Rescatando la prueba de esfuerzo

La ergometría o prueba de esfuerzo, ha sido el test de detección de isquemia clásico, que permitía hacer un screening grosero en pacientes con sospecha de isquemia miocárdica. Sin embargo, sabemos que dentro de la cascada isquémica, la prueba de esfuerzo llega tarde, ya que identifica la enfermedad en un momento más avanzado (síntomas, alteraciones electrocardiográficas) en comparación con otras técnicas (perfusión en resonancia y SPECT o alteraciones de la contractilidad en eco de estrés).


Rescatando la prueba de esfuerzo

A pesar de sus limitaciones en cuanto a sensibilidad y especificidad, la prueba de esfuerzo sigue estando universalmente extendida por su amplia disponibilidad y porque, a pesar de todo, bien usada (y bien hecha) tiene su utilidad. Quizá su principal valor es que permite evaluar la capacidad funcional del paciente (METs) y analizar otros parámetros funcionales (progresión de la presión arterial, caracterización de la disnea, aparición de arritmias).

En esta genial revisión publicada en JACC, se repasan los principales aspectos de la prueba de esfuerzo. A modo de resumen podíamos resaltar tres cosas:

  • Lo más importante es realizarla bien (según las guías, en España del año 2000- Guías de práctica clínica de la Sociedad Española de Cardiología en pruebas de esfuerzo ») y que la prueba sea siempre máxima (al menos 85% de la frecuencia teórica para la edad, excepto para pacientes, por ejemplo, con enfermedad coronaria y tratamiento betabloqueante, en los que los objetivos son diferentes).
  • Lo más importante es no realizarla si hay alteraciones basales del electrocardiograma o si la probabilidad pre test es tan alta que la prueba de esfuerzo solo va a retrasar el diagnóstico probable.
  • En diabéticos, mujeres y ancianos, por diferentes razones, la prueba de esfuerzo debe interpretarse con cautela, teniendo en cuenta otros parámetros (doble producto, capacidad funcional, respuesta cronotropa, reproducción de síntomas...).

Lo que está claro es que la prueba de esfuerzo no ha muerto y debe seguir en la práctica clínica, sabiendo muy bien por qué y para qué se pide. Si se solicita una ergometría sin objetivo y de forma sistemática (igual que a veces pasa con el ecocardiograma), su utilidad disminuye. Al final, no todo el mundo tiene a mano un ecocardiograma de ejercicio o una resonancia de estrés, pero... ¿quién no tiene a mano un ergómetro?


Enlaces:

  1. JACC Cardiovasc Imaging. - Value of Exercise ECG for Risk Stratification in Suspected or Known CAD in the Era of Advanced Imaging Technologies »

Comentario del Dr. Alberto Esteban Fernández

Dr. Alberto Esteban Fernández

Cardiólogo en la Unidad de Insuficiencia cardiaca del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Especialista en Cardiología por la Clínica Universidad de Navarra, completando su formación en el Hospital 12 de Octubre de Madrid y en el Golden Jubilee National Hospital de Glasgow. Máster en Nutrición y Alimentación. Máster en Metodología de la investigación en Ciencias de la Salud. Ex miembro del Comité de residentes de la SEC. Licenciado en Medicina por la Universidad de Valladolid. Twitter: @doctorchecho »



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