El TC cardiaco dejó hace tiempo de ser una prueba de imagen reservada al que la interpreta. Hoy la pide el cardiólogo de consulta, el internista que estudia un dolor torácico y el urgenciólogo que quiere descartar tres cosas en una sola adquisición. El problema es que la distancia entre lo que el escáner puede dar y lo que acaba escrito en el informe depende casi siempre de una cosa: la calidad de la pregunta que se hizo al pedirlo.
La Sociedad Europea de Cardiología, junto con la Asociación Europea de Imagen Cardiovascular (EACVI), ha publicado en European Heart Journal un documento de posicionamiento dirigido expresamente a los cardiólogos que no son expertos en TC [1]. Recorre las indicaciones, los valores pronósticos y las limitaciones del TC cardiaco en la cardiopatía isquémica, las valvulopatías, las miocardiopatías, las masas cardiacas, la patología de grandes vasos y las cardiopatías congénitas del adulto, con un enfoque poco habitual en este tipo de textos: qué información debe llevar la petición y qué hay que buscar en el informe cuando llega.
Lo que sabíamos hasta ahora
La entrada del TC coronario en la práctica ordinaria se apoya en dos ensayos grandes. El estudio SCOT-HEART aleatorizó a 4.146 pacientes con dolor torácico estable remitidos a una consulta de cardiología en Escocia a recibir atención estándar o atención estándar más TC coronario [3]. Con una mediana de seguimiento de 4,8 años, la variable principal, muerte por cardiopatía coronaria o infarto no mortal a 5 años, fue del 2,3% con TC frente al 3,9% con atención estándar (48 frente a 81 pacientes; razón de riesgos 0,59; IC 95% 0,41-0,84; P = 0,004). Conviene ser preciso con lo que ese resultado significa: no hubo diferencias en mortalidad total, cardiovascular ni no cardiovascular. Lo que mejoró fue la variable combinada. El mecanismo probable está en la otra cifra del ensayo: se iniciaron más tratamientos preventivos en el grupo de TC (19,4% frente a 14,7%; odds ratio 1,40; IC 95% 1,19-1,65).
El estudio DISCHARGE abordó la pregunta desde el otro extremo: 3.561 pacientes europeos con dolor torácico estable y probabilidad pretest intermedia que ya estaban remitidos a coronariografía invasiva fueron aleatorizados a hacerse antes un TC o a ir directamente al laboratorio de hemodinámica [4]. El riesgo de eventos cardiovasculares mayores a 3,5 años fue similar (2,1% frente a 3,0%; razón de riesgos 0,70; IC 95% 0,46-1,07; P = 0,10), pero las complicaciones mayores relacionadas con el procedimiento cayeron de forma clara: 9 pacientes (0,5%) frente a 33 (1,9%); razón de riesgos 0,26; IC 95% 0,13-0,55. El contexto que explica ese ensayo es que la coronariografía electiva encuentra enfermedad coronaria obstructiva solo en el 38% al 50% de los pacientes a los que se indica en Europa y en Estados Unidos.
Sobre esa base, la guía ESC 2024 de síndromes coronarios crónicos sitúa el TC coronario como prueba de primera línea con la recomendación más fuerte que existe [2]. Este documento parte de ahí y hace algo distinto: bajar esa recomendación a la consulta.
Qué escáner tienes delante
La plataforma de 64 cortes sigue siendo el mínimo aceptable, con adquisición en varios latidos. Por encima de ella conviven hoy tres generaciones que no rinden igual; saber cuál hay en el hospital cambia lo que se puede prometer al paciente.
| Característica | Fuente única, cobertura amplia | Doble fuente | Conteo de fotones |
|---|---|---|---|
| Resolución espacial | 0,5-0,6 mm | 0,5-0,6 mm | 0,2 mm |
| Resolución temporal | 135 ms | 75 ms | 66 ms |
| Adquisición | Un latido | Varios latidos | Varios latidos |
El detector de conteo de fotones multiplica por tres la resolución espacial y promete resolver los tres escenarios que más quebraderos dan: la lesión muy calcificada, la reestenosis dentro del stent y la detección de daño miocárdico. Todavía faltan ensayos aleatorizados intrapaciente que lo confirmen; además, la adquisición de máxima resolución sigue exigiendo varios latidos.
La radiación ha dejado de ser el argumento que era. La dosis efectiva media de un TC cardiaco está hoy en unos 3 mSv y baja de 1 mSv con la tecnología más reciente, gracias a la sincronización prospectiva con el ECG, al paso de hélice alto, a la reconstrucción iterativa y basada en aprendizaje profundo, y a los protocolos de bajo kilovoltaje ajustados al tamaño del paciente.
La preparación sí sigue siendo determinante. La frecuencia cardiaca alta, su variabilidad, la obesidad y los artefactos respiratorios son predictores negativos de interpretabilidad y acaban generando falsos positivos y pruebas innecesarias. El objetivo es una frecuencia de 60 latidos por minuto o menos: metoprolol 100 mg por vía oral una hora antes, o 5-20 mg por vía intravenosa 5-10 minutos antes; como alternativa, ivabradina 5-7,5 mg dos veces al día durante dos o tres días. La nitroglicerina sublingual, 800 µg cinco minutos antes, dilata los segmentos distales y mejora la calidad de imagen. Estas pautas proceden del documento de la ESC; en cada centro conviene contrastarlas con el protocolo local y con la ficha técnica de cada fármaco. En los pacientes con valvulopatía, el documento advierte de que los betabloqueantes y los nitratos deben usarse con cautela por sus posibles efectos adversos. Un último detalle que suele olvidarse: el filtrado glomerular debe estar medido en los tres meses previos, o más reciente si está por debajo de 60 mL/min.
El calcio coronario y sus límites
La puntuación de calcio coronario se obtiene sin contraste, con sincronización electrocardiográfica y menos de 1 mSv. El programa cuantifica las placas con área de al menos 1 mm² y atenuación de 130 unidades Hounsfield o más, y multiplica el área por un factor de densidad que va de 1 (130-199 UH) a 4 (por encima de 400 UH). La suma de todas las placas es la puntuación de Agatston.
El informe debe seguir el sistema CAC-DRS, que combina la categoría de puntuación (0; 1-99; 100-299; 300 o más) con el número de vasos afectados, de N0 a N4. Esa categorización no es cosmética: es lo que permite reclasificar el riesgo. En el estudio Heinz Nixdorf Recall, añadir el calcio a la escala de Framingham reclasificó correctamente al 22% de los pacientes de riesgo intermedio, con un 24% que bajó a riesgo bajo y un 19% que subió a riesgo alto.
Aquí conviene una advertencia doble. La primera es de interpretación: la relación entre calcio y enfermedad obstructiva no es directa. Un paciente con mucho calcio puede no tener ninguna lesión que obstruya y otro con calcio cero puede tenerla, algo que ya vimos cuantificado en el estudio SCAPIS. Por eso, en el paciente sintomático, un calcio de cero no cierra el estudio: el documento recomienda TC coronario o una prueba de isquemia.
La segunda es de fuerza de la recomendación y merece leerse con atención. La guía ESC 2024 dice que debe considerarse usar el calcio coronario cuando ya está visible en un TC de tórax hecho por otro motivo, con recomendación de clase IIa y nivel de evidencia C. Cuando se trata de pedir la prueba expresamente para afinar la clasificación de riesgo en torno a un umbral de decisión terapéutica, la recomendación baja a clase IIb, nivel de evidencia C [2]. Ni las guías europeas ni las americanas emplean el calcio coronario para decidir la antiagregación en prevención primaria ni para reclasificar el tratamiento de la hipertensión.
El TC cardiaco en el dolor torácico agudo
En urgencias, el candidato al TC coronario es el paciente con probabilidad baja o intermedia de síndrome coronario agudo, el que queda en la zona de observación de los algoritmos rápidos de 0/1 h y 0/2 h, y aquel en quien la embolia pulmonar o el síndrome aórtico agudo entran en el diagnóstico diferencial. Ese último caso tiene protocolo propio, el triple descarte, y hay que pedirlo por su nombre: la adquisición no es la misma que para descartar enfermedad coronaria y, si no se especifica, se obtiene la que no era.
El estudio CT-STAT, en 16 servicios de urgencias, redujo un 54% el tiempo hasta el diagnóstico frente a la perfusión miocárdica de reposo y esfuerzo (mediana de 2,9 horas frente a 6,3 horas; P < 0,0001). En cambio, el estudio RAPID-CTCA no encontró mejoría de los resultados clínicos al año con el uso precoz del TC coronario en la sospecha de síndrome coronario agudo, en la misma línea que lo que después mostró el estudio TARGET-CTCA. La lectura razonable es que el TC coronario acelera y ordena el proceso diagnóstico, no que evite eventos.
Lo que sí modifica la conducta es el hallazgo. La ausencia de enfermedad coronaria permite el alta precoz con seguridad. La enfermedad no obstructiva no es un hallazgo neutro: en el estudio ROMICAT se asoció a un riesgo de eventos cardiovasculares mayores del 4% a dos años, cifra que obliga a tratar la prevención en serio. Las características de placa de alto riesgo predijeron el síndrome coronario agudo en ROMICAT-II incluso tras ajustar por estenosis del 50% o más (odds ratio 8,9; IC 95% 1,8-43,3; P = 0,006).
Dolor torácico estable, la indicación mejor respaldada
Es el terreno donde el TC coronario tiene la indicación más firme. La guía ESC 2024 lo recomienda para diagnosticar enfermedad coronaria obstructiva y estimar el riesgo de eventos en pacientes con sospecha de síndrome coronario crónico y probabilidad pretest baja o moderada, entre el 5% y el 50%, con recomendación de clase I y nivel de evidencia A. Con la misma probabilidad pretest, la guía lo recomienda para afinar el diagnóstico cuando otra prueba no invasiva no ha sido concluyente, con clase I y nivel de evidencia B [2].
La misma guía marca dónde no debe pedirse, con clase III y nivel de evidencia C: insuficiencia renal grave con filtrado glomerular por debajo de 30 mL/min/1,73 m², insuficiencia cardiaca descompensada, calcificación coronaria extensa, frecuencia cardiaca rápida e irregular, obesidad grave, incapacidad para colaborar con la apnea y cualquier otra circunstancia que haga improbable obtener una imagen de calidad.
El valor de la prueba está tanto en lo que descarta como en lo que encuentra. En el registro CONFIRM, la ausencia de enfermedad coronaria se asoció a un valor predictivo negativo del 99,7% para mortalidad por cualquier causa a corto plazo. En el estudio PROMISE, con 10.003 pacientes, la estrategia anatómica produjo menos coronariografías sin hallazgos que la funcional (3,4% frente a 4,3%; P = 0,02). Además, el TC coronario detecta lo que las pruebas funcionales no ven: en el estudio ICONIC, más del 65% de los pacientes que sufrieron un síndrome coronario agudo tenían enfermedad no obstructiva en el TC basal.
Esa información se traduce en tratamiento. En un seguimiento medio de 3,8 años con TC coronarios seriados, el tratamiento con estatinas se asoció a menor progresión del volumen de placa, mayor conversión a placa calcificada y una reducción del 35% en la aparición de placa de alto riesgo. La contrapartida está en el estudio RESPECT2, donde el TC coronario mejoró poco la prescripción de hipolipemiantes y aumentó los procedimientos invasivos: la prueba abre la puerta al tratamiento, pero no lo garantiza.
El informe debe seguir el sistema CAD-RADS 2.0, que gradúa la estenosis de 0 a 5, añade la carga aterosclerótica de P1 a P4 y usa modificadores para la placa de alto riesgo, la isquemia, el stent, el injerto y las excepciones anatómicas. La conducta que se desprende es directa: prevención primaria en CAD-RADS 1 y 2, prueba funcional en CAD-RADS 3, coronariografía electiva en 4A y urgente en 4B y 5.
Queda un límite que hay que tener presente en la consulta, sobre todo en mujeres: el TC coronario no identifica la isquemia con arterias coronarias no obstructivas. Un estudio normal en un paciente sintomático no cierra el caso.
Cuando el TC además mide isquemia
Dos técnicas convierten la información anatómica en funcional. La reserva fraccional de flujo derivada del TC, o FFR-TC, aplica algoritmos de dinámica de fluidos a las imágenes ya adquiridas: no requiere secuencias específicas, ni fármaco de estrés, ni radiación adicional. Su sensibilidad ronda el 86% y su especificidad el 79%, y en el estudio NXT mostró una correlación de 0,82 con la reserva fraccional invasiva, además de reclasificar correctamente dos tercios de los falsos positivos del TC coronario. El umbral de significación hemodinámica es 0,80. Su gran limitación práctica es que no se puede aplicar a pacientes ya revascularizados, justo donde la evaluación funcional sería más útil.
La perfusión de esfuerzo por TC sí sirve en pacientes revascularizados. Exige suprimir la cafeína, un protocolo específico y un vasodilatador farmacológico. El protocolo estático se interpreta de forma cualitativa; el dinámico, con veinte o veinticinco adquisiciones durante el paso del contraste, cuantifica el flujo sanguíneo miocárdico, cuyo punto de corte validado más usado es 100 mL/100 mg/min. La perfusión dinámica es preferible en la enfermedad de tres vasos, donde la comparación visual entre territorios falla. El estudio PERFECTION comparó ambas técnicas de forma directa y no encontró diferencias entre ellas, aunque las dos mejoraron la exactitud del TC coronario aislado.
En la petición hay que declarar las contraindicaciones al vasodilatador: broncoespasmo, bloqueo auriculoventricular avanzado, enfermedad carotídea significativa y estenosis aórtica grave. El regadenosón, selectivo del receptor A2A, permite estudiar a pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva.
Después de un stent o de una cirugía
El stent sigue siendo el escenario más exigente. El TC coronario permite evaluar stents de 3 mm de diámetro o más. Por debajo de esa medida, solo si los struts miden menos de 100 µm y están en segmentos proximales sin bifurcación. La sensibilidad para detectar reestenosis intrastent es del 90% y la especificidad del 94% con equipos de 64 cortes o superiores.
Los injertos son mucho más agradecidos: mayor calibre y menos sensibles a la variación de frecuencia durante la adquisición. Frente a la coronariografía, el TC coronario alcanza en ellos una sensibilidad del 96%, una especificidad del 96% y un valor predictivo negativo del 99%. La dificultad se traslada a las arterias nativas no injertadas y a las anastomosis distales, muy calcificadas, donde la sensibilidad oscila entre el 83% y el 100%.
La utilidad más tangible aparece antes del procedimiento. En el estudio BYPASS-CTCA, realizar un TC coronario antes de la coronariografía en pacientes con cirugía previa redujo el tiempo de procedimiento (18,6 ± 9,5 frente a 39,5 ± 16,9 minutos), la nefropatía por contraste (3,4% frente a 27,9%), las complicaciones del procedimiento (2,3% frente a 10,8%) y los eventos cardiovasculares mayores al año (16,0% frente a 29,4%).
Sobre el seguimiento hay un matiz que conviene actualizar. Durante años la referencia fue que el TC coronario no debía usarse para seguir a los pacientes con enfermedad coronaria establecida. La guía ESC vigente ha cambiado ese planteamiento: en pacientes con síndrome coronario crónico, síntomas refractarios al tratamiento médico y revascularización previa, debe considerarse el TC coronario para evaluar la permeabilidad del injerto o del stent, en stents de 3 mm o más, con clase IIa y nivel de evidencia B [2].
Más allá de las coronarias
En las valvulopatías la ecocardiografía manda; el TC entra cuando la ecocardiografía no resuelve. Su papel mejor establecido es la cuantificación del calcio valvular en la estenosis aórtica de bajo flujo y bajo gradiente: la guía ESC/EACTS 2025 mantiene los umbrales de más de 2.000 unidades Agatston en el varón y más de 1.200 en la mujer para confirmar la gravedad [5]. Esos puntos de corte no se aplican a la válvula bicúspide ni a la etiología reumática, cuya fisiopatología es distinta. El TC también descarta enfermedad coronaria antes de la cirugía valvular y mide los diámetros aórticos cuando la aorta supera los 40 mm.
En las prótesis, el engrosamiento hipoatenuado de los velos aparece en el 10% al 38% de los casos y es el signo de trombosis. La atenuación distingue el material: la trombosis aguda queda por debajo de 90 UH, la crónica entre 90 y 145 UH, y el pannus por encima de 145 UH, típicamente en la cara ventricular. En las fugas periprotésicas, una extensión superior al 30% de la circunferencia indica gravedad. En la endocarditis, la ecocardiografía transesofágica sigue siendo superior para vegetaciones menores de 10 mm, perforaciones y fístulas, mientras que el TC gana en abscesos, seudoaneurismas y planificación quirúrgica.
En las miocardiopatías el TC funciona como plan B de la resonancia y como herramienta de planificación. Descarta enfermedad coronaria en la miocardiopatía dilatada, identifica los puentes miocárdicos y dibuja la anatomía de los músculos papilares, el septo basal y las perforantes septales antes de una ablación septal o una miectomía. En la miocardiopatía hipertrófica, la hipertrofia septal basal se define por un grosor superior a 15 mm. En la pericarditis constrictiva, el engrosamiento pericárdico por encima de 4 mm y las calcificaciones son el hallazgo que sostiene el diagnóstico y la planificación de la pericardiectomía.
En la aorta, el TC es la prueba de elección en el síndrome aórtico agudo por disponibilidad y rapidez. Las medidas se toman de borde interno a borde interno, en telediástole, con sincronización electrocardiográfica y con metodología de doble oblicuo. Los diámetros normales están por debajo de 40 mm, de 22 mm/m² o de una puntuación z de 2, con un crecimiento fisiológico de 0,9 mm por década en el varón y 0,7 mm en la mujer. Los criterios de mal pronóstico en la disección incluyen un diámetro superior a 45 mm, una luz falsa de más de 22 mm y un desgarro de entrada mayor de 10 mm.
En la circulación pulmonar, el TC estratifica el riesgo del tromboembolismo agudo mediante la relación entre ventrículo derecho e izquierdo, patológica por encima de 1 en el plano axial y de 0,9 en la reconstrucción de cuatro cámaras; la relación volumétrica tridimensional superior a 1,2 predice eventos adversos a 30 días. En la enfermedad tromboembólica crónica, la sensibilidad es del 86% y una relación entre arteria pulmonar y aorta ascendente mayor de 1 identifica mayor riesgo.
En las masas cardiacas, el TC ayuda a distinguir un tumor de estructuras anatómicas prominentes (crista terminalis, trabeculaciones) y de un trombo, valora la vascularización de la lesión (una masa hipervascular desaconseja la biopsia) y orienta la cirugía según su relación con las coronarias y las válvulas. En las cardiopatías congénitas del adulto es complementario a la resonancia y no su sustituto: es útil para las anomalías coronarias, el árbol vascular pulmonar, la coartación y la planificación de la válvula pulmonar percutánea, pero no debe usarse para el seguimiento seriado cuando la resonancia es posible, por la dosis acumulada de radiación en pacientes jóvenes.
Lo que el TC ve sin que se lo pidas
Este es el apartado que más consecuencias tiene en una consulta y el que menos se anticipa. En una revisión sistemática de 13 estudios con más de 11.000 pacientes sometidos a TC cardiaco, el 41% presentó algún hallazgo extracardiaco; de ellos, el 16% se consideró clínicamente relevante y el 2,5% resultó potencialmente mortal o maligno [6]. En la valoración previa al implante percutáneo de válvula aórtica, donde el campo de exploración es más amplio y la población más añosa, la incidencia de hallazgos significativos sube al 14%-43%, con capacidad para retrasar o incluso impedir el procedimiento.
La distribución es constante entre estudios: el pulmón concentra el 50,2% de los hallazgos significativos, el abdomen el 26,7%, los vasos el 13,1%, las estructuras adyacentes el 6,4% y el mediastino el 3,6%. Los tres hallazgos individuales más frecuentes son el nódulo pulmonar (26,6%), la hernia de hiato (20,8%) y las alteraciones aórticas (10,8%). El dato que obliga a mirar es otro: la estimación agrupada de neoplasias previamente desconocidas fue del 0,7%; el 70% de ellas eran cánceres de pulmón.
Puestos en perspectiva, en el estudio PROMISE la tasa de enfermedad coronaria obstructiva fue del 12% y los hallazgos extracardiacos que explicaban el dolor torácico supusieron un 2%; en SCOT-HEART, un 3% frente al 33% de pacientes diagnosticados de angina. Son porcentajes modestos que corresponden a enfermedades graves.
Hay un punto ciego que conviene conocer. Las recomendaciones de la Fleischner Society para el seguimiento de nódulos pulmonares incidentales, que son las que se aplican en la práctica, no están diseñadas para el TC cardiaco: el campo de visión centrado en el corazón deja fuera las porciones altas de los pulmones, que es justamente donde se localizan con frecuencia los cánceres.
Qué cambia en la práctica diaria
La aportación real de este documento no está en las indicaciones, que ya conocíamos, sino en el eslabón intermedio: qué escribir en la petición. Cinco cosas se repiten a lo largo del texto y no suelen constar en los volantes que llegan a la unidad de imagen.
- La pregunta clínica, formulada como pregunta. En urgencias, descartar enfermedad coronaria y hacer un triple descarte son dos protocolos distintos; si no se especifica, se obtiene el que no era.
- Los datos que condicionan la técnica. Perfil de riesgo, características del dolor, ECG, marcadores de daño miocárdico y si el paciente puede recibir un fármaco cronotrópico negativo y nitroglicerina sublingual.
- Lo que ya se ha implantado. En el paciente con stent, su localización, su diámetro y, si es posible, el modelo. En el operado, la anatomía de los injertos y el lugar de las anastomosis. En la prótesis valvular, la marca y el modelo.
- Qué se sospecha. En una prótesis no es lo mismo buscar trombosis, pannus o una complicación de endocarditis, ni es igual pedirlo para planificar un procedimiento percutáneo.
- Lo que ya se sabe. Los hallazgos de la ecocardiografía transtorácica o transesofágica disponibles.
Hay además dos asimetrías que merece la pena tener presentes. La primera afecta al calcio coronario: se ha convertido en una prueba de uso creciente, pero la guía europea vigente le concede clase IIa nivel de evidencia C cuando el calcio ya está visible en un TC hecho por otro motivo y clase IIb nivel de evidencia C cuando se pide expresamente para reclasificar el riesgo. Aprovechar lo que ya está hecho tiene mejor respaldo que generar una prueba nueva.
La segunda afecta a la lectura del informe. Un TC cardiaco genera dos informes en uno: el cardiológico y el que nadie ha pedido. Si el 41% de los pacientes tiene algún hallazgo fuera del corazón y uno de cada seis de esos hallazgos exige actuar, el circuito de qué se hace con ellos no puede improvisarse paciente a paciente. Conviene tenerlo acordado con radiología antes de que aparezca el primer nódulo.
Mensajes clave
- En el dolor torácico estable con probabilidad pretest del 5% al 50%, el TC coronario tiene recomendación de clase I con nivel de evidencia A para diagnosticar enfermedad coronaria obstructiva y estimar el riesgo de eventos.
- El beneficio demostrado en el estudio SCOT-HEART a 5 años es sobre la variable combinada de muerte coronaria o infarto no mortal (2,3% frente a 3,9%), no sobre la mortalidad total, y se acompaña de más tratamiento preventivo prescrito.
- Una puntuación de calcio de cero no descarta lesiones obstructivas; el paciente sintomático no se estudia con calcio sino con TC coronario o con una prueba de isquemia.
- La reserva fraccional de flujo derivada del TC no es aplicable a pacientes revascularizados; en ellos la alternativa funcional es la perfusión de esfuerzo por TC.
- Cuatro de cada diez pacientes presentan hallazgos fuera del corazón y uno de cada seis de esos hallazgos es clínicamente relevante, con un 0,7% de neoplasias no conocidas.
Importancia y aplicación clínica
Este documento no amplía las indicaciones del TC cardiaco: las ordena y, sobre todo, traduce. Su destinatario declarado es el cardiólogo que pide la prueba sin interpretarla, que es exactamente el punto donde se pierde rendimiento diagnóstico en la mayoría de los hospitales. Un escáner de última generación no compensa una petición que no dice qué se busca ni un informe que no responde a la pregunta que se hizo.
Para el trabajo diario hay tres consecuencias inmediatas. La primera es de indicación: el TC coronario está sólidamente indicado en el dolor torácico estable de probabilidad baja o intermedia y sirve tanto para descartar como para cuantificar carga de placa, pero no ve la isquemia con arterias no obstructivas, un límite que pesa especialmente en las mujeres. La segunda es de proceso: conocer qué escáner hay disponible y preparar bien al paciente, con la frecuencia cardiaca controlada y el filtrado glomerular reciente, determina si la prueba será interpretable. La tercera es organizativa: los hallazgos extracardiacos son la regla, no la excepción, y el circuito para manejarlos debe existir antes de necesitarlo.
Puesto en una frase para llevarse a la consulta: el rendimiento del TC cardiaco depende menos del equipo que de la calidad de la pregunta, de la preparación del paciente y de saber de antemano qué se va a hacer con todo lo que la tomografía computarizada cardiaca ve además del corazón.
Preguntas frecuentes
¿A qué paciente con dolor torácico estable conviene pedirle un TC coronario?
Al que tiene una probabilidad pretest de enfermedad coronaria obstructiva entre el 5% y el 50%, para diagnosticarla y estimar su riesgo de eventos. Es una recomendación de clase I con nivel de evidencia A en la guía ESC 2024.
¿Un calcio coronario de cero descarta la enfermedad coronaria?
No. La correlación entre calcio y enfermedad obstructiva no es directa: un paciente con calcio cero puede tener lesiones obstructivas. Por eso el calcio se reserva para reclasificar el riesgo del paciente asintomático, no para estudiar al sintomático: en este, el estudio se completa con TC coronario o con una prueba de isquemia.
¿Se puede valorar un stent con TC coronario?
Sí, si el diámetro es de 3 mm o más. Por debajo, solo cuando los struts miden menos de 100 µm y el stent está en un segmento proximal sin bifurcación. La sensibilidad para reestenosis intrastent es del 90% y la especificidad del 94%.
¿Qué hago si el informe describe un nódulo pulmonar?
Aplicar los criterios de la Fleischner Society según tamaño, densidad y riesgo del paciente, sabiendo que esas recomendaciones no están diseñadas para el campo de visión de un TC cardiaco y que las porciones altas de los pulmones quedan fuera de la exploración.
Bibliografía recomendada
- Pontone G, Benfari G, Christodorescu R, Ferrini M, Kharabish A, Moharem-Elgamal S, et al. Implementation of cardiac computed tomography in everyday practice. Eur Heart J. 2026;ehag389. PMID 42554679
- Vrints C, Andreotti F, Koskinas KC, Rossello X, Adamo M, Ainslie J, et al. 2024 ESC Guidelines for the management of chronic coronary syndromes. Eur Heart J. 2024;45(36):3415-537. PMID 39210710
- SCOT-HEART Investigators, Newby DE, Adamson PD, Berry C, Boon NA, Dweck MR, et al. Coronary CT angiography and 5-year risk of myocardial infarction. N Engl J Med. 2018;379(10):924-33. PMID 30145934
- DISCHARGE Trial Group, Maurovich-Horvat P, Bosserdt M, Kofoed KF, Rieckmann N, Benedek T, et al. CT or invasive coronary angiography in stable chest pain. N Engl J Med. 2022;386(17):1591-602. PMID 35240010
- Praz F, Borger MA, Lanz J, Marin-Cuartas M, Abreu A, Adamo M, et al. 2025 ESC/EACTS Guidelines for the management of valvular heart disease. Eur Heart J. 2025;46(44):4635-736. PMID 40878295
- Karius P, Schuetz GM, Schlattmann P, Dewey M. Extracardiac findings on coronary CT angiography: a systematic review. J Cardiovasc Comput Tomogr. 2014;8(3):174-82. PMID 24939065











































