Síndrome postrombótico: el C-TRACT demuestra por primera vez que el stenting ilíaco funciona

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El síndrome postrombótico es la complicación crónica más frecuente de la trombosis venosa profunda (TVP) proximal, y durante décadas ha carecido de un tratamiento específico avalado por evidencia de calidad. Entre el 20 y el 50% de los pacientes que sufren una TVP proximal desarrollan síndrome postrombótico, con síntomas que incluyen dolor crónico, edema persistente, cambios tróficos cutáneos y úlceras venosas que deterioran de forma severa la calidad de vida y la capacidad funcional [1]. El ensayo C-TRACT, publicado en el New England Journal of Medicine en abril de 2026, aporta por primera vez la evidencia necesaria para evaluar con rigor el papel del stenting venoso ilíaco en estos pacientes [1].

El síndrome postrombótico: una complicación frecuente e infratratada

La fisiopatología del síndrome postrombótico es multifactorial. La hipertensión venosa que lo sostiene emerge de la combinación de obstrucción venosa crónica, incompetencia valvular secundaria al trombo, disfunción de la bomba gemelar y alteración del drenaje linfático [2]. De estos mecanismos, la obstrucción del eje venoso ilíaco es el único directamente susceptible de corrección endovascular, lo que proporciona la base racional para el implante de prótesis endovascular venosa ilíaca en los pacientes con síndrome postrombótico moderado-grave.

A pesar de su elevada prevalencia, pocos pacientes reciben un abordaje terapéutico dirigido a la obstrucción venosa. La falta de concienciación clínica y la ausencia histórica de ensayos aleatorizados bien diseñados han contribuido a esta infraatención [2]. Una revisión Cochrane actualizada en 2025 subrayaba la necesidad de evidencia definitiva antes de incorporar el stenting venoso a las recomendaciones de práctica clínica [3].

El ensayo C-TRACT: diseño y población

El C-TRACT (Chronic Venous Thrombosis: Relief with Adjunctive Catheter-Directed Therapy) es un ensayo de fase 3, multicéntrico, aleatorizado y controlado, patrocinado por el National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) de EE.UU. [1]. Incluyó 225 pacientes con síndrome postrombótico moderado-grave —definido por una puntuación VCSS de 8 o más, una escala de Villalta de 10 o más, o úlcera venosa abierta— y obstrucción ilíaca confirmada por imagen, reclutados en 29 centros de los EE.UU. entre julio de 2018 y junio de 2025.

Los participantes fueron aleatorizados en proporción 1:1 a recibir terapia endovascular —implante de prótesis endovascular venosa ilíaca más antitrombótico intensificado— además del cuidado estándar del síndrome postrombótico, o únicamente cuidado estándar. La variable principal fue la gravedad del síndrome a los 6 meses medida con la escala VCSS (rango 0-30; a mayor puntuación, mayor gravedad), evaluada de forma ciega por un clínico independiente. Las variables secundarias incluyeron la calidad de vida específica de enfermedad venosa (VEINES-QOL, rango 0-100) y la calidad de vida global (componente físico del SF-36, rango 0-100).

La población incluida refleja la epidemiología real de la enfermedad: aproximadamente el 47% eran mujeres, el 24% de raza negra y el 12% de origen hispano o latino, lo que refuerza la validez externa de los resultados.

Beneficio clínico demostrado en gravedad y calidad de vida

Los tres desenlaces preespecificados del ensayo fueron positivos. A los 6 meses, la gravedad del síndrome postrombótico fue significativamente menor en el grupo de terapia endovascular: puntuación VCSS media de 8,1 frente a 10,0 en el grupo control (diferencia ajustada −2,0 puntos; IC 95%: −3,2 a −0,8; p=0,001) [1]. Los resultados fueron coherentes en todos los subgrupos preespecificados.

La mejoría en calidad de vida venosa específica fue aún más llamativa: 14,5 puntos de mejora en la escala VEINES-QOL a favor de la terapia endovascular (IC 95%: 9,5-19,4; p<0,001), una magnitud que supera con creces la diferencia mínima clínicamente relevante establecida para este instrumento (4-6 puntos) y que es mayor que la reportada en ensayos de intervención en TVP ileofemoral aguda. La escala SF-36 mostró una mejora de 6,1 puntos en el componente físico (IC 95%: 2,8-9,3; p<0,001), superando también su umbral de relevancia de 2,5 puntos. La escala de Villalta -medida secundaria de gravedad del síndrome postrombótico- mostró una diferencia de −4,1 puntos a favor del grupo intervenido.

El riesgo hemorrágico como variable de decisión

El beneficio del C-TRACT no está exento de riesgos. La hemorragia total fue significativamente más frecuente en el grupo de terapia endovascular que en el control (11,6% frente a 3,6%; razón de riesgo 3,22; IC 95%: 1,07-9,69; p=0,03) [1]. La mayoría de estos episodios fueron no mayores y se produjeron varios meses después del procedimiento, lo que sugiere una relación con la anticoagulación e inhibición plaquetaria intensificadas del protocolo posimplante -presentes en el 71,3% de los intervenidos.

La hemorragia mayor fue infrecuente (4 frente a 1 paciente), pero el intervalo de confianza amplio (RR 4,01; IC 95%: 0,46-34,97) impide cuantificar con precisión la magnitud de este riesgo. Ningún episodio hemorrágico fue fatal. Este perfil de seguridad introduce una complejidad en la indicación que no puede minimizarse: la terapia endovascular venosa ilíaca no es una intervención de bajo riesgo, y su selección requiere una evaluación individualizada y cuidadosa del riesgo hemorrágico basal de cada paciente [4].

Qué cambia en tu práctica y qué queda por definir

El C-TRACT no incorpora aún el stenting venoso ilíaco a las guías clínicas, pero aporta la evidencia más robusta disponible hasta la fecha para considerar esta intervención en un subgrupo específico y bien delimitado: síndrome postrombótico moderado-grave con obstrucción ilíaca confirmada por imagen, riesgo hemorrágico asumible, y acceso a un centro con operadores con experiencia acreditada [4]. La decisión terapéutica debe ser siempre compartida e individualizada, integrando las preferencias del paciente y sus expectativas de beneficio a 6 meses.

Quedan, no obstante, preguntas clínicas fundamentales sin respuesta. El ensayo cubre únicamente 6 meses de seguimiento, y los stents venosos son implantes permanentes: los datos de permeabilidad a 12-24 meses y su correlación con los desenlaces clínicos son imprescindibles antes de incorporar esta técnica a las guías. La imposibilidad de separar el efecto del stent del antitrombótico intensificado administrado simultáneamente impide determinar qué componente de la intervención es responsable del beneficio observado. El análisis de coste-efectividad está también pendiente [1,4].

El síndrome postrombótico -post-thrombotic syndrome en la nomenclatura internacional- ha sido durante décadas una complicación crónica de la TVP sin un tratamiento específico con respaldo de evidencia sólida. El ensayo C-TRACT establece que el stenting venoso ilíaco -conocido internacionalmente como iliac vein stenting o endovascular therapy for post-thrombotic syndrome- mejora de forma significativa y clínicamente relevante la gravedad del síndrome y la calidad de vida en pacientes seleccionados, abriendo una nueva etapa en el abordaje de esta complicación y señalando con claridad el camino de la investigación futura.

  1. Vedantham S, Kahn SR, Marston WA, et al.; C-TRACT Trial Investigators. Endovascular therapy for post-thrombotic syndrome — a randomized trial. N Engl J Med. 2026;394:2293-304. 
  2. Kahn SR, Comerota AJ, Cushman M, et al. The postthrombotic syndrome: evidence-based prevention, diagnosis, and treatment strategies: a scientific statement from the American Heart Association. Circulation. 2014;130:1636-61.
  3. Flumignan RL, Nakano LC, Flumignan CD, Baptista-Silva JC. Angioplasty or stenting for deep venous thrombosis. Cochrane Database Syst Rev. 2025;2:CD011468. 
  4. Flumignan RLG, Nakano LCU. Stenting for post-thrombotic syndrome — a step forward. N Engl J Med. 2026;394:2370-71.

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