Cuando gradúas una insuficiencia tricuspídea en un paciente con amiloidosis cardíaca por transtiretina estás aplicando unos criterios que nadie derivó en esta enfermedad. Los umbrales de las guías salen de poblaciones con corazones que se llenan y se vacían con normalidad. El corazón infiltrado por amiloide no funciona así: es restrictivo, tiene volúmenes latido bajos y fijos, y una regurgitación que sobre el papel parece moderada puede estar llevándose una proporción enorme del flujo anterógrado útil.
Un trabajo publicado en JAMA Cardiology y presentado en el Congreso ESC 2026 ha puesto números a esa sospecha [1]. Sobre 1.124 pacientes con amiloidosis por transtiretina recién diagnosticada, mide la insuficiencia tricuspídea de forma cuantitativa en un laboratorio central ciego y busca dónde empieza de verdad a subir el riesgo. Los cortes que encuentra están muy por debajo de los que usas hoy.
En este artículo:
- Lo que sabíamos hasta ahora
- Por qué los umbrales habituales se quedan cortos
- Los nuevos umbrales de insuficiencia tricuspídea
- Casi el triple de pacientes en riesgo
- Qué aguanta el ajuste y qué no
- El contraste que da fuerza al hallazgo
- Qué cambia en la práctica diaria
Lo que sabíamos hasta ahora
Que la válvula tricúspide importa en la amiloidosis no es nuevo. En una cohorte francesa de 283 pacientes con amiloidosis cardíaca, el 26% tenía insuficiencia tricuspídea moderada o grave, y en los de tipo transtiretina salvaje esa regurgitación se asoció de forma independiente a la mortalidad, con un riesgo casi doble [2].
Poco después, un registro italiano de 538 pacientes afinó el cuadro: la insuficiencia tricuspídea aislada apareció en el 12% y la combinada con insuficiencia mitral en el 22%, y fue la tricúspide, no la mitral, la que marcó el peor pronóstico. Tras ajustar por edad, tipo de amiloidosis, clase funcional, fibrilación auricular, fracción de eyección y acoplamiento ventrículo-arterial derecho, la insuficiencia tricuspídea aislada multiplicó por 2,75 el riesgo de muerte o empeoramiento de la insuficiencia cardíaca [3].
Lo que faltaba era lo otro: cuantificar. En todos esos trabajos la gravedad se graduó con los criterios habituales, aplicados tal cual. Nadie había medido de forma sistemática la anchura de la vena contracta, el área efectiva del orificio regurgitante y el volumen regurgitante en una serie grande de amiloidosis, ni había preguntado dónde estaba el corte pronóstico en esta enfermedad concreta.
Por qué los umbrales habituales se quedan cortos
La guía ESC/EACTS 2025 de valvulopatías fija la insuficiencia tricuspídea grave en una vena contracta de 7 mm o más, un área efectiva del orificio regurgitante de 40 mm² o más, un volumen regurgitante de 45 mL por latido o más y una fracción regurgitante del 50% o superior [4]. Son cifras razonables en un ventrículo derecho con reserva hemodinámica.
El problema es aritmético. En esta cohorte el volumen latido indexado mediano era de 29 mL/m², con una mediana de fracción de eyección del 52% pero una deformación longitudinal global de solo −11%. Con esos números, un volumen regurgitante de 20 mL no es un hallazgo menor: es una fracción considerable de lo que el corazón consigue mover hacia delante. Los criterios derivados de corazones no infiltrados no tienen forma de captar eso.
Los nuevos umbrales de insuficiencia tricuspídea
Los investigadores reunieron 1.124 pacientes con amiloidosis por transtiretina recién diagnosticada en ocho centros de Austria, Italia, Alemania y los Países Bajos, entre enero de 2016 y febrero de 2026. Es una cohorte multicéntrica internacional: los pacientes austriacos y alemanes (745) sirvieron para derivar los umbrales y los italianos y neerlandeses (379) para validarlos. Todos los ecocardiogramas se remidieron en un laboratorio central ciego en Viena.
El perfil es el que esperas: 80 años de mediana, 23,1% de mujeres, 91,6% de forma salvaje. En 25,2 meses de seguimiento mediano murieron 324 pacientes (28,8%) y 251 (22,3%) ingresaron por insuficiencia cardíaca. Y las medianas de regurgitación eran bajas: vena contracta de 3 mm, área efectiva del orificio de 0,11 cm², volumen regurgitante de 8 mL.
Con esos datos construyeron curvas de riesgo continuo frente a mortalidad y cortaron donde el límite inferior del intervalo de confianza cruzaba un riesgo relativo de 1,0, de 1,5 y de 2,0. De ahí salen cuatro categorías, y cada paciente se asigna a la peor que alcance cualquiera de las tres medidas.
| Categoría | Vena contracta | Área del orificio | Volumen regurgitante |
|---|---|---|---|
| Riesgo bajo | <3 mm | <0,15 cm² | <10 mL |
| Riesgo intermedio | 3–4,9 mm | 0,15–0,24 cm² | 10–19 mL |
| Riesgo alto | 5–7,9 mm | 0,25–0,49 cm² | 20–39 mL |
| Riesgo extremo | ≥8 mm | ≥0,50 cm² | ≥40 mL |
Fíjate en el salto: el corte de riesgo alto para la vena contracta está en 5 mm, dos milímetros por debajo del umbral de gravedad de las guías. Y para el volumen regurgitante, en 20 mL frente a los 45 mL que definen la insuficiencia grave.
Casi el triple de pacientes en riesgo
Aplicado a la cohorte, el reparto quedó así: 413 pacientes (36,7%) en riesgo bajo, 377 (33,5%) en intermedio, 234 (20,8%) en alto y 100 (8,9%) en extremo. Las curvas de supervivencia se separan de forma escalonada y sin solaparse: frente al grupo de riesgo bajo, la mortalidad se asoció a un riesgo 1,95 veces mayor en el intermedio (IC 95%, 1,41–2,70), 3,10 veces en el alto (2,23–4,30) y 5,97 veces en el extremo (4,19–8,49).
La comparación con lo que usamos hoy es el titular del trabajo. Los criterios de la guía ESC/EACTS y de la AHA/ACC, los de la Sociedad Americana de Ecocardiografía y el esquema ampliado de cinco grados del Tricuspid Valve Academic Research Consortium clasificaron como grave exactamente al mismo número de pacientes: 130, un 11,6%. El marco propuesto situó a 334 (29,7%) en riesgo alto o extremo, con una p menor de 0,001 frente a todas las demás definiciones.
Esos algo más de doscientos pacientes de diferencia no son un artificio estadístico. Son personas que tu informe de ecocardiografía llama hoy «insuficiencia tricuspídea moderada» y que llevan encima una carga pronóstica de enfermedad avanzada. En el estrato de riesgo alto, quien más reclasificaba era el volumen regurgitante (78% de los casos) y la vena contracta (77%); en el extremo mandaba la vena contracta (73%). El área del orificio, la medida más laboriosa de las tres, fue la que menos aportó.
Y el gradiente clínico acompaña. De riesgo bajo a extremo, la fibrilación auricular pasó del 32,4% al 67,0%, el NT-proBNP mediano de 1.660 a 4.872 pg/mL y la clase funcional III o IV del 17,2% al 56,0%. Hay un dato que merece detenerse: el tratamiento específico frente a la amiloidosis al diagnóstico bajó del 56,4% en riesgo bajo al 32,0% en riesgo extremo. Los pacientes con peor válvula eran los que menos tratamiento modificador de la enfermedad estaban recibiendo.
Qué aguanta el ajuste y qué no
Aquí es donde el trabajo se pone interesante. Los cuatro esquemas se asociaron a mortalidad y a ingreso por insuficiencia cardíaca en el análisis sin ajustar. Después se les fue añadiendo carga: subtipo, estadio del National Amyloidosis Centre, troponina, clase funcional, tratamiento específico como covariable dependiente del tiempo, comorbilidad, y luego doce variables ecocardiográficas más, incluidas la presión pulmonar, el TAPSE, el volumen auricular derecho y la insuficiencia mitral significativa.
| Esquema de gradación | Mortalidad, HR ajustado | Ingreso por IC, HR ajustado |
|---|---|---|
| Marco propuesto | 1,41 (1,23–1,62) | 1,31 (1,12–1,54) |
| TVARC, 5 grados | 1,22 (1,10–1,37) | 1,24 (1,09–1,42) |
| Sociedad Americana de Ecocardiografía | 1,27 (1,11–1,45) | 1,15 (0,98–1,34) |
| ESC/EACTS y AHA/ACC | 1,10 (0,99–1,21) | 1,12 (1,00–1,26) |
Tras el ajuste completo, las definiciones de las guías dejaron de ser significativas para los dos desenlaces. El esquema de la ASE perdió el ingreso por insuficiencia cardíaca. Solo el marco propuesto y el TVARC siguieron en pie, y el marco con la estimación más alta. En discriminación, el área bajo la curva del marco se movió entre 0,668 y 0,679 a lo largo de cinco años, frente al 0,559–0,599 de las guías.
La validación externa confirmó el escalón, con un riesgo 4,99 veces mayor (2,75–9,06) en el estrato extremo. Con una salvedad honesta que el propio trabajo recoge: en esa cohorte más pequeña, la ventaja del marco solo alcanzó significación frente a las definiciones de las guías, no frente al TVARC ni al esquema de la ASE.
El contraste que da fuerza al hallazgo
El detalle que convierte esto en algo más que otro modelo pronóstico está al final del suplemento. Los autores aplicaron los mismos cortes a una cohorte independiente de 364 pacientes con insuficiencia cardíaca no amiloidótica y fracción de eyección reducida, con una mediana del 26%.
Allí el marco no aportó nada. Su asociación con la mortalidad fue la menor de las cuatro (1,24 frente a 1,31–1,33 de los esquemas convencionales), no mejoró la discriminación en ningún momento del seguimiento y a los doce meses fue significativamente peor que los esquemas de la ASE y del TVARC. La mejora de discriminación integrada resultó negativa en todos los puntos.
Es exactamente lo que cabría esperar si el hallazgo fuera real y específico de la fisiología restrictiva con bajo flujo. Un modelo que funcionara igual de bien en todas partes levantaría la sospecha de estar capturando gravedad genérica; uno que solo funciona donde se derivó, y que empeora fuera, apunta a que el mecanismo que propone existe.
Qué cambia en la práctica diaria
Lo primero, algo que puedes hacer mañana sin comprar nada: en un paciente con amiloidosis por transtiretina, mide la vena contracta y el volumen regurgitante de la tricúspide y anótalos en el informe, en lugar de quedarte en el adjetivo. Fue factible en el 84–88% de la cohorte global, y por encima del 96% en quienes ya tenían al menos una regurgitación entre ligera y moderada por lectura local, con una reproducibilidad entre observadores muy buena. La vena contracta, que es la medida más sencilla de las tres, fue además la que más pacientes reclasificó.
Lo segundo, cómo leer ese número. Una vena contracta de 5 mm en este paciente no es una insuficiencia tricuspídea moderada más: identifica un perfil de enfermedad avanzada que merece un seguimiento más estrecho, una revisión del tratamiento diurético y, sobre todo, una pregunta que en esta serie se respondía mal. Si los pacientes con peor válvula son los que menos tratamiento específico recibían, ese hueco es lo primero que hay que cerrar, no la válvula. Sobre estratificación de riesgo en esta enfermedad, CardioTeca ya revisó el modelo AiTTRIX y su comparación con los estadios NAC y Mayo.
Y lo tercero, lo que estos umbrales no son. Los propios autores lo dicen sin rodeos: sirven para pronóstico, no como criterio de intervención. Bajar el listón anatómico no significa bajar el listón terapéutico, porque el beneficio absoluto de reparar una regurgitación pequeña es incierto. Conviene añadir aquí un matiz que el trabajo no podía incluir, porque se aceptó a comienzos de agosto: cuando afirma que las intervenciones percutáneas todavía no han demostrado beneficio en supervivencia se apoya en el estudio TRILUMINATE, y días después, en el mismo congreso, el estudio TRIC-I-HF mostró en 360 pacientes con insuficiencia tricuspídea grave una reducción de muerte por cualquier causa u hospitalización por insuficiencia cardíaca a tres años, con un cociente de riesgos de 0,40 (0,29–0,55) [5]. Ese estudio incluyó regurgitaciones graves por criterios convencionales, no las que este marco reclasifica. La distancia entre las dos poblaciones es justamente el terreno que queda por explorar.
Mensajes clave
- En la amiloidosis cardíaca por transtiretina, los umbrales pronósticos de insuficiencia tricuspídea están muy por debajo de los de las guías: 5 mm de vena contracta y 20 mL de volumen regurgitante ya marcan riesgo alto.
- Con esos cortes, el 29,7% de los pacientes queda en riesgo alto o extremo, frente al 11,6% que las definiciones convencionales llaman grave.
- Tras ajustar por nueve variables clínicas y doce ecocardiográficas, las definiciones de las guías perdieron su asociación con la mortalidad y con el ingreso por insuficiencia cardíaca; el marco cuantitativo la mantuvo, con un HR de 1,41 y de 1,31.
- El mismo marco no aportó nada en una cohorte de insuficiencia cardíaca no amiloidótica, lo que apoya que el hallazgo es propio de la fisiología restrictiva con bajo flujo.
- Son umbrales para estratificar el pronóstico, no para indicar una intervención valvular.
Relevancia y aplicación clínica
La lectura práctica no exige tecnología nueva ni cambiar de ecocardiógrafo: exige dejar de graduar por adjetivos en una enfermedad donde los adjetivos se calibraron en otro corazón. Medir la vena contracta y el volumen regurgitante lleva un minuto más y convierte un «moderada» genérico en un dato que ordena a los pacientes por riesgo.
Conviene recordar también lo que este trabajo no resuelve. Es una cohorte observacional de ocho centros terciarios de alto volumen, con laboratorio central y un protocolo estandarizado; en la consulta de un hospital comarcal la factibilidad y la reproducibilidad serán menores. La medida se hizo una sola vez, al diagnóstico, así que no sabemos cómo se comporta la trayectoria. Y la cuantificación por área proximal de isovelocidad arrastra sus supuestos geométricos, especialmente en fibrilación auricular, que aquí tenía casi la mitad de los pacientes.
Con esas cautelas, el mensaje se sostiene: en la amiloidosis cardíaca por transtiretina la insuficiencia tricuspídea es un marcador de enfermedad avanzada que hoy estamos infravalorando, y que se puede recuperar con dos medidas que ya sabes hacer. Identificar antes a esos pacientes tiene una consecuencia inmediata y concreta: garantizar que reciben el tratamiento específico frente a la amiloidosis, algo que en esta serie ocurría menos precisamente en quienes peor estaban.
Preguntas frecuentes
¿Qué grado de insuficiencia tricuspídea es preocupante en la amiloidosis cardíaca?
Según este trabajo, mucho menos del que estamos acostumbrados a considerar grave. Una vena contracta de 5 mm o un volumen regurgitante de 20 mL ya identifican riesgo alto de muerte y de ingreso por insuficiencia cardíaca, y a partir de 8 mm o 40 mL el riesgo se multiplica por seis respecto al grupo de referencia.
¿Hay que operar antes la válvula tricúspide en estos pacientes?
No. Los umbrales son pronósticos, no quirúrgicos ni de intervención percutánea. Sirven para identificar a quien necesita seguimiento estrecho y optimización del tratamiento, no para adelantar una indicación de reparación valvular, que sigue exigiendo criterios de gravedad convencionales y valoración por un equipo experto.
¿Cómo se mide la vena contracta de la insuficiencia tricuspídea?
En el plano apical de cuatro cámaras con Doppler color, midiendo la anchura más estrecha del chorro justo distal al orificio regurgitante. En este trabajo fue factible en todos los casos y con muy buena concordancia entre observadores, lo que la convierte en la medida más práctica de las tres.
¿Sirven estos umbrales en la insuficiencia cardíaca no amiloidótica?
No. Aplicados a una cohorte independiente de insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida, no mejoraron la predicción y a los doce meses fueron peores que los esquemas habituales. Son umbrales específicos de la fisiología restrictiva con bajo flujo de la amiloidosis por transtiretina.
Bibliografía recomendada
- Hauptmann L, Schwarting SK, Tomasoni D, Zanders L, Kronberger C, Koschatko S, et al. Prognostic thresholds of tricuspid regurgitation in transthyretin amyloid cardiomyopathy. JAMA Cardiol. Publicado en línea el 31 de agosto de 2026. doi:10.1001/jamacardio.2026.3803
- Fagot J, Lavie-Badie Y, Blanchard V, Fournier P, Galinier M, Carrié D, et al. Impact of tricuspid regurgitation on survival in patients with cardiac amyloidosis. ESC Heart Fail. 2021;8(1):438-446. PMID 34643339
- Tomasoni D, Aimo A, Porcari A, Bonfioli GB, Castiglione V, Saro G, et al. Prevalence and clinical outcomes of isolated or combined moderate to severe mitral and tricuspid regurgitation in patients with cardiac amyloidosis. Eur Heart J Cardiovasc Imaging. 2024;25(7):1007-1017. PMID 38497794
- Praz F, Borger MA, Lanz J, Marin-Cuartas M, Abreu A, Adamo M, et al. 2025 ESC/EACTS guidelines for the management of valvular heart disease. Eur Heart J. 2025;46(44):4635-4736. PMID 40878295
- Hausleiter J, Stocker TJ, Geisler T, Lurz P, Rottbauer W, Lubos E, et al. Tricuspid-valve intervention in heart failure. N Engl J Med. Publicado en línea el 30 de agosto de 2026. doi:10.1056/NEJMoa2606934
- Hahn RT, Lawlor MK, Davidson CJ, Badhwar V, Sannino A, Spitzer E, et al. Tricuspid Valve Academic Research Consortium definitions for tricuspid regurgitation and trial endpoints. J Am Coll Cardiol. 2023;82(17):1711-1735. PMID 37804294
Ramón Bover Freire








