Entrenamiento de fuerza para pacientes con cardiopatías

La sesión revisa el papel del entrenamiento de fuerza en pacientes con cardiopatías desde un enfoque terapéutico y práctico. Se recuerda que la evidencia sobre ejercicio físico y salud cardiovascular es robusta desde hace décadas (estudios epidemiológicos clásicos ya mostraban mejor perfil cardiovascular en personas con mayor actividad física cotidiana). El avance tecnológico ha reducido el esfuerzo físico diario y ha favorecido el sedentarismo, por lo que las intervenciones no farmacológicas basadas en ejercicio cobran aún más relevancia.

Se plantea el entrenamiento de fuerza como herramienta clínica (no estética), con antecedentes en rehabilitación funcional: el reposo no siempre optimiza la recuperación y la incorporación progresiva de fuerza puede acelerar la vuelta a la función. Además, el ejercicio se interpreta como modulador de procesos fisiológicos y moleculares relevantes, actuando sobre factores modificables con impacto sistémico.

Aeróbico vs fuerza: no sustitución, sino complemento

La evidencia comparativa entre entrenamiento aeróbico, fuerza y programas combinados (incluyendo ensayos de larga duración con grupos aeróbico, fuerza, combinado y control) sugiere que el aeróbico suele ser el más eficaz para mejorar parámetros clásicos de consulta (p. ej., presión arterial, LDL, glucemia en ayunas). En este marco, la fuerza se entiende como complemento adecuado y no como sustituto del aeróbico.

Aun así, centrarse solo en “caminar” o en ejercicio continuo moderado puede ser insuficiente para cubrir un objetivo clínico más amplio: mejorar la condición física global y la funcionalidad.

Condición física y calidad de vida: por qué “caminar” puede no bastar

La condición física no es solo capacidad cardiorrespiratoria (VO₂ máximo), sino también la capacidad de resolver demandas funcionales cotidianas que requieren fuerza y control motor. Subir escaleras, levantarse con soltura, manipular cargas o mantener autonomía en la vejez dependen de un componente de fuerza que caminar, por sí solo, no suele entrenar de forma suficiente. Por ello, integrar fuerza no solo busca mejorar marcadores cardiometabólicos, sino también calidad de vida y autonomía.

En este sentido se propone una “triada” práctica para una prescripción más completa, que combine estímulos con objetivos diferentes:

  • Ejercicio continuo de intensidad moderada (p. ej., caminar de forma sostenida).
  • Estímulos de intensidad vigorosa (según tolerancia y contexto clínico).
  • Entrenamiento de fuerza (progresivo y adaptado).

Intensidad en la práctica: percepción del esfuerzo

Cuando no se dispone de prueba de esfuerzo o estimación de VO₂, se recomienda usar escalas de percepción subjetiva del esfuerzo:

  • Borg 6–20: intensidad moderada ~12–13.
  • Escala 1–10: intensidad moderada ~5–6; vigorosa >6–7 (orientativo).

Esto facilita trasladar la prescripción a la vida real fuera de programas estructurados de rehabilitación cardiaca.

Programas combinados y sedentarismo como factor de riesgo

En población con obesidad, hipertensión y sedentarismo, estudios comparativos han mostrado que la combinación aeróbico + fuerza puede lograr mejoras más marcadas en parámetros hemodinámicos como presión arterial y frecuencia cardiaca en reposo, frente a modalidades aisladas.

Se insiste además en que el sedentarismo es un factor modificable a menudo infrarregistrado. No basta con preguntar si se cumplen recomendaciones generales: existen cuestionarios validados (p. ej., IPAQ) para estimar comportamiento sedentario e inactividad, con implicaciones directas sobre el riesgo cardiometabólico.

Más allá del “corazón”: músculo y hueso como desenlaces clínicos

Un punto clave es que muchos estudios centrados en “salud cardiovascular” no incluyen resultados musculoesqueléticos, pese a su relevancia. En pacientes con cardiopatía (frecuentemente >40–60 años) es esperable una reducción de masa muscular y densidad mineral ósea, con una caída especialmente marcada en mujeres tras la menopausia. Estos componentes no suelen mejorar de forma significativa con recomendaciones genéricas como caminar ni se revierten plenamente con medidas exclusivamente farmacológicas.

En estudios que sí midieron composición corporal, se describe que el aeróbico aislado (p. ej., 40 min en cinta o bicicleta al 65% de la FC de reserva) puede asociarse a pérdida de masa muscular y densidad ósea, aunque disminuya el peso. Se recalca que el peso es fácil de registrar y útil, pero puede ocultar una pérdida de masa magra si no existe estímulo mecánico suficiente. En un contexto de balance calórico negativo sin fuerza, el organismo puede “ahorrar” estructuras costosas (músculo y hueso). La fuerza aporta señal mecánica y contráctil que favorece la preservación de masa muscular y la salud ósea, además del papel del músculo como órgano endocrino (miocinas) y su interacción con el tejido óseo.

Hipertensión: fuerza e isométricos

En comparativas entre aeróbico moderado, HIIT, fuerza y ejercicio isométrico, se destaca que:

  • El HIIT permite acumular trabajo intenso mediante intervalos y es eficiente.
  • El entrenamiento de fuerza puede conseguir reducciones de presión arterial similares (y en algunos análisis superiores) a las del aeróbico.
  • El ejercicio isométrico (p. ej., “sentadilla en pared”) aparece como una de las modalidades con mejores reducciones de PAS y PAD, siempre que se prescriba y progrese de forma adecuada.

La idea práctica es clara: no evitar fuerza ni isométricos por principio en cardiopatía/hipertensión, sino individualizar y ajustar dosis, progresión y seguridad.

Fundamento metabólico: tasa de síntesis de ATP y uso de glucosa

Se cuestiona la dicotomía “aeróbico vs anaeróbico” por simplista. El elemento determinante no sería la “presencia de oxígeno”, sino la tasa metabólica (velocidad de síntesis de ATP). Caminar genera un estímulo predominantemente oxidativo; en cambio, para mejorar síndrome metabólico o resistencia a la insulina interesa inducir demandas altas de ATP que favorezcan un mayor uso de glucosa por el músculo, característica del entrenamiento de fuerza.

 

Luis Berlanga

Luis Berlanga

Doctor en Ciencias de la Salud y profesor e investigador en el Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad CEU Fernando III. Especialista en Fisiología del Ejercicio, centra su trabajo en la evaluación de la capacidad funcional y la prescripción de ejercicio físico en el ámbito clínico (enfermedades metabólicas, oncología, población geriátrica, etc.).

@LuisBerlanga_ @profeluisberlanga

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