospital que la gravedad real de los pacientes.

Ya en 2019 se planteaba abiertamente si el ingreso en UCIC debería regirse por criterios de uso apropiado, como ya ocurre con otras técnicas cardiológicas. La realidad española tampoco escapa a esta variabilidad: el registro nacional de actividad y recursos de las unidades de cuidados intensivos cardiológicos describe una dotación de personal médico por debajo de las recomendaciones, sobre todo durante las guardias, lo que hace aún más necesario priorizar el ingreso hacia quien realmente se beneficia de ese nivel de cuidado.

Un marco integrado para decidir el ingreso en la unidad de cuidados intensivos cardiológicos

La declaración propone combinar cuatro elementos en cada decisión: la necesidad real de terapias restringidas a críticos, como ventilación mecánica invasiva, soporte circulatorio mecánico temporal o vasoactivos intravenosos continuos; los objetivos de cuidado del paciente y el beneficio esperado de iniciar terapias agresivas; las escalas de riesgo específicas de cada diagnóstico; y el nivel de la propia UCIC del hospital, ya que un centro de nivel 1 puede asumir prácticamente cualquier perfil mientras que un nivel 3 debe reservar sus camas para los casos de menor complejidad.

Ninguno de estos elementos funciona de forma aislada. Un paciente con escala de riesgo baja puede aun así requerir ingreso porque necesita una terapia que solo puede administrarse con la dotación de enfermería de críticos; a la inversa, uno con puntuación alta pero objetivos de cuidado limitados puede no beneficiarse de una cama de UCIC aunque cumpla criterios teóricos de gravedad.

Síndrome coronario agudo: cuándo el ingreso deja de ser automático

En el infarto con elevación del ST tratado con intervención coronaria percutánea primaria, la puntuación de Zwolle separa con claridad a los pacientes de bajo riesgo: una puntuación de 3 o menos identifica a quienes pueden trasladarse con seguridad a una planta con telemetría, con mortalidad hospitalaria inferior al 0,5% y una necesidad de terapias restringidas a críticos por debajo del 3%. Solo la puntuación de 6 o más justifica reservar la UCIC de entrada; entre 4 y 5 puntos, la decisión depende más de la dotación de cada unidad que de un criterio universal.

En el síndrome coronario agudo sin elevación del ST la fotografía es todavía más llamativa: en pacientes hemodinámicamente estables, hasta un 43% ingresaba históricamente en críticos, pero solo un 14% llegaba a desarrollar una complicación que realmente justificara ese nivel de cuidado. El documento respalda ingresar en UCIC únicamente a quienes presentan shock, arritmias no controladas, insuficiencia cardiaca de alto riesgo o isquemia persistente; el resto puede manejarse con seguridad en planta, en línea con lo ya recogido en las guías ACC/AHA 2025 de síndromes coronarios agudos.

Insuficiencia cardiaca aguda y shock cardiogénico: el papel de la escala SCAI

La insuficiencia cardiaca aguda descompensada sin shock se sigue considerando, con frecuencia excesiva, un motivo automático de ingreso en críticos. Sin embargo, en un análisis poblacional de pacientes hospitalizados por insuficiencia cardiaca, el 81% no necesitó ninguna terapia restringida a críticos durante las primeras 48 horas de ingreso. La recomendación práctica es reservar la UCIC para los pacientes en estadio B de la escala SCAI que muestran signos de deterioro, y considerar el estadio C o superior como indicación clara de ingreso.

El shock cardiogénico es la excepción a la tendencia general de desescalada: los pacientes en estadio C, D o E de la escala SCAI deben trasladarse a un entorno de críticos de forma prácticamente sistemática, dada una mortalidad que se mantiene entre el 30% y el 50% pese a los avances en soporte circulatorio mecánico. El estadio B admite cierta flexibilidad si no hay signos de deterioro inminente, tal y como detalla la guía de consenso de la ACC sobre evaluación y tratamiento del shock cardiogénico.

Arritmias y otras urgencias que sí exigen ingreso en críticos

No todo el documento apunta hacia una menor utilización de la UCIC. La tormenta eléctrica refractaria a antiarrítmicos, las bradiarritmias con ritmo de escape por debajo del nodo auriculoventricular y las taquiarritmias supraventriculares con inestabilidad hemodinámica siguen siendo indicaciones firmes de ingreso, igual que los síndromes aórticos agudos no operados, que requieren control de impulso con perfusión intravenosa continua y monitorización invasiva de la presión arterial desde el primer momento.

Las urgencias hipertensivas con daño de órgano diana, la endocarditis complicada con insuficiencia cardiaca o émbolos sépticos, y la parada cardiaca recuperada completan este grupo, porque el riesgo de deterioro precoz es alto con independencia del centro.

Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica

Trasladar este marco a un hospital español o latinoamericano exige una lectura crítica, no una aplicación literal. El sistema de niveles 1, 2 y 3 de UCIC, y sobre todo la disponibilidad de unidades de cuidados intermedios con telemetría continua, varía mucho más entre nuestros hospitales que entre los centros terciarios estadounidenses en los que se apoyan la mayoría de los datos citados. Antes de trasladar un umbral de Zwolle o un estadio SCAI a un protocolo local, conviene verificar que la planta cuenta con la ratio de enfermería que el documento asume como punto de partida.

  • Audita primero, protocoliza después: revisa qué proporción de tus ingresos actuales en unidad de cuidados intensivos cardiológicos cumpliría criterios de bajo riesgo, antes de escribir un protocolo nuevo.
  • Define con enfermería qué terapias pueden administrarse de forma segura en la unidad de intermedios de tu hospital concreto, en lugar de asumir la lista propuesta para un centro de nivel 1 norteamericano.
  • Reserva siempre una vía de reevaluación clínica precoz para los pacientes desescalados a planta, dado que ninguna escala de riesgo predice bien el deterioro que aparece después del ingreso.
  • Prioriza el ingreso en UCIC, sin excepción, para shock cardiogénico en estadio C o superior, tormenta eléctrica y síndrome aórtico agudo no operado, con independencia del nivel de tu centro.

Mensajes clave

  • No existe una única escala universal para decidir el ingreso: hay que combinar la necesidad de terapias restringidas a críticos, los objetivos de cuidado, el riesgo específico del diagnóstico y el nivel de la propia unidad.
  • En el infarto con elevación del ST tratado con intervención percutánea primaria, una puntuación de Zwolle de 3 o menos permite el ingreso seguro en planta con telemetría.
  • En el síndrome coronario agudo sin elevación del ST hemodinámicamente estable, solo el shock, la arritmia no controlada o la isquemia persistente justifican el ingreso en críticos.
  • La mayoría de los pacientes con insuficiencia cardiaca aguda descompensada sin shock no necesita ninguna terapia restringida a críticos en las primeras 48 horas.
  • El shock cardiogénico en estadio C, D o E de la escala SCAI, la tormenta eléctrica y los síndromes aórticos agudos no operados exigen ingreso en la unidad de cuidados intensivos cardiológicos de forma prácticamente sistemática.

Relevancia y aplicación clínica

El valor práctico de esta declaración no está tanto en cada umbral numérico como en el cambio de mentalidad que propone: dejar de tratar el ingreso en críticos como la opción por defecto ante cualquier diagnóstico cardiovascular agudo, y empezar a tratarlo como una decisión que debe justificarse tan explícitamente como cualquier otra indicación terapéutica. Esto afecta a la disponibilidad de camas para quien sí está en riesgo real de deterioro, al gasto asociado a una dotación de enfermería más intensiva de lo necesario, y a la exposición innecesaria de pacientes estables a un entorno de mayor intervencionismo.

La contrapartida es que ninguna escala, ni siquiera las más validadas, predice de forma fiable qué paciente estable va a deteriorarse en las horas siguientes al ingreso. Por eso el documento insiste en que la reevaluación clínica frecuente, y no solo la puntuación de riesgo al ingreso, debe seguir guiando el traslado entre planta, unidad de intermedios y unidad de cuidados intensivos cardiológicos durante toda la hospitalización.

Preguntas frecuentes

¿Qué pacientes con infarto agudo de miocardio necesitan ingresar en la unidad de cuidados intensivos cardiológicos?
Tras una intervención coronaria percutánea primaria, se recomienda reservar el ingreso en críticos para quienes tienen una puntuación de Zwolle de 6 o más, para quienes requieren una intervención de rescate, y para quienes presentan inestabilidad hemodinámica, arritmia no controlada o isquemia persistente tras el procedimiento.

¿Todos los pacientes con insuficiencia cardiaca descompensada requieren ingreso en críticos?
No. La mayoría de los pacientes con insuficiencia cardiaca aguda descompensada sin shock no precisa ninguna terapia restringida a críticos en las primeras 48 horas y puede tratarse con seguridad en planta o en una unidad de intermedios con monitorización adecuada.

¿Cuándo deja de ser suficiente una unidad de cuidados intermedios o de semicríticos?
Cuando el paciente necesita ventilación mecánica invasiva, depuración renal continua, soporte circulatorio mecánico temporal o varios fármacos vasoactivos intravenosos simultáneos que superan la capacidad protocolizada de esa unidad concreta.

¿Qué escala se utiliza para decidir el ingreso de un paciente con shock cardiogénico?
La escala de estadios SCAI, que va del estadio A, de riesgo sin hipoperfusión, al estadio E, de shock extremo. Los estadios C a E justifican de forma prácticamente sistemática el ingreso en la unidad de cuidados intensivos cardiológicos.

Bibliografía recomendada

  1. van Diepen S, Rampersad P, Luk A, Dahiya G, Zern EK, Alviar CL, et al. Cardiac Intensive Care Unit Appropriate Patient Selection and Triage: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation. 2026;153(23):e1394-e1407. PMID 42165141
  2. Sinha SS, Geller BJ, Katz JN, Arslanian-Engoren C, Barnett CF, Bohula EA, et al. Evolution of Critical Care Cardiology: An Update on Structure, Care Delivery, Training, and Research Paradigms: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation. 2025;151(10):e687-e707. PMID 39945062
  3. Bohula EA, Katz JN, van Diepen S, Alviar CL, Baird-Zars VM, Park JG, et al. Demographics, Care Patterns, and Outcomes of Patients Admitted to Cardiac Intensive Care Units: The Critical Care Cardiology Trials Network Prospective North American Multicenter Registry of Cardiac Critical Illness. JAMA Cardiol. 2019;4(9):928-935. PMID 31339509
  4. van Diepen S, Katz JN, Morrow DA. Will Cardiac Intensive Care Unit Admissions Warrant Appropriate Use Criteria in the Future? Circulation. 2019;140(4):267-269. PMID 31329487

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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