Los fármacos inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona (RAASi), que incluyen tanto a los inhibidores del sistema renina-angiotensina (RASi) como a los antagonistas del receptor de mineralocorticoides (MRA), son la piedra angular en el manejo de la insuficiencia cardíaca (IC) y la enfermedad renal crónica (ERC). No obstante, la hiperpotasemia es un factor que provoca la infrautilización o la interrupción de estas terapias que pueden modificar el pronóstico de estas enfermedades. La llegada de los quelantes de potasio de segunda generación (patiromer y ciclosilicato de sodio y zirconio) ofrece una alternativa más segura y tolerable frente al poliestireno sulfonato sódico (SPS) de primera generación para el manejo de la hiperpotasemia.
Con estas premisas, se desarrolló este estudio observacional de cohorte que utilizó la base de datos sueca DEMONSTRATE (2018-2022) para analizar a adultos con IC o ERC sin diálisis (ND-ERC) que iniciaron quelantes de potasio. Los pacientes fueron estratificados según la generación del quelante utilizado. Se evaluaron cambios en el tratamiento con RASi y MRA a los seis meses, y eventos clínicos como mortalidad y hospitalización durante un seguimiento de hasta tres años.
El objetivo del estudio era determinar si el uso de quelantes de potasio de segunda generación se asociaba con un mayor uso de las terapias RAASi en pacientes con ND-ERC y/o IC en la vida real, además de evaluar el impacto de eventos clínicos duros como la mortalidad y la hospitalización.
Tras analizar 7,913 episodios de tratamiento, se observó que el uso de quelantes de segunda generación (7.1%) se correlacionó con una mayor tasa de mantenimiento del tratamiento a los 6 meses en comparación con los de primera generación. Específicamente, el 76.9% de los pacientes de los nuevos quelantes mantuvieron RASi (frente al 66.4% con SPS) y el 57.5% mantuvo los MRA (frente al 48.1% con SPS).
Desde el punto de vista clínico, el mantenimiento de los RASi tras el inicio del quelante se tradujo en una reducción significativa del 23% en la mortalidad por todas las causas (HR: 0.77) y una disminución similar en las tasas de hospitalización (HR: 0.77). Sin embargo, no se detectaron diferencias significativas en los eventos MACE de tres puntos (muerte cardiovascular, infarto de miocardio o ictus).
A pesar de ser un estudio robusto, se evidenciaron limitaciones inherentes a su diseño observacional, como el posible sesgo de confusión residual y el uso de registros de dispensación de fármacos como indicador de consumo real. Asimismo, el volumen de pacientes tratados con los quelantes de segunda generación y MRA fue relativamente bajo, lo que podría haber limitado la potencia estadística para detectar diferencias en ciertos subgrupos y en los eventos MACE.
Como conclusión, este estudio en vida real confirma que los quelantes de potasio de segunda generación (patiromer y ciclosilicato de sodio y zirconio) facilitan la continuidad de las terapias RAASi en pacientes con IC y ERC y que pueden permitir mantener la terapia médica óptima que se asocia a una mejoría del pronóstico de este perfil de pacientes.
Referencias:
Julia Seller Moya



















































