Salud mental. Trastorno mental

La distinción entre malestar cotidiano y trastorno mental

Se presentó una reflexión crítica sobre la confusión actual entre el malestar de la vida cotidiana y los trastornos mentales propiamente dichos. Se señaló que la definición de salud mental de la OMS como "estado de bienestar" genera confusión en la población y en las políticas públicas, ya que el bienestar completo nunca existe y el sufrimiento forma parte inherente de la vida. Se explicó que el malestar cotidiano son emociones negativas ante situaciones de estrés que forman parte de la vida normal: cambios de ciclo vital (pubertad, matrimonio, paternidad), conflictos interpersonales, cambios laborales, dificultades económicas o duelos.

Se diferenció entre dos tipos de sufrimiento: el externo (causas identificables como enfermedades, precariedad económica, conflictos) y el interno (relacionado con la vulnerabilidad humana, la incompletud, la libertad y la imperfección). Se destacó que la incertidumbre es inherente a la vida con libertad: eliminar la incertidumbre significaría eliminar la capacidad de elección. El malestar cotidiano es temporal, proporcional a la situación desencadenante, no interfiere significativamente en el funcionamiento diario y permite que el individuo sea funcional.

En contraste, el trastorno mental se define como una alteración significativa en patrones de pensamiento, comportamiento y emociones que causa angustia y altera la funcionalidad. Tiene criterios diagnósticos definidos (DSM-5 y CIE-11), se asienta sobre alteraciones neurobiológicas del cerebro con componente genético, tiene un origen biopsicosocial, produce disfuncionalidad constante, siempre causa sufrimiento y requiere tratamiento médico. Se enfatizó que la voluntad y el autocuidado no son suficientes para los verdaderos trastornos mentales.

Las políticas de salud mental y la confusión terminológica

Se realizó una crítica a las políticas actuales de salud mental, señalando que se centran en el "malestar de la vida cotidiana" más que en los trastornos mentales graves. Se destacó que en el plan de salud mental actual solo aparece la expresión "problemas de salud mental", sin mencionar "enfermedad psiquiátrica" ni el modelo "biopsicosocial". Esta terminología confunde a la población y llena las consultas de personas sin trastornos mentales reales, mientras los recursos no se dedican adecuadamente a pacientes con esquizofrenia, depresión mayor, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de personalidad o trastornos de conducta alimentaria.

Se mencionó que las listas de espera en psiquiatría alcanzan los cuatro meses en España (comparado con diez meses en Inglaterra para una primera consulta), y que hasta el 68% de estas consultas corresponden a situaciones que no son trastornos mentales. Se expresó preocupación por la "psiquiatrización de la vida cotidiana", donde las malas notas, rupturas sentimentales o el envejecimiento se convierten en objeto de intervención psiquiátrica, mientras la verdadera patología mental queda desatendida.

Se criticó también la tendencia a la heteroculpabilización (culpar a factores sociales del sufrimiento) y la promoción del autocuidado como solución para problemas de salud mental, cuando estos mensajes en redes sociales pueden aumentar la culpabilización de personas con trastornos reales que no mejoran con dieta mediterránea, ejercicio o alejarse de "personas tóxicas". Se mencionó que el plan de prevención del suicidio recibió como recursos únicamente un terapeuta ocupacional y un trabajador social, sin médicos, psiquiatras ni psicólogos clínicos.

Factores de riesgo emergentes y desafíos contemporáneos

Se identificaron los principales factores de riesgo actuales para los trastornos mentales, con especial énfasis en la población joven. Las redes sociales fueron señaladas como un factor claramente predisponente de trastornos mentales, produciendo depresión, ansiedad, insomnio, déficit de atención, trastornos de conducta alimentaria y trastornos de personalidad. Se explicó que alteran cognitivamente a los usuarios al eliminar la capacidad de posponer la gratificación, aumentan la impulsividad y generan comparación constante en momentos críticos de formación de identidad. Se ha disminuido radicalmente las horas de sueño en adolescentes. Se mencionó que desde la psiquiatría española se solicitó una reunión con el Ministerio de Sanidad y partidos políticos para promover una ley similar a la de Australia que prohíba las redes sociales a menores de 16 años.

El consumo de cannabis fue identificado como "absolutamente devastador", no solo por los brotes psicóticos que provoca en consultas, sino por la cantidad de jóvenes con apatía motivacional que permanecen encerrados en sus habitaciones sin estudiar ni trabajar, sin aparecer en las estadísticas. Se destacó que el cannabis es la puerta de entrada a otras drogas y que los productos actuales son mucho más potentes que en décadas anteriores. Otros factores de riesgo identificados incluyeron: la soledad no deseada (tanto en jóvenes como en ancianos), la falta de conciliación familiar que deja a los jóvenes solos en casa, el acoso escolar (70% de pacientes con trastornos alimentarios tenían antecedentes), el abuso sexual (50% en la misma población), las expectativas desmedidas, la cultura de la delgadez como signo de éxito, y la precariedad social y económica.

Se enfatizó que los trastornos mentales afectan a todas las clases sociales y que, aunque la adversidad económica puede aumentar el estrés, no se eliminarán los trastornos mentales solo con sueldos y viviendas dignas. Se destacó que los trastornos mentales aparecen fundamentalmente en la juventud y adolescencia, siendo crítica la intervención precoz para evitar que condicionen el resto de la biografía del paciente. Finalmente, se mencionó que existen trastornos mentales que se curan (como trastornos de personalidad, conducta alimentaria o depresión) y otros que requieren medicación de por vida pero permiten buena calidad de vida (trastorno bipolar, autismo, TDAH, esquizofrenia).

Marina Díaz Marsá

Marina Díaz Marsá

Jefe de Sección, Hospital Clínico San Carlos, Profesora Titular de Psiquiatría en la Universidad Complutense e investigadora principal de la red Cibersam de investigación en Salud Mental. Es experta en el tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria y de los Trastornos de la Personalidad así como en el abordaje de la Depresión, principalmente en la mujer, y en la intervención de la psicosis de inicio reciente. Actualmente es la Presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.

@dramarinadiazmarsa

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