¿Por qué una terapia que reduce la mortalidad sigue infrautilizada en todo el mundo?
Imagine que dispone de una intervención con recomendación de Clase I, costo-efectiva, que reduce la mortalidad por todas las causas en casi un 43% a cinco años tras un infarto agudo de miocardio, y que sin embargo solo uno de cada diez pacientes la recibe en su totalidad. Eso es exactamente lo que documenta el estudio JROAD-CR en su versión vigente, publicada en el European Journal of Preventive Cardiology en febrero de 2026. La pregunta no es si la rehabilitación cardíaca funciona; la evidencia lo ha establecido desde hace décadas. La pregunta es por qué seguimos sin ofrecerla sistemáticamente.
El estudio y su contexto
El estudio JROAD-CR es un análisis de cohorte multicéntrico, retrospectivo, que extrajo 4 411 pacientes con IAM de 72 centros japoneses del registro nacional JROAD (Japanese Registry Of All cardiac and vascular Diseases, 2014), con seguimiento clínico a 5 años. El objetivo fue evaluar el impacto de la rehabilitación cardíaca (RC) estratificada en sus dos fases —hospitalaria (inpatient) y ambulatoria (outpatient)— sobre el pronóstico a largo plazo, en el contexto actual de estancias hospitalarias progresivamente más breves.
Los pacientes fueron clasificados en cuatro grupos: sin RC en ninguna fase [In(-)Out(-)], solo RC hospitalaria [In(+)Out(-)], solo RC ambulatoria [In(-)Out(+)] y RC combinada en ambas fases [In(+)Out(+)]. La muestra total incluyó una edad media de 68,8 años, 75,3% de varones, y una prevalencia de STEMI del 78%. El desenlace primario fue el compuesto de eventos cardiovasculares mayores adversos (MACE), y los desenlaces secundarios incluyeron la mortalidad por todas las causas y los reingresos por causas cardiovasculares.
Hallazgos clínicos principales
El resultado más relevante y estadísticamente sólido es la reducción significativa de la mortalidad por todas las causas: La RC exclusivamente hospitalaria [In(+)Out(-)] redujo la mortalidad a 5 años en un 28,0% frente a no recibir RC alguna [HR: 0,720; IC 95%: 0,546–0,950]. La RC combinada hospitalaria y ambulatoria [In(+)Out(+)] redujo la mortalidad en un 42,5% [HR: 0,575; IC 95%: 0,338–0,977], el mayor beneficio observado en el estudio.
El desenlace primario compuesto de MACE, por el contrario, no alcanzó significación estadística en ninguno de los grupos de intervención, lo que constituye una diferencia sustancial respecto a la versión anterior del manuscrito y refleja el rigor del proceso de corrección al que fue sometido. La RC ambulatoria en solitario [In(-)Out(+)] no demostró beneficio significativo, aunque el tamaño de ese subgrupo (n = 41) era insuficiente para extraer conclusiones definitivas.
La paradoja del acceso: el dato que interpela
Si bien el 66,1% de los pacientes recibió RC durante la hospitalización, solo el 9,91% la continuó en fase ambulatoria, iniciando el programa a una mediana de 9,15 días tras el alta. Este dato es el corazón del problema: el beneficio mayor corresponde precisamente a la modalidad menos utilizada. La reducción de estancias hospitalarias -consecuencia de la reperfusión precoz con ICP primario- ha desplazado el peso de la prevención secundaria hacia el entorno ambulatorio, pero los sistemas sanitarios no han adaptado su infraestructura con la misma velocidad.
El editorial como lectura clínica complementaria
El editorial de Halasz y Castelletti (European Journal of Preventive Cardiology, 2026; 33:929–930) ofrece el marco interpretativo y sistémico que el artículo original no puede proporcionar por sí solo. Sus autores señalan que la disponibilidad de unidades de RC a nivel mundial es profundamente inequitativa: presente en el 81% de los países europeos, pero únicamente en el 17% de los países africanos y en el 55% del sudeste asiático. Las causas son estructurales —déficit de recursos humanos y financieros— y no meramente organizativas.
El editorial también contextualiza la aparente "obviedad" de los resultados dentro de la evidencia global: la mayor parte de los datos disponibles sobre RC provienen de estudios estadounidenses y europeos en modalidad ambulatoria, mientras que la evidencia sobre RC hospitalaria y su combinación con la fase ambulatoria en Asia era escasa. El estudio JROAD-CR aporta, en ese sentido, datos del mundo real con una perspectiva geográfica y clínica diferencial de considerable valor.
El imperativo latinoamericano
Los datos de este estudio japonés no son ajenos a nuestra realidad. En América Latina, la situación de la RC estructurada es comparable en varios de nuestros países a la realidad del sudeste asiático. La cardiopatía isquémica representa la principal causa de mortalidad en la región, y las tasas de participación en programas formales de RC post-IAM se estiman por debajo del 5% en la mayoría de los países, con marcadas disparidades entre sistemas públicos y privados, entre zonas urbanas y rurales, y entre los distintos niveles socioeconómicos.
El estudio JROAD-CR ofrece un argumento cuantificable y transferible: incluso en un contexto de hospitalización breve -que es precisamente el escenario que enfrentan nuestros sistemas sanitarios-, la RC hospitalaria de corta duración ya produce un beneficio significativo en mortalidad. Y cuando se logra completar el continuum hacia la fase ambulatoria, ese beneficio se potencia de manera clínicamente relevante.
Impulsar programas de RC accesibles, estructurados y financiados públicamente no es una aspiración de excelencia reservada para sistemas sanitarios de alta renta; es una intervención de prevención secundaria con Clase I de recomendación, con impacto demostrado a 5 años, y con una brecha de implementación que cada año nos cobra un número difícilmente cuantificable de vidas evitables. La evidencia está. La decisión es política, institucional y clínica.
Referencias:
- European Journal of Preventive Cardiology. - Effects of inpatient and outpatient cardiac rehabilitation on the 5-year prognosis in patients with acute myocardial infarction
Juan José Hurtado Mendoza
















































