Comentario de las Autoras: Virginia Basterra-Gortari y Maira Bes-Rastrollo
Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte a nivel mundial, con más de 19 millones de fallecimientos anuales según estimaciones recientes, y constituyen uno de los principales problemas de salud pública. Su elevado impacto sanitario justifica que la prevención cardiovascular siga ocupando un lugar prioritario tanto en la práctica clínica como en las estrategias de salud pública.
Tradicionalmente, la prevención cardiovascular se ha abordado desde una perspectiva fundamentalmente patogénica, centrada en identificar los factores que aumentan el riesgo de enfermar. Este enfoque ha sido muy útil para reconocer y tratar factores de riesgo clásicos como la hipertensión arterial, la dislipemia, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo o la dieta no saludable. Sin embargo, una visión exclusivamente centrada en el riesgo puede resultar incompleta, por lo que es necesario poner también el foco en los factores que generan, mantienen o protegen la salud, de acuerdo con una perspectiva salutogénica. Entre estos factores protectores se incluyen hábitos como la adherencia a la dieta mediterránea, la práctica regular de ejercicio físico, el mantenimiento de un peso saludable o unos patrones de sueño adecuados. Desde este punto de vista, en los últimos años ha aumentado el interés por el posible papel protector de factores psicológicos positivos, como el bienestar psicológico, en el desarrollo de enfermedades crónicas.
El bienestar psicológico no debe entenderse únicamente como ausencia de malestar emocional, sino como un constructo multidimensional que incluye autonomía, crecimiento personal, relaciones positivas, autoaceptación, dominio del entorno y propósito en la vida.
El objetivo de este estudio fue analizar la asociación entre bienestar psicológico e incidencia de hipertensión arterial (HTA) y enfermedad cardiovascular (ECV) en la cohorte SUN, una cohorte prospectiva dinámica formada por graduados universitarios españoles. Para evaluar el bienestar psicológico se utilizó la escala validada de bienestar psicológico de Ryff de 29 ítems. Tras excluir a los participantes con enfermedad cardiovascular prevalente, a quienes no respondieron el cuestionario de bienestar psicológico y a los perdidos durante el seguimiento, el análisis incluyó 1.593 participantes.
Durante una media de seguimiento de 2,6 años se identificaron 150 casos incidentes de HTA y 167 eventos de ECV, considerando como desenlace cardiovascular compuesto la aparición de HTA u otros eventos cardiovasculares.
Después de ajustar por posibles factores de riesgo conocidos como la edad, el sexo, el tabaco, el índice de masa corporal, el patrón alimentario y la actividad física entre otros, los resultados mostraron que los participantes con bienestar psicológico subóptimo, definido como puntuaciones en la escala de Ryff por debajo del percentil 75, presentaban un mayor riesgo de incidencia de ECV. En el caso de la HTA, la asociación global no alcanzó significación estadística, aunque mostró una tendencia en la misma dirección. Sin embargo, el hallazgo más relevante fue que no todas las dimensiones del bienestar psicológico se comportaron de la misma manera. La dimensión de propósito en la vida fue la que mostró una asociación más sólida: un propósito vital subóptimo se asoció significativamente con mayor riesgo tanto de HTA como de ECV.
Este resultado es especialmente interesante porque sitúa el bienestar psicológico, y en especial el propósito vital como un posible factor protector cardiovascular. La asociación observada podría explicarse porque las personas con mayor propósito en la vida tienden a mantener estilos de vida más saludables, muestran mayor adherencia a las recomendaciones preventivas, gestionan mejor el estrés, presentan mayor resiliencia ante la adversidad y utilizan de forma más adecuada los recursos sanitarios.
Las implicaciones de estos hallazgos son relevantes. En primer lugar, refuerzan la necesidad de avanzar hacia una prevención cardiovascular más integral, que combine la reducción de factores de riesgo con la promoción de factores protectores. En segundo lugar, apoyan la incorporación de constructos psicológicos positivos en la investigación cardiovascular. En tercer lugar, sugieren que dimensiones específicas como el propósito en la vida podrían ayudar a identificar perfiles de mayor o menor vulnerabilidad cardiovascular.
En conclusión, los datos de la cohorte SUN sugieren que el bienestar psicológico, y de forma particular el propósito en la vida, se asocia inversamente con el riesgo de HTA y ECV. Estos resultados abren la puerta a considerar los factores psicológicos positivos como parte de una visión más amplia, salutogénica e integradora de la prevención cardiovascular.
Referencias:
- Rev Esp Cardiol (Engl Ed). - Insights from the SUN cohort on the association between psychological well-being and cardiovascular risk
Virginia Basterra-Gortari
Maira Bes-Rastrollo
















































