NSTEMI en nonagenarios: ¿prudencia clínica o posible infratratamiento?

1. Contexto clínico

El manejo del síndrome coronario agudo sin elevación del ST (NSTEMI) en pacientes ≥90 años sigue siendo uno de los escenarios donde más claramente se tensionan prudencia clínica y evidencia científica. La población nonagenaria es el grupo demográfico de mayor crecimiento en Estados Unidos y, sin embargo, continúa prácticamente ausente de los grandes ensayos que sustentan nuestras recomendaciones actuales.

En este contexto, el trabajo de Kim et al. aporta una fotografía nacional de gran tamaño muestral sobre patrones de tratamiento y mortalidad intrahospitalaria en esta cohorte extremadamente anciana . Más allá de los números, el estudio obliga a revisar una pregunta incómoda: ¿estamos decidiendo en función de la edad cronológica más que de la biología real del paciente?

2. Metodología

Se trata de un análisis retrospectivo del National Inpatient Sample entre 2015 y 2019 que incluyó 122.845 hospitalizaciones por NSTEMI en pacientes ≥90 años, tras excluir fallecimientos el día del ingreso y episodios con hemorragia gastrointestinal aguda. 

Los pacientes se estratificaron en:

  1. PCI (8%)
  2. Manejo médico (92%)

El ajuste se realizó mediante regresión logística ponderada incorporando el índice de comorbilidad de Elixhauser y sus scores derivados. Como ocurre con cualquier base administrativa, no se dispone de datos angiográficos, de fragilidad, estado cognitivo ni seguimiento tras el alta.

3. Resultados

3.1. Utilización de estrategia invasiva

Solo el 8% de los nonagenarios con NSTEMI recibió PCI. Aunque la tasa aumentó del 7% al 9% entre 2016 y 2019 (p = 0,03) , la estrategia invasiva sigue siendo claramente minoritaria. Es decir, más de 9 de cada 10 pacientes ≥90 años continúan manejándose de forma conservadora.

3.2. Mortalidad intrahospitalaria

La mortalidad global fue del 7,6%:

  1. Manejo médico: 7.9%
  2. PCI: 4.2% (p < 0,001) 

La reducción absoluta es cercana al 3,7% y la reducción relativa ronda el 45-50%. En una población de altísimo riesgo basal, estas cifras son clínicamente relevantes.

3.3. Perfil basal y carga comórbida

Los pacientes sometidos a PCI no eran equivalentes al grupo conservador. Presentaban:

  1. Menor índice de Elixhauster (2,58 vs 2,8; p < 0,001)
  2. Menor MEC score (5,31 vs 7,34; p < 0,001)
  3. Menor REC score (15,49 vs 18,01; p < 0,001) 

Además, menor prevalencia de:

  1. Enfermedad pulmonar crónica (16% vs 19%)
  2. Trastornos hidroelectrolíticos (24% vs 33%)
  3. Pérdida de peso (3% vs 7%)
  4. Insuficiencia Renal (37% vs 41%)

Por el contrario, el grupo PCI tenía mayor HTA (55% vs 49%) y enfermedad vascular periférica (15% vs 13%), lo que sugiere un perfil aterosclerótico definido, pero con menor carga de fragilidad sistémica.

Es altamente probable que la menor mortalidad observada refleje en parte un sesgo de indicación: los pacientes intervenidos eran, sencillamente, aquellos que el clínico consideró con mayor probabilidad de tolerar el procedimiento.

3.4. Predictores de mortalidad: dos fenotipos distintos

Los predictores de mortalidad no fueron superponibles. En el grupo PCI se asociaron principalmente:

  1. Uso de inotrópicos/vasopresores
  2. Enfermedad pulmonar crónica
  3. TIA previo
  4. Enfermedad vascular periférica 

En el grupo conservador destacaron:

  1. Alcoholismo
  2. Anemia crónica
  3. Diabetes
  4. Depresión
  5. Historia previa de IAM o TIA

Los modelos multivariantes mostraron buena capacidad discriminativa, con UAC de 0,71 para el grupo conservador y 0,83 para el grupo PCI, lo que refuerza la consistencia interna del análisis, aunque no elimina el sesgo de indicación. 

No se trata simplemente de dos estrategias terapéuticas distintas, sino de dos fenotipos clínicos diferentes. El grupo conservador parece concentrar mayor carga multisistémica crónica y probablemente mayor fragilidad.

Paradójicamente, el factor pronóstico probablemente más relevante en esta cohorte -la fragilidad- es el único que no puede medirse en bases administrativas como el NIS.

3.5. Costes

El coste hospitalario fue significativamente mayor en PCI (108.812 dólares vs 42.858; p < 0,001) , con diferencias modestas en estancia (4,7 vs 4,2 días). Este aspecto no es secundario en sistemas sanitarios con recursos limitados, aunque no debe eclipsar la discusión clínica.

4. Interpretación clínica y encuadre en guías

Las guías actuales de manejo del NSTEMI recomiendan una estrategia invasiva en función del riesgo isquémico y hemorrágico, pero apenas ofrecen recomendaciones específicas para pacientes ≥90 años. En la práctica, esto traslada la decisión al terreno eminentemente clínico.

Este estudio no demuestra causalidad ni justifica una estrategia invasiva sistemática. Sin embargo, sí cuestiona la tendencia a optar automáticamente por el tratamiento conservador en el nonagenario.

Una mortalidad intrahospitalaria del 4,2% en pacientes ≥90 años sometidos a PCI es inferior a la que muchos clínicos anticiparían intuitivamente. Eso debería hacernos reflexionar.

En la práctica diaria, la tendencia a la prudencia es comprensible. Pero estos datos sugieren que probablemente estamos infrautilizando la revascularización en pacientes cuidadosamente seleccionados.

La conclusión razonable no es "hacer PCI a todos", sino abandonar la exclusión automática. La clave no es intervenir más, sino intervenir mejor, con una selección individualizada basada en biología, no en edad

5. Preguntas abiertas

  1. ¿Cuál es la mortalidad a 30 días y al año?
  2. ¿Qué ocurre con la calidad de vida y la autonomía funcional tras el alta?
  3. ¿Existe un umbral de fragilidad a partir del cual la PCI pierde beneficio?
  4. ¿Podríamos integrar comorbilidad y fragilidad en un modelo de selección más fino?
  5. ¿Hasta qué punto influye un sesgo edadista implícito en nuestras decisiones?

6. Conclusión

En una cohorte nacional de más de 120.000 hospitalizaciones por NSTEMI en nonagenarios, la PCI se asoció a menor mortalidad intrahospitalaria en pacientes seleccionados . El estudio no avala una estrategia invasiva indiscriminada, pero sí cuestiona que la edad cronológica, por sí sola, deba cerrar la puerta a la intervención.

En el NSTEMI del nonagenario, la decisión no debería ser “¿tiene 90 años?”, sino “¿qué reserva biológica tiene?”. Esa es, probablemente, la verdadera frontera terapéutica.

Referencias:

  1. The American Journal of Cardiology. - Outcomes and Predictors of In-hospital Mortality in Nonagenarians with NSTEMI: A Comparison of PCI and Medical Management

 

José Andrés del Valle Montero

José Andrés del Valle Montero

Graduado en Medicina por la Universidad de Sevilla. Médico Interno Residente de cuarto año de Cardiología en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva.

@Andres_96_15

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