La insuficiencia cardíaca aguda es un síndrome tiempo-dependiente en el que las primeras horas de hospitalización condicionan el pronóstico inmediato y la evolución a medio plazo. Este artículo ofrece una síntesis práctica, centrada en la evaluación inicial, la descongestión efectiva y segura, la monitorización y la optimización terapéutica antes del alta. El enfoque integra criterios clínicos y hemodinámicos, herramientas de imagen a pie de cama y la introducción temprana de terapias modificadoras de la enfermedad.
Objetivos en las primeras horas y días del ingreso
- Identificar de forma rápida el fenotipo clínico predominante (congestión, hipoperfusión o ambos) y los desencadenantes potencialmente reversibles.
- Aliviar síntomas, reducir presiones de llenado y restaurar una perfusión adecuada sin comprometer la función renal ni los electrolitos.
- Iniciar y optimizar el tratamiento modificador del pronóstico (iSGLT2, sacubitrilo/valsartán, betabloqueantes, antagonistas del receptor mineralocorticoide) cuando la situación clínica lo permita.
- Planificar con anticipación la transición a vía oral y el alta segura con continuidad asistencial.
Evaluación inicial: perfusión y congestión primero
La valoración clínica dirigida sigue siendo el punto de partida: presión arterial, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno, signos de sobrecarga de volumen y datos de bajo gasto. La congestión periférica se sospecha por ingurgitación yugular, reflujo hepatoyugular, ascitis y edemas; la congestión pulmonar por disnea, ortopnea, bendopnea, crepitantes y S3. La hipoperfusión se intuye por extremidades frías, hipotensión, pulso de baja amplitud, somnolencia u oliguria. Un lactato sérico elevado puede revelar hipoperfusión incluso sin signos clínicos evidentes; valores superiores a 2 mmol/L se asocian a peor perfusión periférica.
En paralelo, la analítica debe incluir hemograma, bioquímica con perfil renal y electrolitos, y péptidos natriuréticos cuando añadan valor diagnóstico o de seguimiento. La troponina ayuda a detectar daño miocárdico agudo o crónico agudizado. La gasometría arterial o venosa es útil en pacientes con alteración respiratoria o sospecha de hipoperfusión. Un electrocardiograma inmediato es obligado para detectar arritmias o isquemia.
Imagen a pie de cama para personalizar decisiones
La ecocardiografía temprana aporta información clave: evaluación de la FEVI, función del ventrículo derecho, presión sistólica pulmonar estimada y valvulopatías significativas. La ecografía pulmonar (líneas B, derrame pleural) y la valoración de la vena cava inferior ayudan a estimar la sobrecarga de volumen y a monitorizar la respuesta al tratamiento. La combinación de datos clínicos, analíticos e imagen permite ajustar la intensidad de la descongestión y decidir cuándo es razonable iniciar o titular terapias de fondo.
Descongestión: diuréticos bien usados y evaluación de la respuesta
Los diuréticos de asa intravenosos constituyen la base del tratamiento descongestivo. La estrategia debe centrarse en alcanzar una natriuresis y diuresis adecuadas sin deterioro renal significativo. El seguimiento estrecho del balance hídrico, el peso, la diuresis y los electrolitos es esencial en las primeras 24–48 horas y durante los cambios de pauta.
Medir el sodio urinario tras la administración del diurético (uNa+ posdiurético) aporta una valoración temprana de la respuesta natriurética y ayuda a ajustar la dosis o a intensificar la terapia si la respuesta es insuficiente. Cuando la diuresis es subóptima, pueden añadirse diuréticos tiazídicos para potenciar el efecto de la asa. El objetivo práctico es lograr una natriuresis sostenida y un balance negativo de sodio y agua que se traduzcan en alivio sintomático, descenso de presiones de llenado y mejoría de la oxigenación, sin provocar hiponatremia o lesión renal.
En escenarios seleccionados de hiponatremia dilucional o congestión refractaria, la adición de un antagonista del receptor V2 (tolvaptán) puede facilitar la corrección del sodio y la descongestión. La indicación debe individualizarse y siempre con monitorización estrecha de iones y función renal.
Vasodilatadores en el paciente con presión arterial elevada
En pacientes con insuficiencia cardíaca aguda e hipertensión o con evidencia de vasoconstricción marcada, la vasodilatación intravenosa (por ejemplo, nitroglicerina o nitroprusiato) puede reducir rápidamente las presiones de llenado y el trabajo del ventrículo, mejorando la disnea. Fármacos de acción rápida y titulación fina (como clevidipino) son útiles cuando se precisa control estrecho. La selección debe considerar la situación hemodinámica, la perfusión renal y el perfil de seguridad.
Hipoperfusión y shock cardiogénico: priorizar la perfusión
Cuando exista hipoperfusión manifiesta o shock cardiogénico, la prioridad es restablecer la perfusión tisular. La valoración hemodinámica más detallada, incluida la monitorización invasiva en casos seleccionados, puede ser necesaria para guiar el tratamiento. El uso de inotrópicos se reserva para situaciones de bajo gasto con hipotensión o signos de hipoperfusión, mientras se corrigen desencadenantes como isquemia, arritmias rápidas, infecciones o errores terapéuticos.
Inicio intrahospitalario de terapias que cambian el pronóstico
Más allá del alivio sintomático, el ingreso ofrece una oportunidad decisiva para iniciar o optimizar terapias modificadoras de la enfermedad con impacto en mortalidad y rehospitalizaciones. Un principio práctico clave es no retrasar innecesariamente la introducción de estas terapias hasta alcanzar una «descongestión absoluta»; el inicio puede planificarse cuando el paciente esté estable hemodinámicamente y con perfusión adecuada.
- iSGLT2: pueden iniciarse con seguridad durante la hospitalización en pacientes hemodinámicamente estables y con función renal compatible. Además de su beneficio en el curso crónico, se asocian a un efecto decongestivo y a menor necesidad de dosis elevadas de diurético de asa a lo largo del ingreso.
- Sistema renina-angiotensina-neprilisina: sacubitrilo/valsartán es una opción de elección en pacientes candidatos, con inicio intrahospitalario cuando la presión arterial, el potasio y la tasa de filtrado glomerular lo permiten. Si no es posible, puede valorarse un inhibidor de la enzima de conversión o un antagonista del receptor de angiotensina como paso intermedio.
- Betabloqueantes: deben iniciarse o reintroducirse tras controlar la sobrecarga y en ausencia de signos de bajo gasto o bradicardia significativa. La titulación será progresiva en función de la tolerancia.
- Antagonistas del receptor mineralocorticoide: recomendables por su impacto pronóstico, siempre que el potasio y la función renal lo permitan.
- Vericiguat: en pacientes seleccionados con alto riesgo de nueva descompensación, su incorporación tras estabilización clínica puede considerarse como parte de la estrategia para reducir rehospitalizaciones.
Comorbilidades y desencadenantes: tratar «lo agudo» y «lo crónico»
El ingreso es un momento idóneo para revisar comorbilidades frecuentes que condicionan el curso posterior:
- Deficiencia de hierro: la corrección con hierro intravenoso se asocia a mejoría sintomática, funcional y de calidad de vida, y puede reducir eventos a medio plazo. Debe cribarse y tratarse durante la hospitalización si está presente.
- Trastornos respiratorios del sueño: son muy prevalentes en insuficiencia cardíaca; su sospecha y evaluación básica durante el ingreso facilita un plan diagnóstico-terapéutico tras el alta.
- Arritmias: la fibrilación auricular rápida, el flutter o las taquicardias ventriculares requieren control del ritmo o de la frecuencia, y anticoagulación cuando esté indicada.
- Enfermedad renal crónica: obliga a vigilar estrechamente la tasa de filtrado glomerular y a ajustar diuréticos y fármacos neurohormonales.
- Isquemia miocárdica y valvulopatías: la ecocardiografía orienta la identificación de valvulopatía significativa y el riesgo de hipertensión pulmonar; la troponina y el electrocardiograma ayudan a descartar síndromes coronarios.
Monitorización estructurada y ajustes dinámicos
La evolución clínica en insuficiencia cardíaca aguda es dinámica; por ello, se recomienda un plan de monitorización repetido y ordenado:
- Exploración física diaria con foco en signos de congestión y perfusión.
- Balance hídrico, diuresis por turnos y peso corporal.
- Electrolitos, creatinina y urea de forma seriada, con más frecuencia cuando se intensifica la diuresis o se inicia nueva terapia.
- Revaluación ecográfica (pulmonar, vena cava inferior) cuando haya cambios clínicos relevantes o se dude del grado de descongestión.
- Revisión del uNa+ posdiurético para ajustar dosis e intensidad de la descongestión si la respuesta es insuficiente.
Transición a vía oral y criterios prácticos previos al alta
Persisten lagunas en la definición de marcadores universales que indiquen la transición óptima de diurético intravenoso a oral. Aun así, hay elementos prácticos que ayudan a decidir:
- Estabilidad hemodinámica sin hipotensión ni signos de hipoperfusión.
- Alivio sintomático con reducción consistente de la congestión clínica y ecográfica.
- Tolerancia a la pauta oral de diuréticos sin deterioro renal ni desequilibrios electrolíticos.
- Plan terapéutico optimizado con iSGLT2, sacubitrilo/valsartán (o alternativas), betabloqueantes y antagonista del receptor mineralocorticoide, en la medida de lo posible.
- Plan de comorbilidades activado: hierro intravenoso si procede, estrategia para trastornos del sueño, manejo de arritmias, educación sobre fármacos y dieta.
- Coordinación del seguimiento precoz tras el alta y vías de reingreso rápido si fuera necesario.
Algoritmo práctico de actuación
- Triaje y evaluación inmediata: identificar congestión e hipoperfusión; analítica con función renal y electrolitos; péptidos natriuréticos, troponina y gasometría según contexto; ecocardiografía y ecografía pulmonar/VCI a pie de cama.
- Iniciar descongestión: diurético de asa intravenoso con monitorización estrecha; valorar uNa+ posdiurético para confirmar respuesta; añadir diurético tiazídico si la respuesta es insuficiente; considerar tolvaptán en hiponatremia o congestión refractaria.
- Optimizar hemodinámica: vasodilatador intravenoso en el paciente hipertenso o con resistencias elevadas; si hay hipoperfusión o shock cardiogénico, priorizar perfusión y considerar inotrópicos.
- Iniciar/optimizar terapias de fondo: introducir iSGLT2, sacubitrilo/valsartán, betabloqueantes y antagonistas del receptor mineralocorticoide en cuanto sea seguro; considerar vericiguat tras estabilización en pacientes de alto riesgo.
- Revisar comorbilidades: cribado y tratamiento de la deficiencia de hierro; valoración de trastornos del sueño; manejo de arritmias y de enfermedad renal.
- Preparar el alta: comprobar estabilidad, tolerancia a la vía oral, educación terapéutica y plan de seguimiento; definir objetivos de peso y señales de alarma; dejar pautas claras de ajuste de diuréticos en casa cuando proceda.
Mensajes clave
- La identificación temprana del fenotipo (congestión/hipoperfusión) guía la intensidad del tratamiento y evita iatrogenia.
- La respuesta diurética debe objetivarse; el sodio urinario posdiurético es una herramienta útil para ajustes precoces.
- La vasodilatación intravenosa acelera el alivio en pacientes hipertensos y reduce presiones de llenado.
- Iniciar iSGLT2 y sacubitrilo/valsartán durante el ingreso es factible y no debe posponerse cuando la situación clínica lo permite.
- El ingreso es una ventana para tratar comorbilidades (hierro intravenoso, arritmias, trastornos del sueño) con impacto en resultados.
Relevancia clínica
Una estrategia ordenada y proactiva desde la admisión reduce variabilidad, acelera la descongestión y facilita el inicio de fármacos que modifican el pronóstico. Estandarizar la medición de la respuesta diurética, incorporar la ecografía a pie de cama y priorizar la introducción intrahospitalaria de iSGLT2 y sacubitrilo/valsartán contribuye a disminuir rehospitalizaciones y mortalidad a medio plazo.
Aplicación práctica
- Utilizar listas de comprobación diarias que integren clínica, analítica e imagen a pie de cama.
- Protocolizar la toma de uNa+ posdiurético tras las primeras dosis para detectar resistencia precoz.
- Anticipar la transición a vía oral con una “prueba de deambulación” y de tolerancia a la medicación antes del alta.
- Programar seguimiento precoz y educación estructurada sobre fármacos, dieta, pesaje y señales de alarma.
- Activar circuitos con cardiología, enfermería de insuficiencia cardíaca y atención primaria para continuidad asistencial.
Impacto en la práctica clínica
Implementar este enfoque permite acortar la estancia, mejorar el control de síntomas y, sobre todo, aumentar la proporción de pacientes que salen del hospital con una pauta optimizada y tolerada de terapias con beneficio pronóstico. El resultado es una atención más segura, eficiente y centrada en el paciente, con menor variabilidad entre profesionales y centros.
Referencias:
- Eur J Emerg Med. - Early diagnosis and treatment of acute heart failure in prehospital and emergency settings. Part 1 of the International Expert Opinion Series on acute heart failure management
- Eur J Emerg Med. - Early in-hospital treatment of acute heart failure. Part 2 of the international expert opinion series on AHF management





















































