El microcatéter, una herramienta crítica en la ICP compleja: qué nos aporta el estudio rEpic04 - Navitian

Comentario del Autor: Armando Pérez de Prado

El microcatéter es, probablemente, el dispositivo menos analizado de nuestras salas. Está presente en casi cualquier procedimiento complejo —soporte e intercambio de guías, inyección distal de contraste, herramienta imprescindible en oclusiones crónicas (CTO)—, pero la evidencia que respalda su rendimiento procede en gran medida de experiencias unicéntricas, series retrospectivas o de extrapolaciones a partir de registros de CTO en los que el microcatéter es solo una variable más. Confiamos en él a diario, pero rara vez lo hemos convertido en el objeto del estudio.

El Reglamento europeo de productos sanitarios (MDR 2017/745) ha roto esa inercia al exigir seguimiento clínico poscomercialización para confirmar de forma continuada la seguridad y el rendimiento de los dispositivos con marcado CE. El estudio rEpic04 – Navitian nace de ese requisito, pero se diseñó y ejecutó con vocación académica: promovido por la Fundación EPIC, con una ayuda no condicionada del fabricante, que no participó en el diseño, la recogida ni el análisis de los datos, ni en la preparación del manuscrito.

Incluimos de forma consecutiva y prospectiva algo más de un centenar de pacientes en siete centros de alto volumen de España y Portugal. Conviene detenerse en el perfil de la cohorte, porque es lo que da valor al resultado: más de la mitad de las lesiones eran CTOs y casi el 90% se clasificaron como AHA-ACC clase B2/C, con una elevada proporción de enfermedad difusa, calcificación moderada-grave y tortuosidad importante, sobre lesiones largas y en pacientes en su mayoría con afectación multivaso y con intervencionismo previo frecuente. No es una población seleccionada para lucir cifras: es la ICP compleja tal como la hacemos en la vida real.

El objetivo principal era el cruce satisfactorio de la lesión con el microcatéter, y aquí hay un matiz metodológico que merece explicarse, porque afecta a cómo debemos leer cualquier estudio de microcatéteres. En la ICP compleja los pasos son secuencialmente dependientes: si la guía no atraviesa la oclusión, el microcatéter no puede ser evaluado, y computar ese caso como "fallo del dispositivo" mide en realidad el fracaso de la estrategia de guía. Por eso preespecificamos el análisis sobre lesiones con guía previamente cruzada, en línea con lo habitual en la literatura de CTO. En ellas, la eficacia superó el 95%, y siempre que el dispositivo cruzó se alcanzó el éxito procedimental. Los escasos fallos de cruce fueron todos oclusiones crónicas, largas y difusas, mayoritariamente en coronaria derecha; en la mayor parte de ellos no cruzó tampoco ningún otro dispositivo pese a múltiples intentos. Los fallos se concentraron, por tanto, en un fenotipo de lesión difícil, y no en una limitación atribuible al diseño del microcatéter.

En seguridad el resultado es rotundo: ningún caso de rotura, acodamiento ni retirada dificultosa, pese a la tortuosidad, la calcificación y los intercambios repetidos que caracterizan a esta población. Hubo un pequeño número de complicaciones procedimentales y de eventos clínicos intrahospitalarios, pero todos ocurrieron tras el uso de otros dispositivos —guías, balones, stents— y ninguno se adjudicó al microcatéter. Este punto me parece el más transferible a la práctica: en la ICP compleja la complicación casi nunca es imputable a un único dispositivo, sino al riesgo acumulado de toda la secuencia. Evaluar dispositivos en este terreno obliga a una adjudicación de causalidad explícita y transparente, o los datos de seguridad se vuelven poco informativos.

Las limitaciones son las propias de un estudio poscomercialización pragmático y conviene declararlas abiertamente: diseño observacional de un solo brazo sin comparador concurrente, resultados angiográficos comunicados por los propios centros sin evaluación por un CoreLab independiente, ausencia de comité independiente de adjudicación de eventos, seguimiento limitado al alta hospitalaria y falta de definiciones preespecificadas para enfermedad difusa, calcificación y tortuosidad, lo que introduce variabilidad interobservador.

A pesar de esas cautelas, la conclusión es sólida: el microcatéter Navitian mostró alta eficacia de cruce y un excelente perfil de seguridad relacionado con el dispositivo en la ICP compleja del mundo real. Y hay un mensaje más amplio que me gustaría dejar al lector. El MDR se ha vivido a menudo como una carga burocrática, pero también es una oportunidad: obliga a generar evidencia específica de dispositivo, prospectiva y en condiciones reales de uso, sobre productos que hasta ahora se evaluaban por analogía. Que un estudio así pueda liderarse desde una fundación académica, en red multinacional y con datos de práctica clínica habitual, demuestra que el cumplimiento regulatorio y la buena investigación clínica no solo son compatibles: se refuerzan mutuamente.

Referencias:

  1. REC Interv Cardiol. - Seguridad y rendimiento del microcatéter Navitian en ICP compleja en la práctica real: estudio observacional rEpic04

 

Armando Pérez de Prado

Armando Pérez de Prado

Presidente Fundación EPIC. Jefe Cardiología Intervencionista · Hospital de León. Investigador traslacional cardiovascular

@foroic

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