Factores de riesgo ambiental y cardiovascular: posicionamiento ESC, ACC, AHA y WHF 2026

Riesgo cardiovascular y factores ambientales

Las enfermedades no transmisibles representan el 70% de la mortalidad mundial, con más de 38 millones de muertes anuales, de las cuales la enfermedad cardiovascular constituye el 44%. Junto a los factores de riesgo clásicos —diabetes, hipertensión, tabaquismo, hipercolesterolemia y predisposición genética—, existe un conjunto de factores de riesgo ambiental cuya contribución a la génesis y prevalencia creciente de estas enfermedades adquiere cada vez mayor relevancia científica y clínica.

Los factores de riesgo ambiental engloban un amplio espectro de exposiciones antropogénicas interconectadas con impactos acumulativos sobre la salud: contaminación atmosférica, contaminación acústica, luz artificial nocturna, contaminación química y plástica, y los efectos del cambio climático como las olas de calor, tormentas de arena, inundaciones e incendios forestales. La urbanización ha intensificado estas exposiciones, creando entornos de riesgo compuesto que exigen respuestas coordinadas a escala global y acciones concretas en el plano local.

Carga global de los factores de riesgo ambiental

Las estimaciones más recientes indican que el riesgo cardiovascular atribuible a los factores de riesgo ambiental supera al de muchos factores convencionales, contribuyendo a aproximadamente 20 millones de muertes anuales por cardiopatía isquémica, ictus, hipertensión y diabetes tipo 2. La contaminación por sí sola es responsable de entre 9 y 12,6 millones de fallecimientos anuales, cifras que probablemente subestiman el impacto real al no contemplar plenamente exposomas emergentes como la contaminación por microplásticos ni sus interacciones con factores de riesgo cardiovascular consolidados como la hipertensión o la diabetes.

El concepto de riesgo cardiovascular residual ambiental designa la fracción del riesgo no explicada por los factores tradicionales una vez optimizados. Los factores de riesgo ambiental se originan en sistemas de aprovisionamiento esenciales —alimentación, energía, transporte, vivienda, agua— intrínsecamente vinculados a la extracción de recursos y a la degradación ambiental. La adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el marco de los límites planetarios han reforzado la idea de que la conservación del planeta es un fundamento indisociable de la salud cardiovascular.

El exposoma como marco integrador

La comprensión del impacto acumulativo de los factores de riesgo ambiental requiere un enfoque sistémico que integre factores socioecológicos e infraestructurales. Los modelos tradicionales de exposición única son insuficientes para capturar la realidad de las exposiciones combinadas —contaminación atmosférica, acústica y química simultáneas— que interactúan con determinantes sociales como la renta o el acceso a espacios verdes. El exposoma es el concepto integrador desarrollado para capturar las exposiciones acumuladas a lo largo de la vida procedentes de múltiples fuentes, y su operacionalización práctica mejora la comprensión del impacto sanitario de las exposiciones múltiples en el entorno externo.

Este enfoque exige considerar cómo los sistemas de transporte, la producción energética, los sistemas alimentarios, la gestión de residuos y las actividades industriales generan perfiles de exposición diferenciados según la proximidad e intensidad. La falta de espacios verdes se asocia a mayor exposición a islas de calor urbanas y contaminantes, al tiempo que reduce las oportunidades de actividad física que actúan como amortiguadores frente al impacto del estrés sobre la salud.

Mecanismos compartidos de daño cardiovascular

Diversas exposiciones ambientales —contaminación acústica y lumínica, polución atmosférica, contaminación del agua y el suelo, contaminación química y cambio climático— contribuyen a la enfermedad cardiovascular a través de vías fisiopatológicas compartidas e interactivas: estrés oxidativo, inflamación sistémica, desequilibrio autonómico y disfunción endotelial. La interacción entre estos estresores amplifica el riesgo cardiovascular total, lo que subraya la necesidad de estrategias de prevención integradas basadas en el exposoma en lugar de intervenciones limitadas a un único contaminante o fuente de exposición.

Urbanización y salud cardiovascular

Se prevé que casi el 70% de la población mundial vivirá en entornos urbanos en 2050, lo que sitúa a las ciudades en el epicentro de la respuesta al reto ambiental y sanitario. Los entornos urbanos contribuyen de forma desproporcionada a la enfermedad cardiovascular y a la diabetes tipo 2 a través de la contaminación, el sedentarismo y los hábitos dietéticos inadecuados. Las ciudades generan además el 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Las iniciativas de diseño urbano saludable —como el concepto de la ciudad de 15 minutos y las zonas de bajas emisiones— favorecen la movilidad activa, reducen la contaminación y promueven estilos de vida más saludables. Las ciudades compactas que integran transporte activo y espacios verdes pueden evitar entre 400 y 800 años de vida ajustados por discapacidad por cada 100.000 habitantes al año. Las políticas que enfatizan los cobeneficios para la salud, como el marco Health in All Policies, resultan cruciales para alinear la transformación urbana con los objetivos de salud pública.

Concienciación pública y formación sanitaria

El conocimiento de los factores de riesgo ambiental como contribuyentes a enfermedades graves, incluida la enfermedad cardiovascular, sigue siendo limitado entre la población general y, en ocasiones, también entre los propios profesionales sanitarios. Los índices de calidad del aire, aunque útiles como alertas generales, carecen de definiciones consensuadas internacionalmente y de suficiente personalización para orientar acciones individuales. De manera similar, la educación y las alertas sobre la exposición al ruido y a la mayor parte de los contaminantes conocidos son escasas pero fundamentales para las poblaciones de mayor riesgo.

La mayor parte de las guías de práctica clínica no integran valoraciones ambientales en los modelos de evaluación del riesgo cardiovascular. La incorporación sistemática de la detección de factores de riesgo ambiental en la evaluación clínica individual permitiría abordar de forma más completa el riesgo residual no cubierto por los factores tradicionales. Las campañas de salud pública deberían fomentar la implicación comunitaria y ofrecer intervenciones prácticas —como purificadores de aire interior u opciones de transporte sostenible— para capacitar a los ciudadanos en la toma de decisiones informadas y en la defensa del cambio regulatorio.

Soluciones políticas para la mitigación ambiental

Las políticas integrales frente a los factores de riesgo ambiental deben abordar tanto los impulsores directos —como el uso de combustibles fósiles— como los indirectos, entre ellos la desigualdad y el consumo insostenible. El control de la contaminación atmosférica exige normas de emisión más estrictas, la promoción de fuentes de energía renovables y la ampliación de los espacios verdes urbanos. La contaminación acústica requiere estrategias de planificación urbana como barreras sonoras y zonas tampón de vegetación. La contaminación del suelo y química requiere regulaciones que reduzcan el uso de plaguicidas y promuevan prácticas agrícolas sostenibles.

La lucha contra la contaminación plástica necesita la prohibición de plásticos de un solo uso, incentivos económicos para alternativas biodegradables y programas de reciclaje. Estas intervenciones deben integrar dimensiones socioecológicas que promuevan la equidad mientras reducen la carga acumulativa de los factores de riesgo ambiental, exigiendo la colaboración entre gobiernos, empresas y comunidades para su implementación exitosa.

Sostenibilidad de las organizaciones sanitarias

Las organizaciones sanitarias, incluida la industria farmacéutica y auxiliar, contribuyen de manera significativa a la contaminación ambiental: más del 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen de las actividades sanitarias. Las iniciativas de sostenibilidad —transición a energías renovables, tecnologías eficientes, diseño de edificios sostenibles y estrategias de reducción de residuos— pueden reducir costes operativos al tiempo que mejoran la salud ambiental. Aproximadamente entre el 10% y el 15% de los residuos hospitalarios están relacionados con la alimentación, lo que subraya la necesidad de transformar los sistemas de gestión alimentaria en los centros sanitarios.

Resulta especialmente relevante el papel de la prevención primordial y primaria en la reducción de la huella ambiental del sistema sanitario. El uso de dispositivos y los procedimientos quirúrgicos representan fuentes significativas de emisiones en la práctica cardiovascular. Redirigir el paradigma terapéutico hacia la prevención no solo mejora los resultados en salud, sino que constituye también un objetivo de sostenibilidad ambiental, social y financiera.

Adaptación climática y resiliencia del sistema sanitario

La financiación para la adaptación climática en el ámbito sanitario sigue siendo insuficiente: solo el 35% de los países dispone de sistemas de alerta temprana relacionados con el calor. El Marco de Resiliencia del Sistema Sanitario de la OMS y el Marco Operativo para Sistemas Sanitarios Resilientes al Clima y de Bajas Emisiones identifican componentes clave para la adaptación: gobernanza y liderazgo, formación de la plantilla sanitaria, actualización de tecnologías sensibles al clima y reducción de emisiones de carbono. Los sistemas sanitarios resilientes deben garantizar los servicios esenciales durante las crisis climáticas y promover el bienestar sostenible a largo plazo.

La respuesta eficaz ante desastres climáticos exige la vinculación entre los sistemas de alerta temprana y los centros sanitarios, el establecimiento de rutas asistenciales para las enfermedades cardiovasculares relacionadas con el agravamiento de los factores de riesgo ambiental y la actualización de las infraestructuras con fuentes de energía de respaldo. La incorporación de las comunidades marginadas en los planes de respuesta integrada es esencial para reforzar la equidad y la resiliencia colectiva.

Llamada a la acción: seis áreas prioritarias

  1. Influencia política: fortalecer las políticas locales y nacionales que prioricen los efectos ambientales sobre la enfermedad cardiovascular, con especial atención a los países de renta baja y media más afectados por la paradoja de la contaminación, quienes contribuyen menos a la degradación ambiental pero soportan las mayores consecuencias para la salud.
  2. Investigación e iniciativas basadas en datos: desarrollar una base de evidencia global integrada sobre factores de riesgo ambiental y enfermedades no transmisibles, apoyar observatorios internacionales de salud ambiental y financiar investigación trasdisciplinar que conecte la ciencia básica con los datos ambientales a escala planetaria.
  3. Educación y capacitación: incorporar los determinantes ambientales de la salud cardiovascular en los programas formativos de todos los profesionales sanitarios, posicionando los factores de riesgo ambiental junto a los factores de riesgo tradicionales en los currículos de cardiología y medicina interna.
  4. Alianzas locales y globales: acelerar la colaboración Sur-Sur y Norte-Sur, crear consorcios internacionales y centros de excelencia en salud ambiental cardiovascular en África, Asia meridional y América Latina, y promover la transferencia equitativa de tecnología.
  5. Implementación de estrategias accionables: traducir la ciencia en política y la política en práctica clínica, alineando las intervenciones con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París y la Hoja de Ruta de la OMS para las enfermedades no transmisibles.
  6. Desarrollo de guías globales armonizadas: apoyar a la OMS, la ESC, la AHA, la WHF y el ACC en la elaboración de guías que aborden la contaminación atmosférica, acústica y química, los estresores climáticos y su impacto cardiovascular, asegurando que reflejen los contextos culturales y las poblaciones vulnerables.

Mensajes clave

  • Los factores de riesgo ambiental contribuyen a aproximadamente 20 millones de muertes anuales por causas cardiovasculares y metabólicas, superando el peso atribuible a muchos factores de riesgo convencionales.
  • La contaminación atmosférica, el ruido, la contaminación química, la luz artificial nocturna y el cambio climático actúan a través de vías fisiopatológicas compartidas —estrés oxidativo, inflamación, disfunción autonómica y endotelial— que amplifican el riesgo cardiovascular total de forma sinérgica.
  • El riesgo cardiovascular residual ambiental es el componente del riesgo no explicado por los factores tradicionales optimizados, y debe incorporarse de forma sistemática a la evaluación clínica del paciente cardiovascular.
  • La urbanización intensifica la exposición acumulativa a múltiples factores de riesgo ambiental; el diseño urbano saludable y las políticas de planificación con perspectiva de salud son herramientas clave de prevención primordial.
  • Las sociedades ESC, ACC, AHA y WHF abogan por la integración de la salud ambiental y planetaria en la cardiología clínica, la formación sanitaria y las políticas globales de salud pública.

Relevancia y aplicación clínica

Este posicionamiento conjunto de las cuatro principales sociedades cardiovasculares mundiales representa un cambio de paradigma en la concepción del riesgo cardiovascular. La integración de los factores de riesgo ambiental en la evaluación clínica habitual —junto a los factores tradicionales— constituye un paso esencial para dar respuesta al riesgo residual que persiste en pacientes con factores de riesgo convencionales bien controlados. Incorporar preguntas sobre exposición a contaminación atmosférica intensa, ruido crónico o entornos de calor extremo en la anamnesis cardiovascular es un primer paso realizable en cualquier consulta.

Para el cardiólogo en la práctica diaria, este documento proporciona un marco conceptual sólido para orientar a los pacientes sobre medidas protectoras individuales y para participar activamente en iniciativas de prevención cardiovascular primordial. La detección de exposiciones significativas —especialmente en entornos urbanos densificados— debería convertirse en parte rutinaria de la valoración del riesgo cardiovascular global, complementando las herramientas de estratificación convencionales.

A nivel institucional, las organizaciones sanitarias están llamadas a revisar su propia huella ambiental y a abogar por políticas que reduzcan las exposiciones a factores de riesgo ambiental en sus comunidades. El desplazamiento del paradigma terapéutico hacia la prevención primordial no solo beneficia a los pacientes, sino que contribuye también a la sostenibilidad del sistema sanitario en su conjunto. La colaboración internacional entre sociedades científicas, administraciones y comunidades es el eje sobre el que pivota la viabilidad de estas estrategias a escala global, y este documento ofrece el respaldo institucional necesario para impulsar ese cambio.

Referencias:

  1. Circulation. - Environmental Stressors and Cardiovascular Health: Acting Locally for Global Impact in a Changing World: A Statement of the European Society of Cardiology, the American College of Cardiology, the American Heart Association, and the World Heart Federation

 

Dr. Ramón Bover Freire

Ramón Bover Freire

Cardiólogo en el H. Clínico San Carlos de Madrid. Coordinador Unidad de Prevención y Rehabilitación Cardiaca. Diplomado en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. ESADE Executive Education “Dirección de Servicios Integrados de Salud”.

@RamonBover

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