La idea de citar a todos los pacientes de 67 años para una “ITV cardiovascular” puede sonar poco realista en nuestro día a día. Sin embargo, un programa poblacional danés les ha invitado de forma sistemática a un cribado cardiovascular multimodal no invasivo (ecografía carotídea y de aorta abdominal, índice tobillo‑brazo, tensión arterial, ECG y HbA1c). En un seguimiento mediano de casi 6 años, la simple invitación al cribado se asoció a una reducción absoluta del 2% en mortalidad total, con beneficio tanto en hombres como en mujeres y especialmente en quienes no tenían enfermedad cardiovascular conocida. Este estudio reabre el debate sobre si tiene sentido organizar cribados cardiovasculares en población de riesgo, y qué parte de ese enfoque podemos y debemos incorporar al trabajo diario en las consultas de Atención Primaria.
¿Qué hicieron exactamente en Viborg?
En un municipio danés se invitó, sin criterios de exclusión, a todos los residentes que cumplían 67 años a un cribado cardiovascular multimodal. La valoración incluía ecografía carotídea para detectar placa, índice tobillo‑brazo para enfermedad arterial periférica, ecografía de aorta abdominal, tres tomas de presión arterial, ECG de 12 derivaciones y HbA1c. La intervención se realizaba en un centro de salud municipal, liderada por enfermeras entrenadas y con acceso telefónico a cardiólogos y cirujanos vasculares según algoritmos de actuación predefinidos. El grupo control lo formaban personas de la misma edad de otras zonas de la región que seguían recibiendo la prevención habitual en Atención Primaria.
La clave metodológica es que el análisis se hizo por “intención de invitar”: se comparó a quienes fueron invitados frente a quienes nunca tuvieron acceso al programa. Es decir, se evalúa el impacto real de implantar el programa en la comunidad, no solo de las pruebas en quienes acuden.
Resultados: beneficio pequeño, pero difícil de ignorar
Tras una mediana de seguimiento de 5,8 años, la mortalidad total fue del 6,9% en el grupo invitado frente al 8,9% en los controles, una reducción absoluta del 2% con HR 0,76 (IC 95% 0,68–0,85) y un número necesario a invitar de 49 para evitar una muerte. El beneficio se observó tanto en hombres (HR 0,73) como en mujeres (HR 0,82) y se concentró sobre todo en personas sin enfermedad cardiovascular previa (HR 0,70). Se detectaron más arritmias y se realizaron más reparaciones electivas de aneurisma de aorta abdominal, pero sin incremento de ictus hemorrágico ni de hemorragia digestiva grave; de hecho, el sangrado digestivo fue algo menor en el grupo invitado.
Es interesante que los eventos cardiovasculares mayores (infarto, ictus isquémico y revascularización) fueron algo más frecuentes en los invitados (HR 1,10). Probablemente no es que empeoren, sino que se diagnostican más y se tratan antes. A la vez, se redujeron los eventos vasculares de extremidades, lo que sugiere un efecto protector sobre la enfermedad arterial periférica cuando se detecta a tiempo.
¿Qué parte de esto podemos llevarnos a la consulta de Atención Primaria?
Aunque VISP es un programa estructurado y dotado de recursos específicos, muchos de sus componentes encajan con herramientas que ya utilizamos o podríamos potenciar:
- Identificación de aterosclerosis subclínica. La placa carotídea fue el hallazgo más frecuente (44,6% en hombres y 31,8% en mujeres). En contextos donde la ecografía carotídea está disponible, su presencia puede ayudarnos a visualizar el riesgo y a justificar con el paciente la intensificación del tratamiento preventivo (estatinas de alta intensidad, control más estricto de tensión arterial o abandono del tabaco).
- Enfermedad arterial periférica: índice tobillo‑brazo. En muchos centros de salud el ITB sigue infrautilizado. Incorporarlo en pacientes con claudicación, diabéticos de larga evolución o fumadores de alto riesgo puede acercarnos al espíritu del programa sin necesidad de un macrocribado.
- Reforzar la farmacoterapia preventiva. Tras la invitación, alrededor de un 15% adicional de participantes inició estatinas y/o antiagregantes, mucho más que en los controles. En la práctica, quizá no necesitamos un programa nuevo para conseguir algo similar: revisar de forma proactiva la medicación preventiva de los pacientes de 65–70 años y utilizar cada contacto (recetas, vacunación, revisión de crónicos) para ajustar LDL, tensión arterial y control glucémico va en la misma dirección.
Limitaciones y prudencia antes de “copiar y pegar”
VISP no es un ensayo aleatorizado y no dispone de información detallada sobre estilos de vida, por lo que siempre queda la duda de si las personas invitadas (y especialmente las que acuden) son, en general, más cuidadosas con su salud. También conviene recordar que la mortalidad cardiovascular específica no se redujo de forma contundente, y que parte de la ganancia puede deberse a una mejor “reserva de salud” global, fruto de controlar mejor la ECV pero también otros factores comórbidos.
Mensajes para llevar a casa
Para la Atención Primaria, el estudio de Viborg no es tanto una invitación a montar grandes programas de cribado, como un recordatorio de que la prevención cardiovascular sistemática en la edad crítica de transición a la vejez puede salvar vidas. Detectar aterosclerosis subclínica, arritmias y enfermedad arterial periférica, y sobre todo intensificar de forma decidida el tratamiento preventivo en mayores sin ECV conocida, parece marcar la diferencia.
La buena noticia es que muchas de esas herramientas están ya en nuestras manos. El reto es organizarlas mejor, priorizar a los pacientes que más se benefician y no olvidar a quienes menos se acercan a la consulta.
Referencias:
- Eur Heart J. - Multi-modality non-invasive cardiovascular screening and sex-specific outcomes: the Viborg Screening Program
Daniel Puente López













































