La obesidad y el sobrepeso se asocian a un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, y una parte sustancial de la mortalidad relacionada con la obesidad se atribuye a causas cardiovasculares. En este contexto, los fármacos incretínicos de nueva generación han cambiado el abordaje clínico de la obesidad al lograr pérdidas de peso clínicamente relevantes y mejoras de factores de riesgo cardiometabólico.
En el estudio SURMOUNT-5 se compararon tirzepatide y semaglutide en adultos con obesidad o sobrepeso, sin diabetes tipo 2. Este análisis evaluó cómo se modificaba el riesgo cardiovascular a 10 años en prevención primaria (personas sin antecedentes de enfermedad cardiovascular al inicio) tras 72 semanas de tratamiento, y tradujo esas reducciones a una estimación de eventos potencialmente evitables en población de Estados Unidos.
Qué se evaluó y en quién
El riesgo cardiovascular a 10 años se estimó con ecuaciones específicas por sexo basadas en IMC que incorporan edad, IMC, presión arterial sistólica, tratamiento antihipertensivo, tabaquismo y estado de diabetes. Los eventos cardiovasculares considerados en el modelo incluyen cardiopatía coronaria, ictus, enfermedad arterial periférica o insuficiencia cardiaca.
En la población analizada (n=576) sin enfermedad cardiovascular previa y que completó 72 semanas, la edad media fue de 44,8 años y el IMC medio de 39,5kg/m2. El 65,8% eran mujeres; el 6,9% fumaba; el 37,2% recibía tratamiento para hipertensión; y el 57,5% presentaba prediabetes. Las características basales fueron comparables entre los grupos de tratamiento.
Resultados principales en riesgo cardiovascular a 10 años
Antes del tratamiento, la puntuación media de riesgo cardiovascular a 10 años fue del 9,3%. A las 72 semanas, tirzepatide se asoció a una reducción absoluta mayor del riesgo estimado que semaglutide. En el análisis global, el riesgo pasó de 9,01% a 6,89% con tirzepatide (cambio desde basal de −2,36%) y de 9,50% a 7,90% con semaglutide (−1,35%), con diferencias significativas entre tratamientos.
En términos relativos, se describió una reducción del 23,72% con tirzepatide frente al 13,56% con semaglutide. Además, se estimó una razón de riesgos marginal de 0,87, coherente con una reducción aproximada del 13% del hazard al comparar tirzepatide frente a semaglutide tras 72 semanas.
Diferencias por subgrupos
Las mujeres presentaron menor riesgo estimado que los varones ya en la situación basal, y la reducción fue mayor con tirzepatide en ambos sexos. A las 72 semanas, en mujeres el riesgo estimado se redujo a 4,24% con tirzepatide (−1,68%) y a 4,80% con semaglutide (−1,12%). En varones, se redujo a 11,93% con tirzepatide (−3,74%) y a 13,96% con semaglutide (−1,71%).
Los análisis por raza (blancos frente a no blancos) y por categoría de IMC (<35kg/m2 y ≥35kg/m2) mostraron un patrón consistente: tirzepatide mantuvo una mayor reducción del riesgo estimado frente a semaglutide en los distintos estratos evaluados.
Qué factores podrían explicar la diferencia
Las trayectorias longitudinales mostraron reducciones mayores con tirzepatide en variables que alimentan el cálculo de riesgo, especialmente IMC y presión arterial sistólica. También se observó un descenso en la proporción de participantes en tratamiento antihipertensivo en el grupo de tirzepatide. La separación entre tratamientos en reducción del riesgo estimado apareció de forma temprana (ya a las 12 semanas), lo que sugiere que, además del efecto asociado a la pérdida de peso, podrían contribuir otros cambios cardiometabólicos. Tirzepatide actúa como agonista dual de los receptores GIP y arGLP-1, mientras que semaglutide es un arGLP-1.
Impacto poblacional estimado en Estados Unidos
Para trasladar el efecto observado en riesgo estimado a una magnitud poblacional, se proyectó el tamaño de la población candidata a tratamiento en Estados Unidos sin diabetes y sin enfermedad cardiovascular previa, basada en criterios de elegibilidad por IMC y complicaciones relacionadas con la obesidad. Con estos supuestos, la población elegible se estimó en aproximadamente 85 millones de personas.
Si el efecto a 72 semanas se mantuviera durante el tratamiento, la traducción del descenso absoluto de riesgo a 10 años implicaría que podrían prevenirse alrededor de 2,0 millones de eventos cardiovasculares en 10 años con tirzepatide, frente a 1,15 millones con semaglutide, en esa población elegible. La diferencia correspondería a unos 0,86 millones de eventos adicionales potencialmente evitables con tirzepatide.
Mensajes clave
- Mayor reducción del riesgo estimado: tirzepatide se asoció a una disminución absoluta del riesgo cardiovascular a 10 años de −2,36% frente a −1,35% con semaglutide tras 72 semanas.
- Consistencia en subgrupos: el patrón de mayor reducción con tirzepatide se observó en mujeres y varones, y en los estratos evaluados por raza e IMC.
- Señal temprana: la separación entre tratamientos en riesgo estimado apareció desde la semana 12.
- Proyección poblacional: al extrapolar a una población elegible de ~85 millones, se estimaron más eventos potencialmente evitables con tirzepatide que con semaglutide en un horizonte de 10 años.
Relevancia clínica
En prevención primaria de enfermedad cardiovascular en personas con obesidad o sobrepeso sin diabetes, la magnitud de pérdida de peso y la mejoría de factores cardiometabólicos se asocian a reducciones del riesgo futuro. Este análisis aporta una comparación directa entre dos opciones terapéuticas ampliamente utilizadas en obesidad, mostrando que tirzepatide se asocia a una mayor reducción del riesgo cardiovascular estimado a 10 años que semaglutide en el marco del estudio comparativo disponible.
La diferencia observada se apoya en cambios favorables en variables clave del riesgo estimado (IMC y presión arterial sistólica) y en una reducción del porcentaje de participantes en tratamiento antihipertensivo con tirzepatide. Además, el inicio temprano de la divergencia en riesgo estimado invita a considerar posibles efectos cardiometabólicos más allá del descenso ponderal, coherentes con el perfil de agonismo dual GIP y arGLP-1.
Aplicación práctica
En la selección terapéutica para pacientes con obesidad o sobrepeso sin diabetes y sin enfermedad cardiovascular previa, estos resultados sugieren que tirzepatide podría ofrecer un impacto superior sobre el riesgo cardiovascular estimado a 10 años frente a semaglutide, al menos en el horizonte de 72 semanas. En la práctica, la elección debe integrar tolerabilidad, objetivos de pérdida ponderal, control de presión arterial y perfil cardiometabólico global.
Cuando el objetivo clínico incluye, además de la pérdida de peso, la optimización de variables estrechamente relacionadas con el riesgo cardiovascular (como la presión arterial sistólica y la necesidad de tratamiento antihipertensivo), la magnitud de cambio observada con tirzepatide puede ser clínicamente relevante. En pacientes con riesgo basal más alto (por ejemplo, varones), el descenso absoluto del riesgo estimado fue también mayor, lo que puede ayudar a priorizar estrategias en perfiles de mayor riesgo.
Impacto en la práctica clínica
Estos hallazgos apoyan el uso de intervenciones farmacológicas eficaces para el manejo de la obesidad como herramienta de prevención cardiovascular, y proporcionan una comparación directa entre tirzepatide y semaglutide en términos de riesgo estimado a 10 años. No obstante, es importante interpretar la proyección de “eventos evitables” como un escenario estimado basado en modelos de riesgo y en supuestos de persistencia del efecto, no como eventos observados.
En consecuencia, el mensaje clínico aplicable es que, en un contexto comparable de obesidad sin diabetes y sin enfermedad cardiovascular previa, tirzepatide se asocia a una reducción mayor del riesgo cardiovascular estimado que semaglutide, con un potencial impacto poblacional superior si se mantuviera el efecto. La confirmación definitiva del beneficio en eventos clínicos requerirá datos de resultados cardiovasculares a largo plazo en poblaciones de prevención primaria.
Referencias:
Ramón Bover Freire

































