Parada cardíaca extrahospitalaria: lo que ocurre antes del hospital es determinante
La parada cardíaca extrahospitalaria representa uno de los mayores retos de la cardiología aguda. La principal causa de muerte en estos pacientes no es la causa desencadenante en sí, sino el daño hipóxico-isquémico cerebral secundario a la falta de perfusión. El objetivo asistencial no se limita a lograr la supervivencia, sino a que el paciente recupere un estado neurológico que le permita retomar su vida habitual, lo que se mide con la escala CPC, considerándose buen pronóstico las puntuaciones CPC 1 y 2.
El trabajo presentado corresponde a un registro multicéntrico promovido por el grupo de Cuidados Cardíacos Agudos de la Sociedad Catalana de Cardiología, realizado entre octubre de 2020 y septiembre de 2021 —periodo condicionado por la pandemia de COVID-19— en el que participaron ocho unidades coronarias catalanas. Se incluyeron 288 pacientes tras excluir fallecimientos en las primeras 24 horas y casos sin seguimiento. A los seis meses, el 49% presentaba buen pronóstico neurológico y el 51% había fallecido o quedado con secuelas graves. La curva de supervivencia revela que prácticamente toda la mortalidad se concentra durante el ingreso hospitalario: los pacientes que superan esa fase tienden a mantenerse estables o a mejorar progresivamente.
En el análisis de factores pronósticos, la edad avanzada se confirma como el predictor negativo más consistente. Aparece también el sexo femenino como factor protector, aunque este hallazgo se atribuye a un sesgo de selección: las mujeres llegan en menor proporción al hospital, por lo que las que lo hacen constituyen un grupo con mejores condiciones basales. Más relevante resulta constatar que ni la hipotermia terapéutica ni la coronariografía emergente —en ausencia de elevación del ST— ni otros tratamientos intrahospitalarios tienen un impacto pronóstico comparable al del ritmo desfibrilable inicial y al tiempo hasta la recuperación de la circulación espontánea. Diferencias de apenas doce minutos en este último parámetro marcan la distinción entre buen y mal resultado neurológico.
La comparación con los datos del Servicio de Emergencias Médicas de Cataluña pone en perspectiva la magnitud real del problema: solo el 33% de las paradas atendidas en la calle llegan vivas al hospital, y únicamente el 25% de los pacientes totales sobrevive con buen pronóstico neurológico. Las paradas en domicilio, no presenciadas o reanimadas por testigos sin formación, concentran los peores resultados. Por el contrario, las paradas en espacios públicos, presenciadas y atendidas precozmente por testigos entrenados o por el servicio de emergencias, son las que tienen mayor probabilidad de llegar al hospital en condiciones de ser tratadas con éxito.
ECMO-RCP y trabajo en red como estrategias complementarias
Ante la limitación de las intervenciones intrahospitalarias para modificar el pronóstico cuando la isquemia ya se ha producido, se plantean dos líneas estratégicas. La primera es la organización en red, con hospitales de referencia bien conectados a centros satélites, formación extendida en RCP básica para la población general y homogeneización del manejo entre centros, con el fin de reducir la elevada variabilidad asistencial documentada en el registro.
La segunda línea es la implantación de programas de ECMO-RCP para pacientes que no recuperan la circulación espontánea con las maniobras convencionales. Los datos disponibles, incluyendo un metaanálisis reciente de los tres principales ensayos aleatorizados, sugieren que en equipos altamente especializados y con protocolos estrictos de activación rápida, esta estrategia puede aportar beneficio. En Barcelona, cinco hospitales trabajan coordinadamente desde 2021 con un protocolo normalizado que incluye activación tipo código, simulaciones periódicas con todos los equipos implicados y traslado directo a hemodinámica para la canulación.
Se subraya también la necesidad de continuar investigando mediante registros sistemáticos y biobancos de muestras seriadas, con el objetivo de identificar biomarcadores pronósticos neurológicos más precoces y precisos. La conclusión es clara: mejorar los resultados de la parada cardíaca extrahospitalaria exige intervenir fundamentalmente en lo que ocurre antes de la llegada al hospital, con mayor concienciación ciudadana, mejor coordinación prehospitalaria y reducción al mínimo de los tiempos de respuesta.
Rut Andrea Riba
























