¿Seguimos llamando "rehabilitación" a algo que debería durar toda la vida? Si el objetivo real es que el paciente cardiovascular alcance y mantenga su mejor estado de salud posible durante décadas -y no solo durante las seis a doce semanas de un programa estructurado-, entonces el nombre que hemos usado durante más de medio siglo no solo es impreciso: es un obstáculo conceptual que limita la ambición de lo que hacemos.
Esa es la premisa central de la Hoja de Ruta de la Federación Mundial del Corazón sobre rehabilitación cardíaca, publicada en julio de 2026 en Nature Reviews Cardiology y avalada por el Consejo Internacional de Prevención y Rehabilitación Cardiovascular. El documento no es una actualización de protocolos de ejercicio. Es un reposicionamiento estratégico, conceptual y terminológico de uno de los pilares más sólidos -y más subutilizados- de la prevención secundaria en cardiología.
El problema: eficacia sin alcance
La evidencia sobre los beneficios de la rehabilitación cardíaca es robusta e incontrovertible. Mejora la capacidad funcional, la calidad de vida, la adherencia farmacológica, el control de factores de riesgo y reduce el riesgo de reinfarto y las hospitalizaciones, con una favorabilísima relación coste-efectividad. Sin embargo, los datos de utilización global son llamativamente contradictorios con esa evidencia: apenas el 30% de los pacientes elegibles recibe una derivación formal al programa, solo el 9% llega a asistir y menos del 5% lo completa. La adherencia a los cambios en estilo de vida, por su parte, suele declinar significativamente a los seis meses de un evento agudo y raramente se sostiene a largo plazo.
Este abismo entre lo que sabemos y lo que hacemos es el punto de partida de la Hoja de Ruta. Para desarrollarla, la Federación Mundial del Corazón -conocida por sus siglas en inglés como WHF, World Heart Federation- siguió una metodología tripartita: una encuesta global anónima respondida por 327 profesionales de 50 países en julio de 2024, un Foro Global presencial celebrado en Londres el 29 de agosto de 2024 con 52 expertos internacionales de más de 40 organizaciones, y la constitución de un grupo redactor multidisciplinario internacional. El resultado es un documento de consenso que identifica cinco obstáculos interconectados y propone soluciones fundamentadas en tres principios subyacentes: unidad y colaboración, centralidad en la persona y orientación hacia el futuro.
Un cambio de nombre que es un cambio de paradigma
El primer y más simbólicamente relevante aporte de la Hoja de Ruta es la propuesta de abandonar el término "rehabilitación cardíaca" en favor de "programa de salud cardiovascular". La diferencia no es cosmética. El término "rehabilitación" implica un proceso finito orientado a recuperar una condición previa tras un episodio agudo. La nueva denominación enfatiza un continuum de cuidado, autogestión y prevención que se extiende durante toda la vida del paciente y que abarca no solo la cardiopatía isquémica, sino todas las manifestaciones de la enfermedad cardiovascular: insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, enfermedad arterial periférica, ictus e infarto de miocardio con arterias coronarias no obstructivas. La nueva definición operativa propuesta —ampliando la definición de la OMS de 1993— es: "la provisión sistemática de cuidado y apoyo continuos para individuos con, o en riesgo elevado de, enfermedad cardiovascular, que en combinación con todos los aspectos de la prevención y la rehabilitación basadas en evidencia conducirá al bienestar cardiovascular de por vida".
Los cinco obstáculos y sus soluciones
Obstáculo 1: visión a corto plazo con escaso énfasis en la salud cardiovascular vitalicia. Los programas actuales se conciben como intervenciones temporales, no como puntos de entrada a un proceso permanente. La solución pasa por integrar los programas de salud cardiovascular en la gestión de enfermedades crónicas, extender las indicaciones a todos los individuos con cualquier forma de enfermedad cardiovascular establecida y aplicar principios de mercadotecnia sanitaria para ampliar el alcance y la participación. Iniciativas como ParkRun y HealthPark, que promueven estilos de vida saludables mediante espacios públicos comunitarios, son ejemplos prácticos de esta visión expandida.
Obstáculo 2: oportunidades perdidas para identificar, derivar e involucrar a pacientes elegibles. El período inmediatamente posterior a un evento cardiovascular constituye un "momento educable" de altísimo valor, que con frecuencia se desaprovecha por inercia clínica, desconocimiento de los beneficios o ausencia de sistemas de derivación automatizados. Las soluciones incluyen la implementación de vías clínicas estructuradas, la activación del personal de enfermería y los equipos de salud aliada como iniciadores del proceso de derivación, y la incorporación de las tasas de derivación e inscripción como indicadores de calidad con reembolso obligatorio. El caso de India, donde la Sociedad de Cardiología desarrolló algoritmos de gestión para el infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST que incluyen la derivación automática a programas de salud cardiovascular, ilustra la viabilidad de este enfoque.
Obstáculo 3: fracaso en la evolución hacia modelos con personalización integrada. Los programas tradicionales, basados en sesiones grupales presenciales de ejercicio físico en instalaciones hospitalarias, excluyen de facto a amplios segmentos de la población: mujeres, pacientes de entornos rurales, adultos mayores frágiles, minorías étnicas y personas con múltiples comorbilidades. La solución propuesta enfatiza la atención centrada en la persona, la flexibilidad de formato —presencial, digital, domiciliario, híbrido— y la adopción de modelos de tipo "centro de referencia y nodos periféricos", en los que centros terciarios de alta complejidad apoyan y supervisan unidades satelitales con menos recursos. El caso de la Red Provincial de Salud Cardiovascular de Tucumán, Argentina, demuestra que este modelo es implementable en contextos de recursos intermedios.
Obstáculo 4: estandarización insuficiente de la formación y diversificación de la fuerza laboral. La escasez de profesionales con formación específica en salud cardiovascular, la falta de estándares reconocidos internacionalmente y la ausencia de certificación formal constituyen barreras estructurales críticas. Las soluciones incluyen la implementación de estándares nacionales de formación, el desarrollo de trayectorias profesionales interdisciplinarias y la certificación de competencias mínimas. Australia, donde la Asociación Australiana de Salud y Rehabilitación Cardiovascular está implementando certificación nacional con la meta de que al menos el 50% de los programas cuente con personal certificado, ofrece un referente concreto y replicable.
Obstáculo 5: insuficiencia en la abogacía y las políticas de salud. La rehabilitación cardíaca sigue sin ser considerada una prioridad política en la mayoría de los sistemas de salud. La solución requiere una voz unificada a nivel internacional, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas —en particular la meta de reducir la mortalidad por enfermedad cardiovascular en un 33% para 2030— y con la Iniciativa de Rehabilitación 2030 de la OMS. Los casos de Camerún y Senegal, donde la financiación de programas estructurados se vinculó a estrategias de cobertura universal de salud, demuestran que la abogacía basada en datos es efectiva incluso en entornos de recursos limitados.
Implicaciones para Latinoamérica
La región latinoamericana reúne simultáneamente una elevada carga de enfermedad cardiovascular, tasas muy bajas de participación en programas de rehabilitación y barreras estructurales complejas. La Hoja de Ruta ofrece un marco adaptable —no prescriptivo— que puede y debe contextualizarse a las realidades locales. La apuesta por modelos híbridos, la activación del equipo de enfermería como eje de la derivación y la integración de estos programas en las políticas de enfermedades crónicas son estrategias de altísima pertinencia regional.
La rehabilitación cardíaca no es un lujo para países desarrollados. Es una intervención de prevención secundaria con evidencia de clase I, coste-efectividad demostrada y potencial transformador sobre la carga cardiovascular de nuestra región. Lo que falta no es evidencia. Es voluntad sistémica, liderazgo coordinado y la determinación de tratar la salud cardiovascular no como un episodio, sino como un compromiso de por vida.
Referencias:
- Nature Rev Cardiol. - Hoja de ruta de la Federación Mundial del Corazón sobre rehabilitación cardíaca: un camino hacia una salud cardiovascular de por vida
Juan José Hurtado Mendoza














































