En la práctica clínica, el paciente mayor no llega “solo” con factores de riesgo cardiovascular: suele acumular fragilidad, deterioro cognitivo, sarcopenia, polifarmacia o limitaciones funcionales, entre otras. Esta carga geriátrica puede modificar la adherencia, la tolerancia a tratamientos, la capacidad de autocuidado y la reserva fisiológica, con impacto potencial sobre los eventos cardiovasculares mayores. Un análisis en una cohorte comunitaria de adultos mayores evaluó si el número de condiciones geriátricas coexistentes se asocia de forma escalonada con infarto de miocardio, ictus, mortalidad y un combinado de eventos cardiovasculares mayores (MACE).
Se incluyeron 5.134 participantes con una edad media de 75,6 años; el 57% eran mujeres. Al estratificar por carga geriátrica, el 18% presentaba 0-1 condición, el 19% tenía 2, el 31% acumulaba 3-4 y el 32% presentaba ≥5 condiciones geriátricas. En conjunto, la carga fue elevada: aproximadamente dos tercios de los participantes concentraban 3 o más condiciones.
¿Qué condiciones geriátricas fueron más frecuentes?
Las condiciones más prevalentes fueron la sarcopenia (70,7%), la fragilidad (66,1%) y el deterioro cognitivo (56,4%). A continuación se situaron la multimorbilidad (42,0%), la alteración visual (38,4%), el deterioro funcional (32,7%), la polifarmacia (24,8%), la hipoacusia (15,8%) y la incontinencia urinaria (5,5%). Este perfil sugiere que, en el mayor comunitario, los dominios músculo-funcionales y cognitivos son especialmente frecuentes, mientras que la multimorbilidad y la polifarmacia aportan complejidad terapéutica.
Eventos cardiovasculares y gradiente de riesgo
En el conjunto de la muestra, la prevalencia de MACE fue del 18,3%, con una mortalidad del 9,4%, infarto de miocardio del 7,9% e ictus del 3,6%. Sin embargo, estas cifras cambiaron de forma marcada al aumentar el número de condiciones geriátricas:
- Ictus: 0,9% (0-1), 1,6% (2), 3,6% (3-4) y 6,5% (≥5).
- Infarto de miocardio: 2,2% (0-1), 4,1% (2), 8,7% (3-4) y 12,5% (≥5).
- Muerte: 3,4% (0-1), 6,0% (2), 8,6% (3-4) y 15,6% (≥5).
- MACE: 6,2% (0-1), 11,1% (2), 17,9% (3-4) y 29,9% (≥5).
En términos clínicos, la diferencia absoluta es relevante: pasar de 0-1 a ≥5 condiciones casi quintuplica la prevalencia de MACE (6,2% frente a 29,9%), y se acompaña de un aumento paralelo en ictus, infarto y mortalidad.
Magnitud de la asociación: del recuento simple a la puntuación ponderada
Al comparar con el grupo de 0-1 condición y considerar variables demográficas y clínicas, el riesgo mostró un patrón dosis-respuesta. Frente a 0-1 condición, tener ≥5 se asoció con mayores probabilidades de:
- MACE: OR 4,26 (IC95%: 3,17-5,83).
- Infarto de miocardio: OR 4,62 (IC95%: 2,92-7,72).
- Ictus: OR 6,03 (IC95%: 3,04-13,75).
- Muerte: OR 3,12 (IC95%: 2,12-4,74).
El gradiente también fue visible en categorías intermedias: con 2 condiciones, la OR de MACE fue 1,71 (IC95%: 1,22-2,41), y con 3-4 condiciones fue 2,50 (IC95%: 1,85-3,43), siempre frente al grupo 0-1.
Además, cuando se utilizó la puntuación ponderada (dando mayor peso a condiciones con mayor influencia relativa), se mantuvo la relación escalonada: para MACE, las OR ajustadas fueron 1,64 (IC95%: 1,17-2,34), 3,23 (IC95%: 2,34-4,53) y 7,57 (IC95%: 5,55-10,54) en categorías crecientes de carga ponderada. En ictus, las OR ajustadas alcanzaron 9,90 (IC95%: 4,83-23,90) en la categoría más alta; y en infarto de miocardio, 11,19 (IC95%: 6,72-20,08) en esa misma categoría. Este enfoque refuerza que no solo importa cuántas condiciones coexisten, sino también cuáles pesan más en el riesgo.
¿Qué dominios parecen aportar más riesgo?
Entre las condiciones geriátricas evaluadas, la multimorbilidad, la polifarmacia y la fragilidad mostraron la influencia relativa más marcada sobre la probabilidad de MACE, con OR de 4,04, 3,01 y 1,94, respectivamente, en modelos separados. Desde la consulta, esto es coherente con escenarios habituales: el paciente con múltiples enfermedades crónicas y tratamiento complejo puede tener mayor vulnerabilidad a descompensaciones, interacciones, efectos adversos y dificultades de seguimiento, especialmente si coexiste fragilidad.
Mensajes clave
- La carga de condiciones geriátricas es muy frecuente en mayores: la mayoría acumula varias de forma simultánea.
- Existe una asociación escalonada entre el número de condiciones geriátricas y MACE, infarto, ictus y mortalidad.
- El grupo con ≥5 condiciones concentra un perfil de riesgo especialmente alto, con aumentos relevantes en eventos clínicos.
- Multimorbilidad, polifarmacia y fragilidad destacan como dominios con mayor influencia relativa sobre MACE.
Relevancia clínica
En mayores, la valoración cardiovascular centrada solo en factores tradicionales puede infravalorar el riesgo real cuando coexisten síndromes geriátricos. La presencia simultánea de deterioro cognitivo, sarcopenia o limitación funcional puede condicionar decisiones terapéuticas, favorecer estrategias más conservadoras y complicar la implementación de prevención secundaria o el control de comorbilidades. Integrar una evaluación geriátrica sistemática permite identificar vulnerabilidades y anticipar complicaciones, con el objetivo de personalizar la estratificación y el plan asistencial.
Aplicación práctica
Sin necesidad de convertir la consulta en una unidad geriátrica, estos resultados respaldan una aproximación estructurada y repetible:
- Cuantificar la carga geriátrica de forma explícita en el informe clínico, al menos por recuento de dominios relevantes (fragilidad, multimorbilidad, polifarmacia, función, cognición y sentidos).
- Priorizar tres palancas con mayor impacto relativo: revisión de multimorbilidad (objetivos realistas), conciliación y simplificación terapéutica cuando sea posible, y detección de fragilidad para ajustar intensidad de intervenciones.
- Planificar seguimiento con enfoque de equipo: coordinación con Atención Primaria y Medicina Interna para alinear objetivos, minimizar iatrogenia y reforzar adherencia y autocuidado, especialmente si hay deterioro cognitivo.
- Individualizar decisiones considerando reserva funcional y preferencias del paciente, evitando tanto el infratratamiento por edad como estrategias que aumenten carga terapéutica sin beneficio claro.
Impacto en la práctica clínica
La implicación principal es operativa: más condiciones geriátricas equivalen a mayor riesgo cardiovascular, con un gradiente que puede ayudar a priorizar recursos y vigilancia. En pacientes con elevada carga (por ejemplo, ≥5 condiciones), puede ser razonable intensificar la revisión de medicación, estrechar el seguimiento y reforzar la toma de decisiones compartida. A nivel de sistemas, estos hallazgos apoyan la incorporación de variables geriátricas en modelos de estratificación para mayores, con el objetivo de mejorar la precisión del pronóstico y la personalización del cuidado.
Consideraciones para interpretar los resultados
Los hallazgos describen asociaciones y deben leerse con cautela en cuanto a causalidad. Además, los componentes del combinado no se recogen todos en el mismo marco temporal, lo que puede influir en la interpretación del conjunto. Aun así, la consistencia del patrón escalonado, tanto con recuento simple como con la puntuación ponderada, refuerza el mensaje clínico: la carga geriátrica no es un “ruido” del envejecimiento, sino un determinante relevante del riesgo de eventos mayores.
Referencias:
Ramón Bover Freire




























