El American College of Cardiology (ACC) publicó el 30 de septiembre de 2026, en JACC, una declaración científica sobre la dieta para prevenir la enfermedad cardiovascular y para tratarla en quien ya la tiene [1]. La declaración científica ACC 2026 revisa los macronutrientes, la sal, la fibra, los alimentos ultraprocesados, el alcohol, el café, los patrones de dieta y la alimentación durante el tratamiento con agonistas del receptor de GLP-1. Lo resume en 19 recomendaciones de consenso. Esta píldora recoge qué aconseja, de qué estudios salen sus cifras y en qué coincide con la guía ESC 2021 de prevención cardiovascular.
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Dieta para prevenir la enfermedad cardiovascular: qué recomienda la declaración científica ACC 2026
1 Qué es la declaración científica ACC 2026 sobre nutrición
El ACC reserva sus declaraciones científicas para los temas en los que la prueba científica es reciente, está cambiando o es limitada, como complemento de sus guías de práctica clínica. A diferencia de una guía, la declaración no gradúa sus recomendaciones con clase ni nivel de evidencia: son recomendaciones de consenso del comité de redacción. Ese comité, de seis autores y presidido por Frank B. Hu, se constituyó en abril de 2026. Seleccionó los estudios aleatorizados, las cohortes prospectivas, los metaanálisis y las guías por su calidad metodológica y su impacto; las diferencias se resolvieron por consenso. El comité de políticas clínicas del ACC aprobó el documento en septiembre de 2026. El trabajo lo financió solo el ACC, sin aportación comercial; los miembros del comité de redacción fueron voluntarios sin retribución.
Las 19 recomendaciones se reparten en 10 apartados: las enfermedades que comparten el síndrome cardiovascular-renal-metabólico, los determinantes sociales de la dieta, los ensayos de nutrición, los macronutrientes, el sodio y el potasio junto a la fibra y los omega-3, los ultraprocesados, los componentes no alimentarios (alcohol, café y edulcorantes), la aplicación en la clínica, los programas «Food Is Medicine» de provisión de alimentos desde el sistema sanitario y las guías dietéticas de Estados Unidos 2025-2030.
La declaración explica que los ensayos de nutrición con desenlaces clínicos, como el infarto, son muy caros y casi nunca factibles: un alimento no se compara con un placebo, al retirar uno se añade otro y la adherencia cae cuando la intervención se alarga. Por eso basa sus recomendaciones en el conjunto de la prueba: ensayos cortos con variables intermedias (presión arterial, lípidos, glucemia), cohortes prospectivas y estudios de mecanismo. En la jerarquía de diseños que reproduce, por debajo del ensayo aleatorizado con eventos están las cohortes prospectivas y los ensayos con variables intermedias.
2 Grasas, hidratos y proteínas: importa de dónde vienen
La primera recomendación de la declaración sobre macronutrientes es que el riesgo cardiovascular depende más de la fuente del alimento, de su calidad y de su grado de procesamiento que de la proporción de proteína, grasa e hidratos de carbono. La segunda, que sustituir la grasa saturada por grasa insaturada reduce el colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (cLDL) y el riesgo cardiovascular, de modo que la grasa de la dieta debe venir sobre todo de aceites vegetales líquidos, frutos secos, semillas y pescado.
La cifra de referencia sale de dos cohortes de profesionales sanitarios de Estados Unidos, el Nurses' Health Study y el Health Professionals Follow-up Study: 84.628 mujeres y 42.908 hombres sin enfermedad cardiovascular, diabetes ni cáncer al inicio, seguidos entre 24 y 30 años, con 7.667 casos de enfermedad coronaria [2]. En ellas, sustituir el 5% de la energía procedente de grasa saturada por la misma energía de grasa poliinsaturada se asoció a un riesgo coronario un 25% menor; por grasa monoinsaturada, un 15% menor; por hidratos de cereales integrales, un 9% menor. Sustituirla por hidratos de almidones refinados o de azúcares añadidos no se asoció a ningún cambio significativo.
| La grasa saturada se sustituye por | Hazard ratio (IC 95%) | Riesgo coronario |
|---|---|---|
| Grasa poliinsaturada | 0,75 (0,67-0,84) | 25% menor |
| Grasa monoinsaturada | 0,85 (0,74-0,97) | 15% menor |
| Hidratos de cereales integrales | 0,91 (0,85-0,98) | 9% menor |
| Hidratos de almidones refinados o azúcares añadidos | Sin asociación significativa | Sin cambio significativo |
El mismo trabajo observó que los participantes que reducían la grasa saturada solían sustituirla por hidratos de baja calidad, no por grasas insaturadas ni por cereales integrales. Para la consulta, la consecuencia es que el consejo incluye con qué alimento se sustituye la grasa saturada: aceites vegetales líquidos, frutos secos, semillas, pescado o cereales integrales. La guía ESC 2021 de prevención cardiovascular recoge las mismas tres cifras, recomienda sustituir las grasas saturadas por insaturadas con clase I y nivel de evidencia A y sitúa su límite por debajo del 10% de la energía total [3].
La declaración aplica el mismo criterio a los hidratos de carbono: prioriza los cereales integrales y los alimentos ricos en fibra frente a los azúcares añadidos y los cereales refinados; pide limitar sobre todo las bebidas azucaradas. Sitúa la mayor parte del beneficio de la fibra a partir de 25 g al día. En el metaanálisis de Reynolds y colaboradores, del que sale esa cifra, la mayor reducción del riesgo se observó con 25 a 29 g diarios; las curvas dosis-respuesta sugerían más beneficio con ingestas mayores [4]. La guía ESC 2021 propone de 30 a 45 g de fibra al día, preferiblemente de cereales integrales.
Con las proteínas, la declaración prioriza las de origen vegetal (legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas) frente a las animales. En grandes cohortes, un mayor consumo de proteína animal, sobre todo de carnes rojas y procesadas, se asocia a más mortalidad total y cardiovascular; un mayor consumo de proteína vegetal, a menos.
La declaración recomienda obtener los ácidos grasos omega-3 de cadena larga comiendo pescado con regularidad, dentro de un patrón de dieta saludable. No recomienda los suplementos de omega-3 de forma rutinaria en prevención primaria. Recoge que hay prueba limitada de que dosis altas de ácido eicosapentaenoico, el icosapento de etilo (icosapent ethyl), reduzcan los eventos en pacientes seleccionados de alto riesgo con triglicéridos elevados. Recuerda también que algunos ensayos con suplementos de omega-3 han registrado más fibrilación auricular. La guía ESC 2021 recomienda comer pescado, preferiblemente graso, al menos una vez por semana, con clase I y nivel de evidencia B.
3 Sal, potasio y sustitutos de la sal con potasio
La declaración recomienda limitar el sodio por debajo de 2.300 mg al día y, en la mayoría de los adultos, idealmente por debajo de 1.500 mg, reduciendo los alimentos procesados, envasados y de restaurante, que en Estados Unidos aportan la mayor parte del sodio de la dieta. Recomienda también aumentar el potasio con alimentos vegetales ricos en él y considerar, cuando proceda, la sustitución de la sal común por sales enriquecidas con potasio para controlar la presión arterial. La guía ESC 2021 expresa el objetivo en sal: un consumo total inferior a 5 g al día, con una recomendación de reducir la sal de clase I y nivel de evidencia A. Su texto añade que el consumo óptimo puede llegar a unos 3 g al día.
El apoyo para la sal con potasio es el estudio SSaSS, un ensayo aleatorizado por conglomerados en 600 aldeas de la China rural, con 20.995 participantes que habían tenido un ictus o tenían 60 años o más y la presión arterial alta [5]. Las aldeas del grupo de intervención usaron un sustituto con un 75% de cloruro sódico y un 25% de cloruro potásico; las del grupo control siguieron con la sal común. Con una media de seguimiento de 4,74 años, el sustituto redujo el ictus un 14% (razón de tasas 0,86; intervalo de confianza del 95%: 0,77 a 0,96), los eventos cardiovasculares mayores (0,87; 0,80 a 0,94) y la muerte por cualquier causa (0,88; 0,82 a 0,95). La hiperpotasemia clínica no aumentó (1,04; 0,80 a 1,37). La presión arterial sistólica bajó una media de 3,34 mmHg.
La declaración pide precaución con los sustitutos de la sal con potasio en la enfermedad renal crónica avanzada y en quienes toman diuréticos ahorradores de potasio, como la espironolactona, la eplerenona o la amilorida, por el riesgo de hiperpotasemia. El estudio SSaSS excluyó a quienes tomaban diuréticos ahorradores de potasio o suplementos de potasio y a quienes tenían una enfermedad renal grave conocida. Tampoco midió el potasio ni la función renal de los participantes, por lo que sus datos de seguridad no incluyen a esos pacientes.
4 Ultraprocesados, alcohol, café y edulcorantes
La declaración define los alimentos ultraprocesados como productos elaborados con sustancias extraídas de alimentos o sintetizadas que no se usan fuera de la cocina industrial, diseñados para ser cómodos, duraderos y muy apetecibles. Recomienda un patrón de dieta basado en alimentos vegetales mínimamente procesados y limitar las bebidas azucaradas, las carnes procesadas y los ultraprocesados ricos en almidones refinados, azúcares añadidos, sodio o grasas poco saludables. Precisa que la categoría es heterogénea: la asociación más sólida con la enfermedad cardiovascular y la mortalidad es la de las bebidas azucaradas y las carnes procesadas; algunos ultraprocesados, como ciertos panes integrales, yogures y cereales de desayuno, se han asociado a menos diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. Entre sus lagunas de conocimiento señala que no hay una definición de ultraprocesado aceptada por todos. La declaración ESC 2026 sobre alimentos ultraprocesados y enfermedad cardiovascular trata el mismo tema desde Europa.
Sobre el alcohol, la recomendación es no empezar a beber para obtener un beneficio cardiovascular. La declaración recuerda que las cohortes asocian el consumo bajo o moderado a menos enfermedad coronaria, pero que la causalidad es incierta. Añade que el alcohol sube la presión arterial de forma dependiente de la dosis y que incluso consumos bajos pueden aumentar el riesgo de hipertensión y de fibrilación auricular. También aumenta el riesgo de varios cánceres, sin un umbral seguro establecido. A quien bebe, le recomienda limitarlo. La guía ESC 2021 fija un máximo de 100 g de alcohol a la semana, con clase I y nivel de evidencia B.
Sobre el café, la declaración considera seguro para la mayoría de los adultos el consumo moderado de café filtrado o de té, de 2 a 5 tazas al día y hasta unos 400 mg de cafeína. En las cohortes, el consumo habitual de café se asocia a menos diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, ictus, fibrilación auricular e insuficiencia cardiaca. La declaración cita además el estudio DECAF [6]: 200 pacientes con fibrilación auricular persistente sometidos a cardioversión eléctrica, bebedores de café en los cinco años previos, se asignaron a tomar al menos una taza de café con cafeína al día o a evitar el café (también el descafeinado) y los productos con cafeína durante 6 meses. La fibrilación o el aleteo auricular recurrieron en el 47% del grupo del café y en el 64% del grupo de abstinencia (hazard ratio [HR] 0,61; 0,42 a 0,89). El estudio fue abierto, sin enmascaramiento.
La declaración advierte de que el café sin filtrar (de émbolo, hervido, turco y expreso) eleva el cLDL por su contenido en cafestol. La guía ESC 2021 describe el mismo efecto del café sin filtrar, entre el que incluye el griego y algunos expresos. En su texto considera que 3 o 4 tazas de café al día probablemente no son dañinas, sino moderadamente beneficiosas.
Sobre los edulcorantes sin calorías, la declaración concluye que la prueba sobre sus efectos metabólicos y cardiovasculares a largo plazo no es concluyente. La Organización Mundial de la Salud no recomienda su uso habitual para controlar el peso, sobre todo por estudios observacionales cuyas asociaciones, según la declaración, probablemente reflejan causalidad inversa y confusión residual. Sustituir las bebidas azucaradas por bebidas con edulcorantes puede aportar beneficios modestos sobre el peso; el agua y las bebidas sin endulzar siguen siendo la opción que prefiere la declaración.
5 Dieta mediterránea, DASH y vegetariana: los estudios PREDIMED y CORDIOPREV
La declaración considera sólida la prueba a favor de los patrones de dieta basados en alimentos vegetales para prevenir y tratar la enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo 2 y el sobrepeso. Cita la revisión sistemática del comité asesor de las guías dietéticas de Estados Unidos, que calificó de sólida la prueba de los patrones ricos en verduras, fruta, legumbres, frutos secos, cereales integrales y grasas insaturadas, con poco sodio, poca carne roja y procesada, pocos cereales refinados y pocos alimentos y bebidas azucarados. Cumplen esas características el patrón DASH, la dieta mediterránea y la dieta vegetariana saludable. La guía ESC 2021 recomienda una dieta mediterránea o similar con clase I y nivel de evidencia A.
Según la declaración, la prueba aleatorizada más sólida a favor de la dieta mediterránea viene de dos estudios españoles. En el estudio PREDIMED, de prevención primaria, 7.447 personas de 55 a 80 años con alto riesgo cardiovascular y sin enfermedad cardiovascular se asignaron a una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra, a una dieta mediterránea suplementada con frutos secos o a un consejo de dieta baja en grasa [7]. Con una mediana de seguimiento de 4,8 años, el objetivo de infarto, ictus o muerte cardiovascular fue menor con las dos dietas mediterráneas: HR ajustado de 0,69 (0,53 a 0,91) con aceite de oliva y de 0,72 (0,54 a 0,95) con frutos secos. Por componentes, con las dos dietas juntas, solo el ictus se redujo de forma significativa (HR 0,58; 0,42 a 0,82); el infarto y la muerte cardiovascular no difirieron. El informe original, de 2013, se retiró por irregularidades en la aleatorización y se publicó de nuevo en 2018 con análisis que no dependen de ella, con resultados similares.
En el estudio CORDIOPREV, de prevención secundaria, 1.002 pacientes con cardiopatía coronaria del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba se asignaron a una dieta mediterránea con aceite de oliva virgen extra o a una dieta baja en grasa y rica en hidratos de carbono complejos, las dos con una intervención intensa de dietistas [8]. A los 7 años, el objetivo combinado de infarto, revascularización, ictus isquémico, enfermedad arterial periférica o muerte cardiovascular ocurrió en el 17,3% del grupo de dieta mediterránea y en el 22,2% del de dieta baja en grasa, con HR ajustados de 0,719 a 0,753 según el modelo. El efecto se observó en los 827 hombres (HR 0,669; 0,489 a 0,915); en las 175 mujeres no hubo diferencias. Ninguno de los componentes del objetivo difirió por separado.
| Estudio | Pacientes | Comparación | Objetivo principal |
|---|---|---|---|
| PREDIMED, prevención primaria | 7.447, de 55 a 80 años, alto riesgo sin enfermedad cardiovascular | Dieta mediterránea con aceite de oliva o con frutos secos frente a consejo de dieta baja en grasa | HR 0,69 con aceite de oliva y 0,72 con frutos secos; mediana de 4,8 años |
| CORDIOPREV, prevención secundaria | 1.002 con cardiopatía coronaria | Dieta mediterránea con aceite de oliva frente a dieta baja en grasa | 17,3% frente a 22,2%; HR 0,719 a 0,753; 7 años |
Los dos estudios midieron la adherencia con el mismo cuestionario de 14 puntos, que puede aplicarse en la consulta con la calculadora MEDAS-14 de adherencia a la dieta mediterránea.
6 Diabetes, control del peso y agonistas del receptor de GLP-1
En las personas con diabetes, la declaración considera que los patrones bajos en hidratos de carbono son una opción eficaz para mejorar el control glucémico y pueden facilitar la pérdida de peso, siempre que se basen en proteínas de origen vegetal y en grasas insaturadas. Recoge que muchos ensayos han observado subidas del cLDL con las dietas muy bajas en hidratos, como las cetogénicas ricas en grasa saturada. En el metaanálisis de cohortes de Seidelmann y colaboradores, con 154.344 participantes y 30.959 muertes, sustituir los hidratos por proteína y grasa animal se asoció a más mortalidad (HR 1,18; 1,08 a 1,29) y sustituirlos por proteína y grasa vegetal, a menos (HR 0,82; 0,78 a 0,87) [9].
Para el control del peso, la declaración recomienda un patrón de dieta ajustado en energía, al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada con ejercicios de fuerza 2 o más días por semana y modificación de la conducta; cuando están indicados, añade fármacos o cirugía bariátrica. Sobre el ayuno intermitente, concluye que puede ser eficaz para perder peso y mejorar parámetros metabólicos a corto plazo, con poca prueba de beneficio a largo plazo. En el metaanálisis en red de Semnani-Azad y colaboradores, con 99 ensayos aleatorizados y 6.582 adultos, todas las formas de ayuno intermitente y la restricción calórica continua redujeron el peso frente a la dieta libre; solo el ayuno en días alternos superó a la restricción continua, por 1,29 kg (IC 95%: −1,99 a −0,59), una diferencia que los autores sitúan por debajo de los 2 kg que consideran clínicamente importantes [10].
Sobre los agonistas del receptor de GLP-1, como la semaglutida (semaglutide) o la tirzepatida (tirzepatide), la declaración reconoce su beneficio cardiometabólico y recomienda mantener una dieta de calidad durante el tratamiento, con suficiente proteína, fibra, vitaminas y minerales. Antes de empezar, pide revisar el riesgo de desnutrición y de sarcopenia: trastornos de la conducta alimentaria, inseguridad alimentaria, edad avanzada o sarcopenia previa. Durante el tratamiento, como la ingesta baja y se pierde masa magra, insiste en la proteína suficiente y en el ejercicio de fuerza para conservar el músculo. Recomienda además raciones pequeñas y regulares, una buena hidratación y menos fritos y alcohol, con un suplemento multivitamínico valorado de forma individual y seguimiento nutricional durante el tratamiento. Cita una cohorte del Million Veteran Program con personas con diabetes tipo 2 en la que estos fármacos y los hábitos de vida saludables se asociaron de forma independiente a menos eventos cardiovasculares mayores, con la mayor reducción del riesgo cuando se combinaban.
La declaración ACC 2026 recoge como pauta práctica de 2 a 3 litros de líquido al día, de 60 a 75 g de proteína al día (hasta 1,5 g/kg de peso ideal) y al menos 21 g de fibra al día en las mujeres y 30 g en los hombres. El documento conjunto de 2025 de cuatro sociedades estadounidenses de medicina del estilo de vida, nutrición y obesidad, que la declaración cita, da otra pauta para la proteína: de 1,2 a 1,6 g/kg al día durante la pérdida de peso activa o una cantidad fija de 80 a 120 g al día [11]. Señala que no está definido si se calcula con el peso real, el ajustado o el ideal. Ese documento añade que la proteína sola no basta para conservar el músculo sin entrenamiento de fuerza.
7 Dónde no coinciden la declaración y las guías dietéticas de Estados Unidos 2025-2030
La declaración dedica su último apartado clínico a las guías dietéticas de Estados Unidos 2025-2030 (Dietary Guidelines for Americans), publicadas en 2026. Coincide con ellas en priorizar los alimentos enteros y mínimamente procesados y en limitar los ultraprocesados, sobre todo las bebidas azucaradas y los cereales refinados. Discrepa en tres puntos.
El primero es la proteína. Las guías recomiendan de 1,2 a 1,6 g/kg al día, entre 1,5 y 2 veces la ingesta recomendada de 0,8 g/kg, a partir de una revisión de 30 ensayos hechos en personas con sobrepeso u obesidad en la que la calidad alta de la prueba solo se asignó a pequeñas mejoras de la grasa corporal. La declaración recuerda que una revisión de la agencia estadounidense de investigación y calidad sanitaria no encontró pruebas suficientes para aumentar de forma rutinaria la proteína por la edad, la salud u otros factores.
El segundo son las grasas. Las guías mantienen el límite de grasa saturada por debajo del 10% de las calorías, pero incluyen entre las «grasas saludables» la mantequilla y el sebo de vacuno junto al aceite de oliva. Omiten los aceites vegetales líquidos ricos en grasas insaturadas. El tercero son los lácteos: recomiendan 3 raciones diarias de lácteos enteros. La declaración recoge que la leche entera se ha asociado a más riesgo coronario y el queso, a un efecto neutro o ligeramente protector; sustituir la grasa láctea por grasa poliinsaturada o vegetal se asocia a menos riesgo cardiovascular. Concluye que la prueba actual no respalda preferir los lácteos enteros o la mantequilla frente a los lácteos bajos en grasa y los aceites vegetales líquidos. El debate que abrieron esas guías en Estados Unidos está resumido en la pieza de CardioTeca sobre las guías dietéticas de Estados Unidos 2025-2030 y la política nutricional.
Resumen de conceptos clave
| Tema | Declaración científica ACC 2026 | Guía ESC 2021 de prevención |
|---|---|---|
| Tipo de documento | 19 recomendaciones de consenso, sin clase ni nivel de evidencia | Recomendaciones con clase y nivel de evidencia |
| Patrón de dieta | Basado en alimentos vegetales: mediterráneo, DASH o vegetariano | Dieta mediterránea o similar (I, A); patrón vegetal rico en fibra (I, B) |
| Grasas | Sustituir la saturada por insaturada de aceites vegetales, frutos secos, semillas y pescado | Sustituir la saturada por insaturada (I, A); saturada por debajo del 10% de la energía |
| Sal | Sodio por debajo de 2.300 mg al día, idealmente de 1.500 mg; sal con potasio cuando proceda | Sal por debajo de 5 g al día; reducir la sal (I, A) |
| Fibra | Mayor beneficio a partir de 25 g al día | De 30 a 45 g al día, preferiblemente de cereales integrales |
| Pescado y omega-3 | Pescado habitual; suplementos no recomendados en prevención primaria | Pescado, preferiblemente graso, al menos una vez por semana (I, B) |
| Carne y ultraprocesados | Limitar carnes rojas y procesadas, bebidas azucaradas y ultraprocesados | Restringir la carne procesada (I, B); azúcares libres por debajo del 10% de la energía (I, B) |
| Alcohol | No empezar a beber por salud; a quien bebe, limitarlo | Máximo de 100 g a la semana (I, B) |
| Café | Café filtrado o té, de 2 a 5 tazas al día y hasta unos 400 mg de cafeína | De 3 a 4 tazas al día, probablemente sin daño e incluso con un beneficio moderado (en el texto, sin recomendación graduada) |
Preguntas frecuentes
¿Qué es la declaración científica ACC 2026 sobre nutrición?
Es un documento del American College of Cardiology, publicado en JACC el 30 de septiembre de 2026, que revisa la relación entre la dieta y la enfermedad cardiovascular y la resume en 19 recomendaciones de consenso. No es una guía de práctica clínica: sus recomendaciones no llevan clase ni nivel de evidencia. Propone patrones de dieta basados en alimentos vegetales mínimamente procesados, sustituir la grasa saturada por grasa insaturada, reducir el sodio y limitar los ultraprocesados, sobre todo las bebidas azucaradas y las carnes procesadas. Dedica apartados al alcohol, al café, al ayuno intermitente y a la alimentación durante el tratamiento con agonistas del receptor de GLP-1.
¿Por qué grasa hay que sustituir la grasa saturada?
Por grasa insaturada, sobre todo poliinsaturada, procedente de aceites vegetales líquidos, frutos secos, semillas y pescado. En las cohortes Nurses' Health Study y Health Professionals Follow-up Study, sustituir el 5% de la energía de grasa saturada por grasa poliinsaturada se asoció a un riesgo coronario un 25% menor, por grasa monoinsaturada a un 15% menor y por cereales integrales a un 9% menor. Sustituirla por almidones refinados o azúcares añadidos no se asoció a ningún cambio significativo. La guía ESC 2021 recomienda esa sustitución con clase I y nivel de evidencia A y limita la grasa saturada por debajo del 10% de la energía.
¿Cuánta sal se recomienda para prevenir la enfermedad cardiovascular?
La declaración científica ACC 2026 recomienda limitar el sodio por debajo de 2.300 mg al día y, en la mayoría de los adultos, idealmente por debajo de 1.500 mg. La guía ESC 2021 de prevención cardiovascular expresa el objetivo en sal: menos de 5 g al día, con una recomendación de reducir la sal de clase I y nivel de evidencia A. Su texto señala que el consumo óptimo puede llegar a unos 3 g al día. Las dos proponen reducirla limitando los alimentos procesados.
¿Se puede recomendar sal con potasio a un paciente con enfermedad cardiovascular?
La declaración propone considerarla, cuando proceda, para controlar la presión arterial. En el estudio SSaSS, con 20.995 personas de la China rural con ictus previo o con 60 años o más y presión arterial alta, una sal con un 25% de cloruro potásico redujo el ictus (razón de tasas 0,86), los eventos cardiovasculares mayores (0,87) y la muerte (0,88) sin más hiperpotasemia clínica. La declaración pide precaución en la enfermedad renal crónica avanzada y con diuréticos ahorradores de potasio, como la espironolactona o la eplerenona. El estudio SSaSS excluyó a esos pacientes y a quienes tomaban suplementos de potasio. Tampoco midió el potasio en sangre.
¿Puede tomar café un paciente con fibrilación auricular?
En el estudio DECAF, con 200 pacientes con fibrilación auricular persistente sometidos a cardioversión, tomar al menos una taza de café con cafeína al día se asoció a menos recurrencias de fibrilación o aleteo auricular a los 6 meses que evitar el café y la cafeína: 47% frente a 64% (HR 0,61; 0,42 a 0,89). Fue un estudio abierto, en bebedores habituales de café. La declaración científica ACC 2026 considera seguro para la mayoría de los adultos el café filtrado o el té, de 2 a 5 tazas al día y hasta unos 400 mg de cafeína. Recuerda que el café sin filtrar eleva el cLDL.
¿Qué dieta debe seguir un paciente que toma semaglutida o tirzepatida?
La declaración científica ACC 2026 pide revisar antes de empezar el riesgo de desnutrición y de sarcopenia. Durante el tratamiento recomienda una dieta de calidad, con suficiente proteína, fibra, vitaminas y minerales, ejercicio de fuerza para conservar el músculo, raciones pequeñas y regulares, buena hidratación y menos fritos y alcohol. Como pauta práctica recoge de 60 a 75 g de proteína al día (hasta 1,5 g/kg de peso ideal), de 2 a 3 litros de líquido y al menos 21 g de fibra en las mujeres y 30 g en los hombres. Un documento conjunto de 2025 de cuatro sociedades estadounidenses de estilo de vida, nutrición y obesidad propone para la proteína de 1,2 a 1,6 g/kg al día durante la pérdida de peso o de 80 a 120 g al día.
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La declaración científica ACC 2026 sobre la dieta para prevenir la enfermedad cardiovascular recomienda patrones basados en alimentos vegetales mínimamente procesados, como la dieta mediterránea de los estudios PREDIMED y CORDIOPREV, sustituir la grasa saturada por grasa insaturada, reducir el sodio y considerar los sustitutos de la sal con potasio cuando proceda. Durante el tratamiento con semaglutida (semaglutide) o tirzepatida (tirzepatide) pide cuidar la proteína, la fibra y el ejercicio de fuerza. La guía ESC 2021 de prevención cardiovascular recomienda también la dieta mediterránea y sustituir la grasa saturada por insaturada, con clase I y nivel de evidencia A. Fija la sal en menos de 5 g al día y el alcohol en un máximo de 100 g a la semana.




































