Cuando un paciente te pregunta qué riesgo tiene la ablación que le acabas de proponer, necesitas una cifra. Y hasta ahora había dos, separadas por un factor diez: los registros clínicos hablaban de una muerte por cada 2.000 procedimientos, y las bases de datos administrativas, de una por cada 200. La mortalidad de la ablación de fibrilación auricular llevaba años siendo un número en disputa, justo en el momento en que el procedimiento dejaba de ser cosa de unos pocos centros pioneros para hacerse rutina en decenas de hospitales.
El registro JROAD-DPC, la base nacional japonesa que enlaza diagnósticos y procedimientos con el reembolso sanitario, permite ahora cerrar esa discusión. El grupo de Koichi Inoue analizó en JAMA Network Open [1] 412.947 ablaciones electivas de fibrilación auricular realizadas entre 2012 y 2022, un periodo en el que el volumen anual se multiplicó por seis.
En este artículo:
- Lo que sabíamos hasta ahora
- Cómo se midió en el registro JROAD-DPC
- Cuántos murieron, y cuándo
- Qué distinguía a los pacientes que murieron
- Por qué una base administrativa daba diez veces más
- Qué cambia en la práctica diaria
Lo que sabíamos hasta ahora
El desacuerdo no era menor y tenía una explicación plausible para cada bando. El registro NCDR del American College of Cardiology, con 76.219 pacientes tratados entre 2016 y 2020, comunicó una mortalidad hospitalaria del 0,05%, con un 2,50% de complicaciones de cualquier tipo y un 0,86% de complicaciones mayores [2]. Un metaanálisis de 89 ensayos aleatorizados con 15.701 pacientes situó la mortalidad relacionada con el procedimiento en el 0,06%, con nueve muertes en total: seis por fístula atrioesofágica, dos por ictus y una muerte súbita [3]. El registro nacional holandés, que consultó el padrón municipal de defunciones y por tanto sí captó las muertes ocurridas fuera del hospital, encontró 15 fallecimientos a 30 días entre 30.197 procedimientos, un 0,05%, de los que nueve se consideraron atribuibles al procedimiento [4].
Frente a esas cifras, el análisis de la Nationwide Readmissions Database estadounidense, con 60.203 ingresos entre 2010 y 2015, comunicó una mortalidad precoz del 0,46%, más de la mitad de ella durante el reingreso a 30 días, y describió además una tendencia al alza desde el 0,25% hasta el 1,35% a lo largo del periodo [5]. Ese trabajo dejó instalada una sospecha difícil de ignorar: que la difusión rápida del procedimiento a centros con menos experiencia estuviera erosionando su seguridad, igual que se documentó en su día con el intervencionismo coronario o con el implante percutáneo de válvula aórtica.
La guía ESC de 2024 de fibrilación auricular recogió la discrepancia sin resolverla, y señaló dónde estaba la clave:
Los registros y estudios recientes comunican tasas variables de acontecimientos adversos graves periprocedimiento asociados a la ablación con catéter, entre el 2,9% y el 7,2%, con una mortalidad a 30 días muy baja, por debajo del 0,1%. La experiencia del operador y el volumen de procedimientos del centro de ablación son críticos, porque se asocian a las tasas de complicaciones y a la mortalidad a 30 días.
Guía ESC 2024 de fibrilación auricular
Esa misma guía mantiene la ablación con catéter como recomendación de clase I con nivel de evidencia A en la fibrilación auricular paroxística o persistente resistente o intolerante a los antiarrítmicos, y también como primera línea en la paroxística. Y añade, con clase I y nivel de evidencia C, que la decisión se tome de forma compartida con el paciente teniendo en cuenta los riesgos del procedimiento. Esa recomendación es la que obliga a tener un número fiable. Si te interesa cómo han evolucionado esas indicaciones, lo desarrollamos en nuestra revisión sobre ablación con catéter para la fibrilación auricular.
Cómo se midió en el registro JROAD-DPC
El registro JROAD-DPC tiene una particularidad que lo hace útil aquí: el tipo de ingreso, programado o urgente, y el estado al alta, vivo o fallecido, son campos obligatorios del sistema de reembolso japonés, sujetos a auditoría del Ministerio de Sanidad. Consignarlos mal constituye fraude, de modo que su cumplimentación es prácticamente completa. Eso permitió a los autores hacer lo que ninguna base administrativa previa había hecho: quedarse solo con los ingresos programados.
De 618.024 ablaciones registradas, 412.947 fueron ablaciones electivas de fibrilación auricular con punción transeptal. La edad mediana fue de 68 años (rango intercuartílico 60-74) y el 69,9% eran varones. El volumen anual pasó de 10.969 procedimientos en 2012 a 63.014 en 2022, y el número de centros que los realizaban, de 198 a 515. En ese mismo periodo la población tratada se hizo mayor y más enferma: la edad mediana subió de 64 a 70 años, la prevalencia de insuficiencia cardíaca del 28,0% al 45,7% y la proporción con índice de comorbilidad de Charlson de 3 o más, del 2,5% al 5,9%. Es el escenario perfecto para que la seguridad se deteriorara.
La variable principal fue la mortalidad hospitalaria por cualquier causa durante el ingreso índice. Como variables secundarias midieron la mortalidad durante el reingreso a 30 días, el reingreso urgente a 30 días y las complicaciones periprocedimiento. Al ser un desenlace muy infrecuente, el análisis multivariable se hizo con regresión logística penalizada de Firth.
Cuántos murieron, y cuándo
Murieron 119 pacientes durante el ingreso: un 0,029% (IC 95% 0,024-0,034), es decir, 2,9 muertes por cada 10.000 procedimientos. La tendencia a lo largo de los once años fue de descenso modesto pero estadísticamente significativo (p = 0,04), y la tasa anual nunca superó el 0,070%.
El desglose temporal importa más que la cifra global. De esas 119 muertes, 91 ocurrieron dentro de los 30 días siguientes al procedimiento y 28 más allá, durante ingresos prolongados. A ellas se suman 72 muertes durante un reingreso dentro de los 30 días, de forma que la mortalidad a 30 días detectada fue de 163 pacientes, un 0,039%. Con la definición más conservadora posible, sumando todas las muertes hospitalarias y todas las de reingreso, se llega a 191 pacientes, un 0,046%. Un orden de magnitud por debajo del 0,46% de la base administrativa estadounidense.
Las muertes se concentraron en los primeros días. Durante la primera semana predominaron las ocurridas en el ingreso índice; a partir de ahí, y hasta el día 30, la mayor parte se produjeron tras un reingreso. Entre los pacientes que fallecieron durante el ingreso, la complicación concurrente más frecuente fue el taponamiento cardíaco, presente en 26 de ellos (21,8%), frente al 0,6% de los que sobrevivieron. Le siguieron el neumotórax o hemotórax (14,3% frente a 0,1%) y el ictus (9,2% frente a 0,5%). Conviene no leer esto como una cadena causal demostrada: los propios autores advierten de que una base administrativa no permite establecer que la complicación causara la muerte.
| Fuente de datos | Procedimientos | Mortalidad comunicada |
|---|---|---|
| Registro JROAD-DPC, solo electivos (Japón, 2012-2022) | 412.947 | 0,029% hospitalaria |
| Registro NCDR (EE. UU., 2016-2020) | 76.219 | 0,05% hospitalaria |
| Registro nacional holandés (2013-2020) | 30.197 | 0,05% a 30 días |
| Metaanálisis de 89 estudios aleatorizados | 15.701 | 0,06% relacionada con el procedimiento |
| Registro Español de Ablación, solo fibrilación auricular (2024) | 13.395 | 2 muertes relacionadas (0,015%) |
| Base administrativa NRD (EE. UU., 2010-2015) | 60.203 | 0,46% ingreso más reingreso a 30 días |
Qué distinguía a los pacientes que murieron
El análisis multivariable identificó cuatro factores asociados de forma independiente a la mortalidad hospitalaria: la edad, un índice de comorbilidad de Charlson elevado, el tratamiento en un centro de bajo volumen y, sobre todo, la situación funcional previa. Ni la modalidad de ablación (radiofrecuencia frente a balón), ni el uso de ecografía intracardíaca, ni el tamaño del hospital medido en camas se asociaron al desenlace.
| Factor | OR ajustada (IC 95%) | Mortalidad cruda por 10.000 |
|---|---|---|
| Dependencia funcional (índice de Barthel ≤ 90) | Referencia | 34,5 |
| Independencia funcional (índice de Barthel > 90) | 0,11 (0,07-0,19) | 2,0 |
| Índice de Charlson ≥ 3 | 4,59 (2,59-8,12) | 13,6 |
| Centro con ≤ 50 ablaciones al año | 2,52 (1,45-4,38) | 6,0 |
| Centro con ≥ 151 ablaciones al año | Referencia | 2,3 |
| Edad, por cada año | 1,04 (1,01-1,07) | 4,7 en mayores de 75 años |
Fíjate en la primera fila, porque es el hallazgo con más aplicación inmediata y no es el que encabeza las conclusiones del trabajo. El 98% de la serie tenía un índice de Barthel mayor de 90, es decir, era funcionalmente independiente, y en ese grupo la mortalidad fue de 2,0 por cada 10.000. En el 2% restante, pacientes con algún grado de dependencia, fue de 34,5 por cada 10.000: diecisiete veces más. Los autores resumen el riesgo absoluto diciendo que no superó el 0,14% en ningún subgrupo, lo cual es cierto para la edad, la comorbilidad y el volumen del centro, pero deja fuera precisamente al paciente frágil, cuyo riesgo triplica esa cifra.
El efecto del volumen del centro también merece una lectura fina. La mortalidad fue 2,5 veces mayor en los hospitales que hacían 50 ablaciones al año o menos, y esa diferencia se mantuvo durante todo el periodo estudiado: la media móvil a tres años de los centros de bajo volumen quedó por encima de la de los demás año tras año. Lo que ocurrió en Japón es que la proporción de procedimientos realizados en centros de bajo volumen cayó del 19,9% al 6,7%, mientras la de centros de alto volumen subía del 38,3% al 62,7%. La concentración de la actividad probablemente explica buena parte de la estabilidad global.
Por qué una base administrativa daba diez veces más
Aquí está el nudo del asunto, y merece la pena mirar el dato original. En la serie de la Nationwide Readmissions Database, solo el 68,2% de las ablaciones eran procedimientos programados. Entre los 276 pacientes que fallecieron, la proporción baja al 46,7%: más de la mitad de las muertes se produjeron en ingresos que no eran electivos [5]. Cuando en esa misma cohorte se ajustaba por edad, comorbilidad y volumen del centro, la tendencia temporal al alza dejaba de ser significativa, algo que quedó bastante enterrado en la discusión de aquel trabajo.
Dicho de otro modo: la cifra del 0,46% no describe el riesgo de la ablación que le propones a tu paciente en consulta. Describe el riesgo de una mezcla que incluye ablaciones realizadas durante descompensaciones agudas, en pacientes ingresados de urgencia. El registro JROAD-DPC pudo separar ambas cosas porque el sistema de reembolso japonés le obliga a distinguirlas, y al separarlas la cifra electiva se alineó con la del registro NCDR, no con la de la base administrativa. Y esto no es una cuestión de diferencias entre países: la brecha de diez veces entre el NCDR y la NRD se produce dentro del mismo sistema sanitario.
Queda una limitación que no se puede pasar por alto y que el propio trabajo reconoce: el registro JROAD-DPC solo detecta las muertes ocurridas dentro de un hospital participante. Un paciente que fallece en su domicilio o en otro centro no aparece. El registro holandés, que sí consultó el padrón de defunciones, encontró un 0,05% a 30 días [4], del mismo orden que el 0,039% detectado en Japón. La coincidencia entre dos métodos distintos es lo que da solidez al conjunto, más que cualquiera de los dos por separado.
Qué cambia en la práctica diaria
Lo primero que cambia es que ya puedes dar una cifra concreta y defenderla. Para un paciente funcionalmente independiente, con poca comorbilidad, al que vas a programar una ablación en un centro con actividad regular, el riesgo de muerte hospitalaria está en el entorno de 2 por cada 10.000. Es una cifra que se puede decir en voz alta en una consulta, y que la guía ESC te pide explícitamente que pongas sobre la mesa cuando plantees el procedimiento.
Lo segundo es que el peso de la conversación se desplaza. Los datos que importan no son los de la técnica sino los del paciente y del centro. El tipo de energía no cambió la mortalidad. El uso de ecografía intracardíaca tampoco. Lo que la cambió fue quién es el paciente y dónde se hace el procedimiento. En un paciente dependiente, con Charlson de 3 o más, atendido en un centro que hace menos de una ablación por semana, estás en otro orden de riesgo, y la indicación de un procedimiento cuyo objetivo primario es aliviar síntomas merece revisarse con más calma.
Lo tercero es el calendario del seguimiento. Casi la mitad de las muertes a 30 días ocurrieron después del alta, durante un reingreso. La primera semana concentra las complicaciones que matan en el hospital; las dos siguientes, las que traen de vuelta al paciente. Un contacto telefónico proactivo en los primeros diez días no es burocracia.
Y conviene poner los números españoles al lado. El XXIV informe del Registro Español de Ablación con Catéter recogió 13.395 ablaciones de fibrilación auricular durante 2024, el 41% de toda la actividad de ablación del país, con una tasa de complicaciones del 2,4% y dos muertes relacionadas con el procedimiento, un 0,015% [6]. No son cifras homologables una a una con las japonesas, porque el registro español contabiliza muertes atribuidas al procedimiento y notificadas voluntariamente, no mortalidad hospitalaria por cualquier causa auditada. Pero apuntan en la misma dirección, y en un contexto de crecimiento igual de rápido: la actividad de ablación de fibrilación auricular en España creció un 35% en un solo año. Puedes seguir la actualidad de este campo en nuestro repaso a la fibrilación auricular en 2026 y en el decálogo internacional sobre ablación quirúrgica y con catéter.
Lo que este trabajo no responde es igual de importante. No cubre el periodo de la ablación por campo pulsado, que en Japón llegó después de 2022. No captura las muertes extrahospitalarias. Y no es un estudio aleatorizado, así que no permite atribuir causalidad a ninguno de los factores que identifica. Los propios autores piden expresamente que su cifra no se extrapole a sistemas sanitarios con otra estructura hospitalaria o aseguradora.
Mensajes clave
- La mortalidad hospitalaria de la ablación electiva de fibrilación auricular fue del 0,029%, 2,9 muertes por cada 10.000 procedimientos, en 412.947 casos del registro JROAD-DPC.
- Multiplicar por seis el volumen anual y pasar de 198 a 515 centros no se acompañó de un aumento de la mortalidad; la tendencia fue de descenso modesto pero significativo.
- El paciente con dependencia funcional (índice de Barthel ≤ 90) tuvo una mortalidad de 34,5 por cada 10.000, diecisiete veces la del paciente independiente.
- Los centros con 50 ablaciones al año o menos duplicaron con creces la mortalidad ajustada, mientras que la modalidad de ablación y la ecografía intracardíaca no la modificaron.
- La cifra del 0,46% de las bases administrativas estadounidenses se explica en buena medida porque casi un tercio de aquellos procedimientos no eran programados.
Relevancia y aplicación clínica
Durante una década has tenido que elegir entre dos relatos sobre el mismo procedimiento: el de los registros clínicos, que lo describían como muy seguro, y el de las bases administrativas, que sugerían que se estaba pagando un precio por su expansión. Este trabajo no elige un bando, sino que muestra que las dos cifras miden cosas distintas y que una de ellas incluía procedimientos que nunca fueron programados.
Para la consulta, la traducción es directa. La conversación sobre el riesgo deja de ser sobre la técnica y pasa a ser sobre el paciente concreto que tienes delante y sobre el centro donde se va a hacer el procedimiento. La situación funcional, que suele quedarse fuera de las escalas de riesgo cardiológicas al uso, resultó ser el discriminador más potente de toda la serie. Y en un procedimiento cuyo objetivo principal es la calidad de vida, tal y como estableció el estudio CABANA [7], la proporcionalidad entre lo que se ofrece y lo que se arriesga tiene que sostenerse en números concretos.
La mortalidad de la ablación de fibrilación auricular en un paciente electivo, independiente y tratado en un centro con actividad suficiente es, según el registro JROAD-DPC, de aproximadamente 2 por cada 10.000. Esa es la cifra que puedes llevar a la consulta, con la salvedad, dicha en la misma frase, de que se multiplica cuando el paciente es frágil o el centro hace pocos procedimientos al año.
Preguntas frecuentes
¿Qué riesgo de muerte tiene una ablación de fibrilación auricular?
En procedimientos programados, la mortalidad hospitalaria fue del 0,029%, unas 3 muertes por cada 10.000. En pacientes funcionalmente independientes baja a 2 por cada 10.000; en pacientes con dependencia sube a unas 34 por cada 10.000.
¿Es más peligrosa la ablación en un hospital que hace pocos procedimientos?
Los centros con 50 ablaciones al año o menos tuvieron una mortalidad ajustada 2,5 veces mayor. La diferencia se mantuvo durante los once años analizados, aunque el riesgo absoluto siguió siendo bajo, en torno a 6 por cada 10.000.
¿Es más segura la crioablación que la radiofrecuencia?
En esta serie no hubo diferencia en mortalidad entre la ablación con balón y la de radiofrecuencia. Tampoco la hubo en el metaanálisis de estudios aleatorizados. Los factores que sí pesaron fueron los del paciente y los del centro.
¿Cuándo aparecen las complicaciones mortales tras una ablación?
Se concentran en los primeros días. Durante la primera semana predominan las muertes hospitalarias; entre los días 8 y 30, la mayoría se producen tras un reingreso, lo que hace recomendable un seguimiento estrecho durante el primer mes.
Bibliografía recomendada
- Inoue K, Kanaoka K, Ueda Y, et al. Periprocedural mortality risk after elective atrial fibrillation ablation in Japan. JAMA Netw Open. 2026;9(8):e2634516. PMID 42667122
- Hsu JC, Darden D, Du C, et al. Initial findings from the National Cardiovascular Data Registry of atrial fibrillation ablation procedures. J Am Coll Cardiol. 2023;81(9):867-878. PMID 36858707
- Benali K, Khairy P, Hammache N, et al. Procedure-related complications of catheter ablation for atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol. 2023;81(21):2089-2099. PMID 37225362
- Mol D, van der Stoel MD, Balt JC, et al. Low 30-day mortality after atrial fibrillation ablation: results from the Netherlands Heart Registration. Can J Cardiol. 2022;38(10):1616-1618. PMID 35709933
- Cheng EP, Liu CF, Yeo I, et al. Risk of mortality following catheter ablation of atrial fibrillation. J Am Coll Cardiol. 2019;74(18):2254-2264. PMID 31672181
- Arana-Rueda E, Rubio-Campal JM, Campos B, Rodríguez-Entem F, Calvo D. Registro español de ablación con catéter. XXIV informe oficial de la Asociación del Ritmo Cardiaco de la Sociedad Española de Cardiología (2024). Rev Esp Cardiol. 2025. PMID 41076237
- Packer DL, Mark DB, Robb RA, et al. Effect of catheter ablation vs antiarrhythmic drug therapy on mortality, stroke, bleeding, and cardiac arrest among patients with atrial fibrillation: the CABANA randomized clinical trial. JAMA. 2019;321(13):1261-1274. PMID 30874766
- Van Gelder IC, Rienstra M, Bunting KV, et al. 2024 ESC guidelines for the management of atrial fibrillation developed in collaboration with the European Association for Cardio-Thoracic Surgery (EACTS). Eur Heart J. 2024;45(36):3314-3414. PMID 39210723
Ramón Bover Freire







































