La Asociación de Insuficiencia Cardiaca (HFA) y la Asociación de Enfermería Cardiovascular y Profesiones Afines (ACNAP) de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) publicaron en octubre de 2026, en European Journal of Heart Failure, un documento de consenso clínico para quienes atienden a pacientes con trasplante cardiaco fuera de los centros trasplantadores [1]. Va dirigido a cardiólogos generales, internistas, médicos de familia, enfermeras y farmacéuticos.
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Paciente con trasplante cardiaco en tu consulta: qué vigilar y cuándo derivar, según el consenso ESC 2026
El documento parte de un cambio en la población: cada vez hay más trasplantados, viven más años y llegan con más comorbilidades, de modo que acuden a urgencias, a la consulta de cardiología o al centro de salud por problemas que muchas veces no tienen que ver con el injerto. Repasa qué cambia según el tiempo transcurrido desde el trasplante, qué hay que saber de los inmunosupresores y de sus interacciones, cómo reconocer el rechazo y las infecciones, qué complicaciones vigilar a largo plazo y cuándo hay que llamar al centro trasplantador.
El consenso no gradúa sus recomendaciones con clases ni niveles de evidencia. Las clases de recomendación que aparecen en este artículo son de la guía de la Sociedad Internacional de Trasplante de Corazón y Pulmón (ISHLT) de 2023 y de la guía ESC 2025 de embarazo.
En este artículo:
- Lo que sabíamos del seguimiento tras el trasplante cardiaco
- Las tres etapas del seguimiento
- Qué vigilar en cada inmunosupresor y qué fármacos alteran sus niveles
- Cómo reconocer el rechazo
- Infecciones y vacunas
- Riesgo cardiovascular, riñón y cáncer
- La vasculopatía del injerto, una enfermedad coronaria distinta
- Embarazo, cirugía no cardiaca, rehabilitación y cuidados paliativos
- Cuándo llamar al centro trasplantador
- Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica
Lo que sabíamos del seguimiento tras el trasplante cardiaco
En España se hicieron 390 trasplantes cardiacos en 2025, la cifra anual más alta desde el primero, en mayo de 1984, y la serie suma ya 10.735, según el informe del registro español de trasplante cardiaco [2]. En los pacientes trasplantados entre 2022 y 2024, la mortalidad acumulada fue del 7,3% a los 30 días, del 14,5% al año y del 19,9% a los tres años. En el registro internacional de la ISHLT, la supervivencia al año de los adultos pasó del 85,5% en los trasplantados entre 1992 y 2000 al 92,1% entre 2018 y 2023 [3].
La referencia para el seguimiento es la guía de la ISHLT de 2023 sobre el cuidado de los receptores de trasplante cardiaco, que actualizó la de 2010 y está escrita para los equipos de trasplante [4]. En 2025, la propia HFA publicó una declaración científica sobre las barreras para derivar a tiempo al paciente con insuficiencia cardiaca avanzada [5], que contamos en nuestro artículo sobre cuándo derivar a trasplante y a soporte mecánico. El nuevo consenso, con el mismo primer autor, trata de lo que viene después: el seguimiento del paciente ya trasplantado en su hospital de origen o en su centro de salud.
Las tres etapas del seguimiento
El consenso ordena el seguimiento según el tiempo transcurrido desde el trasplante, porque los riesgos cambian y la inmunosupresión se va reduciendo.
| Etapa | Qué predomina | Cómo es el seguimiento |
|---|---|---|
| Primeros 6 meses | Disfunción primaria del injerto, rechazo, fracaso renal agudo, disfunción del ventrículo derecho, infecciones oportunistas y toxicidad de los fármacos | Inmunosupresión intensa, biopsias endomiocárdicas frecuentes y control estrecho en el centro trasplantador; ante fiebre o síntomas de infección, estudio completo y derivación |
| De 6 a 24 meses | Menos rechazo; aparecen los trastornos metabólicos, la hipertensión, la diabetes y el riesgo de cáncer | Reducción progresiva de la inmunosupresión; muchos centros empiezan a compartir el seguimiento con el hospital de origen |
| Después de 24 meses | Vasculopatía del injerto, cáncer, enfermedad renal crónica, neurotoxicidad y aterosclerosis acelerada | Vigilancia de la vasculopatía con coronariografía o TC coronario, cribado de cáncer, protección renal y educación del paciente |
En pacientes seleccionados de bajo riesgo, algunos centros sustituyen o complementan las biopsias de los primeros meses con perfiles de expresión génica, ADN libre circulante del donante, ecocardiograma o resonancia. La PET cardiaca es otra opción para vigilar la vasculopatía. Las novedades en la detección del rechazo y en los tipos de donante las repasa la sesión en vídeo Trasplante cardiaco. Actualización 2025.
Qué vigilar en cada inmunosupresor y qué fármacos alteran sus niveles
La pauta habitual combina tres fármacos: un inhibidor de la calcineurina (tacrolimus o ciclosporina), un antimetabolito (el micofenolato, preferido a la azatioprina) y corticoides. Según el registro español, la inmunosupresión inicial se basa en tacrolimus en el 96,4% de los casos, en micofenolato de mofetilo en el 99,5% y en corticoides en el 99,1%. Los inhibidores de mTOR (everolimus y sirolimus) permiten reducir o retirar el inhibidor de la calcineurina para proteger el riñón. Según el consenso, la inducción no ha demostrado ser superior a las pautas sin ella y se puede usar en el paciente con riesgo alto de enfermedad renal o sensibilizado; en España la recibe la mayoría (basiliximab en el 80,2% y globulina antitimocítica en el 4,5%).
Los corticoides se reducen poco a poco y en pacientes seleccionados se retiran. El tacrolimus, la ciclosporina, el everolimus y el sirolimus tienen un margen terapéutico estrecho y se ajustan por su concentración valle. El objetivo lo fija el centro trasplantador, baja con el tiempo y depende de la combinación de fármacos; los cambios de dosis se pueden pactar a distancia con el resto de profesionales.
| Grupo | Fármacos | Qué vigilar | Efectos adversos principales |
|---|---|---|---|
| Inhibidores de la calcineurina | Tacrolimus, ciclosporina | Concentración valle, función renal, presión arterial, iones, glucosa y lípidos | Nefrotoxicidad, hipertensión, diabetes (más con tacrolimus), temblor y parestesias; hiperplasia gingival e hirsutismo con ciclosporina; alopecia con tacrolimus |
| Antimetabolitos | Micofenolato, azatioprina | Hemograma, infecciones y enzimas hepáticas | Citopenias, molestias digestivas y cáncer de piel; con micofenolato, infecciones víricas y teratogenia; con azatioprina, hepatotoxicidad y pancreatitis |
| Inhibidores de mTOR | Everolimus, sirolimus | Concentración valle, función renal, presión arterial, iones, glucosa y lípidos | Proteinuria, dislipemia, citopenias, úlceras orales, edemas y mala cicatrización; neumonitis, poco frecuente pero grave |
| Corticoides | Prednisona, prednisolona | Presión arterial, glucosa, densidad ósea, lípidos y revisiones oftalmológicas | Hipertensión, diabetes, dislipemia, osteoporosis, miopatía, infecciones, cataratas, glaucoma y alteraciones psiquiátricas |
La guía de la ISHLT recoge los fármacos que suben los niveles del tacrolimus, la ciclosporina, el sirolimus y el everolimus: los azoles (fluconazol, itraconazol, voriconazol, posaconazol), la claritromicina, la eritromicina, el metronidazol, la amiodarona, el diltiazem, el verapamilo y el pomelo. Los bajan la rifampicina, la carbamazepina, la fenitoína, el fenobarbital, el hipérico y el bosentán. La ficha técnica del tacrolimus incluye además, entre los antagonistas del calcio, el nifedipino.
El consenso pide revisar en cada consulta la medicación, la adherencia y los efectos adversos, y buscar interacciones con cualquier fármaco cardiovascular, antimicrobiano o recién prescrito. El farmacéutico ayuda a conciliar el tratamiento, a educar al paciente y a detectar esas interacciones.
Cómo reconocer el rechazo
El rechazo celular agudo, mediado por linfocitos T, es el más frecuente y suele aparecer en los primeros seis meses, aunque puede presentarse en cualquier momento. El rechazo mediado por anticuerpos, de linfocitos B, llega a ser igual de frecuente en la fase tardía. Por eso la mayoría de los centros hacen biopsias endomiocárdicas de vigilancia durante el primer año. Algunos usan biomarcadores específicos en pacientes seleccionados; dos estudios en marcha evalúan su seguridad y su eficacia.
El consenso enumera los factores asociados a más riesgo de rechazo: edad joven, sexo femenino, raza negra, multiparidad, mala adherencia o dosis insuficientes, serología positiva para citomegalovirus (CMV) y asistencia circulatoria mecánica antes del trasplante.
Los síntomas no son específicos; el consenso pide un umbral bajo para derivar ante cualquier combinación de fiebre, cansancio, disnea, taquicardia, arritmias, mareo o síncope. Pueden orientar una troponina ultrasensible elevada y unos péptidos natriuréticos más altos que los basales del paciente. En el ECG, un voltaje del QRS reducido o una arritmia nueva obligan a seguir estudiando. En el ecocardiograma, la disfunción sistólica nueva o que empeora, la disfunción diastólica grave o la caída de las velocidades del Doppler tisular aparecen tarde; un ecocardiograma normal se usa en la práctica para descartar el rechazo, aunque no lo excluye del todo. La resonancia, a través del volumen extracelular y del T2, se está estudiando para diagnosticar y seguir el rechazo, sobre todo cuando la biopsia es negativa.
El tratamiento lo decide el centro. En el rechazo celular, bolos de metilprednisolona intravenosa, con globulina antitimocítica en los casos graves o resistentes y asistencia mecánica si fracasa el tratamiento médico; en el rechazo mediado por anticuerpos, corticoides, plasmaféresis e inmunoglobulinas intravenosas a dosis altas.
Infecciones y vacunas
El consenso distingue tres formas de infección por CMV: la infección (replicación en sangre sin síntomas), el síndrome (con síntomas) y la enfermedad (con daño de un órgano, como hepatitis, afectación digestiva o neumonía). El riesgo más alto lo tiene el receptor seronegativo de un donante seropositivo, en el que es habitual la profilaxis con ganciclovir o valganciclovir durante tres a seis meses, ajustada a la función renal. Hay que sospecharla ante una leucopenia sin explicación, fiebre, cansancio, síntomas digestivos, hepatitis, neumonitis o disfunción del injerto. Si se desconoce la serología del paciente, una IgG negativa con una PCR positiva indica una primoinfección, que es más grave y obliga a derivar con urgencia.
Según el consenso, la mayoría de los centros mantienen la profilaxis frente a Pneumocystis jirovecii con cotrimoxazol entre 6 y 12 meses, una pauta que protege también frente al toxoplasma. Entre sus efectos adversos están la mielosupresión, el exantema y la hiperpotasemia con subida de la creatinina. La tuberculosis latente se trata con isoniazida y piridoxina. La profilaxis y la vigilancia serológica las lleva el centro trasplantador.
Las vacunas atenuadas (triple vírica, varicela, fiebre amarilla y gripe intranasal) están contraindicadas tras el trasplante. El calendario del consenso retoma a los 3-6 meses las vacunas inactivadas (gripe, neumococo con la conjugada seguida de la polisacárida, hepatitis B y A, herpes zóster, virus del papiloma humano según la edad, Haemophilus influenzae tipo b y tétanos) y completa las pautas que quedaron sin terminar. La de la COVID-19 se puede poner desde el primer mes. La guía de la ISHLT prefiere la vacuna recombinante frente al herpes zóster a la atenuada ya en el candidato a trasplante (clase IIa, nivel de evidencia C). Todo se adapta al calendario nacional y se acuerda con el centro. Un viaje a una zona de riesgo exige una consulta previa.
El consenso pide contactar con urgencia con el centro si el paciente tiene mal estado general, fiebre de más de 38,5 °C, vómitos o diarrea de más de dos días, o un deterioro agudo de la función renal o hepática. Ante la duda, recomienda llamar.
Riesgo cardiovascular, riñón y cáncer
La hipertensión afecta a la mayoría de los trasplantados, por la vasoconstricción y la retención de sodio que producen los inmunosupresores y por la enfermedad renal crónica. Controlarla reduce el riesgo de vasculopatía del injerto y de progresión renal. El consenso cita los antagonistas del calcio, los IECA y los ARA-II, estos dos últimos sobre todo si hay albuminuria, y las tiazidas en la hipertensión por inhibidores de la calcineurina.
La guía de la ISHLT recomienda una estatina en todos los adultos trasplantados, sea cual sea el colesterol, a dosis más bajas que las habituales por las interacciones con los inhibidores de la calcineurina (clase I, nivel de evidencia A), con control de la creatina cinasa y de las enzimas hepáticas (clase IIa, nivel de evidencia C). Considera razonable un colesterol LDL por debajo de 100 mg/dL (2,5 mmol/L), con vigilancia de las interacciones (clase IIa, nivel de evidencia C). Para los pacientes con vasculopatía propone objetivos más estrictos.
El consenso prefiere la pravastatina o la rosuvastatina, porque interaccionan menos por la vía del CYP3A4. Las fichas técnicas españolas añaden un matiz en el paciente que toma ciclosporina [6]: contraindican la rosuvastatina, cuya exposición se multiplica de media por siete, y la simvastatina, y piden evitar en lo posible la atorvastatina. Con la pravastatina, cuya exposición se multiplica por cuatro aproximadamente, recomiendan control clínico y analítico.
Los inhibidores de la PCSK9 bajan el colesterol LDL en estos pacientes, pero en dos estudios aleatorizados de un año no redujeron la progresión de la vasculopatía. En el estudio EVOLVD, con 128 pacientes de centros nórdicos incluidos entre 4 y 8 semanas después del trasplante, el evolocumab redujo el colesterol LDL 1,11 mmol/L más que el placebo, sin diferencias en el engrosamiento máximo de la íntima medido con ecografía intracoronaria (diferencia de 0,017 mm; IC 95%: −0,006 a 0,040; p = 0,14) [7]. En el estudio CAVIAR, con 114 pacientes trasplantados en Stanford y tratados con una estatina de base (rosuvastatina en el 96%), el colesterol LDL al año fue de 31,5 mg/dL con alirocumab y de 69,2 mg/dL con placebo, y el cambio del volumen de placa no difirió entre los grupos (p = 0,86) [8]. La guía de la ISHLT deja los inhibidores de la PCSK9 y la ezetimiba como complemento si el colesterol no se controla o como alternativa si no se toleran las estatinas (clase IIb, nivel de evidencia B).
La diabetes postrasplante aparece de novo o empeora con los corticoides y los inhibidores de la calcineurina. El consenso propone glucemia en ayunas anual y hemoglobina glucosilada dos veces al año en el diabético, y tratarla como en la población general, con la metformina como primera opción si no hay enfermedad renal grave. Los iSGLT2 y los agonistas del receptor de GLP-1 se usan cada vez más, pero los datos de resultados en trasplantados son escasos; el estudio DAPA-RHT evalúa la dapagliflozina para proteger el riñón. Con los agonistas del receptor de GLP-1, el consenso pide controlar los niveles de inmunosupresores al empezar, por su posible efecto sobre la absorción.
La enfermedad renal crónica se debe sobre todo a la nefrotoxicidad de los inhibidores de la calcineurina y a la hipertensión. La guía de la ISHLT pide filtrado glomerular estimado y albuminuria al menos dos veces al año (clase I, nivel de evidencia C), y el consenso, evitar los antiinflamatorios no esteroideos y reducir al mínimo los nefrotóxicos.
El riesgo de cáncer, sobre todo de piel y de pulmón, y de trastorno linfoproliferativo postrasplante aumenta con la inmunosupresión crónica. La guía de la ISHLT recomienda una vigilancia estrecha del cáncer de piel, con educación en fotoprotección y revisión dermatológica anual, y seguir los cribados de la población general (clase I, nivel de evidencia C). Una lesión cutánea sospechosa, adenopatías persistentes, fiebre sin explicación o una pérdida de peso no buscada obligan a una valoración rápida por el especialista.
La vasculopatía del injerto, una enfermedad coronaria distinta
La vasculopatía del injerto es un remodelado anómalo de las arterias coronarias del corazón trasplantado y, según el consenso, la causa dominante de pérdida tardía del injerto. Intervienen factores inmunitarios, como el rechazo celular o los anticuerpos donante-específicos, y los factores de riesgo cardiovascular clásicos. Por la denervación, el dolor torácico es poco frecuente; la vasculopatía puede debutar como insuficiencia cardiaca, arritmia o muerte súbita.
| Aspecto | Vasculopatía del injerto | Aterosclerosis |
|---|---|---|
| Lesión | Engrosamiento difuso y concéntrico de la íntima, que empieza por proliferación de células musculares lisas | Lesiones focales y excéntricas que empiezan como estrías grasas, con rotura de placa frecuente |
| Vasos afectados | Epicárdicos proximales y distales, arterias intramurales e incluso venas | Sobre todo los segmentos epicárdicos proximales; nunca las venas |
| Presentación | A menudo silente; insuficiencia cardiaca, arritmia o muerte súbita | Angina típica; síndrome coronario agudo por rotura de placa |
| Diagnóstico | Coronariografía de vigilancia periódica, que infravalora la gravedad; la imagen intracoronaria ayuda a seguir la progresión | La coronariografía convencional suele bastar |
| Tratamiento | Reestenosis frecuente tras la angioplastia, mortalidad alta con la cirugía y retrasplante en casos seleccionados | Angioplastia o cirugía según las guías |
| Prevención | Ajuste de la inmunosupresión (inhibidores de mTOR), estatina, control de la presión arterial y de la glucemia, tratamiento del rechazo | Control de los factores de riesgo |
La guía de la ISHLT recomienda vigilar la vasculopatía con coronariografía, clasificada con la nomenclatura de la ISHLT de 2010 (clase I, nivel de evidencia B). Aconseja considerarla cada uno o dos años, con menos frecuencia en los pacientes con más riesgo de complicaciones, sobre todo si tienen insuficiencia renal (clase I, nivel de evidencia C). Tras una angioplastia, recomienda repetir la coronariografía a los seis meses por la tasa alta de reestenosis (clase I, nivel de evidencia C). El consenso añade que el TC coronario y la PET se usan cada vez más como alternativas no invasivas.
Embarazo, cirugía no cardiaca, rehabilitación y cuidados paliativos
La guía ESC 2025 de embarazo recomienda retrasar la gestación al menos un año después del trasplante, según los factores de riesgo de cada paciente (clase I, nivel de evidencia C) [9]. Recomienda también medir los niveles de inmunosupresores cada cuatro semanas hasta la semana 32, cada dos hasta la 36 y cada semana hasta el parto, y seguir haciéndolo durante 6-12 meses después (clase I, nivel de evidencia C). Estas gestantes tienen más riesgo de preeclampsia, diabetes gestacional, hipertensión, deterioro de la función renal e infecciones.
El micofenolato es teratógeno. La guía ESC 2025 lo desaconseja en el embarazo y pide retirarlo seis semanas antes de la concepción (clase III, nivel de evidencia C). Su ficha técnica pide mantener la anticoncepción hasta seis semanas después de suspenderlo. El consenso amplía ese margen a tres meses. Además, prefiere los anticonceptivos reversibles de larga duración, recuerda que la lactancia es posible con la mayoría de las pautas y pide consejo genético si el trasplante fue por una miocardiopatía o una canalopatía hereditaria. Cualquier embarazo, previsto o sospechado, se comenta enseguida con el centro trasplantador y con obstetricia de alto riesgo.
Antes de una cirugía no cardiaca programada, el consenso pide revisar la inmunosupresión con el centro, suspender los inhibidores de mTOR al menos un mes antes porque dificultan la cicatrización y mantener el resto de la pauta, ya que unos niveles bajos pueden desencadenar un rechazo. Quien toma corticoides de forma crónica tiene riesgo de insuficiencia suprarrenal y puede necesitar un ajuste de la dosis para la cirugía. Una inestabilidad hemodinámica perioperatoria sin otra explicación obliga a pensar en una crisis suprarrenal. La valoración previa busca una vasculopatía del injerto, que puede ser silente, y descarta un rechazo activo. Los antiinflamatorios no esteroideos se evitan en el posoperatorio.
La rehabilitación cardiaca forma parte del seguimiento. Por la denervación quirúrgica, la frecuencia cardiaca responde tarde y poco al esfuerzo, de modo que el consenso pide pautar la intensidad del ejercicio por el esfuerzo percibido y no por la frecuencia cardiaca. La prescripción de ejercicio en rehabilitación cardiaca la repasamos con la guía ESC 2026. Los cuidados paliativos tienen su sitio cuando hay disfunción del injerto, vasculopatía, rechazo recurrente, comorbilidad avanzada o fragilidad, con una planificación anticipada de cuidados que se revisa con el tiempo.
Cuándo llamar al centro trasplantador
El consenso clasifica las situaciones en tres niveles de riesgo, cada uno con su actuación. El traslado se hace siempre después de estabilizar al paciente y con la monitorización que necesite.
| Nivel de riesgo | Situaciones | Qué hacer |
|---|---|---|
| Alto o emergencia | Sospecha de rechazo grave, infección grave o sepsis, shock de cualquier causa, arritmia ventricular sostenida, bradiarritmia sintomática grave, síndrome coronario agudo, fracaso renal agudo grave, neumonitis por fármacos, infección grave por CMV y déficit neurológico mayor nuevo | Llamada inmediata, estabilización y traslado urgente; en el síndrome coronario agudo, coronariografía inmediata; en el ictus, primero la imagen cerebral y el tratamiento agudo disponible |
| Moderado o urgente | Fibrilación auricular nueva, disfunción renal moderada, infección persistente o que no responde, fiebre sin criterios de gravedad, emergencia hipertensiva y efectos adversos de la inmunosupresión que comprometen la adherencia | Avisar al centro y organizar el traslado en 24-48 horas con un plan compartido; la emergencia hipertensiva se trata antes en el hospital local |
| Bajo o estable | Comorbilidades controladas, infecciones menores no recurrentes, problemas que responden al tratamiento y efectos adversos que obligan a ajustar la pauta sin riesgo inmediato | Tratamiento local e información rápida al centro para valorar si se ajusta la inmunosupresión |
La fibrilación auricular nueva figura en el nivel moderado porque puede deberse a un rechazo o a un evento isquémico. El consenso pide consultar pronto para confirmarlo o descartarlo. Ante una sospecha de rechazo grave sin compromiso vital, el traslado es para hacer una biopsia urgente; con compromiso vital, se empiezan antes los corticoides.
La atención compartida se organiza en red, como en la insuficiencia cardiaca avanzada. El centro trasplantador decide lo complejo, hace los procedimientos y lleva la vigilancia inmunológica; el hospital local y atención primaria hacen el seguimiento rutinario, las analíticas y el control de las comorbilidades, con historia clínica compartida y una persona de contacto. Para el consenso, los acuerdos formales encajan mejor en pacientes estables con más de un año de trasplante. Un paciente estable con más de tres años de trasplante y problemas habituales bien controlados puede no necesitar derivación, si el seguimiento local funciona y lo recoge el acuerdo. Un diagnóstico nuevo o dudoso que no responde al tratamiento, como una infección por CMV o una neumonitis por inhibidores de mTOR, es motivo para implicar pronto al centro aunque no amenace la vida.
Cómo implementarlo en nuestra práctica clínica
- Antes de recetar una estatina, mira qué inhibidor de la calcineurina toma el paciente. Con ciclosporina, la pravastatina es la única de las cuatro revisadas que la ficha técnica no contraindica ni pide evitar; con tacrolimus, la base de casi todas las pautas iniciales en España, el consenso prefiere la pravastatina o la rosuvastatina.
- Ante una fibrilación auricular nueva, piensa en un rechazo o en un evento isquémico y avisa al centro. Si hay que anticoagular, la ficha técnica del dabigatrán lo contraindica con ciclosporina y no recomienda asociarlo con tacrolimus.
- El diltiazem, el verapamilo y la amiodarona suben los niveles de los inhibidores de la calcineurina y de mTOR. Si hacen falta, el centro tiene que saberlo para ajustar las dosis por niveles.
- Vigila el potasio. La ficha técnica del tacrolimus advierte de la hiperpotasemia, pide evitar los diuréticos ahorradores de potasio, como la espironolactona, y precaución con el cotrimoxazol, que muchos pacientes toman como profilaxis durante los primeros 6-12 meses.
- Los objetivos de concentración del tacrolimus del consenso no coinciden del todo con los de la guía de la ISHLT, de modo que el de cada paciente lo marca su centro.
Mensajes clave
- El consenso de la HFA y la ACNAP de la ESC ordena el seguimiento del trasplantado cardiaco en tres etapas (hasta los 6 meses, de 6 a 24 y después de los 24), con riesgos y tareas distintos en cada una.
- Los síntomas del rechazo son inespecíficos: fiebre, disnea, cansancio, arritmias o síncope justifican llamar al centro. Una fibrilación auricular nueva puede ser el primer signo.
- La guía de la ISHLT recomienda una estatina en todos los adultos trasplantados (clase I, nivel de evidencia A). Con ciclosporina, la ficha técnica española contraindica la rosuvastatina y la simvastatina.
- En los estudios EVOLVD y CAVIAR, los inhibidores de la PCSK9 bajaron el colesterol LDL sin reducir la progresión de la vasculopatía del injerto al cabo de un año.
- Las vacunas atenuadas están contraindicadas tras el trasplante. La guía ESC 2025 recomienda retrasar el embarazo al menos un año (clase I, nivel de evidencia C).
Importancia y aplicación clínica
Con 390 trasplantes cardiacos en España en 2025 y una supervivencia al año que en el registro internacional supera el 90%, el cardiólogo general, el internista y el médico de familia atienden cada vez a más trasplantados. El consenso de la HFA y la ACNAP les da un marco común: qué vigilar en cada etapa, qué fármacos alteran los niveles de los inmunosupresores y qué situaciones obligan a llamar al centro.
En el paciente con trasplante cardiaco, cualquier fármaco nuevo se revisa frente a su inmunosupresión, empezando por el tacrolimus o la ciclosporina. La fiebre, la disnea, la fibrilación auricular nueva o el síncope se comentan con el centro trasplantador antes de atribuirlos a otra causa.
Preguntas frecuentes
¿Qué estatina se puede dar a un paciente con trasplante cardiaco?
La guía de la ISHLT recomienda una estatina en todos los adultos trasplantados, a dosis más bajas que las habituales. El consenso de la ESC prefiere la pravastatina o la rosuvastatina; si el paciente toma ciclosporina, la ficha técnica española contraindica la rosuvastatina y la simvastatina, y con la pravastatina pide control clínico y analítico.
¿Qué vacunas no puede recibir un trasplantado de corazón?
Las atenuadas: triple vírica, varicela, fiebre amarilla y gripe intranasal. Las inactivadas, como la de la gripe, la neumocócica o la recombinante del herpes zóster, se retoman a los 3-6 meses del trasplante.
¿Por qué un trasplantado cardiaco puede tener isquemia sin dolor torácico?
Porque el corazón trasplantado está denervado. La vasculopatía del injerto suele ser silente y puede debutar como insuficiencia cardiaca, arritmia o muerte súbita. Por eso se vigila con coronariografía periódica.
¿Cuándo hay que avisar al centro trasplantador?
De inmediato ante una sospecha de rechazo grave, sepsis, shock, arritmia ventricular sostenida, síndrome coronario agudo o déficit neurológico nuevo. En 24-48 horas ante una fibrilación auricular nueva, una disfunción renal moderada o una fiebre sin criterios de gravedad.
Bibliografía recomendada
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