Qué sabemos del impacto cardiovascular de los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado

El tabaquismo sigue siendo la primera causa cardiovascular prevenible en todo el mundo. Ante la dificultad que supone el abandono completo, millones de fumadores han recurrido a alternativas sin combustión: los cigarrillos electrónicos y los productos de tabaco calentado. La pregunta clínica no es si estos productos son inocuos, sino si su perfil de riesgo cardiovascular difiere de forma clínicamente significativa del cigarro convencional.

Una revisión narrativa publicada en Advances in Clinical and Experimental Medicine en 2026 sintetiza los datos clínicos disponibles sobre los efectos cardiovasculares de los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado frente al tabaco combustible. Tras revisar 891 registros, los autores incluyeron 24 estudios con diseños heterogéneos: ensayos prospectivos aleatorizados, estudios observacionales transversales, cohortes nacionales y estudios cruzados.

Reducción de la exposición tóxica: qué dicen los biomarcadores

La premisa biológica de los productos sin combustión se apoya en un hecho bien establecido: al no quemar tabaco, eliminan la generación de monóxido de carbono, carcinógenos y la mayor parte de los compuestos tóxicos derivados de la combustión. Los estudios revisados muestran de forma consistente que este cambio se traduce en mejoras detectables en los biomarcadores de exposición.

Varios ensayos prospectivos aleatorizados demostraron que el paso a un producto de tabaco calentado reducía los niveles de carboxihemoglobina, NNAL, leucocitos y marcadores de estrés oxidativo entre un 51 y un 96% a los cinco días, con reducciones que se mantuvieron a los 6 y 12 meses. La magnitud de estas mejoras se acercó a la observada tras la abstinencia completa. Un hallazgo relevante: los niveles de nicotina permanecieron similares a los de los fumadores activos, lo que indica que la reducción tóxica se produce sin privación nicotínica.

Para los cigarrillos electrónicos, los datos apuntan en la misma dirección. Un estudio transversal que comparó más de 120 fumadores activos con 140 usuarios exclusivos de cigarrillo electrónico durante al menos 6 meses mostró diferencias favorables en múltiples biomarcadores de riesgo cardiovascular, incluyendo menores marcadores inflamatorios, menor estrés oxidativo y mejor perfil lipídico.

Efectos cardiovasculares de los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado

Más allá de los biomarcadores, el impacto sobre la función vascular y miocárdica es el terreno donde los datos son más clínicamente relevantes, y también donde emergen algunas contradicciones.

En el plano agudo, tanto el cigarro convencional como los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado producen un incremento de la rigidez arterial. Sin embargo, el aumento de la velocidad de onda de pulso fue significativamente menor con el tabaco calentado que con el cigarro convencional (0,54 frente a 1,11 m/s en un ensayo cruzado). Mientras que el cigarro elevó monóxido de carbono, malondialdehído y tromboxano B₂ de forma aguda, el tabaco calentado no indujo cambios significativos en estos marcadores de estrés oxidativo y activación plaquetaria.

En los seguimientos de uno a cuatro meses, el cambio exclusivo a cigarrillo electrónico o tabaco calentado se asoció con mejorías en la dilatación mediada por flujo, la reserva de flujo coronario, la deformación miocárdica global y la distensibilidad arterial total. Un ensayo con 75 fumadores adultos observó mejorías significativas en múltiples parámetros ecocardiográficos ya al mes de uso exclusivo del tabaco calentado, incluyendo el índice global de trabajo miocárdico y la fracción de deformación longitudinal global.

Los datos no son uniformes. Un estudio observacional con 20 usuarios crónicos de tabaco calentado no encontró diferencias significativas en función endotelial, estrés oxidativo ni activación plaquetaria respecto a los fumadores convencionales. Y en usuarios jóvenes y sanos de cigarrillo electrónico, algunos trabajos detectaron alteraciones en la rigidez arterial similares a las de fumadores activos, lo que cuestiona parte del optimismo derivado de los estudios a corto plazo.

Impacto sobre eventos cardiovasculares adversos mayores

La variable clínica definitiva es la incidencia de eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE). Los datos son escasos pero relevantes.

Una cohorte nacional coreana con más de 5 millones de hombres mostró que cambiar del cigarro convencional a cigarrillo electrónico o tabaco calentado se asoció con un riesgo de enfermedad cardiovascular significativamente menor que el de quienes continuaban fumando, aunque el abandono completo sin productos alternativos seguía ofreciendo el mayor beneficio.

El estudio más relevante desde el punto de vista clínico es el de Kang et al., publicado en European Heart Journal en 2025, que incluyó a 17.973 fumadores con cardiopatía isquémica establecida sometidos a intervención coronaria percutánea. La incidencia de MACE fue del 17,0% entre quienes continuaron fumando, del 13,4% entre quienes dejaron el tabaco y del 10,8% entre quienes cambiaron exclusivamente a productos sin combustión. La razón de riesgo ajustada para los que realizaron el cambio frente a los que continuaron fumando fue de 0,82 (IC 95%: 0,69-0,98). El beneficio fue exclusivo del cambio completo: el uso dual no ofreció ventaja estadísticamente significativa [1,2].

Perspectiva crítica de la comunidad científica

Más allá de los hallazgos descritos en esta revisión, la comunidad científica mantiene reservas significativas que no pueden ignorarse a la hora de trasladar estos datos a la práctica clínica. El análisis honesto del campo obliga a señalarlas con claridad.

Metodología y sesgo de síntesis. Esta revisión es narrativa, no sistemática. No incorpora evaluación formal de la calidad de los estudios, no pondera el riesgo de sesgo y no aporta estimaciones cuantitativas agrupadas. En un campo con diseños tan heterogéneos y resultados tan variables, esta limitación es determinante. Metaanálisis publicados con metodología más rigurosa ofrecen conclusiones más matizadas y, en algunos aspectos, contradictorias con el mensaje general de esta revisión.

Financiación industrial. Varios de los ensayos más favorables a los productos de tabaco calentado fueron diseñados, financiados o ejecutados por la industria tabacalera. Este sesgo potencial, ampliamente documentado en la literatura científica independiente, no recibe un tratamiento explícito en la revisión. Se ha demostrado de forma sistemática que la investigación patrocinada por la industria tiende a sobrestimar los beneficios y a minimizar los riesgos de estos productos. Esta consideración es especialmente relevante cuando esos estudios sirven de base para afirmaciones regulatorias.

Horizonte temporal insuficiente. El tabaquismo genera daño cardiovascular a través de mecanismos que operan durante décadas. La mayor parte de los estudios incluidos tienen seguimientos de días a meses. Las mejoras en biomarcadores a corto plazo son biológicamente plausibles y consistentes, pero no garantizan una reducción proporcional de eventos clínicos a 10 o 20 años. No existen ensayos aleatorizados con seguimiento prolongado y variables clínicas duras como variable principal. Es un vacío de conocimiento que ningún estudio de biomarcadores puede suplir.

El problema del uso dual. En la práctica real, una proporción relevante de quienes adoptan cigarrillos electrónicos o tabaco calentado los utilizan de forma simultánea con el cigarro convencional. El estudio de Kang et al. lo confirma: el uso dual no redujo el riesgo de MACE de forma significativa. La mayor parte del beneficio observado en los estudios se concentra en usuarios exclusivos, un perfil que puede no ser representativo de lo que ocurre en la consulta habitual.

La dimensión que esta revisión no aborda. La revisión no menciona la epidemia de vapeo entre adolescentes y jóvenes adultos sin historial previo de tabaquismo. El concepto de reducción de daño tiene sentido aplicado al fumador crónico adulto que no puede dejar el tabaco; es radicalmente distinto aplicado a un joven no fumador que inicia la dependencia nicotínica a través del cigarrillo electrónico. Este contexto es inseparable de cualquier valoración honesta del impacto poblacional de estos productos.

Divergencia entre organismos científicos. Las posiciones institucionales no son uniformes. Las guías de prevención cardiovascular de la Sociedad Europea de Cardiología sitúan los cigarrillos electrónicos como alternativa posible en fumadores que no logran el abandono con métodos convencionales, pero con un nivel de recomendación débil y reconociendo la incertidumbre sobre su seguridad a largo plazo. La Organización Mundial de la Salud no avala estos productos como herramienta terapéutica de cesación y los incluye en sus marcos regulatorios de control del tabaco. El organismo de salud pública del Reino Unido mantiene una posición más favorable. Esta divergencia refleja la incertidumbre científica real que persiste en el campo, y el cardiólogo debe conocerla antes de hacer una recomendación.

Mensajes clave

  • El cambio del cigarro convencional a cigarrillos electrónicos o productos de tabaco calentado reduce de forma consistente los biomarcadores de exposición a tóxicos, con mejoras que se mantienen a los 6 y 12 meses y se aproximan cualitativamente a las observadas tras la abstinencia completa.
  • Estudios funcionales a corto plazo muestran mejorías en rigidez arterial, función endotelial y reserva de flujo coronario, aunque los resultados son heterogéneos y algunos trabajos no detectan diferencias respecto al cigarro convencional.
  • Un estudio de cohortes en casi 18.000 pacientes con cardiopatía isquémica mostró una razón de riesgo ajustada de 0,82 para MACE al cambiar exclusivamente a productos sin combustión frente a continuar fumando, con una incidencia del 10,8% frente al 17,0%.
  • El beneficio se restringe al uso exclusivo: el uso dual de productos sin combustión y cigarro convencional no reduce el riesgo de MACE de forma estadísticamente significativa.
  • El abandono completo del tabaco sigue siendo la estrategia con mayor reducción de riesgo cardiovascular. Los datos disponibles son predominantemente a corto plazo, parte de la investigación tiene financiación industrial y no existen ensayos aleatorizados con seguimiento prolongado; todo ello obliga a aplicar estos resultados con prudencia.

Relevancia y aplicación clínica

Para el cardiólogo clínico, estos datos plantean un escenario de reducción de daño, no de inocuidad. En el fumador activo que rechaza el abandono o ha fracasado reiteradamente en los intentos de cesación, el cambio a un producto sin combustión puede representar una alternativa biológicamente razonada, siempre que se presente como un paso intermedio hacia la abstinencia total y nunca como un objetivo en sí mismo.

La implicación más directa procede del estudio en pacientes tras intervención coronaria percutánea: en la población con mayor riesgo establecido, donde cada decisión relacionada con el tabaco tiene más peso clínico, se observó la diferencia más relevante entre continuar fumando y cambiar de hábito. Comunicar este dato al paciente cardíaco que no logra dejar el tabaco puede ser un argumento útil en la consulta.

La recomendación debe acompañarse, sin embargo, de honestidad sobre sus límites. La calidad metodológica variable de los estudios disponibles, el posible sesgo de financiación industrial, la ausencia de seguimientos a largo plazo y el problema del uso dual obligan a aplicar estos resultados con cautela. Los efectos cardiovasculares de los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado, aunque más favorables que los del cigarro convencional en los estudios actuales, siguen sin estar completamente caracterizados en horizontes de diez años o más, y ningún biomarcador a corto plazo puede sustituir esa información.

Referencias:

  1. Festinese S, Richter D. Cardiovascular effects of electronic cigarettes and heated tobacco products: Clinical evidence from a narrative review. Adv Clin Exp Med. 2026. doi:10.17219/acem/217292
  2. Kang D, Choi KH, Kim H, et al. Prognosis after switching to electronic cigarettes following percutaneous coronary intervention: A Korean nationwide study. Eur Heart J. 2025;46(1):84-95. doi:10.1093/eurheartj/ehae705

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

Colabora con CardioTeca
¿Quieres escribir en el Blog?
Únete a nuestros cientos de colaboradores científicos. Gana visibilidad y participa.

Servicios y Gestión de Proyectos - Trabaja con CardioTeca

Formación

Formación

Cursos online, con certificado de asistencia y acreditados. Formación cuándo y cómo quieras.
Patrocinio

Patrocinio

Acuerdos de colaboración o esponsorización de acciones y proyectos.
Ediciones

Ediciones

eBooks con depósito legal e ISBN, PDF navegables, infografías, pósters, publicaciones digitales.