Guía ACSM 2026 sobre Prescripción del Entrenamiento de Fuerza: lo que el profesional cardiovascular debe saber

Pocas intervenciones no farmacológicas reúnen, en un solo gesto terapéutico, la capacidad de reducir la mortalidad cardiovascular, mejorar la función metabólica, preservar la masa muscular y mejorar la calidad de vida; el entrenamiento de fuerza o resistencia muscular es una de ellas, y la nueva Declaración de Posición del American College of Sports Medicine (ACSM) de 2026 lo respalda con una solidez metodológica sin precedentes.

Esta actualización, publicada en Medicine & Science in Sports & Exercise (vol. 58, n.º 4, 2026), reemplaza la guía ACSM de 2009 -durante años el referente mundial en prescripción del entrenamiento de resistencia (RT, por sus siglas en inglés)- y representa un avance metodológico sustancial: en lugar de apoyarse en ensayos clínicos individuales, adopta un diseño de overview of reviews (revisión de revisiones sistemáticas), sintetizando datos de 137 revisiones sistemáticas con más de 30.000 participantes. Esta aproximación metodológica permite obtener conclusiones de mayor robustez y menor sesgo que las guías predecesoras, las cuales fueron criticadas precisamente por su falta de rigor en la síntesis de evidencia.

¿Qué mejora respecto a 2009?

La guía de 2009 recomendaba programas muy detallados y estructurados —dos a tres sesiones semanales, ocho a diez ejercicios por sesión, cargas del 40–70% de una repetición máxima (1RM), uno a cuatro series por ejercicio, con aplicación de los principios de sobrecarga progresiva, especificidad y variación—, presentados con el mayor nivel de evidencia disponible en aquel momento. Sin embargo, algunas de esas afirmaciones se apoyaban en apenas tres estudios con 59 participantes en total. La nueva guía, sustentada en una base empírica radicalmente más amplia, matiza, corrige y en algunos casos contradice esas recomendaciones.

El mensaje central de 2026 puede sintetizarse así: la participación regular en cualquier forma de entrenamiento de fuerza es más importante que la adherencia a parámetros de prescripción específicos. Esta conclusión tiene implicaciones directas para la rehabilitación cardiovascular, donde la barrera de entrada —la percepción de que el RT es complejo, peligroso o requiere condiciones especiales— sigue siendo un obstáculo real para la mayoría de los pacientes.

Evidencia sobre fuerza muscular: lo que realmente funciona

Para la ganancia de fuerza voluntaria máxima, la evidencia identifica seis variables con impacto demostrado: frecuencia (≥2 sesiones/semana), carga (≥80% 1RM, con relación dosis-respuesta), amplitud de movimiento completa, volumen de 2–3 series por sesión, orden del ejercicio al inicio de la sesión, y uso de dispositivos de resistencia excéntrica (flywheel). En contraste, variables que la guía de 2009 consideraba determinantes —como entrenar hasta el fallo muscular, el tiempo bajo tensión, el momento del día, la estructura de las series (cluster, complejos, drop sets) o el tipo de equipo (máquinas vs. pesos libres)— no mostraron impacto consistente sobre la fuerza. Que el entrenamiento a la fatiga máxima no sea necesario para obtener ganancias de fuerza no es un dato menor: en cardiólogos que diseñan programas de rehabilitación, esta información permite prescribir RT con mayor seguridad, evitando maniobras de Valsalva prolongadas y picos hemodinámicos asociados al fallo muscular.

Hipertrofia muscular: volumen y contracción excéntrica como ejes

Para la hipertrofia, la evidencia es igualmente contundente en lo que importa: el volumen semanal (≥10 series/grupo muscular/semana, con relación dosis-respuesta) y la sobrecarga excéntrica. Lo que llama poderosamente la atención —y constituye una ruptura con el paradigma anterior— es que la carga relativa (%1RM) no diferencia entre grupos cuando el volumen está equiparado: entrenar al 30% o al 100% del 1RM produce aumentos similares de masa muscular, siempre que el esfuerzo sea suficiente. Tampoco la frecuencia semanal, la periodización, el tipo de equipo ni el orden de los ejercicios afectan de forma significativa la hipertrofia. Para el cardiólogo de rehabilitación, esto es liberador: el paciente que no puede mover cargas elevadas por limitaciones hemodinámicas, ortopédicas o de desacondicionamiento puede igualmente obtener ganancias musculares con cargas moderadas y suficiente volumen acumulado.

Potencia muscular y función física: la gran olvidada de las guías anteriores

La potencia muscular -la capacidad de generar fuerza en el menor tiempo posible- emerge en esta guía como un determinante clave de la función física y la independencia funcional, especialmente en personas mayores. Se ve favorecida por cargas moderadas (30–70% 1RM), técnicas de levantamiento olímpico, RT de potencia (fase concéntrica explosiva) y volumen bajo a moderado (repeticiones × series ≤ 24). Adicionalmente, el RT de potencia mejoró de forma consistente la función física multicomponente, la velocidad de marcha y la batería SPPB (Short Physical Performance Battery), todos indicadores pronósticos de relevancia cardiovascular y de mortalidad. Esta dimensión estaba escasamente tratada en 2009 y adquiere especial relevancia en programas de rehabilitación cardíaca para el adulto mayor.

Seguridad, individualización y participación: el nuevo paradigma

Uno de los mensajes más relevantes para el ámbito cardiovascular es el relacionado con la seguridad. En un análisis de más de 38.000 participantes -incluyendo más de 11.000 adultos mayores-, el RT no incrementó el riesgo de eventos adversos graves. Más aún, en 23 estudios sobre adultos con cardiopatía coronaria, todas las complicaciones cardiovasculares no fatales ocurrieron durante el ejercicio aeróbico, no durante el RT. Las complicaciones musculoesqueléticas asociadas al RT se resolvieron con ajustes de carga o posición. Estos datos refuerzan la seguridad del RT incluso en poblaciones con riesgo cardiovascular establecido, y deberían impulsar su integración sistemática en los programas de prevención secundaria.

La guía propone, además, una reorientación filosófica: individualizar los programas para maximizar la participación y la adherencia es más importante que cumplir criterios de prescripción estrictos. Formas no convencionales de RT -bandas elásticas, RT domiciliario, RT en circuito- demostraron beneficios significativos sobre fuerza, resistencia muscular y equilibrio. Esta flexibilidad es especialmente relevante en la práctica clínica, donde las barreras de acceso, el nivel de condición física basal y las comorbilidades obligan a adaptar permanentemente la prescripción.

Finalmente, la guía señala que la periodización -uno de los pilares de la prescripción clásica- no demostró superioridad consistente frente a programas no periodizados cuando el volumen está equiparado. Lo que sí resulta imprescindible es el principio de sobrecarga progresiva: incrementar el estímulo de forma gradual, ya sea mediante carga, volumen, frecuencia o selección de ejercicios, para sostener las adaptaciones a largo plazo.

En síntesis: la ACSM 2026 consolida al entrenamiento de fuerza como una intervención terapéutica de primer orden, segura y eficaz en adultos sanos de todas las edades. Para el cardiólogo dedicado a la rehabilitación y la prevención, esta guía ofrece una base científica renovada, flexible y de alta calidad metodológica para prescribir RT de forma individualizada, accesible y orientada a los objetivos funcionales de cada paciente.

Referencias:

  1. Medicine & Science in Sports & Exercise. - American College of Sports Medicine Position Stand. Resistance Training Prescription for Muscle Function, Hypertrophy, and Physical Performance in Healthy Adults: An Overview of Reviews

 

Juan José Hurtado Mendoza

Cardiólogo Clínico. Miembro de la Sociedad Panameña de Cardiología.

@cardioparadoja

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