Insuficiencia cardiaca: pese al progreso terapéutico no frenamos la mortalidad

La insuficiencia cardiaca (IC) constituye uno de los principales problemas de salud a nivel global, con un impacto notable en la mortalidad cardiovascular y una incidencia en aumento debido al envejecimiento poblacional y a la mayor carga de comorbilidades. En este contexto, disponer de datos fiables y actualizados sobre la mortalidad atribuible a IC resulta esencial para orientar políticas de salud y estrategias preventivas. Sin embargo, hasta la fecha, los estudios europeos habían sido fragmentarios y limitados en número de países y periodo de análisis.

El presente trabajo tuvo como objetivo examinar las tendencias de mortalidad atribuible a IC en Europa durante el periodo 2012–2021, analizando variaciones por sexo, edad y regiones, e investigando la evolución de factores de riesgo relacionados. Los autores utilizaron los registros de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recogen datos de certificados de defunción estandarizados mediante los códigos CIE-10. Se identificaron como muertes por IC aquellas codificadas con los diagnósticos I50.x, incluyendo subanálisis específicos para IC con fracción de eyección reducida (ICFEr) y conservada (ICFEc). Asimismo, se exploraron las tendencias de consumo de alcohol, tabaquismo, hipertensión arterial, obesidad, sobrepeso y diabetes mellitus tipo 2, utilizando los datos del portal de enfermedades no transmisibles de la OMS.

Resultados 

Entre 2012 y 2021 fallecieron 42,1 millones de personas en Europa, de las cuales 4,87 millones tuvieron a la IC como causa principal de defunción. Esto equivale a 11.522 muertes por cada 100.000 habitantes en el periodo analizado. La tasa de mortalidad ajustada por edad (AAMR) pasó de 30,0 por 100.000 en 2012 a 31,1 en 2021, lo que representa un incremento significativo (AAPC +0,4% anual, IC95% 0,3–0,5).

Diferencias por sexo y edad

Los hombres presentaron tasas de mortalidad más elevadas y un aumento mayor respecto a las mujeres. En varones, la AAMR creció de 32,5 a 40,1 por 100.000, con un repunte notable a partir de 2019, coincidiendo con la pandemia de COVID-19 (AAPC global +1,2%). En mujeres, el incremento fue más modesto, de 27,6 a 28,3 por 100.000 (AAPC +0,3%). La prueba de paralelismo confirmó que la pendiente de crecimiento fue significativamente más pronunciada en varones.

La mortalidad atribuible a IC aumentó en casi todos los grupos de edad, aunque con diferente intensidad. En personas de 15–29 años la tasa  de mortalidad permaneció estable, pero en el rango de 30–44 años se observó un crecimiento sostenido (+0,8% anual). El mayor incremento se observó entre los 45–59 años (+1,9% anual), mientras que en los mayores de 70 años el aumento fue más moderado (+0,3% anual). Al comparar globalmente, el ascenso fue más marcado en menores de 70 años frente a los mayores (p=0,001).

Diferencias regionales

La evolución de la mortalidad mostró variabilidad geográfica.

  • Europa Occidental: incremento significativo (+1,2% anual).
  • Europa Oriental: también en ascenso (+0,9%).
  • Europa Septentrional: aumento más discreto (+0,5%).
  • Europa Meridional: tendencia estable, sin cambios significativos.

En cifras absolutas, el mayor número de muertes se produjo en Europa del Este (1,6 millones), mientras que el menor correspondió al Norte (0,97 millones). A nivel nacional, Lituania registró las tasas más altas, mientras que Noruega presentó las más bajas. Bélgica, Islandia, Portugal y Suecia mostraron descensos en la mortalidad, en contraste con aumentos relevantes en Finlandia, Letonia y Austria.

Diferencias por fenotipo de IC

Los pacientes con ICFEr presentaron tasas de mortalidad más elevadas que aquellos con ICFEc, aunque la tendencia de incremento fue paralela en ambos fenotipos. La AAMR pasó de 35,3 a 37,9 por 100.000 en ICFEr (+0,9% anual), y de 20,5 a 22,3 por 100.000 en ICFEc (+0,8% anual).

Factores de riesgo y determinantes

Durante la última década, se registraron cambios en la prevalencia de los principales factores de riesgo:

  • En descenso: hipertensión arterial (del 39,0% al 36,6%), tabaquismo (19,3% a 18,5%) y consumo de alcohol (4,3% a 3,8%).
  • En aumento: sobrepeso (20,3% a 22,6%), obesidad (53,7% a 55,6%) y diabetes mellitus tipo 2 (7,0% a 8,4%).

Estos resultados reflejan una paradoja: aunque han mejorado ciertos hábitos como la reducción del tabaco y del alcohol, la epidemia de obesidad y diabetes avanza de forma sostenida, ejerciendo un fuerte impacto sobre la carga de IC, especialmente en el fenotipo de ICFEc.

Discusión

El hallazgo más relevante es el incremento progresivo de la mortalidad por IC en Europa entre 2012 y 2021, con mayor impacto en varones y en menores de 70 años. Este comportamiento contrasta con los notables avances logrados en este mismo periodo al consolidarse la terapia farmacológica (bloqueadores neurohormonales, sacubitrilo/valsartán, iSGLT2) y los dispositivos de asistencia ventricular, lo que sugiere que los beneficios de estas estrategias no han sido suficientes para revertir la mortalidad a nivel poblacional.

Las causas del aumento parecen multifactoriales. Entre ellas merece la pena destacar:

  1. Cambios demográficos: mayor envejecimiento de la población y el crecimiento exponencial del síndrome cardiorenometabólico, el caballo de batalla de los próximos años.
  2. Desigualdades en el acceso a terapias: la disponibilidad de unidades de excelencia en el manejo de la IC y el acceso a determidadas terapias modificadoras de la historia natural (trasplante cardiaco o soporte circulatorio) es muy variable entre países.
  3. Impacto de la COVID-19: el exceso de mortalidad cardiovascular en 2020–2021, junto con retrasos diagnósticos y terapéuticos, pudo acelerar tendencias ya presentes antes de la pandemia.
  4. Factores socioeconómicos: diferencias en financiación sanitaria, adherencia a tratamientos y estilos de vida.

El estudio resalta la paradoja observada en Europa Meridional, donde las tasas se han mantenido estables. Una posible explicación es el papel protector de la dieta mediterránea y la implementación temprana de programas de prevención cardiovascular. Por el contrario, Europa del Este sigue mostrando las cifras más elevadas, probablemente asociadas a limitaciones estructurales en el sistema sanitario y retrasos en la adopción de terapias basadas en la evidencia.

El análisis por fenotipos (ICFEr vs. ICFEc) indica que la mortalidad avanza de forma paralela en ambos, lo que pone de manifiesto la necesidad de estrategias globales que aborden factores de riesgo comunes. No obstante, la falta de precisión en los certificados de defunción limita la interpretación detallada de los subtipos de IC.

Limitaciones

Los autores reconocen varias limitaciones:

  • Dependencia del registro de la causa principal de defunción en los certificados, lo que puede generar errores de codificación.
  • Ausencia de variables clínicas individuales (historia previa, comorbilidades, tratamientos).
  • Imposibilidad de identificar causas secundarias o muertes súbitas dentro de la IC.
  • Posible influencia de cambios en la práctica de codificación a lo largo del tiempo.

Pese a estas limitaciones, la fortaleza del trabajo radica en el uso de una base de datos estandarizada, certificada y de cobertura poblacional amplia, que permite comparaciones homogéneas entre países y periodos.

Conclusiones

La mortalidad atribuible a IC se ha incrementado en Europa durante la última década, con diferencias relevantes según sexo, edad y región europea. Mientras que en Europa del Sur las tasas permanecen estables, en el resto de las regiones se observa un ascenso sostenido, más acusado en varones y en personas menores de 70 años. Este incremento coincide con cambios en la prevalencia de diferentes factores de riesgo, ya que se observa una creciente prevalencia de diabesidad, que posiblemente contrarreste los beneficios obtenidos por la reducción del tabaquismo y la hipertensión. Todo estos cambios epidemiológicos amortiguan el beneficio que han aportado los notables avances terapéuticos aparecidos en la última década.

Estos resultados ponen de relieve la necesidad de reforzar estrategias preventivas dirigidas a los factores de riesgo cardiometabólicos, garantizar el acceso equitativo a terapias innovadoras y abordar las desigualdades regionales en la atención sanitaria. 

Referencias:

  1. EJHF. - Heart failure-attributed mortality in Europe, 2012–2021

 

Pedro Caravaca Pérez

Pedro Caravaca Pérez

Especialista en Cardiología en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla. Doctor en Medicina por la Universidad de Sevilla. Fellow Insuficiencia Cardiaca Avanzada y Trasplante Cardiaco en el Hospital Universitario 12 Octubre de Madrid. Diplomatura en Estadística en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona. Cardiólogo Unidad Insuficiencia Cardiaca y Trasplante en el Hospital Clinic de Barcelona.

@caravaca_pedro

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