La American Heart Association (AHA) publicó el 26 de octubre de 2026 en Circulation, junto con la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP), el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y la Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM), tres documentos para valorar y prevenir el riesgo cardiovascular en la mujer según sus etapas hormonales. El principal es una declaración científica con pautas clínicas de consenso para cada etapa [1]. La acompañan un aviso presidencial que define el marco [2] y un aviso científico sobre los centros de excelencia en cardiología de la mujer [3].
Resumen en audio · 2 minutos
Cómo valorar el riesgo cardiovascular en la mujer desde la menarquia hasta la posmenopausia, según la AHA
La propuesta divide la vida de la mujer en cuatro etapas marcadas por las hormonas sexuales: la perimenarquia (S1), los años de ciclos ováricos (S2), la perimenopausia (S3) y la posmenopausia (S4). El embarazo se trata como un periodo que modifica el riesgo en cualquiera de ellas. En cada consulta, sea con el pediatra, el ginecólogo, el médico de familia o el cardiólogo, los documentos piden anotar la etapa y revisar a la vez la salud hormonal, la psicosocial y la cardiovascular. Son consideraciones de consenso, sin clases de recomendación ni niveles de evidencia.
En este artículo:
- Lo que sabíamos del riesgo cardiovascular propio de la mujer
- Las cuatro etapas hormonales de la mujer y el embarazo
- La historia menstrual, un dato cardiovascular
- Ánimo, ansiedad y conducta alimentaria
- Cómo estimar el riesgo cardiovascular en la mujer con PREVENT
- El embarazo, antes, durante y después
- Anticoncepción y terapia hormonal según el riesgo
- Centros de excelencia en cardiología de la mujer
- Lo que los documentos todavía no responden
- Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica
Lo que sabíamos del riesgo cardiovascular propio de la mujer
La relación entre la historia reproductiva y el riesgo cardiovascular ya estaba en las guías. La guía ESC 2021 de prevención dedica un apartado a las situaciones propias de la mujer [4]. Según su texto, la preeclampsia multiplica el riesgo cardiovascular por 1,5 a 2,7 y la hipertensión gestacional, por 1,7 a 2,5; la diabetes gestacional lo llega a duplicar y hasta la mitad de esas mujeres desarrolla diabetes en los cinco años siguientes. La menopausia antes de los 45 años lo multiplica por 1,5.
La misma guía incluye entre sus lagunas de conocimiento si estos factores mejoran la clasificación del riesgo y considera que, de momento, no hace falta un modelo de riesgo distinto para las mujeres con un trastorno hipertensivo del embarazo previo.
En España, un consenso de 2025 de la Sociedad Española de Cardiología con ginecólogos (SEGO), especialistas en menopausia (AEEM), endocrinólogos (SEEN), médicos de familia (semFYC y SEMERGEN), pediatras (AEP) y matronas (AEM) ordenó la prevención por ciclos vitales: edad fértil, embarazo, cuarto trimestre tras el parto y climaterio [5]. Propone al menos tres visitas en el posparto y revisiones anuales con el médico de familia después de una complicación vascular o metabólica del embarazo, y recomienda la terapia hormonal en la insuficiencia ovárica prematura si no hay contraindicaciones (nivel de evidencia A).
Los documentos de la AHA añaden una forma de organizar la consulta. La anclan a la etapa hormonal y no solo a la edad, empiezan antes de la primera regla, cruzan las recomendaciones de las cuatro sociedades y de otras, como la sociedad estadounidense de menopausia (The Menopause Society), y unifican términos que no coincidían entre especialidades. Al revisar 338 guías y declaraciones de la AHA y del American College of Cardiology (ACC), el grupo de redacción comprobó que solo el 19% citaba al menos un ensayo clínico con análisis de interacción por sexo o con resultados separados por sexo.
El aviso presidencial sitúa el contexto en Estados Unidos: si se mantiene la tendencia actual, entre las mujeres adultas la hipertensión pasará del 49% al 59% en 2050, la obesidad del 44% al 61%, la diabetes del 15% al 25% y la enfermedad cardiovascular del 11% al 14%. En uno de los comentarios que acompañan a los documentos, Lundberg y colaboradores recuerdan que las mujeres suponen ya más de la mitad de las muertes por insuficiencia cardiaca en ese país y que la mortalidad ajustada por edad entre los 35 y los 54 años ha subido ligeramente en los últimos años [6].
Las cuatro etapas hormonales de la mujer y el embarazo
Los documentos definen cada etapa por los cambios de las hormonas sexuales, que en la consulta se reconocen sin análisis: por la edad de la primera regla, por cómo son los ciclos y por los síntomas. Las edades son orientativas y el aviso presidencial no recomienda medir las hormonas para situar a la mujer en una etapa. Antes de la primera regla queda una etapa previa, la premenarquia (S0), en la que se cuidan los hábitos de vida.
| Etapa | Edad aproximada | Qué la define | Qué se vigila |
|---|---|---|---|
| S1, perimenarquia | 8-15 años | La primera regla y los 1-3 años siguientes, con ciclos todavía irregulares | Primera regla antes de los 10 años, síndrome de ovario poliquístico, sangrado abundante, ánimo y conducta alimentaria |
| S2, ciclos ováricos | 15-44 años | Ciclos ovulatorios regulares | Deseo de embarazo y anticoncepción, complicaciones del embarazo; riesgo con PREVENT desde los 30 años |
| S3, perimenopausia | 45-51 años | Ciclos que varían 7 días o más y ciclos perdidos, hasta un año después de la última regla | Síntomas vasomotores, sueño y ánimo; aumento del riesgo; terapia hormonal según el riesgo |
| S4, posmenopausia | Más de 51 años | 12 meses o más sin regla | Enfermedad cardiovascular clínica; edad de la menopausia como marcador de riesgo |
El embarazo, con los doce meses previos y los doce posteriores, se trata como un periodo que modifica el riesgo y que puede caer en S1, S2 o S3, o en S4 con reproducción asistida. El aviso presidencial lo describe como una prueba de esfuerzo cardiovascular: el estradiol se multiplica por 30 a 100 respecto a los valores de la mujer no embarazada y pueden aflorar una hipertensión, una diabetes o una cardiopatía que estaban latentes. Alrededor del 80% de las mujeres tendrá al menos un embarazo.
La historia menstrual, un dato cardiovascular
El ACOG considera el ciclo menstrual una constante vital y la declaración pide tratarlo así también en la consulta cardiovascular. Desde los 8 años se vigila el inicio de la pubertad y se anota la edad de la primera regla. Después, y hasta la perimenopausia, se recoge al menos una vez al año la historia menstrual: la fecha de la última regla, la regularidad y la duración de los ciclos, los días de sangrado y la cantidad, medida por los productos que se usan.
La primera regla antes de los 10 años se asocia a un aumento moderado del riesgo cardiovascular, en parte por el exceso de grasa corporal, y la declaración la considera un potenciador cualitativo del riesgo. La guía ACC/AHA 2026 de dislipemia incluye la menarquia antes de los 10 años, el síndrome de ovario poliquístico, las reglas irregulares, la menopausia antes de los 45 años y las complicaciones del embarazo entre los marcadores de riesgo reproductivo. Considera razonable tenerlos en cuenta para personalizar el riesgo al plantear el tratamiento hipolipemiante en prevención primaria (clase IIa, nivel de evidencia B-NR) [7].
Las reglas irregulares (ciclos de menos de 21 días o de más de 35, menos de ocho reglas al año o más de tres meses sin regla sin tratamiento hormonal) y el sangrado abundante (más de siete días, cambiar de compresa o de tampón cada una o dos horas o necesitar más de seis al día) obligan a buscar la causa. El déficit de hierro afecta a cerca del 38% de las mujeres que menstrúan y, según el aviso presidencial, a la mitad de las que tienen reglas abundantes. La declaración pide buscar ferropenia y anemia en ellas y tratar el déficit de hierro aunque no haya anemia.
El sangrado menstrual tiene una consecuencia directa en el tratamiento cardiovascular. Hasta el 70% de las mujeres que menstrúan y reciben anticoagulantes tiene sangrados anómalos o abundantes. Según la declaración, el rivaroxabán (rivaroxaban) se asocia a más sangrado menstrual abundante que la warfarina, mientras que con el apixabán (apixaban) las tasas son parecidas a las de la heparina de bajo peso molecular; con la doble antiagregación el riesgo parece mayor que con un solo antiagregante, aunque los datos son escasos. Al empezar cualquiera de estos tratamientos, la declaración pide avisar a la paciente y ofrecerle opciones para reducir el sangrado, para no tener que interrumpir un fármaco indicado.
El síndrome de ovario poliquístico, que los documentos llaman ya síndrome ovárico metabólico poliendocrino (PMOS, por sus siglas en inglés), afecta al 10-13% de las mujeres. Se diagnostica con dos de tres criterios: hiperandrogenismo, disfunción ovulatoria y ovarios poliquísticos en la ecografía o una hormona antimülleriana elevada. La declaración pide revisar al menos una vez al año el índice de masa corporal, la presión arterial, los lípidos y la hemoglobina glucosilada, con la sobrecarga oral de glucosa como la prueba más precisa del estado glucémico. Si hay embarazo, aumenta el riesgo de diabetes gestacional y de trastornos hipertensivos.
La dismenorrea afecta hasta al 70% de las adolescentes y aproximadamente duplica la probabilidad de insomnio y de mal sueño. La declaración recoge que la guía AHA/ASA 2024 de prevención primaria del ictus incluye la endometriosis entre los factores de riesgo de ictus propios de la mujer.
En la perimenopausia, la declaración propone preguntar desde los 40 años por los síntomas de la menopausia: sofocos, sudores nocturnos, palpitaciones, sueño, ánimo y ansiedad. El diagnóstico es clínico y no se recomienda medir el estradiol ni la hormona foliculoestimulante. En Estados Unidos, la menopausia temprana (de 40 a 44 años) y la prematura (antes de los 40, o insuficiencia ovárica prematura) afectan al 8-12% y al 1-3,5% de las mujeres. La menopausia antes de los 45 años es un potenciador del riesgo y la causada por quimioterapia o por la extirpación de los dos ovarios debe constar en la historia.
Ánimo, ansiedad y conducta alimentaria
La depresión, la ansiedad y los trastornos de la conducta alimentaria son más frecuentes en las mujeres desde la menarquia y se asocian a más riesgo cardiovascular. La declaración propone cribar la depresión desde los 12 años con el PHQ-2 (con el PHQ-9 si es positivo), la ansiedad desde los 13 con el GAD-2 (con el GAD-7 si es positivo) y la conducta alimentaria desde los 11, en las revisiones preventivas. En el embarazo y el posparto propone la escala de Edimburgo en la primera visita prenatal, cerca del tercer trimestre o en él y en la revisión de las seis semanas.
La declaración recuerda que el cribado no sustituye al estudio de los síntomas que se solapan con la ansiedad, como las palpitaciones o el dolor torácico: las mujeres tienen más probabilidad de recibir un diagnóstico de ansiedad cuando consultan por un síndrome coronario agudo. Según el aviso presidencial, una de cada tres mujeres en la perimenopausia tiene síntomas de depresión o de ansiedad clínicamente significativos.
Cómo estimar el riesgo cardiovascular en la mujer con PREVENT
En todas las etapas, la salud cardiovascular se mide con los ocho componentes del Life's Essential 8 de la AHA: dieta, actividad física, tabaco, sueño, peso, presión arterial, lípidos y glucosa. Desde los 30 años, en la mujer sin enfermedad cardiovascular, la declaración propone estimar el riesgo con las ecuaciones PREVENT, que tienen coeficientes distintos para cada sexo: a 10 años, hasta los 79, y a 30 años, hasta los 59.
El riesgo a 30 años importa en la mujer joven, que suele tener un riesgo bajo a corto plazo y alto a largo plazo. Según la declaración, prescindir de él alimenta la idea de que la mujer no está en riesgo.
Sobre esa cifra se suman los potenciadores propios de la mujer: primera regla precoz, síndrome de ovario poliquístico, reglas irregulares, complicaciones del embarazo y menopausia antes de los 45 años. La declaración añade, como grupo más amplio, la endometriosis, la infertilidad y las pérdidas gestacionales, y en la perimenopausia y la posmenopausia los síntomas vasomotores frecuentes, persistentes o intensos. Si hace falta afinar, propone la puntuación de calcio coronario a partir de los 45 años cuando el riesgo aterosclerótico a 10 años es limítrofe (del 3% a menos del 5%) o intermedio (del 5% a menos del 10%). Como la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada es más frecuente en la mujer, considera que los péptidos natriuréticos o el ecocardiograma pueden ayudar a orientar la prevención.
Entre los comentarios que publicó Circulation junto a los documentos, el de Pabon y Honigberg señala que PREVENT tiene en cuenta el sexo, pero no los factores propios de la mujer [8]. Los autores dejan cuatro preguntas abiertas: qué datos de la historia reproductiva aportan información útil más allá del riesgo calculado, a quién vigilar más cuando la valoración convencional es normal, qué mujeres se benefician de un tratamiento farmacológico antes de cumplir los criterios habituales y si hay etapas en las que la misma intervención da más beneficio. Hasta tener respuesta, proponen usar estos factores para no dejar sin hacer la prevención ya indicada y para seguir más de cerca a esas mujeres, no para tratar más allá de lo que recogen las guías.
El embarazo, antes, durante y después
La declaración propone preguntar en cada consulta a la mujer que puede quedarse embarazada, de 18 a 49 años, si quiere estarlo en el próximo año, con la llamada «pregunta clave» (One Key Question). Según el documento, alrededor de la mitad de los embarazos en Estados Unidos no se planifican, así que la posibilidad de embarazo se tiene en cuenta al prescribir aunque la mujer use anticonceptivos. Si desea un embarazo, se revisa su salud cardiovascular antes de concebir y se cambian los fármacos con riesgo para el feto; si no lo desea, se elige la anticoncepción según su riesgo.
Según datos epidemiológicos que recoge la declaración, el 80% de las complicaciones del embarazo podrían evitarse si la salud cardiovascular previa fuera óptima. El aviso presidencial señala que casi nueve de cada diez mujeres de 20 a 44 años llegan al embarazo sin esa salud óptima. Entre las que tienen una presión arterial de 140/90 mmHg o más antes del embarazo, una de cada tres sufre una complicación.
Los documentos unifican los términos de la presión arterial entre especialidades. La hipertensión crónica del embarazo (140/90 mmHg o más) coincide con el estadio 2 de la clasificación AHA/ACC y la hipertensión grave es de 160/110 mmHg o más en la embarazada y de 180/120 mmHg o más fuera del embarazo. En la embarazada con hipertensión crónica, la declaración propone un objetivo inferior a 140/90 mmHg, con labetalol o nifedipino (nifedipine) de liberación prolongada como primera línea.
Para prevenir la preeclampsia, la declaración propone ácido acetilsalicílico (aspirina) a dosis bajas en las gestantes con más riesgo, iniciado entre las semanas 12 y 28 e idealmente antes de la 16. La guía ESC 2025 sobre enfermedad cardiovascular y embarazo concreta la dosis: de 75 a 150 mg diarios, desde la semana 12 hasta la 36-37, en las mujeres con un factor de riesgo alto o dos moderados de preeclampsia (clase I, nivel de evidencia A) [9]. La misma guía recomienda una presión arterial inferior a 140/90 mmHg en la embarazada (clase I, nivel de evidencia B).
Antes de un embarazo deseado, o en cuanto se confirma, hay que revisar los fármacos cardiovasculares. Según la declaración, están contraindicados los IECA, los ARA-II, el sacubitrilo/valsartán (sacubitril/valsartan), los inhibidores directos de la renina, los antagonistas de la aldosterona (espironolactona y eplerenona), la warfarina y la ivabradina. Se evitan los anticoagulantes orales de acción directa, la amiodarona salvo arritmia que amenace la vida y los hipolipemiantes distintos de las estatinas. Las estatinas se suspenden en la mayoría de los embarazos y pueden mantenerse, tras decidirlo con la paciente, en el riesgo muy alto, como la hipercolesterolemia familiar o la enfermedad aterosclerótica previa.
Como alternativas, la declaración propone nifedipino de liberación prolongada, labetalol, metildopa o hidralazina para la presión arterial, heparina de bajo peso molecular o no fraccionada para anticoagular y un betabloqueante en lugar de la ivabradina. La clasificación europea de cada fármaco está en la guía interactiva de CardioTeca sobre fármacos cardiovasculares en el embarazo y la lactancia según la guía ESC 2025.
Tras un trastorno hipertensivo del embarazo, la declaración propone medir la presión arterial en las 72 horas siguientes al alta si fue grave o, si no, entre los días 7 y 10 del posparto; repetirla a las 6-12 semanas y después cada año, y usar la automedida en casa. Tras una diabetes gestacional, propone revisar la glucemia entre las semanas 4 y 12 del posparto, con hemoglobina glucosilada o sobrecarga oral de glucosa, y repetirlo cada uno a tres años. Todas las complicaciones del embarazo (trastornos hipertensivos, diabetes gestacional, parto prematuro y recién nacido pequeño para la edad gestacional) se anotan en la historia como potenciadores del riesgo para el resto de la vida.
Según el aviso científico, en Estados Unidos solo alrededor del 60% de las mujeres con un trastorno hipertensivo del embarazo acude a algún clínico de continuidad en los seis meses siguientes al parto; el consenso español estima que alrededor del 40% de las mujeres no acude a las visitas del posparto. La declaración recuerda además que la trombosis venosa es entre 4 y 5 veces más frecuente en el embarazo y aún más en el posparto, con el máximo en las tres primeras semanas, y que la mitad de las trombosis asociadas al embarazo ocurren después del parto.
Anticoncepción y terapia hormonal según el riesgo
La declaración propone pasar de las contraindicaciones por categorías a una decisión basada en el riesgo absoluto de cada mujer. Recomienda evitar la anticoncepción con estrógenos (etinilestradiol, valerato de estradiol o estetrol) en las mujeres con enfermedad cardiovascular aterosclerótica o con riesgo alto de padecerla (10% o más), miocardiopatía periparto, valvulopatía, trombosis venosa con algún factor de recurrencia o migraña con aura. En ellas, los anticonceptivos solo con progestágeno son la alternativa, como recomienda también el consenso español en las mujeres con cardiopatía. Al empezar un anticonceptivo hormonal combinado, por el motivo que sea, se mide la presión arterial en los tres meses siguientes.
Para los síntomas de la menopausia, la declaración propone un algoritmo en tres pasos. El primero es descartar las contraindicaciones de la terapia hormonal: ictus isquémico, accidente isquémico transitorio, infarto o trombosis venosa previos, cáncer de mama o de endometrio, trombofilia de alto riesgo, hepatopatía aguda o descompensada y sangrado uterino sin diagnosticar. Si hay alguna, el tratamiento es no hormonal.
El segundo paso es calcular el riesgo aterosclerótico a 10 años con PREVENT-ASCVD. El tercero es decidir según la cifra:
- Con menos del 5%, en mujeres de menos de 60 años y con menos de 10 años de menopausia, los beneficios de la terapia hormonal sistémica suelen superar a los riesgos.
- Entre el 5% y menos del 10%, la declaración recomienda iniciar una estatina, plantear la puntuación de calcio coronario si hay dudas y, si se elige la terapia hormonal, preferir la vía transdérmica.
- Con el 10% o más, o con 60 años o más, o con 10 años o más desde la menopausia, recomienda la estatina y prefiere el tratamiento no hormonal de los síntomas.
La declaración recuerda que la terapia hormonal no está indicada para prevenir la enfermedad cardiovascular, ni en prevención primaria ni en secundaria, según el ACOG, The Menopause Society, la Sociedad Internacional de Menopausia y el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos. Cuando la menopausia llega antes de los 45 años, recomienda la terapia hormonal sustitutiva hasta los 51, a dosis que se aproximan a las fisiológicas. El consenso español coincide en el límite de edad: considera que la terapia hormonal puede reducir los episodios aterotrombóticos antes de los 60 años o en los primeros 10 años de menopausia y la desaconseja con riesgo cardiovascular alto o enfermedad establecida.
La combinación oral de estrógeno y progestágeno duplica el riesgo de trombosis venosa; la vía transdérmica no se ha asociado a un aumento de ese riesgo en estudios observacionales. Como alternativas no hormonales aprobadas en Estados Unidos para los síntomas vasomotores, la declaración cita el fezolinetant y el elinzanetant, antagonistas de los receptores de neurocinina, y la paroxetina. El contraste entre la propuesta de la FIGO y la WHF para las mujeres con cardiopatía isquémica y la posición de la ESC lo repasamos en el artículo sobre terapia hormonal de la menopausia y cardiopatía isquémica.
Centros de excelencia en cardiología de la mujer
El aviso científico propone crear en Estados Unidos una red de centros de excelencia en cardiología de la mujer, con criterios comunes de acreditación y cuatro pilares: atención clínica interdisciplinar, formación, investigación y relación con la comunidad. Parte de una encuesta a 70 responsables de unidades de cardiología de la mujer, de los que contestaron 33 (47,1%). El 90,9% de esas unidades estaba vinculado a un centro académico, solo una era rural y el 21,2% tenía un espacio clínico propio.
Todas atendían la disección coronaria espontánea y la enfermedad cardiovascular tras el embarazo. El 97,0% atendía la disfunción microvascular coronaria y el infarto o la isquemia sin lesiones coronarias obstructivas; el 90,9%, el síndrome de takotsubo. El 93,9% hacía el cribado y el tratamiento de los factores de riesgo después de una complicación del embarazo y durante la transición menopáusica, pero solo el 9,1% prescribía terapia hormonal para los síntomas de la menopausia y el 6,1%, anticonceptivos. Todas contaban con cardiólogos, el 78,8% con ginecólogos o especialistas en medicina materno-fetal y el 30,3% con médicos de atención primaria. La barrera de coordinación más citada fueron los tiempos de espera (87,9%).
El aviso reconoce que la prueba de que estos modelos mejoran los resultados es limitada. Se apoya en estudios pequeños en la angina o el infarto sin lesiones obstructivas y en el control de la presión arterial tras una complicación del embarazo, y en una revisión sistemática de 1.109 embarazadas con cardiopatía en la que la atención por un equipo de cardio-obstetricia se asoció a menos arritmias y menos reingresos en el posparto.
En el comentario de Florio, Goldstein y Spertus, el modelo no depende de un edificio: un «centro sin paredes» puede compartir circuitos clínicos, criterios de derivación, documentación y medidas de resultado aunque sus profesionales trabajen en sitios distintos [10]. La ESC publicó en 2026 su propio consenso sobre unidades de salud cardiovascular de la mujer [11], que repasamos al contar cómo la ESC marca el camino hacia centros específicos de salud cardiovascular de la mujer.
Lo que los documentos todavía no responden
La propia declaración enumera las lagunas que considera prioritarias:
- El efecto sobre los episodios cardiovasculares de la terapia hormonal con los preparados orales y transdérmicos actuales, según la edad de inicio y en la perimenopausia antes de la última regla.
- La seguridad y la eficacia de la terapia hormonal en las mujeres con riesgo intermedio por la puntuación de calcio coronario que ya reciben un tratamiento hipolipemiante y antihipertensivo intensivo.
- Si la menopausia temprana o la intensidad de los síntomas vasomotores mejoran la estimación del riesgo y qué intervenciones frenan el empeoramiento de los factores de riesgo con la menopausia.
- El uso de los agonistas del receptor de GLP-1 en el síndrome de ovario poliquístico, después del embarazo o en la perimenopausia, sin estudios que demuestren su beneficio a largo plazo con esas indicaciones; si se suspenden cerca de un embarazo, el peso recuperado puede aumentar el riesgo de complicaciones.
- Tras una complicación del embarazo, la frecuencia de seguimiento, el antihipertensivo preferido y el objetivo de presión arterial durante el primer año.
- Cada cuánto repetir el cribado psicosocial y los cortes de lípidos y de glucosa en las niñas según el estadio puberal, que hoy no existen.
Los tres documentos están pensados para el sistema sanitario de Estados Unidos: citan medidas de calidad de sus aseguradoras públicas, criterios de anticoncepción de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y fármacos con la aprobación de la FDA.
Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica
- La historia clínica de cualquier mujer puede recoger los datos que la declaración trata como cardiovasculares: la edad de la primera regla y la de la menopausia, cómo son las reglas, si quiere quedarse embarazada en el próximo año, las complicaciones de sus embarazos y, desde los 40 años, los síntomas de la menopausia. La declaración propone guardarlos en campos estructurados de la historia electrónica, con ayuda de un cuestionario previo a la visita.
- En Europa, la guía ESC 2021 estima el riesgo con SCORE2 y SCORE2-OP, que no incluyen los factores reproductivos. Los cortes del 5% y el 10% de PREVENT-ASCVD que usa la declaración para decidir la terapia hormonal pertenecen a otra escala y no se pueden aplicar sin más a una cifra de SCORE2. La secuencia de decisión (contraindicaciones, riesgo absoluto, calcio coronario si hay dudas y vía transdérmica si se elige el tratamiento hormonal) no depende de la escala.
- Para la aspirina en el embarazo, la referencia europea es la guía ESC 2025, que fija también cuándo suspenderla cuando se indica para prevenir la preeclampsia: en la semana 36-37.
- Según el comentario de Florio y colaboradores, la atención suele fallar al pasar de la pediatría a la medicina de adultos y del posparto a la atención primaria. Proponen que cada derivación tenga un receptor identificado, que se le transmitan la historia y los riesgos, que se confirme que la mujer fue atendida y que quede un plan para lo pendiente. En España, el consenso de 2025 reparte ese seguimiento entre la matrona, el obstetra y el médico de familia.
- Shim y DiVasta piden incorporar a la prevención cardiovascular a los pediatras y a los ginecólogos que atienden a las adolescentes, y recuerdan que el síndrome de ovario poliquístico y la endometriosis se diagnostican a menudo con retraso a esas edades [12]. Wang recuerda que las mujeres empiezan la prevención cardiovascular, de media, tres años más tarde que los hombres y propone que la menopausia sirva para revisar el riesgo y no para empezar a prevenirlo [13].
Mensajes clave
- La AHA, la AAP, el ACOG y la SMFM proponen valorar la salud cardiovascular de la mujer en cuatro etapas hormonales, de la perimenarquia a la posmenopausia, con el embarazo como periodo que modifica el riesgo.
- La historia menstrual se recoge al menos una vez al año. La primera regla antes de los 10 años, el síndrome de ovario poliquístico, las complicaciones del embarazo y la menopausia antes de los 45 se registran como potenciadores del riesgo.
- Desde los 30 años, la declaración estima el riesgo con PREVENT a 10 y a 30 años. Con un riesgo aterosclerótico a 10 años del 10% o más prefiere el tratamiento no hormonal de los síntomas de la menopausia. Con enfermedad aterosclerótica o riesgo alto evita la anticoncepción con estrógenos.
- Tras un trastorno hipertensivo del embarazo, la presión arterial se mide a los 7-10 días del parto (en las 72 horas tras el alta si fue grave), a las 6-12 semanas y cada año; tras una diabetes gestacional, la glucemia entre las semanas 4 y 12 y cada uno a tres años.
- Son pautas de consenso sin clases de recomendación; en Europa, la dosis de aspirina para prevenir la preeclampsia y el cálculo del riesgo siguen las guías ESC.
Importancia y aplicación clínica
Los tres documentos reúnen en un mismo calendario lo que estaba repartido entre las guías de pediatría, ginecología, obstetricia y cardiología y lo ordenan por la etapa hormonal de la mujer. En la consulta se traduce en preguntas concretas a cada edad (la primera regla, cómo son las reglas, el deseo de embarazo, las complicaciones de los embarazos y los síntomas de la menopausia) y en decisiones que dependen del riesgo absoluto, como la anticoncepción con estrógenos o la terapia hormonal de la menopausia.
Según la declaración, valorar el riesgo cardiovascular en la mujer pasa por preguntar por su historia hormonal y reproductiva, anotarla como potenciadora del riesgo y no perder el seguimiento después del parto. En la práctica, eso supone medir la presión arterial y la glucemia tras una complicación del embarazo y, en la embarazada con riesgo de preeclampsia, indicar ácido acetilsalicílico a dosis bajas como recomienda la guía ESC 2025.
Preguntas frecuentes
¿Qué factores propios de la mujer aumentan el riesgo cardiovascular?
La primera regla antes de los 10 años, el síndrome de ovario poliquístico, las reglas irregulares, las complicaciones del embarazo (preeclampsia, hipertensión gestacional, diabetes gestacional, parto prematuro, recién nacido pequeño) y la menopausia antes de los 45 años. La guía ACC/AHA 2026 de dislipemia considera razonable tenerlos en cuenta para personalizar el riesgo (clase IIa, nivel de evidencia B-NR).
¿Cuándo se puede usar la terapia hormonal de la menopausia según el riesgo cardiovascular?
Según la declaración de la AHA, si no hay contraindicaciones y el riesgo aterosclerótico a 10 años con PREVENT es inferior al 5%, en mujeres de menos de 60 años y con menos de 10 años de menopausia, los beneficios suelen superar a los riesgos. Entre el 5% y menos del 10% propone la vía transdérmica si se elige; con el 10% o más, el tratamiento no hormonal.
¿Qué seguimiento necesita una mujer después de una preeclampsia o una diabetes gestacional?
La declaración propone medir la presión arterial a los 7-10 días del parto (en las 72 horas tras el alta si fue grave), a las 6-12 semanas y después cada año, con automedida en casa. Tras una diabetes gestacional, revisar la glucemia entre las semanas 4 y 12 del posparto y cada uno a tres años. Las dos complicaciones quedan en la historia como potenciadoras del riesgo.
¿Qué anticonceptivos se evitan en una mujer con riesgo cardiovascular alto?
Los que llevan estrógenos, si tiene enfermedad aterosclerótica o un riesgo del 10% o más, miocardiopatía periparto, valvulopatía, trombosis venosa con factores de recurrencia o migraña con aura. Los anticonceptivos solo con progestágeno son la alternativa. Al empezar uno combinado, la presión arterial se mide en los tres meses siguientes.
Bibliografía recomendada
- Khan SS, Grobman WA, Angell S, Brubaker L, Cameron NA, de Ferranti S, et al. Consensus guidance for the female-specific prevention and management of cardiovascular disease: a scientific statement from the American Heart Association, American Academy of Pediatrics, American College of Obstetricians and Gynecologists, and Society for Maternal-Fetal Medicine. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIR.0000000000001482.
- Khan SS, Grobman WA, Perak AM, Angell S, Brubaker L, Cameron NA, et al. A female-specific life course approach to the prevention and management of cardiovascular disease: a presidential advisory from the American Heart Association, American Academy of Pediatrics, American College of Obstetricians and Gynecologists, and Society for Maternal-Fetal Medicine. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIR.0000000000001483.
- Cameron NA, Khan SS, Bairey Merz CN, Brewer LC, Davis MM, Ferranti EP, et al. Comprehensive centers of excellence for women's cardiovascular care: a science advisory from the American Heart Association, American Academy of Pediatrics, American College of Obstetricians and Gynecologists, and Society for Maternal-Fetal Medicine. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIR.0000000000001481.
- Visseren FLJ, Mach F, Smulders YM, Carballo D, Koskinas KC, Bäck M, et al. 2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice. Eur Heart J. 2021;42(34):3227-3337.
- Sambola A, Campuzano R, Castro A, Goya M, et al. Primary and secondary cardiovascular prevention through life cycles in women. Consensus document of the SEC-GT CVD in Women, ACP-SEC, SEGO, AEEM, SEEN, semFYC, SEMERGEN, AEP and AEM. Rev Esp Cardiol (Engl Ed). 2025;78(7):639-651.
- Lundberg G, Sharma G, Mehta LS, Volgman AS. Promises to keep: closing the gaps in women's cardiovascular health. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.126.083230.
- Blumenthal RS, Morris PB, Gaudino M, Johnson HM, et al. 2026 ACC/AHA/AACVPR/ABC/ACPM/ADA/AGS/APhA/ASPC/NLA/PCNA guideline on the management of dyslipidemia: a report of the American College of Cardiology/American Heart Association Joint Committee on Clinical Practice Guidelines. Circulation. 2026;153(17):e1154-e1276.
- Pabon MA, Honigberg MC. Women's cardiovascular health: from recognition to action. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.126.083237.
- De Backer J, Haugaa KH, Hasselberg NE, de Hosson M, Brida M, Castelletti S, et al. 2025 ESC Guidelines for the management of cardiovascular disease and pregnancy. Eur Heart J. 2025;46(43):4462-4568.
- Florio KL, Goldstein A, Spertus JA. One life course, many specialties: building a system for cardiovascular health in girls and women. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.126.083235.
- Grapsa J, Almeida AG, Sambola A, Vitale C, Appelman Y, Shivalkar B, et al. Women's heart centres: a clinical consensus statement of the European Association of Cardiovascular Imaging (EACVI), the European Association of Percutaneous Cardiovascular Interventions (EAPCI), the Heart Failure Association (HFA), and the Association for Acute CardioVascular Care (ACVC) of the ESC. Eur Heart J. 2026;47(29):3889-3904.
- Shim JY, DiVasta AD. Women's cardiovascular health begins in childhood. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.126.083234.
- Wang TY. Mainstreaming cardiovascular care for women: from special population to standard practice. Circulation. 2026 (en prensa). doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.126.083236.






















