La sesión, impartida por un nefrólogo, giró en torno a la enfermedad renal crónica como problema de salud pública gravemente infradiagnosticado y a la albuminuria como herramienta clave para su detección precoz.
El punto de partida fue llamativo: cada 20 segundos fallece en el mundo una persona por enfermedad renal crónica, una cada media hora en España. Para 2050, se convertirá en la tercera causa de muerte en Europa occidental, superando a la cardiopatía isquémica. A diferencia de otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas, la enfermedad renal crónica carece aún de un concepto de prevención primaria equivalente al de la prediabetes o la prehipertensión, lo que explica en gran medida su mal pronóstico poblacional.
Uno de los mensajes centrales fue que la enfermedad renal crónica produce un envejecimiento biológico acelerado de entre 5 y 13 años, incluso antes de necesitar diálisis. El mecanismo subyacente implica la acumulación de mediadores inflamatorios de bajo peso molecular que el riñón dañado no puede eliminar, y la pérdida de moléculas gerosupresoras producidas por las células tubulares renales, como Klotho o la betaína. La diálisis sustituye solo parcialmente la función renal y no revierte este envejecimiento acelerado, lo que explica que los pacientes en diálisis presenten una esperanza de vida hasta cuatro décadas menor que la población general.
En cuanto al diagnóstico, se subrayó que esperar a que el filtrado glomerular baje por debajo de 60 ml/min implica llegar tarde: en ese momento ya se ha perdido funcionalmente el equivalente a un riñón entero. La albuminuria, en cambio, permite detectar daño renal con función conservada, en una fase aún reversible. El umbral diagnóstico es de 30 mg/g de creatinina en orina, aunque valores por encima de 10 ya se asocian a mayor riesgo. Se insistió en que la albuminuria debe solicitarse de forma rutinaria, especialmente en pacientes con diabetes, hipertensión o edad avanzada, ya que su elevación predice riesgo cardiovascular y renal de forma independiente al filtrado glomerular.
Actualmente existen cuatro líneas de tratamiento con evidencia sólida para reducir la albuminuria y frenar la progresión de la enfermedad: inhibidores de SGLT2, bloqueantes del sistema renina-angiotensina, antagonistas mineralocorticoideos de nueva generación (finerenona) y, en pacientes diabéticos, semaglutida. Iniciado precozmente, con función renal conservada, el tratamiento podría retrasar la necesidad de diálisis décadas, evitándola en muchos casos.
La sesión concluyó con una propuesta de futuro: desarrollar el concepto de preenfermedad renal crónica, basado en albuminuria elevada o filtrado bajo para la edad, que permita intervenir antes de que el daño sea irreversible, siguiendo el modelo ya establecido en cardiología y diabetología.
Alberto Ortiz

























