La enfermedad cardiovascular sigue siendo la primera causa de muerte en la mujer, pero el diagnóstico, el tratamiento y la investigación en cardiología continúan mostrando un desequilibrio claro entre sexos. Para responder a esta realidad, un consenso clínico publicado en Eur Heart J [1] define por primera vez de forma estructurada el modelo de los centros de salud cardiovascular de la mujer en Europa, unidades de referencia pensadas para integrar, no sustituir, la atención cardiológica habitual.
El documento, elaborado por representantes de la Asociación Europea de Imagen Cardiovascular (EACVI), la Asociación Europea de Intervenciones Cardiovasculares Percutáneas (EAPCI), la Asociación de Insuficiencia Cardíaca (HFA) y la Asociación de Cuidados Cardiovasculares Agudos (ACVC) de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), no se limita a la teoría: propone criterios de derivación, estándares operativos y un itinerario formativo con competencias básicas y avanzadas para cualquier cardiólogo que quiera especializarse en este campo.
En este artículo:
- El contexto científico previo: la brecha cardiovascular en la mujer
- Qué son los centros de salud cardiovascular de la mujer y cómo se organizan
- Qué muestra la prueba disponible sobre sus resultados
- Barreras para su implementación y cómo superarlas
- Formación y nuevas subespecialidades alrededor del corazón de la mujer
- Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica
El contexto científico previo: la brecha cardiovascular en la mujer
Las sociedades científicas llevan más de una década documentando que la mujer con cardiopatía isquémica recibe, de partida, menos pruebas diagnósticas y menos procedimientos de revascularización que el hombre con la misma sintomatología. Las pruebas de esfuerzo convencionales pierden precisión en la mujer, la coronariografía se solicita con menor frecuencia y el infarto agudo de miocardio duplica su letalidad al año respecto al varón. La ESC y la American Heart Association llevan años reclamando un cambio en esta tendencia, sin que la brecha se haya cerrado de forma significativa.
En Norteamérica, los primeros programas dedicados a la salud cardiovascular de la mujer surgieron hace más de dos décadas, con resultados que mostraron mejoras en el control de factores de riesgo y en el conocimiento cardiovascular de las pacientes de alto riesgo. En Europa, la respuesta ha sido más tardía y fragmentada: solo algunas ciudades, entre ellas Berna, Fráncfort, Zúrich y Basilea, cuentan con programas o consultas específicas, como la de angina vasoespástica del Royal Brompton Hospital de Londres. La ausencia de un marco común dificultaba comparar resultados entre centros y trasladar la experiencia acumulada a otros sistemas sanitarios.
A esta carencia estructural se suma un problema añadido: la isquemia y el infarto sin obstrucción coronaria significativa, más frecuentes en la mujer, seguían careciendo de una vía diagnóstica estandarizada en la mayoría de los hospitales, con el consiguiente riesgo de que la paciente saliera de consulta sin una explicación clara de su dolor torácico.
Qué son los centros de salud cardiovascular de la mujer y cómo se organizan
El consenso define los centros de salud cardiovascular de la mujer como redes de referencia organizadas en un modelo hub-and-spoke: la atención habitual se mantiene en la consulta de cardiología general y en atención primaria, mientras que los casos complejos se derivan a un centro de referencia con experiencia acumulada.
El núcleo del equipo lo forman cardiólogos con formación específica en salud cardiovascular de la mujer, con acceso directo a cardiología intervencionista, imagen multimodalidad, electrofisiología, insuficiencia cardíaca, enfermería especializada y cirugía cardíaca. A este núcleo se suman, según la necesidad de cada paciente, endocrinología, obstetricia y ginecología, medicina materno-fetal, reumatología, psicología y rehabilitación cardíaca, con un peso creciente de la cardio-obstetricia dentro de este modelo.
La dirección del centro recae en un especialista con experiencia clínica en el campo y capacidad de liderazgo para coordinar equipos multidisciplinares, no solo en conocimiento teórico.
Qué muestra la prueba disponible sobre sus resultados
La prueba disponible sobre los resultados en salud sigue siendo limitada y procede sobre todo de estudios observacionales de un único centro, por lo que debe interpretarse con cautela. Aun así, apunta en una dirección consistente.
Un programa educativo de seis meses en mujeres de alto riesgo mejoró el conocimiento cardiovascular y el control de factores de riesgo en más de 1.300 pacientes de seis programas norteamericanos. En un centro canadiense dedicado a la isquemia y al infarto sin obstrucción coronaria significativa, la evaluación estructurada modificó el diagnóstico inicial en el 71,4% de los casos de isquemia y en el 60% de los casos de infarto, con menos dolor torácico y mejor calidad de vida al año, beneficio que se mantuvo a los tres años de seguimiento.
Un estudio piloto de prevención mostró una tendencia a mayor control de al menos un factor de riesgo cardiovascular en el grupo de intervención frente al grupo control (31,6% frente a 26,5%). Ninguno de estos trabajos permite todavía hablar de un efecto demostrado sobre la mortalidad, y ese es precisamente el objetivo de los registros que el consenso propone impulsar.
Barreras para su implementación y cómo superarlas
El propio documento reconoce que replicar este modelo en toda Europa no es sencillo. Los presupuestos sanitarios varían mucho entre países, la falta de profesionales con experiencia en cardio-obstetricia, cardio-oncología o cardiología preventiva es generalizada y la concentración de servicios especializados en grandes centros urbanos puede ampliar, en lugar de reducir, la desigualdad de acceso.
La solución que propone el consenso pasa por una implantación progresiva y en red, priorizando servicios de alto impacto y ampliando la cobertura mediante colaboración con hospitales periféricos, telemedicina y equipos multidisciplinares virtuales, en vez de levantar estructuras aisladas y paralelas a la cardiología general.
Formación y nuevas subespecialidades alrededor del corazón de la mujer
El consenso distingue dos niveles de competencia. Todo cardiólogo debería manejar los factores de riesgo específicos de la mujer a lo largo de la vida, reconocer patrones de presentación distintos de la angina y saber cuándo derivar. El especialista de referencia, en cambio, necesita competencia avanzada en isquemia sin obstrucción coronaria significativa, cardio-obstetricia, cardiopatía en el embarazo e imagen multimodalidad orientada a la mujer, además de experiencia en liderazgo de equipos.
Alrededor de este modelo emergen subespecialidades que hasta ahora tenían poco espacio propio: la cardio-obstetricia, centrada en el embarazo y el posparto; la cardio-oncología, ante la mayor susceptibilidad de la mujer a la cardiotoxicidad de ciertos tratamientos oncológicos; y la cardio-reumatología, dado que hasta el 80% de las personas con enfermedades autoinmunes reumáticas son mujeres, con manifestaciones cardíacas a menudo atípicas o silentes.
Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica
El consenso está escrito pensando en el mapa sanitario europeo, pero sus principios se trasladan bien a la realidad de España y Latinoamérica, donde la atención cardiológica de la mujer también se reparte, con frecuencia, entre profesionales que no siempre se coordinan entre sí.
En nuestro entorno, lo más realista no es levantar un centro nuevo, sino identificar quién, dentro de cada servicio de cardiología, puede asumir el papel de referente en salud cardiovascular de la mujer y abrir un canal claro de derivación desde atención primaria, obstetricia y oncología. Los criterios de derivación que propone el documento son un buen punto de partida:
- Isquemia o infarto sin obstrucción coronaria significativa confirmados o sospechados.
- Enfermedad cardiovascular durante el embarazo o antecedente de preeclampsia, hipertensión gestacional o diabetes gestacional.
- Valoración de riesgo cardiovascular compleja en la transición menopáusica, en particular ante la decisión de iniciar terapia hormonal.
- Enfermedad cardiovascular prematura o recurrente a pesar de un tratamiento correcto según guía.
- Necesidad de valoración multidisciplinar en enfermedades autoinmunes, cardiopatía congénita del adulto o exposición a tratamientos oncológicos.
Adoptar esta mirada no exige presupuesto adicional en la mayoría de los casos: exige, sobre todo, que la desigualdad diagnóstica deje de tratarse como una anécdota clínica y pase a formar parte de los protocolos habituales de derivación.
Mensajes clave
- La enfermedad cardiovascular sigue siendo la primera causa de muerte en la mujer, con un diagnóstico y un tratamiento sistemáticamente más tardíos que en el hombre.
- Los centros de salud cardiovascular de la mujer se plantean como redes de referencia integradas en el sistema sanitario, no como servicios paralelos o aislados.
- La evaluación estructurada de la isquemia y el infarto sin obstrucción coronaria significativa cambia el diagnóstico inicial en la mayoría de las pacientes evaluadas.
- La cardio-obstetricia y la cardio-oncología se consolidan como subespecialidades con competencias formativas propias, básicas y avanzadas.
- La prueba disponible sobre resultados en morbimortalidad todavía es limitada y procede de estudios observacionales, por lo que la investigación sigue siendo una prioridad.
Relevancia y aplicación clínica
Para el cardiólogo clínico, el valor de este consenso no está solo en la propuesta organizativa, sino en el recordatorio de que buena parte de la desigualdad diagnóstica se puede corregir sin grandes inversiones: preguntando de forma sistemática por antecedentes obstétricos, revisando el umbral con el que se solicita una prueba de esfuerzo o una coronariografía, y teniendo presente que un dolor torácico sin obstrucción coronaria significativa casi nunca es un dolor sin causa.
La aplicación práctica pasa por incorporar preguntas concretas en la anamnesis: antecedentes de preeclampsia o diabetes gestacional, edad de la menopausia y uso de terapia hormonal, o exposición a tratamientos oncológicos con potencial cardiotóxico. Ninguno de estos datos exige tecnología adicional, solo un cambio de mirada en la consulta.
Trasladar el espíritu de los centros de salud cardiovascular de la mujer a la práctica diaria significa, en definitiva, dejar de tratar la enfermedad cardiovascular en la mujer como una variación menor de la enfermedad del varón y empezar a preguntarse, en cada paciente, si el algoritmo que se está aplicando fue realmente pensado para ella.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se necesitan centros de salud cardiovascular de la mujer si ya existe la cardiología general?
Porque la mujer sigue recibiendo, de partida, menos pruebas diagnósticas y menos procedimientos de revascularización que el hombre con síntomas equivalentes. Estos centros no sustituyen a la cardiología general: coordinan la experiencia acumulada en isquemia sin obstrucción coronaria, cardio-obstetricia y otras áreas donde la brecha diagnóstica es mayor.
¿Qué diferencia hay entre isquemia e infarto sin obstrucción coronaria significativa?
La primera hace referencia a la angina con arterias coronarias sin obstrucción relevante, mientras que la segunda describe el infarto agudo de miocardio en esa misma situación angiográfica. Ambas entidades son más frecuentes en la mujer y suelen deberse a disfunción microvascular o vasoespasmo coronario.
¿Es seguro tomar terapia hormonal en la menopausia si existe riesgo cardiovascular?
La decisión depende del perfil de riesgo individual, la edad y el tiempo transcurrido desde la menopausia. Por eso el consenso recomienda que esta valoración se haga de forma conjunta entre cardiología y ginecología en las pacientes con riesgo cardiovascular intermedio o alto, y no de forma aislada.
¿Qué antecedentes del embarazo aumentan el riesgo cardiovascular futuro?
La preeclampsia, la hipertensión gestacional, la diabetes gestacional, el parto prematuro y el retraso del crecimiento intrauterino se asocian a un mayor riesgo de hipertensión arterial, cardiopatía isquémica e insuficiencia cardíaca en las décadas siguientes, por lo que deberían recogerse de forma sistemática en cualquier historia clínica cardiovascular.
Bibliografía recomendada
- Grapsa J, Almeida AG, Sambola A, et al. Women's heart centres: a clinical consensus statement of the European Association of Cardiovascular Imaging (EACVI), the European Association of Percutaneous Cardiovascular Interventions (EAPCI), the Heart Failure Association (HFA), and the Association for Acute CardioVascular Care (ACVC) of the ESC. Eur Heart J. 2026:ehag350. PMID 42189053
- Martin SS, Aday AW, Almarzooq ZI, et al. 2024 heart disease and stroke statistics: a report of US and global data from the American Heart Association. Circulation. 2024;149(8):e347-e913. PMID 38264914
Ramón Bover Freire












































