La insuficiencia tricuspídea moderada o grave es una condición prevalente en pacientes con insuficiencia cardiaca crónica, alcanzando cifras superiores al 50% en aquellos con síntomas avanzados. Su impacto pronóstico es notable: a mayor severidad, peor es la supervivencia. En los últimos años, el manejo de la insuficiencia tricuspídea ha evolucionado desde un abordaje meramente sintomático hacia estrategias integradas que incluyen tratamiento médico optimizado, cirugía selectiva y técnicas transcatéter.
Esta revisión presenta la evidencia científica más reciente sobre la presentación clínica, la fisiopatología, el manejo médico, las opciones quirúrgicas y percutáneas, así como las perspectivas futuras en el tratamiento de la insuficiencia tricuspídea en el contexto de insuficiencia cardiaca.
Presentación clínica y fisiopatología
En la insuficiencia tricuspídea, el reflujo de sangre desde el ventrículo derecho hacia la aurícula derecha durante la sístole provoca un aumento progresivo de las presiones venosas sistémicas. Inicialmente, se manifiesta con retención de líquidos y elevación de la presión venosa yugular. Con el avance de la enfermedad, aparecen edema periférico, ascitis, hepatomegalia y, en casos graves, anasarca.
El remodelado del ventrículo derecho conduce a una disminución del gasto cardiaco, con síntomas de intolerancia al ejercicio, disnea y fatiga. En fases terminales se asocian malnutrición, anemia, deterioro cognitivo, enfermedad renal crónica y hepatopatía congestiva.
Epidemiología y clasificación etiológica
La insuficiencia tricuspídea es un proceso heterogéneo. La clasificación moderna incluye:
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Insuficiencia tricuspídea primaria: causada por alteraciones estructurales de la válvula (degenerativa, congénita, adquirida por enfermedad reumática, tumores, traumatismos o radioterapia).
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Insuficiencia tricuspídea secundaria ventricular (V-STR): consecuencia de dilatación y disfunción del ventrículo derecho, habitualmente por hipertensión pulmonar postcapilar o precapilar, infarto de ventrículo derecho o miocardiopatías.
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Insuficiencia tricuspídea secundaria auricular (A-STR): asociada a dilatación de la aurícula derecha y del anillo tricuspídeo, con función ventricular derecha conservada, frecuentemente vinculada a fibrilación auricular e insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada (FEVI ≥50%).
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Insuficiencia tricuspídea relacionada con dispositivos electrónicos implantables (CIED): por interferencia mecánica de cables sobre el aparato valvular o incidental.
Cada tipo presenta una fisiopatología y pronóstico distinto, siendo el fenotipo ventricular el de peor evolución.
Historia natural y pronóstico
Estudios poblacionales han demostrado que la presencia de insuficiencia tricuspídea grave en insuficiencia cardiaca se asocia a un riesgo incrementado de mortalidad, incluso ajustando por otros factores clínicos y ecocardiográficos. Las escalas de riesgo (como TRI-SCORE, MELD, EuroSCORE II) ayudan a estratificar el pronóstico, mostrando que la presentación tardía y la acumulación de comorbilidades son determinantes de un peor desenlace.
En pacientes tratados de forma conservadora, la mortalidad a 1 año puede superar el 50% en los estadios más avanzados, lo que resalta la necesidad de un diagnóstico y tratamiento precoces.
Tratamiento médico
El manejo farmacológico se basa en dos objetivos:
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Tratar la causa subyacente:
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En HFrEF, el uso de sacubitrilo/valsartán e iSGLT2 ha demostrado mejorar la función ventricular derecha y reducir la presión pulmonar.
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Vasodilatadores pulmonares pueden disminuir la severidad de la insuficiencia tricuspídea en hipertensión pulmonar significativa.
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La corrección de valvulopatías izquierdas o el implante de terapia de resincronización cardiaca pueden inducir mejoría en la regurgitación tricuspídea.
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Control de la congestión:
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Diuréticos de asa ajustados a la clínica y función renal.
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En resistencia diurética, combinación con tiazidas o antagonistas de receptores de mineralocorticoides.
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Optimización del volumen antes de procedimientos transcatéter para mejorar resultados.
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Papel de la fibrilación auricular y los dispositivos implantables
La fibrilación auricular está presente en más del 50% de los pacientes con insuficiencia tricuspídea grave. La ablación o el control del ritmo pueden revertir parcialmente la dilatación auricular y mejorar la regurgitación.
Los dispositivos implantables pueden causar insuficiencia tricuspídea por interacción mecánica con la válvula. La extracción de cables, cuando está indicada, debe evaluarse cuidadosamente, ya que puede empeorar la regurgitación en hasta un 25% de los casos.
Cirugía de la válvula tricúspide
La cirugía aislada de la válvula tricúspide se asocia a una mortalidad intrahospitalaria del 7-9% y complicaciones hasta en el 30% de los casos. Su uso está infrarrepresentado y se reserva principalmente para pacientes jóvenes, en estadios iniciales y tratados en centros de alto volumen.
El beneficio quirúrgico es mayor en puntuaciones TRI-SCORE bajas y con reparación preferida sobre reemplazo. En casos avanzados y con comorbilidades múltiples, las intervenciones suelen ser fútiles.
Intervenciones transcatéter
Las técnicas transcatéter han revolucionado el abordaje de la insuficiencia tricuspídea en pacientes de alto riesgo quirúrgico. Destacan:
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TEER: TriClip y PASCAL han demostrado en ensayos aleatorizados (TRILUMINATE, Tri-FR) mejorías significativas en calidad de vida y reducción de la severidad de la insuficiencia tricuspídea, aunque sin diferencias consistentes en mortalidad a corto plazo.
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TTVR: EVOQUE, evaluado en TRISCEND II, logró una reducción a insuficiencia tricuspídea ≤ leve en el 95% de los pacientes, con mejoras sustanciales en la puntuación de Kansas City Cardiomyopathy Questionnaire (KCCQ).
Selección de pacientes y momento óptimo
El momento ideal para intervenir parece situarse en estadios intermedios (TRI-SCORE 4-5), antes de que se desarrollen disfunción ventricular derecha severa o daño orgánico irreversible. Factores anatómicos, etiológicos y funcionales deben guiar la elección entre reparación y reemplazo.
Lagunas de conocimiento y futuro
Persisten retos en la cuantificación de la severidad y en la definición del momento óptimo de intervención. La inteligencia artificial y la ecocardiografía tridimensional pueden mejorar la valoración anatómica y pronóstica.
Es necesario definir algoritmos que integren tratamiento médico, cirugía y técnicas transcatéter según etiología y estadio, maximizando supervivencia y calidad de vida.
Referencias:
- JACC Heart Fail. - Current Evidence on Tricuspid Regurgitation Interventions in Heart Failure


















































