Rehabilitación cardíaca en mujeres: evidencias y estrategias para una práctica más equitativa e innovadora

¿Por qué, a pesar de los indiscutibles beneficios de la rehabilitación cardiaca, las mujeres siguen participando mucho menos que los hombres?
Esta pregunta sintetiza uno de los grandes desafíos contemporáneos en la cardiología preventiva y en la medicina cardiovascular basada en la equidad. La reciente Declaración Científica de la American Heart Association (Coutinho et al., 2025) ofrece una revisión exhaustiva de la evidencia y propone estrategias concretas para superar esta disparidad, situando la rehabilitación cardiaca (RC) como una herramienta transformadora para mejorar la salud cardiovascular y la calidad de vida de las mujeres.

Introducción y contexto

La rehabilitación cardiaca es una intervención multidisciplinaria esencial para el manejo integral de la enfermedad cardiovascular. Incluye evaluación médica, control de factores de riesgo, educación, apoyo psicosocial y entrenamiento físico individualizado. Su implementación reduce las tasas de rehospitalización y mortalidad, y mejora la capacidad funcional y la calidad de vida. Sin embargo, pese a su eficacia demostrada, la participación femenina continúa siendo significativamente inferior, con brechas observadas en todas las fases del proceso: derivación, inscripción, adherencia y finalización. Esta inequidad no solo refleja sesgos de género, sino también carencias estructurales y sociales que limitan el acceso de las mujeres a servicios de salud cardiovascular.

Definición y modalidades actuales de la rehabilitación cardiaca

Tradicionalmente ofrecida en modalidad presencial supervisada, la RC ha evolucionado hacia esquemas más flexibles y accesibles. Se reconocen tres modalidades principales:

  • Presencial: sesiones en centros hospitalarios o unidades especializadas, con supervisión directa.
  • Virtual sincrónica: interacción en tiempo real mediante comunicación audiovisual entre paciente y equipo clínico.
  • Remota asincrónica: el paciente realiza las sesiones de manera independiente, compartiendo datos y progresos por vía digital.

Los modelos híbridos, que combinan supervisión presencial con seguimiento virtual, se perfilan como una alternativa eficaz y segura, especialmente para mujeres con barreras logísticas o familiares.

Beneficios clínicos y fisiológicos en mujeres

La RC confiere beneficios consistentes en ambos sexos, pero en mujeres estos pueden ser incluso más significativos en términos de reducción de mortalidad y mejora del bienestar. La aptitud cardiorrespiratoria —medida por el pico de consumo de oxígeno (V̇O₂ pico)— constituye el predictor pronóstico más sólido, y su mejora tras el entrenamiento se asocia con menor riesgo cardiovascular y mayor longevidad.

En cohortes amplias, las mujeres que realizan actividad aeróbica regular y entrenamiento de fuerza presentan reducciones de mortalidad del 24% y 28%, respectivamente. No obstante, en los programas de RC convencionales, la ganancia promedio de V̇O₂ es inferior a la observada en hombres (13–14% frente a 17–19%), lo que subraya la necesidad de prescripciones más personalizadas, con énfasis en el entrenamiento combinado de fuerza e intervalos de alta intensidad (HIIT), demostrado seguro y efectivo en mujeres con cardiopatía isquémica y otras condiciones prevalentes como la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada.

Disparidades y brechas en acceso, derivación y resultados

La subutilización de la RC por parte de las mujeres es universal. Un metanálisis reciente estimó que la inscripción femenina es un 36% menor que la masculina, y en mujeres pertenecientes a minorías étnicas o grupos subrepresentados puede descender hasta el 10–12%.

Entre las causas destacan la menor derivación médica —influida por sesgos clínicos y mayor carga de comorbilidades—, barreras socioeconómicas, responsabilidades familiares, limitaciones de transporte y percepciones negativas sobre el ejercicio. Estas condiciones se agravan por la falta de flexibilidad horaria, los copagos elevados y la escasa adecuación cultural de los programas. Las mujeres también presentan mayores tasas de depresión, ansiedad y menor apoyo social, factores que reducen la adherencia y amplifican el riesgo de abandono. Estrategias basadas en evidencia para mejorar derivación, participación y adherencia

El documento de la AHA identifica intervenciones efectivas para revertir estas brechas:

  • Derivación automática y gestión de casos: los sistemas automatizados de referencia, integrados en los procesos de alta hospitalaria, multiplican las derivaciones y, combinados con un gestor de casos o personal de enlace, aumentan significativamente la inscripción y asistencia.
  • Recomendación clínica firme y personalizada: la recomendación directa del profesional de salud es un determinante potente de participación; estandarizarla para mujeres de todas las edades y diagnósticos es clave.
  • Modelos híbridos y horarios flexibles: las modalidades virtuales y remotas reducen las barreras de transporte, cuidado familiar y trabajo, y facilitan la continuidad del proceso.
  • Apoyo psicosocial y entre pares: los programas que incorporan tamizaje de depresión y ansiedad, y grupos de apoyo entre pacientes, mejoran la adherencia y la autoeficacia percibida.
  • Prescripción sensible al sexo: adaptar intensidad, tipo de ejercicio y progresión a las preferencias individuales —incluyendo danza, yoga, tai chi, HIIT o entrenamiento de fuerza— favorece la aceptación y los resultados funcionales.
  • Competencia cultural y equidad: la educación multilingüe, los materiales culturalmente sensibles y las alianzas comunitarias fortalecen la equidad en el acceso.

Necesidades y poblaciones específicas

Existen grupos femeninos que requieren enfoques adaptados:

  • Disección coronaria espontánea (SCAD): la RC es segura y mejora la capacidad funcional y la salud mental, aunque la participación sigue siendo baja por edad joven y percepción de escaso beneficio del formato tradicional.
  • Isquemia o infarto con arterias coronarias no obstructivas (INOCA/MINOCA): el ejercicio supervisado mejora síntomas, capacidad funcional y parámetros metabólicos, siendo esencial el acompañamiento psicosocial.
  • Síndrome de Takotsubo (cardiomiopatía inducida por estrés): la RC favorece la recuperación funcional y emocional, con incrementos medios de 1,2 METs en la capacidad de ejercicio.
  • Cáncer de mama o ginecológico: estas pacientes presentan elevado riesgo cardiovascular y requieren educación específica y estrategias preventivas integradas durante y después del tratamiento oncológico.

Modelos híbridos, virtuales y consideraciones de equidad

Los modelos no presenciales, apoyados en tecnologías digitales de seguimiento y educación asincrónica, han demostrado resultados comparables en capacidad funcional y adherencia respecto a los programas presenciales. Su ventaja radica en la reducción de barreras logísticas y la posibilidad de adaptar los contenidos al contexto del hogar. Sin embargo, su implementación debe considerar la menor interacción social y la necesidad de mantener apoyo psicológico y entre pares.
Promover la equidad implica también desarrollar métricas específicas, alianzas con organizaciones comunitarias y formación en sensibilidad cultural para los equipos de RC.

Recomendaciones operativas y próximos pasos

Las recomendaciones prioritarias incluyen:

  1. Implementar la derivación automática en todos los diagnósticos elegibles, complementada con gestión de casos.
  2. Desarrollar modelos híbridos con componentes educativos digitales y supervisión remota.
  3. Personalizar la prescripción de ejercicio, combinando entrenamiento aeróbico y de fuerza según capacidad y preferencias.
  4. Integrar salud mental y apoyo entre pares como componentes estructurales de la RC.
  5. Adoptar indicadores de equidad y colaboración comunitaria para alcanzar a mujeres subrepresentadas.
  6. Fomentar investigación e innovación en modelos alternativos y protocolos específicos para condiciones predominantes en mujeres.

Conclusión e implicaciones clínicas

Cerrar la brecha de participación femenina en la rehabilitación cardiaca no es solo una cuestión de equidad, sino de efectividad clínica y salud poblacional. La derivación sistemática, la flexibilización de los modelos de atención y la integración del apoyo psicosocial pueden incrementar la participación y completar el ciclo de beneficio probado de la RC. Lograr una inclusión proporcional al peso real de la enfermedad cardiovascular en mujeres permitirá mejorar la capacidad funcional, reducir eventos y rehospitalizaciones, y avanzar hacia una atención verdaderamente centrada en la persona, con sensibilidad de género y orientación a resultados duraderos.

Referencias:

  1. Circulation. - Cardiac Rehabilitation in Women: A Scientific Statement From the American Heart Association

 

Juan José Hurtado Mendoza

Cardiólogo Clínico. Miembro de la Sociedad Panameña de Cardiología.

@cardioparadoja

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