La enfermedad hepática crónica es un problema de salud pública y su pronóstico depende en gran medida de la extensión y progresión de la fibrosis. La dificultad es que muchos pacientes permanecen asintomáticos durante años y se diagnostican tarde, cuando ya han aparecido complicaciones de la cirrosis, mientras que las analíticas habituales pueden ser normales o solo discretamente alteradas. En este escenario, las pruebas no invasivas han cambiado la forma de detectar fibrosis avanzada o cirrosis antes de que se manifiesten complicaciones, y permiten seleccionar a quién seguir en consultas generales y a quién derivar a atención especializada.
Por qué importa la fibrosis y por qué no basta con la analítica habitual
La fibrosis hepática se clasifica por gravedad en ausencia de fibrosis (F0), fibrosis leve (F1), fibrosis significativa (F2), fibrosis avanzada (F3) y cirrosis (F4). En la práctica, el objetivo clínico más relevante suele ser descartar o identificar fibrosis avanzada (F3-F4), porque es el subgrupo en el que se concentran resultados adversos hepáticos y en el que una intervención dirigida puede prevenir progresión y complicaciones. Además, en pacientes con cirrosis, cuantificar el riesgo asociado a hipertensión portal tiene implicaciones terapéuticas y de seguimiento.
Qué pruebas no invasivas hay y qué mide cada una
Las estrategias disponibles se agrupan en dos enfoques complementarios:
- Pruebas basadas en sangre: aproximan el grado de fibrosis a partir de variables analíticas asociadas a lesión hepática, inflamación o hipertensión portal, o bien cuantifican componentes circulantes relacionados con fibrogénesis y remodelado de la matriz extracelular.
- Pruebas de imagen basadas en rigidez hepática: estiman propiedades físicas del parénquima midiendo la rigidez, que a menudo refleja carga de fibrosis.
Pruebas en sangre: indirectas y directas
Entre los marcadores indirectos destacan el índice AST/plaquetas (APRI), el FIB-4 y el NAFLD fibrosis score (NFS). Son fáciles de obtener porque se basan en variables comunes. En la práctica, el FIB-4 es especialmente sencillo de incorporar y automatizar. Puede calcularse como (edad × AST) ÷ (plaquetas × √ALT). Su rendimiento depende del contexto: en poblaciones de bajo riesgo es útil para descartar fibrosis avanzada por su elevada capacidad de “rule-out”, aunque su especificidad y valor predictivo positivo son modestos.
Los marcadores directos incluyen paneles comerciales como ELF, además de otros (p. ej., FibroTest/FibroSure y FibroMeter). El ELF aporta buena validación, pero es más caro y puede verse afectado por la edad y condiciones inflamatorias extrahepáticas. En general, APRI, FIB-4 y ELF figuran entre las pruebas en sangre mejor validadas, con alta aplicabilidad y reproducibilidad; en particular, APRI y FIB-4 tienen la ventaja de su bajo coste al derivarse de analíticas habituales.
Elastografía: VCTE y MRE
La rigidez hepática puede medirse con técnicas de elastografía por ultrasonidos o con elastografía por resonancia magnética (MRE). La VCTE es la técnica más validada y la más utilizada en el mundo. Expresa resultados en kilopascales (kPa), con valores típicos desde 2 hasta más de 75kPa; se consideran normales valores <5kPa. La VCTE tiende más a falsos positivos que a falsos negativos, por lo que la interpretación debe considerar factores de confusión.
Para que una medición sea fiable, el cociente entre el rango intercuartílico y la mediana no debe superar el 30%, salvo cuando el resultado es ≤7kPa. Sus ventajas incluyen disponibilidad a pie de cama, curva de aprendizaje sencilla y elevada fiabilidad cuando se emplea una sonda adecuada en personas sin obesidad mórbida. Otras elastografías por ultrasonidos (p. ej., técnicas de onda de cizalla puntuales o bidimensionales) muestran precisiones diagnósticas globalmente similares, pero la heterogeneidad entre plataformas y puntos de corte limita su adopción generalizada. La MRE, por su parte, puede superar a la elastografía por ultrasonidos para confirmar fibrosis en estadios más precoces (F2 o superior), con precisión similar para confirmar fibrosis avanzada.
Mensajes clave
- La prioridad clínica es descartar o confirmar fibrosis avanzada (F3-F4) antes de que aparezcan complicaciones de cirrosis.
- FIB-4 es la herramienta inicial más fácil de integrar y automatizar; cuando es indeterminado o alto, se requiere una prueba secundaria.
- VCTE y ELF son pruebas secundarias muy validadas para mejorar especificidad, especialmente en entornos con mayor prevalencia.
- El contexto (prevalencia, disponibilidad y coste) condiciona el valor predictivo y el mejor algoritmo de uso.
- Factores de confusión (p. ej., insuficiencia cardiaca con congestión venosa) pueden elevar rigidez hepática y generar falsos positivos.
Algoritmo práctico de cribado en pacientes con sospecha de enfermedad hepática crónica
En personas con factores de riesgo (esteatosis hepática, carga cardiometabólica elevada, consumo excesivo de alcohol, hepatitis viral o elevación crónica de transaminasas), el enfoque escalonado mejora la eficiencia. La lógica es sencilla: en un entorno de baja prevalencia, una prueba inicial sensible permite descartar fibrosis avanzada en la mayoría y reservar pruebas más específicas para los casos con mayor probabilidad.
Paso 1: cálculo de FIB-4
En el ámbito general, un FIB-4 <1,3 permite descartar de forma fiable fibrosis avanzada y mantener seguimiento fuera del circuito especializado, con reevaluación según el perfil de riesgo. En personas mayores, el punto de corte debe ajustarse: <2,0 si >65 años. Si el FIB-4 ≥1,3 (o ≥2,0 si ≥65 años), se recomienda avanzar a una prueba secundaria. Un FIB-4 >2,67 aumenta la sospecha y puede justificar derivación directa según el contexto.
Paso 2: prueba secundaria según disponibilidad
La VCTE es la opción preferente cuando está disponible. Si no lo está, pueden emplearse otros métodos de rigidez hepática (incluida MRE) o el ELF para estratificar riesgo:
- Fibrosis avanzada improbable: VCTE <8kPa, ELF <9,8 o MRE <3,14kPa.
- Fibrosis avanzada sospechada: VCTE ≥8kPa, ELF ≥9,8 o MRE ≥3,14kPa.
- Fibrosis avanzada probable: VCTE >12kPa, ELF >11,3 o MRE >3,53kPa.
En caso de resultados discordantes o elevación persistente de pruebas hepáticas, puede ser razonable repetir elastografía o considerar evaluación adicional en atención especializada. Además, repetir mediciones puede ser útil en cualquier entorno, especialmente cuando los resultados son inconclusos y se requiere concordancia para el diagnóstico.
Factores de confusión y cómo evitar falsos positivos
Interpretar correctamente estas pruebas exige identificar situaciones que inflan los resultados. En FIB-4, la edad puede elevar el resultado y obliga a ajustar puntos de corte en mayores. En ELF, además de la edad, condiciones inflamatorias extrahepáticas pueden sesgar el valor. En VCTE, la obesidad mórbida (IMC >40) y otros escenarios incrementan el riesgo de falsos positivos. También conviene evitar o posponer la medición si existen transaminasas muy elevadas (>5 veces el límite superior de la normalidad), ingesta reciente en las últimas 4 horas, consumo excesivo de alcohol en curso, colestasis obstructiva o insuficiencia cardiaca con congestión venosa. La experiencia del operador también influye en la calidad de la VCTE.
Impacto en la práctica clínica
La integración de estas pruebas permite detectar antes la fibrosis avanzada en entornos no hepatológicos, donde se atienden muchos pacientes con riesgo cardiometabólico. Dado que la prevalencia de fibrosis avanzada varía por contexto (más baja en atención general y más alta en consultas especializadas), el enfoque escalonado evita derivaciones innecesarias y concentra recursos en quien más lo necesita. Además, el diagnóstico temprano se asocia a cambios sostenidos en hábitos (alcohol, dieta, peso y ejercicio) en poblaciones con enfermedad hepática metabólica o relacionada con alcohol, lo que refuerza su utilidad como herramienta de “activación clínica”.
Relevancia clínica
En cirrosis, las pruebas no invasivas no solo ayudan a diagnosticar, sino también a estratificar riesgo y orientar decisiones. La VCTE, combinada con recuento plaquetario, puede descartar hipertensión portal clínicamente significativa con alta sensibilidad cuando la rigidez es <15kPa y las plaquetas son >150.000/mm³. Por el contrario, una rigidez >25kPa es altamente específica de hipertensión portal clínicamente significativa y puede apoyar decisiones terapéuticas como considerar carvedilol. Para valores intermedios (15-25kPa), modelos que combinan rigidez y plaquetas permiten afinar la probabilidad.
Asimismo, en cirrosis Child-Pugh A, la combinación de plaquetas >150.000/mm³ y rigidez <20kPa permite evitar con seguridad el cribado endoscópico de varices de alto riesgo, con un ahorro de >20% de endoscopias de cribado. En seguimiento, cambios dinámicos de rigidez hepática pueden aportar información pronóstica adicional y se recomienda repetir la medición de rigidez de forma anual.
Aplicación práctica
- Identifica riesgo: esteatosis, diabetes tipo 2, obesidad médicamente complicada, factores metabólicos, alcohol, hepatitis viral o transaminasas persistentemente elevadas.
- Calcula FIB-4 como primer filtro, ajustando el punto de corte en mayores.
- Si FIB-4 es alto o indeterminado, solicita VCTE si está disponible; si no, ELF u otra medición de rigidez hepática (incluida MRE).
- Comprueba confusores antes de interpretar rigidez: congestión por insuficiencia cardiaca, ingesta reciente, colestasis, elevación marcada de transaminasas, alcohol activo u obesidad mórbida.
- Deriva a especializada cuando la fibrosis avanzada sea probable o ante discordancia persistente entre pruebas y clínica.
Referencias:
- N Engl J Med. - Noninvasive Assessment of Liver Fibrosis
Ramón Bover Freire



































